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Instituto Uruguayo de la Familia



Una antropología adecuada

 

  • Para analizar cuál es la antropología adecuada es buen comienzo el N. 12 de la Encíclica Humanae Vitae (HV) que establece el principio de inseparabilidad de los dos significados fundamentales del acto conyugal (AC): el unitivo y el procreador (amor y vida).

Este principio más que demostrado debe ser enunciado o mostrado y depende directamente de un principio antropológico: el que afirma que las personas humanas somos unidades complejas (cuerpo y espíritu).

El hombre es un cuerpo orgánico animado por un alma espiritual, lo que lo hace un animal racional. Es una unidad sustancial de cuerpo y alma, no una unión accidental o una yuxtaposición de ambos.

  • Así como nosotros somos una unión intrínseca entre cuerpo y alma, tenemos dinamismos físicos, psicológicos y espirituales que nos constituyen como personas humanas.
  • Esta unificación de los dinamismos se logra mediante la integración. De estos dinamismos, unos son inferiores y otros superiores, y una antropología adecuada reconoce la primacía de los dinamismos espirituales sobre los físicos y psíquicos.

Este hecho explica que las personas seamos capaces de llevar a cabo operaciones enestos tres distintos niveles. Los dinamismos físicos son, por ejemplo el apetito genital o el comer. El nivel espiritual, entender un razonamiento, o amar a alguien. La bisagra de estos dos niveles es el orden psíquico, el de las pasiones y emociones, como el miedo o la vergüenza.

  • Desde una antropología adecuada, estoy llamada por Dios a ser persona humana. Debo llegar a ser lo que ya soy, decía el sabio. Yo puedo, según mi actuar animalizarme o humanizarme. La forma de llegar a ser lo que soy es que los dinamismos inferiores estén subordinados a los superiores (ni eliminados ni aniquilados), y allí se cumple la integración de la persona humana. Los dinamismos inferiores están subordinados a los superiores según lo que yo sé, con relación a la Verdad, que debo ser.
  • En el reino animal el impulso sexual está ligado al instinto. Dios le puso límites al instinto sexual animal, lo condicionó al período del celo. Al hombre Dios lo hizo ser libre y racional, con inteligencia y voluntad. Entonces el instinto no es el que debe gobernar el actuar, sino que la voluntad es quien gobierna el instinto.La persona humana tiene una participación en la providencia de Dios. Está llamado a descubrir cuál es la voluntad de Dios para su vida y a participar activamente para que ella se cumpla.

 

Antropología de la Paternidad Responsable

  • Los animales cumplen la voluntad de Dios siguiendo sus instintos: comiendo, volando, reproduciéndose. El hombre en cambio debe juzgar qué hacer. Es necesario que funcione como agente responsable, porque es el hombre principio también de sus propias acciones por tener libre albedrío y dominio de sus actos. Participa en la providencia del Creador mediante su inteligencia. Lo que se conoce como ley natural es esta participación activa inteligente en la divina providencia.
  • Según la Sagrada Escritura, la ley es una instrucción paternal de Dios que prescribe al hombre los caminos que llevan a la bienaventuranza prometida y proscribe los caminos del mal.
  • "La ley es una ordenación de la razón para el bien común, promulgada por el que está a cargo de la comunidad" (S. Tomás de Aquino, s. th. 1‑2,90,4).
  • Cristo es el fin de la ley (cf. Rm 10,4); sólo Él enseña y otorga la justicia de Dios.
  • La ley natural es una participación en la sabiduría y la bondad de Dios por parte del hombre, formado a imagen de su Creador. Expresa la dignidad de la persona humana y constituye la base de sus derechos y sus deberes fundamentales.
  • La ley natural es inmutable, permanente a través de la historia. Las normas que la expresan son siempre substancialmente válidas. Es la base necesaria para la edificación de las normas morales y la ley civil. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1975-1979).
  • La ley natural está inscripta en el corazón del hombre y nos indica lo que está bien o mal. Va de acuerdo a la razón, en cuanto esta misma se entiende en el recto orden de la naturaleza en el campo de la procreación.

Por ejemplo, en la Humanae Vitae n.10 se dice que el hombre debe conocer y respetar las funciones específicas de los procesos biológicos implicados en la procreación. Los esposos evalúan responsablemente si van o no a aumentar el tamaño de su familia con otro hijo, considerando las condiciones físicas, psicológicas, económicas y sociales a la luz de la recta razón y en consonancia con el orden moral objetivo. Así los esposos deben descubrir cuál es el plan de Dios para sus vidas.

  • Si descubrimos que en este momento no es bueno traer otro hijo porque tenemos razones plausibles, lo que debemos hacer es respetar las leyes naturales con relación a la fertilidad femenina y masculina; estamos llamados a modificar nuestra conducta (no mantener relaciones conyugales en este momento) aunque mi impulso sexual me exija saciedad. Esto es Paternidad responsable y castidad.
  • Lo contrario de Paternidad responsable y castidad sería decir “no tengo ganas de modificar mi conducta, por lo tanto altero la fertilidad". Sucede que los dinamismos inferiores gobiernan mi voluntad. Adapto o altero la naturaleza conforme a la demanda de mis dinamismos inferiores. El producto de esto es la desintegración de la persona a expensas de la desintegración de la sexualidad y del amor conyugal.
  • Se critica los principios católicos diciendo que son represivos de la sexualidad. No se trata de suprimir los apetitos sensuales, sino de imprimir en ellos el sello de la razón, a fin de que los apetitos sensuales persigan lo que la razón acuerda, lo que la responsabilidad persigue. “…yo someto mi cuerpo a servidumbre, no sea cosa que mientras predique, yo mismo sea… San Pablo

La responsabilidad no es sólo un problema de la razón; atañe a la persona entera también en su dimensión corporal. Por eso la Paternidad responsable incluye la virtud de la castidad, por que incluye la dimensión corporal. Se necesita la integración habitual del deseo sexual en el orden de la razón, que es el orden del amor.

Una correcta Paternidad responsable modifica la conducta, la persona usa sólo de los períodos infecundos para mantener relaciones conyugales en caso de querer posponer el embarazo sin afectar los procesos biológicos naturales. Así se cumple lo de HV n. 11, que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida.

 

Contracepción o amor conyugal.

  • La Humanae Vitae n. 12 dice que el acto conyugal tiene dos aspectos inseparables: unión y procreación (amor y vida). La contracepción y la PR actúan de un modo diferente frente a esta realidad.
  • La PR modifica la conducta. En cambio la contracepción no necesita modificar el impulso sexual. Supone también un dominio racional y voluntario sobre la sexualidad, pero no es un dominio virtuoso porque no se conforma a la verdad antropológica de la unidad sustancial cuerpo-alma, no informa los actos sexuales sino que afecta solamente a las consecuencias de los actos sexuales relativas a la procreación. Aquí la voluntad trata al cuerpo como un objeto.

Es así que el hombre es una unidad inseparable del cuerpo y el alma, por lo que soy cuerpo y soy espíritu. En este concepto, yo no tengo derecho sobre mi cuerpo, porque yo no tengo un cuerpo (objeto) sino que soy cuerpo (sujeto).

Una persona no tiene derecho de propiedad sobre otra persona: esto sería cosificar al otro, reducirlo. Sólo tenemos derechos de propiedad sobre las cosas. Todos los seres humanos son iguales en dignidad pues todos han sido creados por Dios a su imagen y semejanza y llamados por Él a participar de la naturaleza divina en la vida eterna.

Cada persona humana es única e irrepetible y no puede ser simplemente usada como un medio para alcanzar otro fin (como un mero instrumento).

  • De aquí se desprende que los esposos no tienen derecho a los hijos, sino solamente derecho a los actos propios de los cuales sobrevendrían los hijos. (A tener en cuenta respecto de la procreación asistida)
  • Desde el punto de vista del amor conyugal la conducta contraceptiva desintegra la sexualidad. Nosotros sabemos que el impulso sexual de por sí está dirigido, por su propia naturaleza, tan sólo a la satisfacción y la autogratificación.
  • La lógica del amor de amistad (filia) y del apetito sensual (eros) es diferente. Por sí mismo el placer sensual no promueve la comunión, sino la soledad y el aislamiento, pues está centrado en el yo. No supone autotrascendencia en el otro. La conclusión de esta conducta, es que no va hacia el otro, sino que se centra en sí mismo (egoísmo).

El amor conyugal debe ser donación para convertirnos en una sola carne, ya no serán dos sino uno solo. "Dios que ha creado al hombre por amor lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano; porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,27), que es Amor (cf. 1Jn 4,8.16).

Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno (cf. Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. "Y los bendijo Dios y les dijo: `Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla´" (Gn 1,28)
" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1604).

  • Una mala ética sexual dice: El hombre tiene derecho al placer. El intercambio sexual implica usar a una persona para el placer de otra: Te presto mi cuerpo para que satisfagas tu apetito genital. La anticoncepción es algo de esto: Te presto mi cuerpo para que sacies tu deseo en condiciones que te sirva, sin la capacidad de quedar embarazada. No es donación, es el uso del otro.

Otro concepto equivocado es el utilitarista: Utilizo lo que existe en el menú de opciones con tal de lograr un determinado fin; es la tesis de que el fin justifica los medios. Puedo tener suficientes razones para posponer el embarazo, pero elijo lo que se me ocurre como lo mejor o más eficaz para lograrlo.

  • La sexualidad tiene que ser operativamente integrada en la lógica del espíritu. Solamente así llega a ser expresión física del amor filia y promueve la comunión de las personas. Debe conducir al bien del otro, y así alcanzamos nuestro propio bien (dice Santo Tomás): Amor de benevolencia. Así la expresión sexual sí forma parte del amor: Yo busco el bien del otro y lo expreso también corporalmente mediante la donación de mí. No es esto la búsqueda de la autogratificación.

En la anticoncepción, la persona obvia el bien del otro buscando la autosatisfacción.

  • Todos los matrimonios buscan amarse, pero a veces no saben cómo. Nuestra naturaleza está afectada por el pecado original y es así que a veces “no hacemos el bien que queremos sino el mal que aborrecemos”. Es entonces en la búsqueda honesta de la Verdad que el hombre puede comprender el significado profundo de la conyugalidad.

Puede ser que el hombre tenga la inteligencia nublada por las pasiones y no alcance la Verdad por sí mismo. Si es así, están las enseñanzas de la Iglesia que nos muestran el camino a la Verdad.

  • La conclusión es clara: disociados de su significado procreador, la sexualidad y el placer que la acompaña no sirven para expresar el mutuo amor de autodonación entre un hombre y una mujer. Pero es necesario defender el significado procreador del intercambio conyugal a fin de defender su significado unitivo.

Paternidad Responsable

  • La Paternidad responsable es el derecho-deber exclusivo de los esposos de decidir cuántos hijos tener y cuándo tenerlos con tal que las razones para posponer el embarazo sean plausibles y los métodos estén en armonía con la naturaleza humana.

Una mala Paternidad responsable lleva a concebirla como el derecho que tengo de decidir cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. Para conseguir esto uso el método que me parece más eficaz y cómodo. Los métodos armónicos con la naturaleza humana respetan la inseparabilidad de las dos finalidades del acto conyugal.

El acto sexual debe quedar abierto a la transmisión de la vida.

La responsabilidad no sólo implica el respeto de la ley natural sino tambiénla búsqueda de la voluntad de Dios en mi vida. Puede suceder que lleguemos a dominar tanto las técnicas de regulación de la fertilidad que nos creamos dueños de manejar la llave de la vida. Perdemos la noción de que estamos llamados por Dios a ser co-creadores con Él.

Si no estamos embarazadas, que sea por amor: a los otros hijos, a mi marido, a la sociedad, al hijo por venir... Debe existir un concepto de generosidad a la hora de dar la vida, respaldando esta virtud por la prudencia.

 

El Concilio Vaticano II y la Paternidad responsable

  • El Concilio Vaticano II señala los elementos a tener en cuenta a la hora de ejercer una PR.
  • El bien de los esposos.
  • El bien de los hijos ya nacidos y por nacer.
  • La situación real de la familia en concreto: condiciones de vida, demás circunstancias materiales y espirituales que la afectan.
  • El bien de la comunidad familiar, de la sociedad y de la Iglesia.

 

  • Existen cuatro razones plausibles a la hora de posponer un embarazo:
  • Razones económicas graves.
  • Razones serias de salud de la madre o del padre.
  • Razones eugenésicas (malformación fetal).
  • Razones demográficas.

 

  • Características que debe tener un método de regulación de la natalidad:
  • Eficaz.
  • Reversible.
  • Bien tolerado y aceptado.
  • Inocuo para la salud de la madre y el hijo.
  • Moralmente lícito.
  • Que favorezca la armonía conyugal.

 

Humanae Vitae: algunos puntos para recordar.

 

(lo que está en cursiva es textual de la Encíclica)

 

HV n.9 - Características del amor conyugal.

 

Es un amor plenamente humano, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es una simple efusión del instinto y del sentimiento sino también y principalmente un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana.

Es un amor total, (...)donde los esposos comparten generosamente todo.

Es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte.

Es un amor fecundo. El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres (Gaudium et Spes, 50)

 

HV n.10 - La paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa, ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido. (...) en la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio y de sus actos.

 

 

HV n.11 – Respetar la naturaleza y la finalidad del acto matrimonial

 

La Iglesia, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida.

 

HV n. 12 – Inseparables los dos aspectos: unión y procreación.

 

Esta doctrina está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador.

 

Amor y vida van juntos en el acto conyugal. Salvaguardando estos dos aspectos esenciales, el acto conyugal conserva íntegro el sentido del amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad.

 

HV n. 13 – Fidelidad al plan de Dios.

 

Un acto conyugal impuesto al cónyuge sin considerar su condición actual y sus legítimos deseos no es un verdadero acto de amor; (...) así también un acto de amor recíproco, que de antemano impida la transmisión de la vida que Dios, según sus leyes particulares, ha puesto en él, está contradiciendo el plan de Dios y su voluntad.

 

HV n. 14 – Vías ilícitas para la regulación de los nacimientos.

 

Hay que excluir absolutamente como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado y sobre todo el aborto directamente querido y procurado aunque sea por razones terapéuticas.

Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación.

 

...No es lícito ni aún por razones gravísimas hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de la voluntad lo que es intrínsecamente desordenado.

 

Tampoco se puede invocar como razón válida, para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el mal menor, o el hecho de que tales actos constituirían un todo con los actos fecundos anteriores o que seguirán después, y que por tanto compartirían la única e idéntica bondad moral. (Ej. Soy una persona honesta. Solamente en forma ocasional, robo, lo que no está mal, porque en la totalidad de mi vida, no soy una ladrona. Cada acto debe juzgarse por sí mismo.) (...) es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.

 

HV n. 16 – Licitud del recurso a los períodos infecundos.

 

La Iglesia enseña que es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar. La Iglesia juzga lícito el recurso a los períodos infecundos, mientras condena el uso de medios directamente contrarios a la fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias. En realidad, entre ambos existe una diferencia esencial: en el primero los cónyuges se sirven legítimamente de una disposición natural. En el segundo impiden el desarrollo de los procesos naturales.

 

HV n. 17 – Graves consecuencias de los métodos de control artificial de la natalidad.

 

Consideren el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. (...) podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada.

¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzguen más eficaz?... se llegaría a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y reservado de la intimidad conyugal.

 

HV n. 18 – La Iglesia garantía de los auténticos valores humanos.

 

Al defender la moral conyugal en su integridad, la Iglesia sabe que contribuye a la instauración de una civilización verdaderamente humana; defiende con esto mismo la dignidad de los cónyuges. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo del Salvador, ella se demuestra amiga sincera y desinteresada de los hombres a quienes quiere ayudar a participar como hijos a la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres.

Esta encíclica aumenta mi fe en la infalibilidad del Magisterio de la Madre Iglesia. Considerando que la controversia sobre este tema era muy enérgica en la década de los sesenta, y que las presiones que recibió el Santo Padre Pablo VI para dar una respuesta favorable hacia los anticonceptivos incluían un sinnúmero de matrimonios católicos, para no decir cuántos Sacerdotes, Obispos, Comisiones y Cardenales.

Sabemos hoy, luego de cuarenta años, las graves consecuencias para la salud de la mujer, para la integridad y pureza del amor de los esposos, así como también que muchos de los anticonceptivos son además abortivos en su mecanismo de acción.

Si la Iglesia hubiera dicho sí a la anticoncepción, ¡habría acabado aprobando el aborto!, contradiciendo así el quinto mandamiento: “no matar”.

Es así que la Iglesia es Infalible en Dogma y Moral porque está asistida por el Espíritu Santo. (Dogma de Fe)

Consideremos también la delicadeza de Dios nuestro Padre, que todo lo sabe. Los Dres. John y Lynn Billings terminaron de conformar el método de la Ovulación en el año 1964. Cuando Pablo VI dio la Humanae Vitae, en el año 1968, ya existía, dada por la ciencia, una solución fácil de aprender, 98,5% eficaz para regular la natalidad.

 

Principio del doble efecto simultáneo.

 

  • Podemos vernos ante la situación de tener que efectuar algún procedimiento médico con la finalidad de curar o salvar de la muerte a una persona y como consecuencia de ese tratamiento sobreviene un impedimento para la procreación (esterilidad temporal o definitiva). En este caso la esterilidad que en sí es un mal, no fue procurada, pero sobrevino como consecuencia fatal de la defensa de la vida del enfermo.(Ej.: la radiación de un canceroso que lo puede dejar estéril).

Caso de embarazo ectópico, que de todas formas nunca va a poder llegar a buen término. Para salvar la vida de la madre hay que extirpar la trompa, junto a la cual viene el pequeño niño. No pretendíamos un aborto procurado ni terapéutico, sino que para salvar a la madre inevitablemente arrastramos al niño fuera de toda posibilidad de supervivencia.

Estas acciones son lícitas, con tal que la consecuencia fatal no sea, por cualquier motivo, directamente querida, sino por el contrario amargamente tolerada.

El valor de la abstinencia de la relaciones conyugales

 

  • La Iglesia nos muestra a través de esta encíclica cuál es el camino para la felicidad de los esposos. Sabemos que Dios quiere para nosotros la felicidad plena en el cumplimiento de nuestra vocación matrimonial.

Hemos encontrado con los años de enseñar la regulación natural de la fertilidad de los matrimonios, la riqueza a la que se hicieron acreedores al seguir, con la ayuda de Dios, este gratificante, si bien no fácil, camino de santidad.

  • Se conserva y gesta un ambiente de respeto y singular amistad entre los esposos, efecto que se vierte a los hijos y a la comunidad.
  • Los esposos desarrollan una gama muy amplia de formas de manifestarse el amor, fomentando la ternura, y no caen en rutinas ni aburrimientos, o en egoísmos y agresividades.
  • Los educa en la castidad.
  • Los hace practicar más virtudes, se vuelven disciplinados en el orden, la constancia y la perseverancia.
  • A la esposa le develael misterio de ser mujer y lo que significa vivir la femineidad y la capacidad de procrear, como un don gratuito de Dios y algo saludable.
  • Le reporta seguridad en sí misma, le da poder y dominio sobre la situación, cualidad que pone al servicio de su marido y su matrimonio.
  • Le aumenta el respeto por sí misma, lo que la hace crecer en autoestima.
  • Preserva a los esposos en fidelidad, garantizándoles un estilo único y personal de comunicación en la intimidad.
  • Aumenta la comunicación sobre los temas relativos a la sexualidad.
  • Es fuente de fortalecimiento mutuo al hacerlos cultivar la reciedumbre.
  • Los esposos viven y sufren juntos los momentos de encuentro y abstinencia compartiendo por partes iguales la responsabilidad de posponer el embarazo. Esto los hace crecer en solidaridad y responsabilidad como padres y ciudadanos.
  • Hace que los encuentros, luego de un período de abstinencia sean muy esperados, deseados y disfrutados, viviendo más sobre la calidad del amor conyugal y menos sobre la cantidad.
  • Los hace más generosos en dar la vida porque han crecido más en amor de donación. Rechazan más el aborto.
  • Los hace crecer en misericordia y empatía frente al sufrimiento del otro.
  • Al practicar el dominio de la razón y la voluntad sobre el instinto, los cónyuges crecen como personas integradas. Dice Gandhi que esto contribuye a la maduración de la persona humana y la lleva a vivir un amor más perfecto.
  • Comporta respeto a la voluntad de Dios sobre ellos impresa en la naturaleza de los esposos.
  • Desarrollan un nivel de goce y felicidad muy hondo, de delicadeza conyugal, producto del ejercicio maduro del amor y de vivir en armonía con el plan de Dios para los hombres, lo que acaba por respirarse en el hogar.
  • Prepara para posibles momentos en que por razones de salud deban guardarse de mantener relaciones conyugales por largos períodos de tiempo, incluso años.

 

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