--Ir la Página de Inicio ----------------------------------------------------------------------------------------


Doce preguntas y respuestas
sobre la película El Codigo da Vinci


 


1. ¿No se estará exagerando en los ambientes católicos la importancia de una novela y una película?

Pedro Salinas contaba en un ensayo la anécdota del científico que durante la Primera Guerra Mundial sólo buscaba, al leer el periódico, las noticias referidas a su tema de tesis.

Evidentemente, El Código es sólo una novela y una película; pero difunden un mensaje que está llegando de hecho a muchos millones de personas, afectando a los menos formados en su fe y confundiendo a muchos.

Se puede pasar página sobre este asunto; pero quizá esto suponga, a la larga, falta de perspectiva. El tiempo lo dirá.


2. ¿Qué tal es la película?

Se vende como una película de acción y misterio más, pero pretende convertirse, al igual que la novela, en algo más que una película: en un alegato ideológico contra la Iglesia Católica.

Pero no lo consigue, porque como alegato no parece tener la fuerza persuasiva que pretendía, por falta de calidad fílmica. Los críticos han dicho, de forma unánime que el ritmo es pesado y los diálogos, premiosos; pero no dejan de ser opiniones. A unos les gustará y a otros no.

La película está difundiendo a nivel global numerosas falsedades sobre Jesús, el mensaje cristiano y la realidad de la Iglesia que -si no se contrarrestan de modo eficaz- pueden entrar a formar parte del conjunto de ideas “pacíficamente aceptadas” por todos.


Se afirma que Jesús fue un simple hombre, divinizado por Constantino en el Concilio de Nicea, que tuvo una hija con María Magdalena, etc.

 

Hasta hace muy poco tiempo escuchar esta expresión: “tuvo una hija con María Magdalena” hería los oídos de los cristianos.

El riesgo es que, por acostumbramiento, esta expresión deje de producir ese efecto y que los mismos cristianos acaben escuchando y empleando esta expresión casi sin inmutarse, sin valorar la gravedad de lo que está en juego y la afrenta que se hace al propio Cristo y a miles de creyentes.

Los diálogos finales de la película dejan la figura de Jesús envuelta en una nebulosa relativista: pudo ser el hijo de Dios o no, pero eso – concluyen, en clave New Age- tampoco no importa demasiado. Pero no es así; como recuerda san Pablo, “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.


3. Todo eso no es nada nuevo: forma parte de la tesis de la novela.

 

Pero la pantalla grande posee una capacidad extraordinaria para fijar clichés, tanto positivos como negativos, en la mente de generaciones enteras.

Hay escenas de algunas películas, como El Maquinista de la General, Lo que el viento se llevó, Casablanca o La Guerra de las Galaxias, que forman parte del imaginario colectivo.

Las falsedades teóricas de El Código – si no se da una respuesta eficaz y clarificadora- pueden instalarse en ese imaginario, porque ya tienen rostro, y pueden acabar desfigurando la visión de la realidad.


4. La película ha debido ser un buen negocio…

Eso no es lo decisivo. Lo que está en juego no es si Sony ha ganado unos cientos de millones más o menos, o si ha hecho un mal o un buen negocio; si se puede llamar un buen negocio el que se realiza hiriendo la sensibilidad religiosa de millones de personas y vulnerando el código ético de la propia empresa.

Lo decisivo la respuesta personal de miles de mujeres y hombres ante la figura de Jesús: en unas puede darse la aceptación acrítica de estas falsedades –por ignorancia, por comodidad, etc.-; y en otras este fenómeno puede llevar a una búsqueda de la verdad que concluya en un conocimiento más profundo, directo y personal de Cristo.


5. ¿Quién es el protagonista principal de la película?

 

Jesucristo. El interés de la novela y la película radica en su figura, no en las elucubraciones fantásticas sobre los Templarios, la Línea Rosa o la Mona Lisa.

Y aquí radica la gravedad de este affaire : que una multinacional, aprovechando la actitud civilizada de la Iglesia Católica, no haya dudado en emplear su poderío -basta ver la publicidad de la película cubriendo fachadas enteras de edificios- para sacar unas ganancias millonarias, despreciando y manipulando la fe religiosa de millones de personas que siguen o respetan el mensaje cristiano.

Es llamativo que las protestas más fuertes ante la película se hayan dado en países asiáticos, donde los cristianos suelen ser minoría. Parece que el respeto hacia las convicciones religiosas ajenas es más fuerte en esa parte del mundo.


6. ¿Qué tal Audrey Tautou como coprotagonista?

La coprotagonista de la película sigue siendo María Magdalena, una santa venerada desde el comienzo por la Iglesia Católica, a la que tanto Brown como Sony han sometido a un fuerte maquillaje ideológico, trastornando su imagen real hasta volverla irreconocible.

Se la muestra en una escena embarazada.

 


7. ¿Qué imagen ofrece la película de la Iglesia?

 

Para millones de personas quedará la imagen confusa de una Iglesia represora de la mujer, una especie de Cruela de Vil que ha engañado durante siglos a una humanidad que ha creído en ella, perruna y ciegamente; hasta que al fin, uno de esos ciento un dálmatas, llamado Dan Brown, les ha abierto los ojos al resto, con este mensaje: “Ojo: la Iglesia y sus sicarios os han engañado durante siglos, ocultándoos el verdadero mensaje de Jesús. Yo, Dan Brown, os traigo la verdad; desconfiad de esa Iglesia asesina”.

Es un mensaje pueril, injusto y bastante tonto, pero precisamente por eso puede funcionar bien en ambientes abonados desde hace siglos con prejuicios antirreligiosos.

También los prejuicios xenófobos y racistas son un buen caldo de cultivo para determinados mensajes pueriles, injustos y tontos que siguen teniendo eco en muchas personas: “echemos de aquí a los emigrantes, porque son todos unos criminales”; "al inmigrante, paliza constante"; “discriminemos a los negros, porque son de una raza inferior”; etc.

La historia enseña cuánto cuesta desarraigar de las mentalidades esos prejuicios, y las consecuencias perniciosas que tienen para la convivencia social.

 


8. ¿Quiénes son los sicarios de los malos en la película?

Los dirigentes y miembros de la Iglesia Católica; presentada como una especie de banda mafiosa. Para millones de espectadores de países no cristianos su primera noticia, su primer encuentro con la Iglesia Católica se dará en un contexto gravemente denigratorio.

Es urgente, por tanto restablecer la verdad y mostrar el rostro auténtico de Cristo y de la Iglesia a esos millones de espectadores, católicos y no católicos. No será tarea fácil, porque los cristianos de a pie de las iglesias locales de muchos países del mundo –pensemos en Birmania o Togo- no disponen del poderío mediático de una multinacional como Sony.

La novela le puso el nombre de una institución de la Iglesia –el Opus Dei- a un monstruo prefabricado de dos cabezas. Una cabeza era la del obispo: un eclesiástico grotesco que viaja en jet privado y se dedica a intrigar con otros eclesiásticos, en ambientes tan irreales como lujosos, frívolos y materializados. Esta caricatura responde a los prejuicios anticatólicos de Brown, que desconoce la realidad cotidiana de un obispo católico.

La segunda cabeza que se coloca al monstruo es la de Silas, un fanático sadomasoquista que va matando monjas en nombre de Dios.

Sony añade en su película una tercera cabeza al monstruo para retratar de forma aún más siniestra a esta institución de la Iglesia: la figura de Fache, un policía colérico, brutal y odiado por sus subalternos.

Por otra parte, nada en la novela y en la película resulta excesivamente original. Las tres cabezas del monstruo responden a tres viejos clichés anticatólicos: el eclesiástico maquiavélico y perverso; el monje que asesina por fanatismo; y el católico cínico y cruel.


9. El público sabrá distinguir entre la realidad y la ficción…

 

Un gran número de espectadores de esta película viven en países no cristianos, y muchos desconocen por completo la realidad del catolicismo, de la Iglesia y sus instituciones. Su visión del pasado suele ser la que les ofrece el cine, no los libros de una historia que no han vivido. Esto puede llevar a que muchos se crean la visión demonizada de la historia de la Iglesia y ese evangelio del revés que le cuentan Brown y Sony.

La Iglesia Católica no ha trivializado este fenómeno. Conoce bien las consecuencias de este tipo de demonizaciones, desde que Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma. Por eso, alienta a sus fieles y todas las personas de buena voluntad a restablecer la verdad, contrarrestando -de forma positiva- la difusión de estas falsedades.

Tampoco han trivializado el fenómeno aquellos colectivos humanos, como el de los judíos, que fueron víctimas de demonizaciones en el pasado. La propaganda antisemita difundió en la Rusia zarista el best-seller de los libelos: Los protocolos de los sabios de Sión.

Ese panfleto, que resultó ser un plagio y está lleno de gazapos históricos y citas falsas, se presentó como un estudio serio y revelador, al igual que la novela de Dan Brown. Los Protocolos satanizaban a los judíos presentándolos como unos conspiradores que deseaban hacerse con el poder mundial.

Algunos grupos extremistas radicales de diversos países siguen difundiendo los Protocolos para hacer propaganda antisemita. Influyeron profundamente en la redacción del Mein Kampf y sobre el suelo mojado de los Protocolos llovió, en la Alemania de los años treinta, la propaganda goebbeliana, que también se sirvió del cine para su tarea satanizadora.

El mensaje propagandístico que ha lanzado Sony a un sector de la población mundial –especialmente al que lo ignora todo sobre el cristianismo- supone un peligro potencial, porque puede dar munición denigratoria a sectarios de diverso signo y a los amantes de las denigraciones totalizadoras.

Un detalle curioso: Brown se presenta, con su diosa postergada, como el abanderado de la causa femenina, pero ha creado dos productos –novela y parte del guión de la película- genuinamente machistas. Sophie, a pesar de ser una criptóloga de la policía francesa, se limita en las 557 páginas de la novela y durante los 149 minutos de la película, a poner caras de asombro y a asentir modosamente a los discursos de los dos hombres “sabios” de la trama: Langdon y Teabing. De vez en cuando suelta un “¡ah!” o hace una gracieta insulsa, como la de poner un pie sobre un estanque, para ver si es capaz de caminar sobre las aguas conforme a su supuesta estirpe divina…

Se ha hablado de la inteligencia con la que El Código ha ido sembrando dudas. Quizá, más que de inteligencia, habría que hablar de cinismo. La propuesta central de El Código da Vinci, novela y película, resulta tan contradictoria como cínica. Es la vieja historia del manipulador que acusa a los que intenta manipular de manipularle a él; del sectario que tilda de sectarios a todos los que piensan de forma diferente a la suya; del verdugo real que intenta encasquetar en la cabeza de su víctima el caperuchón del verdugo.

Se adulteran -cínicamente también- las enseñanzas de Jesús. Por eso, el slogan de este relato, construido sobre la falsedad, no podía ser otro que éste: “busca la verdad”.

 


10. La institución de la Iglesia más ferozmente atacada en la película es el Opus Dei. ¿No habrán contribuido las declaraciones de sus portavoces a darle más publicidad aún?

Realmente, la película no necesitaba publicidad. Los cuarenta millones de lectores del libro junto con las decenas de millones de dólares que ha invertido Sony en su promoción le proporcionaban la publicidad suficiente. Lo novedoso de la comunicación de esta institución de la Iglesia es que ha comprendido la influencia decisiva que tienen los medios de comunicación en las actitudes vitales de las personas; que su actitud ha sido más proactiva que reactiva; y que no ha aguardado al estreno del film para lamentarse.

Las personas que trabajan en los departamentos de comunicación del Opus Dei han intentando establecer vías de diálogo con Sony, pidiendo respeto para la figura de Jesús, para la Iglesia y para el Opus Dei, al tiempo que mostraba -en lo que se podría llamar una operación de transparencia institucional- la vida de las personas del Opus Dei, con sus virtudes y defectos.Pero ya se ha visto que Sony sólo deseaba vender su película y hacer su negocio mediante un costosísimo marketing de propaganda unidireccional: revistas, televisión, vallas, internet, teléfonos móviles, etc.

El Vicario regional del Opus Dei en Estados Unidos, Father Thomas Bohlin, ha enviado varias cartas a Sony durante estos últimos años. En una de ellas, fechada en enero de 2004, lamentaba el distorsionamiento que la novela El Código da Vinci hace de la realidad de la Iglesia Católica. Solicitaba que en la película no se usara el nombre del Opus Dei y pedía una entrevista con la presidenta de la división cinematográfica de la compañía, Amy Pascal. Sólo recibió una respuesta amable, de contenido vago.

 

La contestación vino más tarde, por la vía de los hechos: en diciembre de 2005 Ron Howard declaró que la película sería fiel al libro. Esto significaba que se daría una visión sesgada de la Iglesia y se presentaría al Opus Dei como una secta asesina.

La oficina de prensa del Opus Dei en Tokyo escribió en abril de 2006 una carta abierta a los accionistas, directores y empleados de Sony, ofreciéndose a informar sobre la realidad del Opus Dei y pidiendo a Sony que incluyera un aviso al principio de la película (“disclaimer”) aclarando que se trataba de una obra de fantasía, en la que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Este gesto, afirmaba la carta, “sería una manifestación de respeto a la figura de Jesús, a la historia de la Iglesia y a las convicciones religiosas de los espectadores”.

La respuesta de la central de Sony en Norteamérica fue la propia película, en la que -dejando aparte unas declaraciones de Howard de última hora, en las que llamaba fascistas a los que criticaban su film- se subrayan los trazos anticatólicos hasta extremos grotescos.


11. ¿Qué va a hacer ahora la Iglesia?

La Iglesia seguirá evangelizando: es su misión. El Prelado del Opus Dei ha dicho recientemente: “sólo recomendamos multiplicar el esfuerzo reafirmar la verdad sobre el Evangelio y la Iglesia”. Esa propuesta es una invitación al trabajo inteligente y también unreto desde el punto de vista de la evangelización.

La “ola da Vinci”-libro, película, interés social- es una manifestación elocuente y altamente significativa del desconocimiento de la historia y de la ausencia de una cultura cristiana que sufre en estos momentos un gran sector de la sociedad. Hace unas décadas, este mismo fenómeno hubiese tenido rasgos muy diversos. Es uno de esos signos de los tiempos que conviene analizar.

Se puede permanecer inactivo; pero también se puede aprovechar esta coyuntura, como el surfista que remonta la ola, para dar a conocer a Cristo de forma renovada.

Esto exige estudiar el mejor modo para transmitir en estos momentos la verdad de Cristo, con sentido sobrenatural y de forma humanamente atractiva; y lleva a adaptarse a los nuevos lenguajes, en los que la imagen tiene una importancia decisiva.


12. Otra posibilidad es esperar a ver qué pasa.

 

Algunos esperan que esto haya sido una simple tormenta de verano. Pero si las falsedades y los estereotipos negativos calan en las conciencias y hay millones de personas que se quedan confundidas, sólo quedará el lamento y la actuación reactiva, de escasa eficacia. En estos momentos aún se puede incidir positivamente en el curso de los acontecimientos.

Algunos buenos católicos están convencidos de que este fenómeno se ha sobredimensionado. No le gustan ciertas medidas de comunicación adoptadas, y piensan que hay que esperar a que pase la ola, y que cuanto menos se hable del Código, mejor.

La ola pasará, sin duda, pero conviene plantearse que si no se contrarresta este fenómeno con acciones positivas, los mensajes negativos que se han difundido pueden traducirse en la vida cotidiana en numerosas dudas de fe; en un modo de hablar irrespetuoso sobre Jesús, su Persona, su vida y su mensaje; en dar por sentadas ciertas falsedades…

Algunas de las acciones tomdas en el ámbito de la comunicación habrán sido más acertadas que otras, pero es mejor arriesgarse a un fallo táctico dentro de la batalla que no aceptar la realidad del conflicto, como le sucedía al científico del que hablábamos al principio, por vivir ensimismado en el propio mundo.

Las olas pasan, pero tras cada ola viene la siguiente, con frecuencia deudora de la anterior. El trigo necesita de alguien que lo siembre, y la cizaña no se arranca por sí sola. Es necesario actuar, buscando los medios adecuados: conversaciones, libros, videos, etc. Porque los buenos deseos de que las cosas no lleguen a más, si se quedan en eso, resultan tan mudos como inútiles.

Es el momento de plantearse algunas preguntas y considerar, a raíz de este fenómeno, la forma práctica de responder a unos retos que no son nada fáciles.


Por ejemplo sobre la catequesis:

- ¿Qué tipo de formación cristiana reciben los jóvenes actuales?

- ¿Con qué preparación, con qué calidad y profundidad se da?

- ¿Se responde verdaderamente en la catequesis a las preguntas vitales que se plantean los jóvenes de ahora?

 

Sobre la enseñanza de la Biblia:


- ¿Con qué rigor histórico, científico y doctrinal se explica la Sagrada Escritura a los laicos?


- ¿Se les alienta suficientemente para que lean la Biblia y para que conozcan estudios bíblicos rigurosos?


- ¿Se ha hecho un esfuerzo eficaz por parte de los especialistas para divulgar los conocimientos bíblicos entre los fieles?

-¿Cómo se puede combartir la ignorancia generalizada en este punto?

 

Y aludiendo a otras cuestiones que aborda El Código –novela y película-, como el sentido de la sexualidad o la concepción de la mujer:


- ¿Se ha sabido comunicar a los fieles la catequesis de la teología del cuerpo? ¿Qué se puede hacer más en este sentido?


- ¿Se ha transmitido la verdadera visión de la Iglesia acerca de la mujer? ¿Qué se puede hacer para que ese mensaje cale verdaderamente?

- ¿Cómo se ha explicado la historia de la Iglesia durante las últimas décadas? En vista de la experiencia, ¿Qué medidas se pueden tomar?

- ¿Qué respuesta están dando los padres y educadores cristianos ante determinados mensajes difundidos por los medios de comunicación?

Como siempre, el futuro está en manos de los hombres, de su libertad, de su creatividad y de su espíritu renovador; de su adecuación a los nuevos tiempos y de su inteligencia; y desde luego, de su capacidad de trabajo.

José Miguel Cejas

 


Regresar a la Portada del Código da Vinci


Para saber más: el Código da Vinci en diez minutos


 Ir a la Página de Inicio