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Clase XXI. Afán de almas, afán de mies:
solicitud por las vocaciones en servicio de Dios


Se sugiere, como texto de partida, la lectura del discurso de Benedicto XVI a los jóvenes de Colonia.

 

La Iglesia es misionera por vocación, recuerda Benedicto XVI


 








¿Cómo llamaba Jesús a los jóvenes de su tiempo?

En el Evangelio de San Lucas vemos como Jesús llamaba a los Apóstoles y discípulos:

  • Vocación de Mateo:

    Después de esto, salió y vio a un publicano de nombre Leví, sentado en el telonio y le dijo: Sígueme. (Lucas, 27, 28). Y dejadas todas las cosas se levantó y le siguió.
  • Jesús llama a los discípulos:


    Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré adonde quiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.A otro le dijo: Sígueme. Pero éste contestó: Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.

    Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. Y otro dijo: Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa.Jesús le dijo: Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios. (Lucas, 57-62)

Jesus envía a setenta y dos discípulos a anunciar su mensaje
y hacer nuevos discípulos

Así cuenta San Lucas el envío de los setenta y dos discípulos. Cristo los envía a anunciar un mensaje, y a buscar nuevos discípulos, nuevos seguidores de Cristo, y les muestra claramente las dificultades con las que encontrarán:

“Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a donde él había de ir. Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id: he aquí que yo os envío como corderos en medio de lobos.

No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. En la casa en que entréis decid primero: paz a esta casa. Y si allí hubiera algún hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros. Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, pues el que trabaja es merecedor de su salario.

No vayáis de casa en casa. Y en aquella ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: el Reino de Dios está cerca de vosotros. ro en la ciudad donde entréis y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos contra vosotros; pero sabed esto: el Reino de Dios está cerca. Os digo que Sodoma en aquel día será tratada con menos rigor que aquella ciudad. (Lucas, 10, 1-12)



Los primeros cristianos siguieron a Cristo heroicamente
  • San Ignacio de Antioquía, segundo sucesor de san Pedro en el gobierno de la Iglesia en Antioquía, murió mártir en el año 107, devorado por las fieras, en tiempos del emperador Trajano. Sabía bien que su entrega a Cristo podía llevarle a la muerte, la presentía y la aceptaba, si esa era la voluntad de Dios. Le escribía así a los primeros cristianos de Roma:

Soy trigo de Dios

Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios. De nada me servirán los placeres de la tierra ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó.
(Carta a los Romanos)

¿Quien fue san Ignacio de Antioquía?

 


 


 





Cristo te dice hoy también a tí: ¡Ven y sígueme!

  • Juan Pablo II recuerda la conversación de Jesús con el joven rico:

"En el diálogo de Cristo con el joven hay dos fases. En la primera se trata de los mandamientos del Decálogo, es decir, las exigencias fundamentales de toda moralidad humana. En la segunda, Cristo dice: "Si quieres ser perfecto... ven y sígueme" (Mt. 19, 21)

Este "ven y sígueme" es un punto central y culminante de todo este episodio. Esas palabras indican que no se puede aprender del cristianismo como una lección compuesta de numerosos y diversos capítulos, sino que hay que enlazarlo siempre con una Persona, con una persona viviente: con Jesucristo.

Benedicto XVI: Jesucristo es el guía, es el modelo. Se le puede imitar de diversos modos y en diversa medida, hacer de Él la "regla" de la propia vida.

Cada uno de nosotros es como un "material" particular del que se puede -siguiendo a Cristo- obtener cierta forma concreta, única y absolutamente singular de la vida, que puede llamarse la vocación cristiana".


Seguir a Cristo no significa seguir una teoría, sino seguir a una Persona, Jesucristo: es seguir al Amor.

 

  • El Amor de Cristo pide una correspondencia por parte del hombre generosa y abnegada. Seguir a Cristo significa recorrer el camino estrecho, que es el camino de la felicidad.
  • Cristo envió a los Apóstoles y a los discípulos a anunciar el Evangelio a todos, y señaló que todos debemos ser pescadores de hombres. Por tanto, todo cristiano, cada bautizado, debe tener solicitud por las vocaciones. No es un afán propio de "especialistas"

Esa solicitud se manifiesta en primer lugar, en la oración por las vocaciones: “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies”


"La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la miés para que envíe obreros a su mies (MT, 9,37). Aún resuenan en mis oidos estas palabras, que dirigía el Santo Padre en voz alta a la multitud -y en especial a los millares de jóvenes allí presentes- reunida en la Theresienwiese.

Me conmueve aún recordar con qué profundidad les explicaba que Dios ha hecho su siembra entre los hombres; una siembra que espera que crezca y madure en ellos bajo el sol de su Verdad y de su Amor.

La mies es mucha, y en nuestros días sigue habiendo mucha mies. (...) Rogad al Señor por la mies, porque vuestro ruego no quedará desatendido. Si la tendencia estadística de estos últimos años hubiera seguido el curso ascendente previsto, sólo hubieran entrado en el conjunto de seminarios de Alemania unos 130 estudiantes de Telogía. Sin embargo entraron 542.

No hay que confiar demasiado en los números. Esas cifras ponen de manifiesto que no hay nada irreversible, que siempre es posible la novedad y que hay nuevas vías que la estadística no puede preveer, porque la potencialidad de la libertad es incalculable.

Nos hemos puesto en marcha de nuevo. Eso significa que debemos orar y tener confianza. ¡Vamos a hacerlo de todo corazón! ¡Vamos a hacerlo con el corazón vuelto hacia el Señor! ¡Vamos a hacerlo también con el corazón vuelto hacia los demás! ¡Vamos a hacerlo no sólo con nuestras palabras, sino con todo nuestro ser!

¡Animemos a los hombres, a los jóvenes, a asumir el riesgo de esta palabra y de este servicio, que es grande y difícil, y hermoso por esa misma razón!

El umbral generacional no es un obstáculo: muchos de nosotros hemos descubierto este camino (...) gracias a un anciano sacerdote".


( J. Ratzinger, Mitarbeiter der Wahrheit)

 










La entrega a Dios es buena, verdadera, hermosa: la carrera, la aventura vital más apasionante que se pueda soñar
 


  • La entrega a Dios es buena, porque une con el Sumo Bien.

  • Es verdadera, porque lleva a identificarse con la Verdad, que es Cristo.

  • Es hermosa, porque Dios es la suprema Belleza, y entregarse a Dios es lo más bello del mundo: enamorarse

 


No hay amor más grande que el Amor: ¡Vale la pena !

  • El afán por promover vocaciones debe estar muy presente en la vida de todo cristiano.

  • Recordaba Juan Pablo II:

“Un corazón joven es capaz de comprender esa “locura de amor” que se requiere para la entrega total. ¡No hay Amor más grande que el Amor, con la A mayúscula! Durante mi última peregrinación a España confesé a los jóvenes: “[…] os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre.

¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!” . Los jóvenes entendieron el mensaje e hicieron eco a mis palabras repitiéndolas a coro como un estribillo: “¡Vale la pena! ¡Vale la pena!"


Los padres deben fomentar la vocación propia de cada uno

Enseña el Vaticano II:

En esta especie de Iglesia doméstica [la propia familia] los padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo, y deben fomentar la vocacíón propia de cada uno, pero con un cuidado especial la vocación sagrada.

Lumen Gentium, 11

 


 





Libertad y entrega: tú eres el que decides el rumbo de tu vida


Juan Pablo II decía en el Jubileo de los Jóvenes de abril de 1984:

La libertad es un gran don que habéis recibido de Dios. Quiere decir que tenéis el poder de decir sí a Cristo. Pero vuestro sí no significaría nada si no pudiérais decir también no.

Diciendo sí a Cristo, os entregáis a El; le ofrecéis el corazón, reconocéis su puesto en vuestra vida, ya que por ser hijos de Dios, hermanos y hermanas en Cristo, habéis sido creados para decir sí al amor de Dios. Fue Cristo quien os compró la libertad. Murió para hacernos libres. Sólo Jesús os hace libre. Nos dice Él mismo en el Evangelio de San Juan: "Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres" (Jn. 8, 36).

El mayor obstáculo de vuestra libertad es el pecado que significa decir no a Dios. Pero Jesucristo Hijo de Dios esta pronto a perdonar todo pecado, y esto es lo que hace en la confesión, en el sacramento de la penitencia. Es el mismo Jesús quien perdona vuestros pecados en la confesión y os devuelve la libertad que perdísteis cuando dijísteis no a Dios.

Queridos jóvenes: Amad vuestra libertad y ejercedla diciendo sí a Dios; no la enajeneis. Recobradla cuando la hayáis perdido y reforzadla en la confesión cuando flaquea. Acordaos de las palabras de Jesús: "Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres".


El orden de la caridad: primero los más próximos

  • A la hora de anunciar el Evangelio y hacer nuevos discípulos hay que vivir el orden de la caridad.

  • Como la caridad debe ser ordenada, es la familia -los padres, los hermanos- y los más próximos –parientes, amigos, colegas de trabajo, compañeros, vecinos- los primeros a los que hay que acercar a Cristo. No tendría sentido estar muy preocupado por una persona que desconocemos y desinteresarse, por ejemplo, de nuestros hermanos o nuestros amigos.


El afán de almas de los últimos Papas

  • Benedicto XVI dijo a los jóvenes que fueron a Colonia en el año 2005: ¡Dejaos sorprender por Cristo!

  • Juan Pablo II, al hablar de los obispos en su libro de memorias “¡Levantaos! ¡Vamos!”, definía la solicitud por las vocaciones como la pupilla oculi. Es la niña de los ojos del verdadero apóstol, porque, recuerda el Papa, “las vocaciones son el futuro de la Iglesia”.

 


 

 



Hay dificultades en su seguimiento, pero Cristo nos dijo: "Mis elegidos no trabajarán en vano"
Peter Dejong, AP


  • Juan Pablo II les decía a los jóvenes del Congreso UNIV, el 17 de abril de 2000:

El Señor recuerda en el Evangelio que aquellos a los que manda a recoger la mies, llenos de solicitud por las vocaciones, por las almas de los demás, no se irán con las manos vacías: “no trabajarán en vano”.


Queridos jóvenes del UNIV, sacad de esta conciencia una firme confianza: el esfuerzo del cristiano no es nunca en vano. El cristiano no obra nunca solo. ¡No lo olvidéis! Cada creyente es un instrumento de Dios y con él actúa Cristo mediante la fuerza del Espíritu Santo. Dejad que Dios actúe en vosotros y por medio vuestro.

Y para que esto tenga lugar, sabéis bien a qué medios hay que recurrir: se trata de los sacramentos, la oración, la práctica de las virtudes, la santificación del trabajo, así como la dirección espiritual.

Tenéis necesidad de Cristo, pero también Cristo tiene necesidad de vosotros para que lo deis a conocer a vuestros coetáneos, con los cuales compartís experiencias y esperanzas. La Iglesia os confía la misión de llevarles la luz de la verdad de Cristo y su anuncio universal de la salvación.

Estad siempre dispuestos a pensar en los otros, olvidándoos de vosotros mismos para acercar a los hermanos a Dios.

De ese modo podréis contribuir a la construcción de un mundo mejor y más solidario, porque la conversión y el compromiso de uno son un germen de salvación para todos.

  •  Juan Pablo II a los jóvenes de Paraguay: Plantéate: ¿Cuál es el sentido de tu vida?

    Ser joven: tener proyectos Durante los años de la juventud se va configurando en cada uno la propia personalidad. El futuro comienza ya a hacerse presente. Estos años son el tiempo más propicio para un descubrimiento particularmente intenso del yo humano y de las propiedades y capacidades que éste encierra. Es el periodo en que se ve la vida como un proyecto prometedor a realizar, del cual cada uno es y quiere ser protagonista.

    Es también el tiempo adecuado para discernir y tomar conciencia con más radicalidad de que la vida no puede desarrollarse al margen de Dios y de los demás. Es la hora de afrontar las grandes cuestiones, de la opción entre el egoísmo y la generosidad.

    En una palabra: el joven se halla ante una ocasión irrepetible de orientar toda su existencia al servicio de Dios y de los hombres, contribuyendo así a la construcción de un mundo más cristiano y, por consiguiente, más humano. Sentido de la vida ante toda esta amplia perspectiva que se ofrece a vuestros ojos, es lógico que se os planteen grandes cuestiones: ¿Cuál es el sentido de mi vida?, ¿hacia dónde debo orientarla?, ¿cuál es el fundamento sobre el que tengo que construirla?, ¿con qué medios cuento?

    Son éstas preguntas cruciales, densas de significado, que no pueden zanjarse con una respuesta precipitada. Estos mismos interrogantes acuciaban probablemente a aquel joven del Evangelio que se acercó a Jesús para preguntarle: "Maestro ¿qué he de hacer yo para conseguir la vida eterna?" (Mt XIX, 16). Igual que a vosotros, la vida se abría prometedora ante los ojos de aquel muchacho y deseaba vivirla intensamente, de un modo generoso. con decisiones definitivas. Quería alcanzar la vida eterna y buscaba para ello un camino seguro.

    Era un buen israelita, que cumplía la ley desde joven, pero percibía horizontes más amplios para su amor: por ello fue en busca del Maestro, en busca de Jesús, el único que "tiene palabras de vida eterna" (Jn VI, 88).

    Queridos jóvenes: Acercaos también vosotros al Maestro si queréis encontrar respuesta a las anhelos de vuestro corazón. Buscad a Cristo. que siendo Maestro, modelo, amigo y compañero, es el "Hijo de Dios hecho hombre", Dios con nosotros, Dios vivo que, muerto en la cruz y resucitado, ha querido permanecer a nuestro lado para brindarnos el calor de su amistad divina, perdonándonos, llenándonos de su gracia y haciéndonos semejantes a El.

    Cristo es quien tiene palabras de vida eterna porque El es la Vida misma. Buscadlo a través de la oración, en el diálogo sincero y asiduo con El. Hacedle partícipe de los interrogantes que os van planteando los problemas y proyectos propios de vuestra juventud.

    Buscadle en su Palabra, en los santos Evangelios, y en la vida litúrgica de la Iglesia. Acudid a los sacramentos. Abrid con confianza vuestras aspiraciones más íntimas al amor de Cristo, que os espera en la Eucaristía. Hallaréis respuesta a todas vuestras inquietudes y veréis con gozo que la coherencia de vida que El os pide es la puerta para lograr la realización de los más nobles deseos de vuestra alma joven. Comprometerse La fe y el amor no se reducen a palabras o a sentimientos vagos. Creer en Dios y amar a Dios significa vivir toda la vida con coherencia a la luz del Evangelio (...) y esto no es fácil.

    ¡Sí! Muchas veces se necesita mucho coraje para ir contra la corriente de la moda o la mentalidad de este mundo. Pero, lo repito, éste es el único camino para edificar una vida bien acabada y plena.


    Sed generosos en la entrega a vuestros hermanos; sed generosos en el sacrificio por los demás y en el trabajo; sed generosos en el cumplimiento de vuestras obligaciones familiares y cívicas; sed generosos en la construcción de la civilización del amor.

    Y, sobre todo, si alguno de vosotros siente una llamada a seguirle más de cerca (...) que sea generoso, que no tenga miedo, porque no hay nada que temer cuando el premio que espera es Dios mismo.


    Y si a pesar de vuestro esfuerzo personal por seguir a Cristo, alguna vez sois débiles no viviendo conforme a su ley del amor y a sus mandamientos, ¡no os desaniméis! ¡Cristo os sigue esperando! Él, Jesús, es el Buen Pastor que carga con la oveja perdida sobre sus hombros y la cuida con cariño para que sane. Cristo es el amigo que nunca defrauda. (Asunción. Paraguay. 18-V-1988).

 

 





Nadie va solo al Cielo: siempre lleva mucha gente tras sí

 

Santa Teresa: nadie va solo al Cielo


Si el que comienza se esfuerza con el fervor de Dios a llegar a la cumbre de la perfección, creo jamás va solo al cielo; siempre lleva mucha gente tras sí. Como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su compañía. (Libro de la Vida, cap. 11, 4).

 


Dios no te habla... ¿o no le quieres escuchar, porque no te dice lo que esperas oir?

  • San Francisco de Sales:


    "Muchos le piden consejos a Dios sobre diversas cosas, y Él les da a todos una e inmediata respuesta, con palabras abiertas y claras; pero no todos entienden sus palabras, aunque les haya hablado claro, porque se dirigen a Él pidiéndole consejo para obtener lo que desean y no siempre obtienen lo que piden.

    Un buen y fiel servidor es el que no aspira obtener una respuesta conforme a su propia voluntad, sino que sólo busca agradar a Dios conforme a la respuesta que Dios quiera darle, conformando su voluntad con la voluntad de la Divina Majestad. (Epistolario)


 

 

 


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