El Crucifijo, visto por una agnóstica judía:

Natalia Ginzburg


El crucifijo no genera ninguna discriminación. Está ahí, mudo y silencioso. Dicen que por un crucifijo colgado en la pared pueden sentirse ofendidos los escolares judíos.

¿Porqué deberían sentirse ofendidos los judíos? ¿Acaso Cristo no era judío y un persguido, y acaso no murió en el martirio como le sucedió a millones de judios en los campos de concentración?

El crucifijo es el signo del dolor humanos. Nos representa a todos. Porque antes de Cristo nadie había dicho que los hombres son todos iguales y hermanos todos, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, judíos y no judíos, blancos y negros, y antes de él nadie había dicho que en el centro de nuestra existencia debemos situar la solidaridad entre los hombres.

El crucifijo forma parte de la historia del mundo.

 

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