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La visión de la Iglesia en el Código da Vinci

Catholic News Service


Joseph R. Thomas

6 de junio de 2003

De forma resumida se puede decir que “El Código Da Vinci” (Doubleday, 24,95 $, 454 páginas) es una novela exagerada y falsa.

Desde una visión cristiana se puede calificar de ofensiva, pese a su estilo y trama inteligentes. Esta novela deforma la historia de la Iglesia, disfrazando de modernidad a la antigua herejía Arriana, entretejiendo con retales históricos y pseudo-históricos una intriga que se pone en marcha con el asesinato en el Louvre de un famoso conservador del museo.

La novela de Brown, segunda de su personaje Robert Langdon, ha sido también muy elogiada y vendida. Esto se debe, sin duda, a la gran estrategia de márketing realizada por Doubleday, quien distribuyó 10.000 ejemplares gratuitos a los medios de comunicación. Según recoge New York Times, con ningún otro libro se había volcado así.

El relato se centra en los esfuerzos de Langdon y una policía francesa especialista en descodificaciones, Sophie Neveu, por resolver los trabajos inacabados de Jacques Sauniere, el abuelo de Sophie, que tiempo atrás murió por el disparo de una figura parecida a la de un monje albino que perseguía un secreto religioso del cual el único custodio sobreviviente era Sauniere. Previamente, también habían muerto tres guardas más.

Como el nombre de Langdon aparece en los códigos de Sauniere, inmediatamente se convierte enel principal sospechoso. Así se ve obligado a aliarse con Sophie para evadir a la policía mientras descifran las pistas. Pistas que, por supuesto, también son de interés para los asesinos, quienes, tras la muerte de Sauniere, se encontraban en un callejón sin salida.

Sin embargo, como podrá imaginar, nada es tan sencillo como parece. Sauniere, resulta ser el jefe de una sociedad secreta, el Priorato de Sion, dedicada a la protección de documentos históricos que niegan la divinidad de Jesús. Además, el misterioso monje es un miembro del Opus Dei que obedece a las indicaciones del obispo que está a la cabeza de dicha sociedad. Detrás de ellos existe otra figura vaga conocida como el “Teacher”.

(Esta es al parecer la percepción que tiene el autor sobre el Opus Dei: la de una sociedad de alta influencia en la Iglesia. También fue retratada con un perfil cruel en un reciente relato de espionaje, “El Confesor”)

Gracias a las pistas de Sauniere, los personajes encuentran distintos documentos. Estos documentos remiten a conocidas pinturas de Leonardo da Vinci, entre ellas “La Mona Lisa” y “La Última Cena”, en las cuales hay otras pistas relacionadas con el secreto (de ahí el titulo de la novela).

Ahora, si a usted le producen mal humor las reseñas que ofrecen demasiados detalles sobre una intriga (son los detalles, después de todo, lo que hacen a un misterio alcanzar esa categoría), lo mejor que puede hacer es pararse aquí y continuar con su trabajo.

El secreto de Brown sobre el Santo Grial.

Por supuesto, el Santo Grial no es el cáliz de las Cruzadas y las leyendas del rey Arturo, si no el seno o matriz de María Magdalena.

Brown nos narra, a través de la explicación que Langdon hace a Sophie, que en la representación de la última cena de Da Vinci la figura recostada sobre Jesús, generalmente conocida como uno de los apóstoles, en realidad se trata de la Magdalena. Ella se permite eso porque Jesús, que es un gran hombre pero un hombre como cualquier otro, es su marido.

"El Código Da Vinci" se sumerge profundamente en el mundo de la imaginación, cuando Sophie se identifica como descendiente directa de aquella unión. Éste también era otro de los secretos que Sauniere había estado protegiendo, evitando incluso que Sophie llegara a conocerlo.

A todo esto, se incluye un ritual sexual "espiritual" que provocó que Sophie durante 10 años eludiera encontrarse con su abuelo. Esto se relaciona con la supresión del “carácter sagrado del sexo femenino” por parte del cristianismo.

Una característica de esta supresión es la manipulación del canon de la Escritura por los primeros cristianos.

Por medio de sus personajes, Brown también postula que esta supresión fue el factor determinante por el cual se fomentaron las actitudes que condujeron a la muerte de 5 millones de mujeres durante la inquisición.

Se puede afirmar, desde luego, que el autor tiene una gran inventiva. Pero Brown mezcla hechos reales con especulación y fantasía de tal manera que el resultado final cobra fácilmente cierta verosimilitud. En un escritor, esta habilidad para hacer verosímil una historia tiene un gran valor. Pero, como cualquier habilidad, puede ser utilizada de forma honesta o deshonesta.

En "El Código Da Vinci" esta habilidad se utiliza para poner en duda la base de la fe cristiana y atacar a la Iglesia en un formato –el de la novela- en el que el lector no espera encontrar argumentos enmascarados como verdades históricas.

Thomas, redactor principal retirado del “The Christophers” y un antiguo redactor del periódico diocesano, realiza frecuentemente críticas literarias.

 

Copyright 2003 Catholic News Service


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Para saber más: el Código da Vinci en diez minutos