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El éxito programado y efímero de Dan Brown, frente a la permanencia de la verdad


Da Vinci pasará; la Iglesia, no

A pesar de las malas críticas cosechadas en todo el mundo , la obra de Dan Brown sigue siendo un cebo morboso e irresistible para muchos

Es (o debería ser) ya conocimiento general que Dan Brown, aparte de no mostrar ningún respeto por la documentación (necesaria también para la ficción histórica), ni siquiera es original. Al contrario, echa mano de tramas inventadas hace medio siglo, y de ideas de hace 18.

Ha sido costumbre de las últimas décadas que cada corriente haya intentado arrimar a Jesucristo a su sardina, lo que demuestra que ni sus enemigos pueden dejar de reconocer, aunque sin comprenderlo, el atractivo de su figura. Jesús ha sido comunista, hippy, y hasta extraterrestre. Ahora le toca ser pagano y nuevaerista.

El gnosticismo, la principal fuente de la que bebe Dan Brown, es una corriente sincretista pagana, poco relacionada con el judaísmo en el que nació la Iglesia. Sus documentos fueron escritos entre los siglos II y VI; son, por lo tanto, más tardíos que los evangelios canónicos, y que la recopilación del Nuevo Testamento, completo ya en el siglo II.

Cuesta comprender por qué es tan atractivo hoy un movimiento dualista, que negaba la divinidad de Jesús porque abominaba de lo material y rechazaba que Dios se hiciera carne; un movimiento tan feminista como para afirmar, en su evangelio de Tomás, que «cada hembra que se convierte en varón, entrará en el reino de los cielos». ¿Es más feminista y más revolucionario defender que la Magdalena es importante por estar casada con Jesús, que creer que fue capaz de desafiar las convenciones sociales de su tiempo para, siendo mujer, seguir a Jesús, y ser primer testigo de la Resurrección?

La otra fuente de Dan Brown son Les dossiers secrets, unos documentos falsos, creados en 1967 por los franceses De Sède, Chérisey y Plantard, al que se presentaba como último descendiente de los merovingios y legítimo heredero de la Corona francesa. La idea de que los merovingios son los descendientes de Jesús y Magdalena surgió cuando los ingleses Lincoln, Baigent y Leigh (Sangre sagrada; Santo grial) decidieron presentar el contenido de los documentos en Inglaterra, incluyendo el supuesto matrimonio para interesar al público inglés, indiferente a la monarquía francesa.

No parece importante si la intención de Dan Brown, al hacerse portavoz de todo esto, fue atacar directamente a la Iglesia, o simplemente beneficiarse del interés de muchos hacia todo lo que se enfrente a ella. Preocupa mucho más cómo estas ideas han calado en quienes han leído el libro, a pesar de la nula documentación histórica del relato, que juega con la ambigüedad entre ficción (así se defiende de las críticas) e investigación (el cebo).

 

Tinta y sangre

Sin embargo, El Código Da Vinci, al final, no puede hacer otra cosa que hacer brillar con más fuerza la belleza de la historia de la primitiva Iglesia. Que los evangelios reconocidos canónicamente, ya en el siglo II, sean también los más cercanos a los hechos, y tengan más validez como fuente histórica que muchos otras obras que nadie cuestiona; y el hecho de que los Padres de la Iglesia ya respondieran a muchos de los escritos que ahora se descubren, descubren parte de esta belleza. Por otro lado, los apócrifos que la Iglesia, presuntamente, quiso ocultar y destruir se puedan encontrar en cualquier librería religiosa.

Pero la Iglesia primitiva no se construyó sólo sobre la tinta de los Padres, sino, sobre todo, sobre la sangre de los mártires. ¿Quién habría perseguido a los cristianos de los primeros siglos, si éstos hubieran sido sólo un culto pagano más, permitido en el Imperio romano? Y, más importante, ¿quién habría seguido dando la vida, muchos siglos más tarde, por el Jesús de Dan Brown?

Para algunos, las protestas de los cristianos acerca del libro demuestran que la Iglesia teme que este descubrimiento pueda acabar con ella. Nada más lejos de la realidad. La Iglesia sabe que, aunque El Código se convirtiera en el mayor éxito de taquilla de la historia del cine, cuando Dan Brown y Ron Howard hayan muerto, incluso cuando Hollywood ya no sea el paradigma cultural dominante, ella seguirá en pie.

 

María Martínez López

Publicado en Alfa y Omega

 

 

 

Arriba a la izquierda, María Magdalena, la Virgen y san Juan, en un fotograma de La Pasión, de Gibson. Sobre estas líneas, carátula de El lado oscuro de El Código Da Vinci

 

 

 


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