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Clase XVIII. Paz, alegría y felicidad


Textos de estudio previo:

La alegría cristiana.

El cristiano debe estar siempre alegre.

Construir la paz y la alegría.


 




Ideas-clave: abandonarse en las manos de Dios dejándose llevar, como el esquiador en la nieve, apoyándose en la fe y la esperanza

  • Cristo nos dejó a paz y la alegría. Cristo es el Camino de la verdadera alegría y la felicidad. Sólo Él da la verdadera Paz.

  • El Evangelio es un mensaje de alegría, la Buena Noticia de la salvación del hombre.

  • Jesús llamó felices a sus discípulos porque habían visto y habían escuchado la Buena Nueva, el mensaje del Señor.

  • Sólo Cristo da la alegría que nada ni nadie nos podrá arrebatar (Jn 16,22).

    Quien verdaderamente cree que Jesús es el Verbo Encarnado, el Redentor del Hombre, no puede menos de experimentar en lo intimo un sentido de alegría inmensa, que es consuelo, paz, abandono, resignación, gozo... ¡No apaguéis esta alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado! ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaos a gozar de esta alegría! (Juan Pablo II, Aloc. 241111979).



  • Chiara Lubich: la alegría nace del abandono en Dios, de decirle Sí a Dios


    Podemos confiar en El, como un niño que se abandona en los brazos de su madre y se deja llevar por ella. El cristiano es una persona guiada por el Espíritu Santo.

    Muchas veces esa voz se distingue con dificultad en medio de muchas otras voces que resuenan en nuestro interior, pero no tenemos nunca que olvidar que la realidad está en nuestro interior. Tenemos que descubir la voz de Dios. Es necesario extraer esa voz como se quita un diamante del barro: limpiarla, evidenciarla y dejarnos guiar por ella. Entonces podremos ser una guía para los demás, porque esa voz sutil de Dios nos empuja e ilumina, esa linfa que sube desde el fondo del alma, es sabiduría, es amor y el amor "hay que darlo".

    ¿cómo podemos afinar la sensibilidad sobrenatural y la intuición evangélica para ser capaces de captar las sugerencias de esa voz? Antes que nada, es necesario que nos estemos constantemente evangelizando, frecuentando la Palabra de Dios, leyendo, meditando, viviendo el Evangelio.

    "Aprenderemos a reconocer la voz de Dios en nuestro interior en la misma medida en que aprenderemos a conocerla en los labios de Jesús". Todo esto lo podemos pedir en la oración. Después tendremos que dejar vivir al Resucitado en nosotros, luchando contra el egoísmo, contra el hombre viejo, siempre al acecho.

    Se necesita una gran "disponibilidad" para decir que no a todo lo que va contra la voluntad de Dios y decir sí a todo lo que El quiere; no a nosotros mismos en el momento de la tentación, cortando sus sugestiones y sí a las tareas que Dios nos confía, sí al amor hacia todos los prójimos, sí a las pruebas y a las dificultades que encontremos.


    Finalmente, podremos captar con más facilidad la voz de Dios, si el Resucitado está presente "entre nosotros", es decir, si amamos hasta la reciprocidad, creando en todos los lugares "oasis de comunión, de fraternidad".


    Jesús en medio de nosotros es como un altavoz que amplifica la voz de Dios dentro de cada uno, haciéndola escuchar más claramente.

    Entonces nuestra vida estará puesta entre dos fuegos:

    Dios en nosotros

    y

    Dios en medio de nosotros.


    En esta hoguera divina, nos formamos y entrenamos para escuchar y seguir a Jesús.

    Una vida guiada lo más posible por el Espíritu Santo es hermosa: tiene sabor, tiene vigor, vitalidad, es auténtica y luminosa.

 











La Virgen, modelo de la alegría en Dios

Ella es la "Causa de nuestra alegría"

 

El gozo de María

En la Anunciación el ángel invitó a María a vivir la alegría mesiánica: «Alégrate, llena de gracia...» La Virgen se llenó de gozo en el Señor.

El cántico del Magnificat fue una exultación de alegría:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán.

 

  • Los cristianos de todos los siglos se han unido al gozo de la Virgen. Se lee en Las Cantigas de Loores de Santa María del Arcipreste de Hita (1283-1350)

Todos los christianos
aved alegría

en aquesto día
naçio por salvarnos
de la Virgen María
en nuestra valía

  • La Virgen es modelo de aceptación serena de la Voluntad de Dios. Esa aceptación le lleva al dolor de la Cruz y el gozo de la Resurrección. Es ejemplo de que "lo que se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazon enamorado" (Surco, 795)

San Pedro y san Pablo

  • Los Apóstoles san Pedro y san Pablo nos mostraron con su vida y con su martirio que la alegría no significa ausencia de sufrimiento
  • San Pedro aconseja: «Alegraos en la medida en que participáis de los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria (1, Pedro, 14,13)

    Se lee en los Hechos de los Apóstoles que cuando fueron perseguidos y encarcelados, «marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre. Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús cada día en el Templo y por las casas»(Hch 5,41-42).
  • San Pablo enseña que el cristiano se hace seguidor del Maestro «abrazando la Palabra con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones (1Tes 1,6).

    Y escribe san Pablo sobre sí mismo: “Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones» (2Cor 7,4).

 





Los cristianos de los primeros siglos dieron testimonio de alegría ante sus contemporáneos, incluso a la hora del martirio

Pastor de Hermas: Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y arada a Dios. En cambio el triste siempre obra el mal (Mand. 10, 1) .

San Atanasio Carta 14: “Los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua”.

San Juan Crisóstomo: “Los seguidores de Cristo viven contentos y alegres” (Hom. sobre S. Mateo, 38).

San Agustín: "Estad alegres en el Señor, no en el mundo, es decir: alegraos en la verdad, no en la iniquidad; alegraos en la esperanza de la eternidad, no en la flor pasajera de la vanidad. Ésta debe ser vuestra alegría; y en cualquier lugar en que esteis y todo el tiempo que asuí estéis, El Señor está cerca; no os inquietáis por cosa alguna" (Sermón 171)


¿Por qué sonries?

En Pérgamo (Asia Menor) fue martirizado en el siglo II el diácono Papilo y Carpo. Durante el proceso Papilo declaró:

"He servido a Dios desde mi juventud; nunca he sacrificado a los ídolos porque soy cristiano.

Después de los tormentos
Papilo y Carpo fueron condenados a ser quemados vivos. Despojaron primero a Papilo de sus vestiduras y lo crucificaron. Luego pusieron el madero de pie y encendieron un fuego en la base. La llama comenzó a subir, y Papilo murió serenamente, rezando.

Pasaron luego a Carpo, y al verlo sonreír le preguntaron:

- ¿Por qué sonríes?

- He visto la gloria del Señor y estoy lleno de alegría. Bendito seas tú, Señor Jesucristo , Hijo de Dios, porque soy un pecador y me has hecho digno de tu suerte.

 



 




La alegría nace de la filiación divina, de ser y saberse hijo de Dios, llamado a las cumbres más altas de la santidad

San Josemaría:


El sentido de la filiación divina - es decir, vivir sabiéndose hijo de un Dios Padre, de un Dios amoroso-, proporciona una paz y una alegría que el mundo no puede dar.


Si confiáis en la divina Providencia, si os abandonáis en sus brazos omnipotentes, nunca os faltarán los medios para servir a Dios, a la Iglesia Santa, a las almas, sin descuidar ninguno de vuestros deberes; y gozaréis además de una alegría y de una paz que mundus dare non potest (cfr. Jn 14, 27), que la posesión de todos los bienes terrenos no puede dar (Amigos de Dios, 117).


La alegría es consecuencia del amor, del darse a los demás y de la lucha ascética

La alegría no nace sola: es fruto del esfuerzo cotidiano por estar unidos a Dios.


Santo Tomás: El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad (Sobre la caridad, 1. c., 205).

Santa Teresa recordaba que si el amor es perfecto, se olvida de sí mismo por alegrar a la persona que ama. Y verdaderamente es así, que, aunque sean grandísimos trabajos, entendiendo [que] contentamos a Dios, se nos hacen dulces (Fundaciones, 5, 10).

San Pedro de Alcántara: la alegría espiritual es el principal remo en esta navegación nuestra (Tratado de la oración y la meditación, II, 2)

Darse sinceramente a los demás es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría (Forja, 591)

¿No hay alegría? -Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. -Casi siempre acertarás. (Camino 662)


 





Oración de Santo Tomás Moro



Dame, Señor, un poco de sol,
algo de trabajo y un poco de alegría.

Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir.

Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.

No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.

Dame, Señor, la dosis de humor suficiente
como para encontrar la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.

Que siempre haya en mis labios una canción,
una poesía o una historia para distraerme.

Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.

Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.

Señor, concédeme la gracia,
en este momento supremo de miedo y angustia,
de recurrir al gran miedo
y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.

Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.

Concédeme, Señor, un espíritu abandonado, sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.

Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos experimente el gusto de tu Espíritu santo y bendito.

Dame, Señor, una fe plena,
una esperanza firme y una ardiente caridad.

Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.

Rodéame de tu amor y de tu favor.



 

 




Alegría y dolor: la bienaventuranza cristiana


  • El camino del cristiano es un camino de alegría espiritual, que es compatible con el dolor en lo humano.


  • La alegría del amor a Dios y el dolor aceptado por amor a Dios son como dos esquís con los que, ayudados por el impulso de la gracia divina, el cristiano llega al Cielo



La alegría cristiana no es fisiológica: su fundamento es sobrenatural, y está por encima de la enfermedad y de la contradicción.

—Alegría no es alborozo de cascabeles o de baile popular.

La verdadera alegría es algo más íntimo: algo que nos hace estar serenos, rebosantes de gozo, aunque a veces el rostro permanezca severo. (Forja, nº 520)

  • La felicidad del Cielo es para los que aprenden a ser felices en la tierra, junto a Dios.

  • El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda cual es la Bienaventuranza Cristiana:

1720 El Nuevo Testamento utiliza varias expresiones para caracterizar la bienaventuranza a la que Dios llama al hombre: la venida del Reino de Dios (cf Mt 4,17); la visión de Dios: "Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8; cf 1 Jn 3,2; 1 Co 13,12); la entrada en el gozo del Señor (cf Mt 25,21.23); la entrada en el Descanso de Dios (He 4,7-11):

Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? (S. Agustín, civ. 22,30)

1721 Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1,4) y de la Vida eterna (cf Jn 17,3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rom 8,18) y en el gozo de la vida trinitaria.

1722 Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.

"Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios". Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, "nadie verá a Dios y vivirá", porque el Padre es inasequible; pero según su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llega hasta conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios... "porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (S. Ireneo, haer. 4,20,5).

1723 La bienaventuranza prometida nos coloca ante elecciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus instintos malvados y a buscar el amor de Dios por encima de todo.


Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino en Dios solo,
fuente de todo bien y de todo amor:

El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje "instintivo" la multitud, la masa de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la honorabilidad...Todo esto se debe a la convicción de que con la riqueza se puede todo. La riqueza por tanto es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro...La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa) ha llegado a ser considerada como un bien en sí misma, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración (Newman, mix. 5, sobre la santidad).

 

 


Buen humor hasta en la hora de la muerte

Santo Tomás Moro murió con el mismo espíritu de fidelidad a Cristo y buen humor con los que había vivido. Después de escribir una carta a la familia, escribió su última oración:

"Dios Todopoderoso, apiádate de mí y de todos los que me odian y quisieran causarme mal; sus faltas, junto con las mías, por los fáciles medios, llenos de ternura y misericordia que tu infinita sabiduría encuentre aptos para procura corregir y enderezar, y haz que nuestras almas se reúnan felices en el cielo, donde podamos vivir y amar, unidos a Ti y a tus bienaventurados santos. ¡Oh gloriosa Trinidad!, ¡por la dolorosa Pasión de Cristo, dulce salvador nuestro! Amén"

Cuando llegó al cadalso le pidió al que le acompañaba que le ayudase a subir, porque para bajar, le dijo, no necesitaría ayuda...

Subió sereno, recitando el salmo penitencial y una vez arriba, dijo: En la Fe y por la Fe Católica, buen servidor del Rey, pero primero de Dios.

Y antes de poner el cuello para que se lo cortaran, le dio una propina a su verdugo, encargándole que tuviese cuidado con no cortarle la barba, porque ella no era culpable de nada
...


 







La generosidad con Dios, fuente de las más altas alegrías

  • La generosidad con Dios y con los demás es fuente de alegría.

Recordaba san Basilio, hablando del joven rico que se marchó triste por no ser generoso con el Señor: “El mercader no se entristece gastando en las ferias lo que tiene para adquirir sus mercancías; pero tú te entristeces (hace referencia al joven rico) dando polvo a cambio de la vida eterna (Catena Aurea, val. VI, p. 313)

San Gregorio Nacianceno: "Quien practique la misericordia-dice el Apóstol-, que lo haga con alegría": esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso (Disert. 14 sobre amor a los pobres).

  • Hay que aprender a dar y darse con alegría

San Agustín: Si dieres el pan triste, el pan y el mérito perdiste (Coment. sobre el Salmo 48).

  • Los cristianos tenemos la alegría de saber que Dios no nos abandona nunca

Vuestras pequeñas cruces de hoy pueden ser sólo una señal de mayores dificultades futuras. Pero la presencia de Jesús con nosotros cada día hasta el fin del mundo (Mt 28, 20) es la garantía más entusiasta y, al mismo tiempo, más realista de que no estamos solos, sino que Alguien camina con nosotros como aquel día con los dos entristecidos discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13 ss) (Juan Pablo II, Discurso. IIII-1980).


Oración de san Francisco ce Asís


Señor,
hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén.

 

  • Mientras vivamos en esta tierra no tendremos la alegría plena, que solo se da en el Cielo



El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor (J. Escrivá, Es Cristo que pasa, 43).

“La característica inconfundible de la alegría cristiana es que puede convivir con el sufrimiento porque se basa en el amor. Efectivamente, el Señor que ‘está cerca de nosotros’ hasta el punto de hacerse hombre, nos infunde su alegría, la alegría de amar.


Solo así se entiende la serena alegría de los mártires en medio de los suplicios, o la sonrisa de los santos de la caridad frente a los que sufren: una sonrisa que no ofende sino que consuela”.

Causa nostrae laetitiae,

Causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
¡haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos!
Amén.

 


 

 






Juan Pablo II: La Confesión y la Sagrada Eucaristía son fuentes de alegría



Cuando falta la alegría conviene abrir el alma, manifestar los problemas en el acompañamiento espiritual; y cuando sea necesario, acudir al Sacramento de la Reconciliación.

Juan Pablo II:


Cada vez que nos reunimos en la Eucaristía somos fortalecidos en la santidad y renovados en la alegría, pues la alegría y la santidad son el resultado inevitable de estar más cerca de Dios.

Cuando nos alimentamos con el pan vivo que ha bajado del cielo, nos asemejamos más a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegría, una alegría que es para todo el pueblo (Lc 2, 10). Que la alegría y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucaristía sea [...] el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegría y de vuestra santidad (Homilía, 2.II.1981).

 



 





La alegría cristiana y la esperanza del Cielo

Casiano:


Si tenemos fija la mirada en las cosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias (Instituciones, 9).

San Agustín:


en el Cielo “será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión (Sermón 21).

La esperanza, unida a la alegria

"El nombre de Judas Iscariote -dijo el Papa Benedicto XV el 18 de octubre de 2006- aparece siempre el último en la lista de los Doce (...) que recuerda su traición. En cambio, los evangelistas lo presentan como apóstol a todos los efectos".

"Nos preguntamos por qué Jesús eligió a este hombre y le dio su confianza (...) y es aún mas misteriosa su suerte eterna -prosiguió-, pero no nos corresponde a nosotros juzgarle poniéndonos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo".

"¿Por qué traicionó a Jesús?", se preguntó el Papa. "Algunos hablan de la codicia, mientras otros sostienen una explicación de tipo mesiánico: la desilusión de Judas porque Jesús no incluía en su programa la liberación política y militar de su país".

Benedicto XVI observó que los evangelistas explican esta traición "yendo más allá de los motivos históricos" y atribuyéndola a la "libertad personal de Judas" como "una cesión a una tentación del Maligno". (...) Jesús, invitándolo a seguirle por el camino de la bienaventuranza no forzaba su voluntad (...) y respetaba su libertad humana.

Efectivamente son muchas las posibilidades de perversión del corazón humano. El único modo de evitarlas consiste en (...) entrar en plena comunión con Jesús".

Por otra parte, el arrepentimiento de Judas, que "degeneró en la desesperación y la autodestrucción", es para nosotros "una invitación a no desesperar nunca de la misericordia divina".

"El papel negativo de Judas -explicó el Santo Padre- se inserta también en el (...) misterioso proyecto salvífico de Dios", que "asume el gesto inexcusable de Judas como ocasión de la entrega total del Hijo por la redención del mundo. Después de la Pascua, Matías fue elegido para ocupar el lugar de Judas.

De él sólo sabemos que fue testigo de la historia terrena de Jesús, permaneciendo fiel hasta el fin" y "compensando la traición de Judas. Es una última lección: si incluso en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, cada uno de nosotros debe servir de contrapeso al mal que han hecho con nuestro (...) testimonio de Jesús".

 


Sembradores de paz y de alegría

  • Los testigos de Cristo deben ser sembradores de paz y de alegría, hombres que llevan la caridad y la paz de Cristo.

    Una dimensión específica de la caridad es la comprensión:

San Josemaría:


Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama. Es Cristo que pasa, 122

Insisto otra vez: la caridad, más que en dar, está en comprender. No os escondo que yo he aprendido, en mi propia carne, lo que cuesta el no ser comprendido. Me he esforzado siempre en hacerme comprender, pero hay quienes se han empeñado en no entenderme. Otra razón, práctica y viva, para que yo desee comprender a todos. Pero no es un impulso circunstancial el que ha de obligarnos a tener ese corazón amplio, universal, católico.


El espíritu de comprensión es muestra de la caridad cristiana del buen hijo de Dios: porque el Señor nos quiere por todos los caminos rectos de la tierra, para extender la semilla de la fraternidad —no de la cizaña—, de la disculpa, del perdón, de la caridad, de la paz. No os sintáis nunca enemigos de nadie. Es Cristo que pasa, 124

La alegría de Montse


 

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