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Con un ‘Best- seller’ entre las manos


 

Francisco-M. González

Por fin he leído elcódigo Da Vinci. Llegué a tener hasta tres ejemplares de esta obra en lista de espera desde hace más de un año, todos ellos regalados, con la mayor ilusión, por algún que otro amigo o colega, porque saben que mi hobby favorito es la lectura, aunque no precisamente de best-sellers, libros de extraordinario éxito comercial o superventas.

“Pero si es ‘sólo’ una novela de ciencia ficción o misterio, además de un éxito extraordinario en todo el mundo”, me animaba más de un aficionado a este tipo de literatura. Y algunacolegatenía curiosidad por conocer mi opinión o reacción sabedora de mi condición de católico que intento ser consecuente. Lo cierto es que sentía pereza y desgana por la lectura de este libro, puesto que hay libros tan maravillosos y de excelente calidad literaria, que nunca encontraba un hueco para el Código Da Vinci. Curiosamente, que ahora, en Cuaresma lo he leído de un tirón, no sé ya si como mortificación, aunque esto no se lleve.

Pienso que el éxito comercial de esta novela se debe al excelente marketing utilizado. Así como el interés o la moda actual por lo esotérico, el misterioso o por un tipo vigente de espiritualidad “light” o de “cafetería”, típico de la New Age. Junto con la acritud, animadversión u odio hacia la Iglesia Católica y algunas de sus instituciones. Un ataque promovido por tradicionales sectores muy conocidos y de siempre, aunque con distintos o variados ropajes, según la época; que no debiera sorprender a nadie que lea a diario el Evangelio o conozca la Historia de la Iglesia.

Coincido con José Antonio Ullate en su libro, La verdad sobre el Código Da Vinci,no es “solo una novela”, aunque en un primer plano se dan todos los elementos noveleros de intriga en las que hay unas buenas dosis de amor, persecuciones, crímenes y continuas sorpresas. Tal vez para muchos lectores, Brown “consigue forjar una trama, forzándole a devorar página tras página sin que la intriga decaiga durante la mayor parte del libro”. Pero en un segundo plano, “de una forma más discreta”, hay un soterrado ataque, burdo y blasfemo a la doctrina de la Iglesia, con una serie de disparates, sin ningún tipo de consistencia, puesto que el autor no cita, ni aporta ningún estudio científico, histórico o teológico serio y documentado –porque tampoco los hay- . Como por ejemplo,que Jesús estuviera casado con María Magdalena y tuvieran descendencia, que los primeros cristianos no creyeran en ladivinidad de Jesús...., entre otros.O lo que a pesar de la seriedad del tema, no pude reprimir la carcajada,cuando el autor hace referencia al “partido de Pedro”o que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación, “y de una votación muy ajustada”-en el Concilio de Nicea-.

La descripción que hace del Opus Dei es totalmenteinexacta tanto en la impresión general como en muchos detalles, y sería irresponsable formarse una opinión a raízde la lectura de esta novela; por lo que sugiero acudir a la oficina de información del Opus Dei www.opusdei.eso a algún centro de la Obra, donde tengo la seguridad que le darán todo tipo de información, con la certeza de queno les atenderáningún tipo de “monje”.

En definitiva, la situación creada en torno a la película y la novela Código da Vinci, es un reto y una oportunidad extraordinaria, que tenemos los creyentes, para con nuestra forma de vida y con nuestras palabras -siemprecon respeto hacia todos, con sentido del humor y cordialidad-para mostrar mejor y con mayor profundidad la figura de Jesús –Dios hecho hombre-, la grandeza y alcance de su mensaje y la realidad de la Iglesia Católica.Siguiendo el ejemplo del Papa Benedicto XVI, en su modo de mostrar al mundo el mensaje cristiano, siempre de forma constructiva, profunda y atractiva.

 


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Para saber más: el Código da Vinci en diez minutos


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