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Declaraciones del Portavoz de la Santa Sede
y del Cardenal Bertone
sobre el Discurso del Papa en Ratisbona

Fuente: VIS


Declaraciones del Portavoz

El Portavoz de la Santa Sede Lombardi ha salido al paso de las críticas hechas al Papa por dirigentes musulmanes en torno al discurso que pronunció en la Universidad de Ratisbona (Alemania), en el que condenaba el integrismo religioso

  "A propósito de las reacciones de algunos representantes musulmanes acerca de ciertos pasajes del discurso del Santo Padre en la Universidad de Ratisbona, es oportuno notar que -como se desprende de una atenta lectura del texto- lo que interesa al Santo Padre es un rechazo claro y radical de la motivación religiosa de la violencia".

 

  "Desde luego, no era intención del Santo Padre llevar a cabo un estudio profundo sobre la jihad y sobre el pensamiento musulmán en ese sentido, y tanto menos ofender la sensibilidad de los creyentes musulmanes".

 

  "Al contrario, en los discursos del Santo Padre aparece con claridad la advertencia, dirigida a la cultura occidental, de que se evite "el desprecio de Dios y el cinismo que considera la irrisión de lo sagrado un derecho de la libertad", la justa consideración de la dimensión religiosa es efectivamente una premisa esencial para un diálogo fructuoso con las grandes culturas y religiones del mundo.


Así, en las conclusiones del discurso en la Universidad de Ratisbona, Benedicto XVI afirmó: "Las culturas profundamente religiosas del mundo ven en la exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a sus convicciones más arraigadas. Una razón que frente a lo divino es sorda y relega la religión al ámbito de una cultura de segundo grado es incapaz de insertarse en el diálogo de las culturas".

 

"Por lo tanto, queda clara la voluntad del Santo Padre de cultivar una actitud de respeto y diálogo hacia las otras religiones y culturas, evidentemente también hacia el Islam".

El cardenal Paul Poupard, encargado del diálogo interreligioso en el Vaticano, pidió en un artículo publicado por el diario Il Corriere della Sera a "los amigos musulmanes de buena voluntad" que lean "por entero" el discurso del Papa antes de pronunciarse.

Respetando el mismo tono conciliador, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores del Vaticano, monseñor Dominique Mamberti, reiteró a la AFP que el diálogo entre las religiones es un asunto "crucial" para la Iglesia Católica.

"El Papa Benedicto XVI lo ha dicho y repetido, el asunto del diálogo entre las culturas y las religiones es uno de los puntos cruciales de esta era", declaró desde Kartum, donde es nuncio apostólico.


Declaraciones del Cardenal Bertone

El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, hizo la siguiente declaración el 16 de septiembre:

"La posición del Papa sobre el Islam es sin lugar a dudas la expresada en el documento del Concilio Vaticano II "Nostra aetate":

"La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente.

Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno".

"La opción del Papa en favor del diálogo interreligioso e intercultural es asimismo inequívoca. En el encuentro con los representantes de algunas comunidades musulmanas en Colonia, el 20 de agosto de 2005, dijo que este diálogo entre cristianos y musulmanes "no puede reducirse a una opción temporánea", añadiendo: "Las lecciones del pasado han de servirnos para evitar caer en los mismos errores. Nosotros queremos buscar las vías de la reconciliación y aprender a vivir respetando cada uno la identidad del otro".

"Por lo que se refiere al juicio del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, citado por él en el discurso de Ratisbona, el Santo Padre no pretendía ni pretende de ningún modo hacerla suya, sino que únicamente lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar, en un contexto académico y según resulta de una lectura completa y atenta del texto, algunas reflexiones sobre el tema de la relación entre religión y violencia en general y concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda.

Vale la pena recordar lo que el mismo Benedicto XVI afirmó recientemente en el mensaje conmemorativo del vigésimo aniversario del encuentro interreligioso de oración por la paz convocado por su predecesor Juan Pablo II en Asís, en octubre de 1986: "Las manifestaciones de violencia no pueden atribuirse a la religión en cuanto tal, sino a los límites culturales con las que vive y se desarrolla en el tiempo. De hecho, testimonios del íntimo lazo que se da entre la relación con Dios y la ética del amor se constatan en todas las grandes tradiciones religiosas".

"Por tanto, el Santo Padre está profundamente disgustado por el hecho de que algunos pasajes de su discurso hayan podido sonar como ofensivos para la sensibilidad de los creyentes musulmanes y hayan sido interpretados de una manera que no corresponde en absoluto a sus intenciones.

Por otra parte, ante la ferviente religiosidad de los creyentes musulmanes, ha advertido a la cultura occidental secularizada para que evite "el desprecio de Dios y el cinismo que considera la ridiculización de lo sagrado un derecho de la libertad".

"Al confirmar su respeto y estima por quienes profesan el Islam, el Papa desea que se les ayude a comprender en su justo sentido sus palabras para que, una vez superado este momento difícil, se refuerce el testimonio en el "único Dios, viviente y subsistente, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres" y la colaboración para "promover y defender unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres (Nostra aetate, n. 3)".


 

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