Benedicto XVI en diez frases



Cuando el papa Ratzinger viajó a su país, los estadounidenses –según las estadísticas– sabían tres cosas sobre este papa: que era más abierto de lo que se pensaba, que tuvo un lío con los musulmanes a raíz de un discurso en Ratisbona, y que usaba zapatos fabricados por Prada. En esto último no estaban en lo cierto –comentaba John L. Allen–, pues los zapatos se los había hecho un artesano romano del barrio del Trastevere.

Este autor norteamericano –en un principio bastante crítico con el cardenal Ratzinger–publicó después un libro traducido al castellano por la bilbaína editorial Mensajero, que titula Diez cosas que el papa Benedicto XVI quiere que sepas. He aquí una síntesis, con algunas variaciones.

1. Dios es amor. El papa Ratzinger sorprendió al mundo con su primera encíclica sobre la caridad: el que había sido el «guardián de la fe», era también ahora el papa del amor y la esperanza, a juzgar por sus dos primeras encíclicas. Ahora parece que viene una social sobre las raíces éticas de la crisis económica.

2. El cristianismo es un mensaje positivo. Positivo y propositivo: un ‘gran sí’ a Dios, como el papa alemán suele repetir. Los pequeños ‘síes’ y ‘noes’ que se pueden derivar en la vida cristiana, son tan solo para subrayar este SÍ, con acento y mayúsculas.

3. Jesús es el Señor. Esta frase de san Pablo –al que le ha dedicado este año– recuerda que Jesucristoes un hombre como nosotros, pero que también es Dios. No es un avatar más de la divinidad. El ser-Dios de Cristo, central en el mensaje cristiano, ha de ser propuesto con toda su fuerza y urgencia en el mundo actual.

4. Cristo y la Iglesia. Frente al lema ampliamente difundido «Cristo sí, Iglesia no», Benedicto XVI quiere recordar que la Iglesia no es otra cosa que el cuerpo de Cristo. Las catequesis de los miércoles sobre los primeros cristianos no han hecho más que recordar esta idea: los apóstoles y los primeros que creyeron en Jesucristo continúan la acción de Jesús en este mundo.

5. La verdad y la libertad están íntimamente unidas, pues de hecho –como Jesús dijo– «la verdad hace libres». Lo contrario –el error y la mentira– son cadenas y quitan libertad: llevan a la llamada «dictadura del relativismo», que el cardenal alemán relacionaba con el nazismo sufrido en su infancia.

6. La fe y la razón van también juntas, pues –como recordó Juan Pablo II– son las dos alas para remontarse hacia la verdad. La razón nos puede librar de los fanatismos y los terrorismos, sean estos del signo que sean. La razón defiende también al ser humano, sin necesidad de remitirse a instancias religiosas. Puede darse una «ética global o mundial» en defensa de la vida y del individuo, independientemente del propio credo o ideología.

7. La política y la religión son distintas, pero no del todo distantes. Iglesia y Estado han de caminar separadas, pero mirándose y escuchándose la una al otro. Sería esta la famosa «laicidad positiva». La no confesionalidad implica neutralidad y diálogo, nunca oposición o polémica.

8. Identidad católica. Lo que atrae a la fe y llena las iglesias es una firme personalidad católica. La misa del domingo se constituye en el mejor marketing para la Iglesia. Las instituciones católicas –escuelas, hospitales, universidades– no han de avergonzarse de lo que son de hecho.

9. Pan y palabra, Eucaristía y Escritura son los caminos que nos llevan a Jesucristo. Por eso los católicos deben conocer bien la Biblia y cuidar de modo especial la liturgia. Los dos últimos sínodos de obispos han sido sobre estos temas. La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia y la adoración da más frutos que el puro activismo.

10.Salvados por la esperanza. No tiene prisa. Benedicto XVI avanza lento pero seguro, con el paso pausado del buen montañero. Sabe hablar, rezar, estudiar, esperar. Conoce la virtud de la paciencia, pero, para él, como decía Paul Claudel, «la paciencia es la hermana pequeña de la esperanza».

 

Por Pablo Blanco


 

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