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La falacia Da Vinci, por Amy Welborn


 
















La falacia «Da Vinci»

Entrevista con la escritora y columnista Amy Welborn

FORT WAYNE, Indiana, lunes, 3 mayo 2004 (ZENIT.org).- Primero fue «El Código Da Vinci». Ahora viene «Decodificando a Da Vinci» («De-coding Da Vinci»).

Éste último, de la escritora Amy Welborn, apunta a desenmascarar los errores que permean la novela best-seller de Dan Brown.

Welborn es columnista, redactora del semanario católico «Our Sunday Visitor» y autora de varios libros, incluyendo «Prove It!» (¡Pruébalo!), una serie de libros de apologética para jóvenes.

--«El Código Da Vinci», ¿no es más que una novela de ficción? ¿Por qué piensa que es importante escribir un libro así?

--Welborn: «El Código Da Vinci» es ciertamente una obra de ficción, realmente en muchos sentidos. Pero dentro del marco de esta novela, el autor, Dan Brown, presenta muchas afirmaciones sobre la historia, la religión y el arte. Las presenta como verdad, no como parte de su mundo de ficción.

Por ejemplo, uno de los puntos centrales de Brown es que los primeros cristianos no creían que Jesús fuera divino, y que Jesús y María Magdalena estaban casados.

Coloca estas afirmaciones en boca de los personajes eruditos, y las enmarca con frases como «dicen los historiadores» o «consideran los estudiosos». Además, Brown presenta dentro de su libro como verdaderas, no obstante su carencia de fiabilidad, fuentes, que también se ofrecen en una bibliografía ofrecida en su página web.

Además, Dan Brown ha afirmado repetidamente en entrevistas que parte de lo que hace en su libro es presentar una «historia perdida» hasta ahora para los lectores, y que está contento de hacerlo.

Por lo que, ciertamente, «El Código Da Vinci» es una novela, pero el autor hace afirmaciones sobre historia dentro de la novela, las presenta como hechos y ampliamente aceptados, y es éste elemento de la novela él que ha dejado intranquilos a algunos lectores y requiere una respuesta.

--¿Cuáles son las afirmaciones más importantes sobre los orígenes cristianos que Dan Brown hace en esta novela? ¿Qué es lo que más ha intranquilizado a la gente, como usted dice?

--Welborn: Brown hace varias afirmaciones, ninguna de las cuales puede asumirse seriamente como verdadera, en boca de eruditos ficticios.

El libro se basa en un Jesús, profesor mortal de sabiduría, que intentaba reintroducir la noción del «sagrado femenino» en la conciencia y experiencia humanas. Tuvo seguidores, y se casó con María Magdalena, que es considerada la líder de este movimiento.

A esto se opuso otro partido --el «partido de Pedro»-- que trabajó para suprimir la verdad, que se logró en última instancia con las acciones del emperador Constantino que «divinizó» a Jesús en el concilio de Nicea en el 325.

Es esta sugerencia de que la Iglesia cristiana se ha empeñado en una ocultación destructiva de la verdad lo que ha intranquilizado a los lectores, así como la idea --propuesta por afirmaciones de Brown como «los historiadores creen»-- de que Jesús no fue considerado divino por sus primeros seguidores.

--¿Cómo responde usted estas afirmaciones en su libro?

--Welborn: Lo primero que hago es precisar las contradicciones inherentes a estas declaraciones. Simplemente no tienen ningún sentido a diferentes niveles.

Por ejemplo, Brown dice que el «partido de Pedro», es decir, el cristianismo ortodoxo, se opuso a María Magdalena y la demonizó.

Pues bien, en los primeros siglos en que esto estaba supuestamente ocurriendo --los primeros tres siglos del cristianismo-- tenemos muchos ejemplos de Padres de la Iglesia que sostenían que María Magdalena recibiera una alabanza particular. María Magdalena es honrada como santa en el catolicismo y en la ortodoxia. ¿Cómo es que se la demonizó?

Además, y algo más fundamental, Brown afirma que Constantino básicamente inventó la noción de la divinidad de Cristo para apoyar su poder y unificar el imperio.

Si este fuera el caso, ¿qué era, en realidad, ese «partido de Pedro» de la ortodoxia que Brown afirma que ha estado luchando contra los devotos de María Magdalena por todo el poder durante estos siglos? No se sostiene.

En la base de todo esto está la cuestión de las fuentes, que me tomó mucho tiempo para tratarlas en mi libro. Los lectores necesitan entender que las fuentes de las que depende Brown son sobre todo escritos gnósticos que datan de finales del primer siglo como muy pronto, y con toda probabilidad de mucho más tarde.

Ignora completamente los escritos del Nuevo Testamento, que incluso los eruditos más escépticos datan del primer siglo, al igual que el testimonio de los Padres Griegos y Latinos, así como la evidencia litúrgica de estos tres primeros siglos.

Considerando esto, no hay razón para considerar como algo serio nada de lo que Brown afirma de los orígenes cristianos.

--¿Cuál es el papel del Opus Dei en «El Código Da Vinci»?

--Welborn: Me parece que en «El Código Da Vinci», el Opus Dei desempeña el papel que normalmente jugaban los jesuitas en las antiguas novelas y polémicas anticatólicas: una sociedad mundial secreta con lazos únicos con el Papa, constituida para nada bueno.

Brown usa una caricatura del Opus Dei en esta novela, aunque intenta disculpar a sus bases y los convierte en víctimas, más que en villanos.

Pero no resulta necesario decir que «El Código Da Vinci» está lleno de declaraciones y caracterizaciones erróneas del Opus Dei, como lo demuestra la figura más bien interesante de un «monje» del Opus Dei, lo que, ya en sí desautoriza todo lo que Brown tenga que añadir sobre el grupo porque el Opus Dei no tiene monjes.

--¿Son defendibles las afirmaciones que hace Brown sobre la obra artística de Leonardo?

--Welborn: En absoluto, y resulta más bien chocante lo evidente de sus errores, en casi todos los aspectos de la vida y obra del artista que procura presentar. Tengo muchos detalles en mi libro, pero creo que el punto de inicio es el nombre mismo del artista.

Brown se presenta a sí mismo como una especie de devoto y experto en historia del arte. Pero se refiere constantemente al artista en cuestión como «Da Vinci», como si éste fuera su nombre. No lo es. Es el indicativo de su ciudad natal.

Su nombre era «Leonardo», y éste es el nombre por el que es llamado en cualquier libro de arte que se consulte. Uno que proclama ser experto en arte y se refiere al artista como «da Vinci» es tan creíble como una persona que proclame ser historiador de la Iglesia refiriéndose a Jesús como «de Nazaret».

--¿Es «El Código Da Vinci» anticatólico?

--Welbron: Lo es, en este sentido: Dan Brown considera culpable al catolicismo por supuestos crímenes que, si fuera consecuente, harían culpable a todo el cristianismo.

Después de todo no es únicamente el catolicismo el que cree que Jesús es divino, recita el Credo de Nicea, y acepta el canon del Nuevo Testamento. No es sólo la Iglesia católica la que desempeña un papel --y ni mucho menos tan grande como Brown proclama-- en la ejecución de brujas durante el último periodo medieval y los inicios de la época moderna.

Como estadounidense, puedo decirle con toda confianza que los obispos católicos no estaban en el cargo durante los juicios contra las brujas del siglo XVII en Salem, Massachussets.

De modo que, en este sentido, se puede decir que «El Código Da Vinci» es anticatólico.

--¿Por qué cree que las afirmaciones sobre los orígenes cristianos que hace Brown han sido recibidas con tanto entusiasmo, incluso por los que se profesan cristianos?

--Welborn: Porque, desafortunadamente, no han recibido una buena educación en los orígenes históricos del cristianismo. Mi libro es esencialmente un intento de hacer algunas correcciones caballerosas a esta situación.

Animo a los lectores, en fin, a que no dependan de las tonterías de esta novela para ampliar su comprensión de los orígenes cristianos.

Si están interesados en quién era Jesús verdaderamente y qué fue lo que de verdad predicó y sobre qué, hay un modo muy accesible de hacerlo, que no tiene nada de secreto ni de oculto. Es el Nuevo Testamento. Es la vida sacramental de la Iglesia. Si quieren encontrar a Jesús, les digo, comiencen ahí. Se quedarán sorprendido de lo que encuentren.

 


 

 

 

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