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Clase XVI. Reciedumbre, fortaleza, lealtad humana y fidelidad cristiana.


Bibliografía:

Entre la abundante bibliografía sobre esta materia, se sugiere leer, antes de dar esta clase, algunos estudios, como:

Abad Gómez, Javier. Fidelidad

Fuentes, Antonio. La fortaleza de los débiles

Ratzinger, José. Mirar a Cristo

Taboada, Ramón. La perseverancia

Morales, José. El hombre nuevo


 

Se propone para esta clase -que se puede dar en varias sesiones- la exposición de dos virtudes humanas –reciedumbre y lealtad- que están particularmente unidas y son el fundamento de la fortaleza y la fidelidad cristiana.

Trigo hace esta sugerencia a los padres y educadores

"La esencia de la fortaleza no es vencer dificultades, sino obrar el bien cueste lo que cueste. El fuerte no busca ser herido, no busca el sufrimiento, sino el bien.


Lo importante es hacer el bien
, no el sufrir. Por eso, los que tienen la función de enseñar, de orientar la vida interior de las personas, deben tener en cuenta que las exposiciones innecesarias al mal son, entre otras cosas, muy antipedagógicas, pues lo importante no es superar dificultades, sino buscar o mantenerse firmes en el bien.


No es más fuerte el que más sufre, sino el que se adhiere con más firmeza al bien. La esencia de la fortaleza es la unión con el bien".


 




I. ¿Qué es la virtud y el don de la fortaleza?

Definición de la virtud de la fortaleza

El Catecismo de la Iglesia Católica define la fortaleza como "la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien.

Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral.

La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones.

Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa".

  • La fortaleza lleva a acometer y resistir para realizar la verdad y el bien

Se hace el bien haciendo frente a las dificultades. Pero, como en cualquier deporte, se puede hacer frente de dos formas: resistiendo y atacando.

  • Los vicios contrarios a la fortaleza son:

    La cobardía, que evita los sufrimientos que hay que superar

    La impavidez, que no evita los peligros pudiendo y debiendo hacerlo, y que suele ser fruto de la soberbia

    La temeridad imprudente.

Lectura: La virtud de la fortaleza, por Juan Pablo II


Qué es y qué no es la virtud de la fortaleza

La verdadera virtud de la fortaleza lleva a:

  • buscar el bien y actuar rectamente conforme a ese bien, esforzándose por superar el miedo y las dificultades, sin rendirse ante ellas.


  • controlar el espíritu imprudente y temerario, que no valora acertadamente las dificultades ni los riesgos.

  • La virtud de la fortaleza se apoya en el conocimiento objetivo de las propias fuerzas de la propia realidad del hombre. Cuando el hombre se mira a sí mismo con objetividad descubre en su alma las consecuencias del pecado original y los propios pecados personales.


    Recuerda san Pablo: «Llevamos este tesoro en vasos de barro, para que se reconozca que la sobreabundancia del poder es de Dios y que no proviene de nosotros» (2 Cor 4, 7).

    "Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor 12, 9-10).

El conocimiento propio debe llevar a pedir ayuda a Dios, pidiéndole no caer en la tentación, confiando en la fortaleza de Dios.


Recuerda el Catecismo: «Para el hombre herido por el pecado no es fácil guardar el equilibrio moral. El don de la salvación por Cristo nos otorga la gracia necesaria para perseverar en la búsqueda de las virtudes. Cada uno debe siempre pedir esta gracia de luz y de fortaleza, recurrir a los sacramentos, cooperar con el Espíritu Santo, seguir sus invitaciones a amar el bien y guardarse del mal»


El cristiano, cuando se conoce bien a sí mismo, evita estos dos extremos: la excesiva confianza en las propias fuerzas y la pasividad.

El hombre presuntuoso, que confia exclusivamente en sus fuerzas, termina derrotado. San Pedro le prometió al Señor, antes de traicionarle, que nunca le abandonaría. Estaba lleno de entusiasmo, pero se conocía poco a sí mismo.

El hombre pasivo, que espera que Dios le conceda unas gracias extraordinarias para alcanzar el bien, sin poner el adecuado esfuerzos por su parte, tampoco alcanza su objetivo, porque olvida que Dios le ha dado fuerzas para alcanzar el bien, que debe ejercitar.

 









El don de la fortaleza
 

  • El Sacramento de la Confirmación nos da el don de la fortaleza para seguir a Cristo

Recuerda el Catecismo: «Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”, cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal (cf OCf, Praenotanda 1).


En efecto, a los bautizados “el sacramento de la confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras” (LG 11; cf OCf, Praenotanda 2)»

El conocimiento de la propia debilidad lleva a la oración confiada, en la que pedimos la fuerza para hacer la voluntad de Dios y le rogamos que no nos deje caer en la tentación.

Debemos pedirle a Dios el don de la fortaleza, que:

  • reviste al hombre con la fuerza de Dios y le ayuda a soportar por Cristo, con heroismo en lo grande y lo pequeño, todas las penalidades.

  • le da vigor al alma, y le ayuda a vivir las virtudes, con confianza ante los peligros.

  • le concede al cristiano una decisión inquebrantable a la hora de buscar la santidad.

 


Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento se pone de manifiesto que la fortaleza es un don que Dios concede al hombre que confiesa su propia debilidad y le invoca con confianza: «Pon tu suerte en Yahvéh, confía en él, que él obrará» (Sal 37, 5).

En cambio, cuando el hombre intenta conseguir la felicidad y la grandeza por sus propias fuerzas, acaba siendo esclavizado por el pecado (cfr Gén 11).


Nuevo Testamento

KiKo Argüello

Cristo, que asume y experimenta la debilidad humana, es el modelo de fortaleza.

Tras la Resurrección de Cristo, Dios envió el Espíritu Santo a los Apóstoles y discípulos, que los llenó de fortaleza y valentía para predicar el Evangelio.


Los Apóstoles y los Primeros cristianos

 

 

San Pablo recomendaba a los primeros cristianos que ejercitaran la virtud de la fortaleza y pidieran el don:

«Por lo demás, reconfortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, revestíos con la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, porque no es nuestra lucha contra la sangre o la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires.  

Por eso, poneos la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes» (Ef 6, 10-13).

Los primeros cristianos vivieron con gran fortaleza su fe, gracias a la fortaleza sobrenatural que Dios les concedió.


Los primeros cristianos que fueron fieles a su vocación bautismal y, confortados por la gracia, tuvieron amor, fe y fortaleza padecer por Cristo; ese don de la fortaleza les dió una confianza plena en Dios; firmeza en la fe; paciencia y perseverancia en las dificultades; y les ayudó a perdonar a los que los ofendían y los llevaban al martirio.

La palabra griega mártir significa testigo.


El mártir es el que está dispuesto a morir, si es preciso, para dar testimonio de la fe de Cristo. La fortaleza en el martirio no consiste en el hecho de recibir la muerte, sino en recibirla por conservar o ganar un bien más importante.

El mártir no menosprecia la vida: le concede menos valor que a aquello por lo que la entrega. Por eso no es malo huir de la muerte, salvo que suponga actuar contra Dios.


Afirma Santo Tomás que «no debe darse a otro ocasión de obrar injustamente; pero si él obra así, debe soportarse en la medida que exige la virtud»

Estas son las actas de los Mártires de la Tebaida:

 


Martires de la Tebaida

"No hay palabras que alcancen a decir las torturas y los dolores que sufrieron los mártires de la Tebaida, lacerados en todo el cuerpo con cascos en vez de garfios, hasta que expiraban, y las mujeres que, atadas en alto por un pie y tironeadas hacia abajo por la cabeza mediante poleas, con el cuerpo enteramente desnudo, ofrecían a las miradas de todos el más humillante, cruel, deshumano de los espectáculos.

Otros morían encadenados a los troncos de los árboles. Per medio de aparatos, en efecto, los verdugos doblaban, reuniéndolas, las más duras ramas y ataban a cada una de ellas las piernas de los mártires: dejaban luego que las ramas volvieran a su posición natural, produciendo por lo tanto un total descuartizamiento de los hombres contra quienes concebían tales suplicios.

Todas estas cosas no ocurrieron durante unos pocos días o por breve tiempo, sino que duraron por un largo período de años; cada día eran muertas alguna vez más de diez personas, otra vez más de veinte, otras veces no menos de treinta, o hasta alrededor de sesenta. En un solo día fueron hechos morir cien hombres, seguramente con sus hijitos y esposas, ajusticiados a través de una secuencia de refinadas torturas.

Nosotros mismos, presentes en el lugar de la ejecución, constatamos que en un solo día eran muertos en masa grupos de sujetos, en parte decapitados, en parte quemados vivos, tan numerosos que hacían perder vigor a la hoja del hierro que los mataba e incluso la rompían, mientras los verdugos mismos, cansados, se veían obligados a turnarse.

Contemplamos entonces el brío maravilloso, la fuerza verdaderamente divina y el celo de los creyentes en Cristo, Hijo de Dios. Apenas, en efecto, era pronunciada la sentencia contra los primeros condenados, otros desde varios lugares acudían corriendo al tribunal del juez declarándose cristianos, prontos a someterse sin sombra de vacilación a las penas terribles y a los múltiples géneros de tortura que se preparaban contra ellos.

Valientes e intrépidos en defender la religión del Dios del universo, recibían la sentencia de muerte con actitud de alegría y risa de júbilo, hasta el punto que entonaban himnos y cantos y dirigían expresiones de agradecimiento al Dios del universo, hasta el momento en que exhalaban el último aliento.

Maravillosos, en verdad, estos cristianos, pero aún más maravillosos aquellos que, gozando en el siglo de una brillante posición, por la riqueza, la nobleza, los cargos públicos, la elocuencia, la cultura filosófica, pospusieron todo esto a la verdadera religión y a la fe en el Salvador y Señor nuestro, Cristo Jesús". (Eusebio, Historia Eclesiástica, VII, 9).

 

 


Los Padres y doctores de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia recordaron en que la fortaleza del cristiano es prestada, y hay que pedirle a Dios ese don.

San Juan Crisóstomo:

«Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca; aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús.

Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia.

¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena.


¿La confiscación de los bienes? Nada trajimos al mundo, de modo que nada podemos llevarnos de él.


Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes»



San Agustín:

"Si Dios retira su auxilio, podrás pelear; lo que no podrás es vencer" (Comentario al Salmo 106)


Los santos de los diversos siglos

San Agustín (siglo IV):

«Si Dios retira su auxilio, podrás pelear; lo que no podrás es vencer»

Santa Teresa (siglo XVI):


«Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella (la santidad), venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo».



San Josemaría (Siglo XX)

«La ascética del cristiano exige fortaleza; y esa fortaleza la encuentra en el Creador. Somos la oscuridad, y El es clarísimo resplandor; somos la enfermedad, y El es salud robusta; somos la debilidad, y El nos sustenta, quia tu es, Deus, fortitudo mea (Ps XLII, 2), porque siempre eres, oh Dios mío, nuestra fortaleza. (Es Cristo que pasa)

«Cuando se trabaja por Dios, hay que tener “complejo de superioridad”, te he señalado.    Pero, me preguntabas, ¿esto no es una manifestación de soberbia? —¡No! Es una consecuencia de la humildad, de una humildad que me hace decir: Señor, Tú eres el que eres.

Yo soy la negación. Tú tienes todas las perfecciones: el poder, la fortaleza, el amor, la gloria, la sabiduría, el imperio, la dignidad...


Si yo me uno a Ti, como un hijo cuando se pone en los brazos fuertes de su padre o en el regazo maravilloso de su madre, sentiré el calor de tu divinidad, sentiré las luces de tu sabiduría, sentiré correr por mi sangre tu fortaleza» (Forja)

 


 

 

 


II. La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


  

100 preguntas para ganar en reciedumbre.

Estas 100 preguntas, dirigidas a adolescentes, están relacionadas con estos ámbitos:

Reciedumbre que lleva al autodominio
Reciedumbre en la relación con los demás
Reciedumbre en la comida, la bebida, la música, etc.
Reciedumbre en el uso de los objetos, de la ropa, etc.
Capacidad de esfuerzo
Moderación en las aficiones, en el uso del teléfono, de la TV, del ordenador, etc.


La autoeducación de la reciedumbre


La virtud de la fortaleza

 


 






Reciedumbre y entereza ante las dificultades: comenzar y recomenzar, no desanimarse ante los propios fallos...

  • Reciedumbre en el callar.


  • Reciedumbre y valentía en el hablar, como san Juan Bautista a Herodes

Los respetos humanos

Hay dificultades interiores y exteriores. Una de las mayores dificultades del cristiano es el miedo, la cobardía a la hora de confesar su fe con palabras y obras.

Ese miedo a confesar a Cristo se denomina respetos humanos.

  • San Juan Crisóstomo: «Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados. Pero si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie. Por tanto, estas maledicencias son invetibles y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra firmeza»

    • Los respetos humanos se vencen con amor de Dios.


      En su obra "Diálogo de Carmelitas" Bernanos cuenta la historia de dieciséis carmelitas mártires, que fueron ejecutadas durante la Revolución francesa. Una de ellas era una chica joven, Blanca, que había entrado en el convento porque tenía miedo a ser infiel a Dios en medio de la sociedad mundana.

      Sin embargo, durante su estancia en el convento comenzó la persecución religiosa y se le planteó el dilema: debía elegir entre la traición a Dios o el martirio por Dios. Huyó, avergonzada, llena de miedo y de respetos humanos.

      Pero luego recapacitó; le pidió fortaleza a Dios y al final se unió de nuevo a su comunidad y sufrió martirio en el cadalso tras de ellas, entregandosu vida por Jesucristo.

 


 

La paciencia, manifestación de la fortaleza de espíritu

La paciencia es parte de la fortaleza.

¿Qué es la paciencia? No es la actitud despreocupada y apática del que no se inquieta por nada, una actitud que a veces puede ser muy cómoda, y otras muy imprudente.

La paciencia lleva a aguardar serenamente los bienes que se desean y tardan en llegar, y a soportar algo desagradable y molesto durante tiempo, con la actitud serena y sosegada del que cuida del crecimiento de un bonsai.

Se necesita paciencia en el combate espiritual: «Por vuestra paciencia poseeréis vuestras almas» (Lc 21, 19). Hay que tener la sabiduría del campesino: esforzarse durante mucho tiempo sin que se vean, aparentemente los frutos.

 

Escribe von Hildebrand: 

«Los impacientes quieren deshacerse de la dependencia de todas las “causae secundae” (causas segundas), asumen todos los impedimentos con un menosprecio impertinente, no quieren reconocer la atadura por el período de tiempo entre el propósito y la consecución de la meta y pretenden, como Dios, ocasionar el efecto intencionado con un simple “fiat”.

He aquí el primero y más profundo pecado de la impaciencia. Contiene una soberbia: ambiciona pasar por alto la situación de dependencia del Creador y se complace con la ilusión de un señorío por encima de los seres creados.

El tiempo y el tener que esperar puede ser una limitación específica de nuestra vida de criaturas terrenales. Nos encontramos con un decurso de los acontecimientos en el tiempo que no hemos creado y que sólo podemos cambiar en ciertos límites.


Tenemos que contar con el período de tiempo entre un propósito de nuestra voluntad y la obtención de un fin, y aceptarlo como una realidad querida por Dios»

El deseo de estar más cerca de Dios no debe llevarnos a la mala impaciencia: Dios tiene sus tiempos.


Lo mismo sucede en la acción evangelizadora: el impaciente suele caer en el llamado celo amargo.

  • La paciencia es fruto del amor de Dios y de la fortaleza de espíritu. Lleva actuar con el corazón, y a soportar por amor a la voluntad de Dios los sufrimientos físicos y morales; a tener comprensión ante los defectos de los demás. No es pasividad ni falta de operatividad. Recuerda el Talmud: "El mejor predicador, el corazón; el mejor libro, el mundo; el mejor maestro, la vida; el mejor amigo, Dios".

  • Las personas que no aman la voluntad de Dios no son capaces, como dice san Francisco de Sales, de "sufrir con paciencia, no sólo el hecho de estar enfermos, sino padecer la enfermedad que Dios quiere, donde quiere, con las incomodidades que quiere".


  • Santa Teresa escribió estos versos famosos sobre la serenidad y la paciencia:



Nada te turbe

nada te espante,

Dios no se muda,

todo se pasa,

la paciencia

todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene

nada le falta.

Sólo Dios basta


 


Paciencia con los demás

  • El cristiano debe esforzarse en vivir la paciencia con los demás, que es fruto del amor a Dios y de la caridad. Es muy necesaria para la convivencia.


    San Pablo: "la caridad es paciente, es servicial... no se irrita, no piensa mal" (1 Co. 13, 4-5).


    No hay que olvdar que con frecuencia los defectos (reales o supuestos) que más nos molestan de los demás son los defectos que nosotros mismos tenemos y en un grado aún mayor.

Esa paciencia -con los defectos propios y ajenos-puede costar, cuando los defectos se repiten a diario. Esta virtud nos lleva a perdonar una y otra vez, con generosidad, sin caer en la crítica o en el distanciamiento.

Unas veces habrá que corregir; y siempre, hay que saber sonreír, alentar y comprender.


Paciencia con nosotros mismos

La paciencia con nosotros mismos es fruto del amor a Dios y lleva a la autoestima humilde, que nace de la aceptación de los propios defectos, sabiendo que Dios con su gracia nos ayudará a luchar.


Esa paciencia nos lleva a perseverar en el esfuerzo por apartar de nuestra vida todo lo que nos aparte de Cristo, a pesar de las caídas y los fallos continuos.

Y lleva a evitar las quejas por nuestros propios defectos.

 


Paciencia ante las dificultades propias y ajenas

  • Paciencia cuando vemos que no avanzamos como deseamos en la unión con Cristo

    Hay que cultivar la paciencia porque las virtudes necesitan tiempo para dar fruto, un tiempo con el que Dios cuenta.

    Necesitamos paciencia con nuestros defectos, caídas y limitaciones.


    El desánimo y la tristeza ante lor propios defectos, además de una falta de paciencia, revela que estamos luchando por amor propio, más que por amor a Dios. Mediante la paciencia vuestra, poseeréis vuestras almas (Lc XXI, 19).

  • Paciencia cuando tardan en llegar los frutos apostólicos

    Escribía el Cardenal Ratzinger:



    «Aquí se oculta también una tentación: la tentación de la impaciencia, la tentación de buscar el gran éxito inmediato, los grandes números. Y éste no es el método del reino de Dios. Para el reino de Dios, así como para la evangelización, instrumento y vehículo del reino de Dios, vale siempre la parábola del grano de mostaza (cf. Mc 4, 31-32). El reino de Dios vuelve a comenzar siempre bajo este signo.

    Nueva evangelización no puede querer decir atraer inmediatamente con nuevos métodos, más refinados, a las grandes masas que se han alejado de la Iglesia. No; no es ésta la promesa de la nueva evangelización.

    Nueva evangelización significa no contentarse con el hecho de que del grano de mostaza haya crecido el gran árbol de la Iglesia universal, ni pensar que basta el hecho de que en sus ramas pueden anidar aves de todo tipo, sino actuar de nuevo valientemente, con la humildad del granito, dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerá (cf. Mc 4, 28-29)»


    (La nueva evangelización, Conferencia durante el congreso de catequistas y profesores de religión (10 de diciembre de 2000).


 




Un fruto de la fortaleza de espíritu: la audacia de los hijos de Dios, la acometividad
y la valentía que nace de la humildad


La valentía es una virtud que nos ayuda superar los numerosos miedos que acechan nuestra vida

  • ¿Qué es el miedo? Es el rechazo ante un mal presente o futuro. La Real Academia de la Lengua lo define como la "perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o un mal que realmente amenaza o que se finge en la imaginación".
  • Todos experimentamos miedos, por motivos reales o imaginarios.Hay miedos de muchos tipos. Los estudiantes sienten miedo antes de los exámenes finales y las oposiciones; los futbolistas, al tirar un penalti decisivo; los actores de teatro padecen el llamado "miedo escénico" antes de salir a actuar...
  • Los Apóstoles tuvieron miedo cuando estaban en la barca, en mitad del temporal, a pesar de que Jesús estaba con ellos.

  • Pedro tuvo miedo de hundirse, cuando Jesús le pidió que se acercase caminando sobre las aguas... ¡a pesar de que ya había dado unos pasos sobre el agua del lago!


    Esto prueba que el miedo está relacionado con la falta de fe. Cuanta más fe en el Señor tengamos menos miedo padeceremos, más valientes y fuertes de espíritu seremos.

  • Hay diversos tipos de miedo:

 

  • Miedo al dolor. Es una experiencia universal. Pero hay que dominar ese miedo,cuando llega y no podemos evitarlo por medio de las medicinas, ahondando en el sentido sobrenatural del dolor. El dolor, cuando se acepta por amor de Dios, nos une a Dios.

    Recomienda la Escritura: "Sé fuerte, ten animo. No temas ni te asustes, porque el Señor tu Dios está contigo" (Jos 1,9).

    El dolor, cuando se descubre su sentido purificador, nos hace mejores, más humanos, humildes y comprensivos. Dice un psicólogo: "En la escuela del sufrimiento y de la soledad, de los fracasos, de los desengaños, nos curamos de nuestra profunda y enraizada soberbia y nos inclinamos amorosamente hacia los demás.”
  • Miedo al futuro. Es un miedo habitual en la vida del hombre. La fortaleza cristiana ayuda al cristiano a vivir en el presente, sin escapismos, con la mente puesta en el día de cada día, con ilusión, confiando el pasado a la misericordia de Dios, y poniendo el futuro en sus manos.


    Hay que saber aceptar la realidad de nuestra vida: el futuro es imprevisible y a menudo, desconcertante.

    La imaginación desordenada, la "loca de la casa", según santa Teresa, agranda el miedo al futuro y engendra miedos, desesperanzas y desánimos. Ante esa tentación, hay que confiar en Dios, sabiendo que nunca seremos tentados por encima de nuestras fuerzas.

    Le escribía santo Tomás Moro a su hija Margarita desde la Torre de Londres: "anímate, hija mía, y no te preocupes por mí, pase lo que me pase en este mundo. No puede suceder nada que no esté permitido por Dios. Cualquier cosa que quiera, aunque nos parezca un mal, es lo mejor para nosotros".

    No tiene sentido, por tanto, ponerse a estudiar y empezar a pensar en las posibles dificultades del día de mañana: ¿aprobaré? ¿Me suspenderán? ¿Y si me pongo enfermo durante los exámenes? Como recuerda el Evangeliocada día tiene su propio afán. Hay que renovar la confianza en Dios día tras día.

    A veces podemos temer las "dificultades futuras", olvidando que en este momento no contamos con las gracias que el Señor nos concedería en el futuro, si esas dificultades se dieran realmente en nuestra vida.

  • Miedo al que dirán

Es el miedo de los respetos humanos: miedo a perder nuestra imagen, nuestra fama. Lleva a la cobardía de dejarse vencer por los respetos humanos si falta la reciedumbre en el hablar.

 


 






III. La lealtad y la fidelidad cristiana

Frodo, el protagonista de El Señor de los Anillos, es un ejemplo de lealtad humana. Debe cumplir una misión y ser leal a la palabra dada. A lo largo de la historia va cumpliendo su misión, superando muchas dificultades exteriores e interiores, como la tentación de quedarse con el anillo para disfrutar de su poder.

Al fin, Frodo es leal a su misión y supera la tentación de quedarse con el anillo, llevando a cabo una tarea más alta: salvar a los que le rodean. Para eso, se necesita la audacia y la fidelidad al ideal.


 




Audaces y fieles al amor, fieles a un ideal

 

Los hombres fieles del Antiguo Testamento

  • Los cristianos tienen también una misión recibida en el bautismo. Tienen una misión a la que deben ser fieles. La esperanza de fidelidad del cristiano que se entrega a Dios descansa en el amor de Dios, que es fiel.

    Yo sé de Quien me he fiado, debe recordar con frecuencia el hombre que desea ser fiel a Dios.


  • En el Antiguo Testamento resplandece esta realidad: Dios es fiel. Las grandes figuras mantienen su fidelidad a Yahveh en medio de la infidelidad general o en situaciones extremadamente difíciles.

    Noé es el hombre fiel con el que Dios recomienza la humanidad, tras el Diluvio Universal.

    Abrahám es el hombre de “corazón fiel que permanece fiel en las diversas pruebas, como estar dispuesto a sacrificar a Isaac, su único hijo. Por eso Dios hace una Alianza con él.

    Moisés es llamado el servidor fiel.

    Proclama el libro de los Proverbios: “El varón fiel será muy alabado” y se condena en el Antiguo Testamento la apostasía del Pueblo Elegido y la infidelidad de algunos personajes, como Salomón:

    “El Rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras [...]. Cuando era anciano sus mujeres inclinaron su corazón a otros dioses, comos Astarté, diosa de los sidonios, y Moloch, ídolo de los Amonitas”.

    Dios exige que el pueblo guarde lealmente el pacto con el Señor. El cristiano debe ser fiel a los compromisos asumidos en el bautismo. El hombre debe participar de la fidelidad de Dios para alcanzar la santidad. Y esta fidelidad debe ser actualizada en todas las relaciones: con Dios, la Iglesia, el prójimo, en su trabajo, en sus deberes de estado, consigo mismo, etc.


Jesucristo es el Testigo fiel: obediente y fiel a la misión del Padre.

  • La Virgen María es la Virgen cuya fidelidad alabarán todas las generaciones

Los Apóstoles y discípulos

  • Simón Pedro. Declaró públicamente su fidelidad al Señor, pero en los momentos duros de la Pasión le abandonó y le negó tres veces. Más tarde se arrepintió, confió humildemente en el perdón de Dios y cumplió fielmente su vocación y la misión que le encomendó Jesús: ser Cabeza de la Iglesia.



  • Juan. El apóstol adolescente fue fiel al Señor hasta que le prendieron en el Huerto de los Olivos. Le dejó solo, pero luego acompañó a la Virgen y es el único de los Apóstoles que permaneció a su lado, al pie de la Cruz.


  • El resto de los apóstoles. Santiago el Mayor, Santiago el Menor, Mateo... prometieron fidelidad al Señor, pero le abandonaron por miedo. Luego se arrepintieron, recibieron el Espiritu Santo, realizaron su misión de Apostóles, y según la tradición, murieron mártires.


  • Judas Iscariote. Este Apóstol fue llamado por Jesús y al comienzo fue fiel a Jesús y a su vocación de Apóstol. Se dejó corromper y acabó vendiéndole por treinta monedas. Aunque se arrepintió de su acción, desesperó del perdón de Dios y de su salvación, y se suicidó.


  • Pablo. Tras perseguir al Señor, y tras la gracia de su conversión, cuando iba camino de Damasco, pasó de ser un perseguidor de los cristianos al Apóstol de las Gentes: y llevó fielmente el Evangelio a todo el mundo conocido.


  Los Primeros Cristianos


  • En su gran mayoría, los primeros cristianos, fueron fieles a su fe en medio de una sociedad degradada y pagana, aunque no faltó alguno que se dejó llevar por el ambiente o por los respetos humanos.

    Muchos dieron su vida por Dios en el martirio, en un acto supremo de amor y de fidelidad a la vocación que habían recibido en el Bautismo, como Máximo, un comerciante de Asia Menor. Estas son las Acas de su proceso:

 


Martirio de san Máximo, un cristiano de Asia Menor,
durante el imperio de Decio (249-251)



"El emperador Decio, queriendo expulsar y abatir la ley de los cristianos, emanó edictos en todo el orbe, en los que intimaba a todos los cristianos abandonar al Dio vivo y verdadero y sacrificar a los demonios; quien no hubiera querido obedecer, debía someterse a los suplicios.

En ese tiempo Máximo, varón santo y fiel al Señor, espontáneamente se declaró cristiano: era un plebeyo y ejercía el comercio. Arrestado, fue conducido ante el procónsul Optimo, en Asia.

El procónsul le preguntó: '¿Cómo te llamas?'

El respondió: 'Me llamo Máximo'.

Preguntó el procónsul: '¿Cuál es tu condición?'


Respondió Máximo: 'Soy plebeyo y vivo de mi comercio'.

Dijo el procónsul: '¿Eres cristiano?'

Respondió Máximo: 'Por más que sea pecador, soy cristiano'.

Dijo el procónsul: '¿No conoces los decretos de los muy insignes soberanos que han sido promulgados recientemente?'

Preguntó Máximo: '¿Qué decretos?'

Explicó el procónsul: 'Los que ordenan que todos los cristianos, abandonada su vana superstición, reconozcan al verdadero soberano al que todo está sometido, y adoren a sus dioses'.

Repuso Máximo: 'He llegado a conocer el inicuo decreto emanado por el soberano de este mundo y justamente por esto me he declarado públicamente cristiano'.

Le ordenó el procónsul: 'Sacrifica a los dioses'.

Replicó Máximo: 'Yo no sacrifico sino al solo Dios a quien me glorío de haber sacrificado ya desde mi niñez'.

Insistió el procónsul: 'Sacrifica, para que estés salvo. Si te rehúsas, te hago morir entre torturas de todo género'. (...)

Entonces el procónsul lo hizo golpear con varas y, mientras era golpeado, le decía: 'Sacrifica, Máximo, para librarte de estos tormentos'.

Replicó Máximo: 'No son tormentos, sino unciones, estos que me son inferidos por el amor a nuestro Señor Jesucristo. Si, en efecto, me alejara de los preceptos de mi Señor, en los cuales he sido instruido por medio de su evangelio, me aguardarían los verdaderos y perpetuos tormentos de la eternidad'.

El procónsul entonces lo hizo poner sobre el caballete y, mientras era torturado, le decía insistentemente: '¡Enmiéndate de tu necedad, miserable, y sacrifica, para salvar tu vida!'

Máximo respondió: 'Tan solo si no sacrifico, salvo mi vida; si sacrifico, en cambio, seguramente la pierdo. Ni las varas, ni los garfios, ni el fuego me procurarán dolor, porque vive en mí la gracia de Dios, que me salvará para siempre con las oraciones de todos los santos quienes, luchando en este género de combate, han superado la locura de ustedes y nos han dejado nobles ejemplos de valor'.

Después de estas altivas palabras, el procónsul pronunció la sentencia contra él, diciendo: 'La divina clemencia ha dado la orden de que, para infundir temor a los otros cristianos, sea apedreado el hombre que no ha querido dar su asentimiento a las sagradas leyes, que le imponían sacrificar a la gran diosa Diana'.

Así el atleta de Cristo fue arrastrado afuera por los ministros del diablo, mientras daba gracias a Dios Padre por Jesucristo Hijo suyo, que lo había juzgado digno de superar al demonio en la lucha.

Sacado fuera de las murallas, aplastado por las piedras, exhaló su espíritu.

El siervo de Dios Máximo padeció el martirio en la provincia de Asia dos días antes de los idus de mayo, durante el imperio de Decio y el proconsulado de Optimo, reinando nuestro Señor Jesucristo, a quien se le tributa gloria en los siglos de los siglos. Amén" (de la Passio del mártir, en BHL -Bibliotheca Hagiographica Latina- , II, p. 852)

 



La Iglesia
  • La Iglesia ha permanecido fiel a Cristo a lo largo de veintiún siglos, a pesar de las infidelidades de sus miembros.

  • En la fidelidad a la Iglesia está la auténtica fidelidad a Jesucristo.



  • Los verdaderos reformadores, como santa Teresa y san Juan de la Cruz, supieron descubrir la santidad de la Iglesia, a pesar de las infidelidades y miserias de sus miembros humanos.


  • Ese amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia debe llevar al cristiano:


    • a desear formarse bien, conociendo lo que enseña la Iglesia, sin quedarse en un conocimiento superficial, comparándose con los que saben muy poco o nada.



    • a no atribuir a la Iglesia, que es Santa, los errores y pecados de los hombres.

      • a no hacer daño a la Iglesia con murmuraciones y ataques a la Jerarquía, a sus instituciones o a sus miembros concretos. Y menos, con ataques indiscriminados en los medios de comunicación: prensa, internet, etc., al descubrir fallos y errores.


        Los santos nos enseñan el camino que debe seguir el cristiano ante los errores objetivos en la actuación de los hombres: oración, desagravio, corrección fraterna, y si es necesaria, una información llena de justicia y caridad a las autoridades competentes de la Iglesia para poner remedio.

Fidelidad a mí mismo: al plan de Dios para mí

  • Ser fiel a uno mismo significa ser fiel -por amor- a la Voluntad de Dios para cada uno; buscar esa voluntad, esa llamada, porque cuando se conoce la llamada de Dios, se descubre el sentido de la propia existencia.


  • La felicidad depende de la fidelidad a esa llamada, del cumplimiento de los planes de Dios. Esos planes no encadenan, sino que potencian al hombre, lo desarrollan, lo dignifican, ensanchan su libertad, lo hacen feliz.


    Benedicto XVI
    recordó en los comienzos de su pontificado que Cristo no quita nada y lo da todo.


  • La clave de la felicidad de un cristiano es saber qué quiere Dios de él; descubrir cuál es su misión en la tierra: ser fiel a su vocación bautismal y seguirla hasta la muerte.


  • ¿Puede haber verdadero amor sin fidelidad?

    Responde von Hildebrand:


    ¿Qué es un amor sin fidelidad? Una mentira en última instancia. Pues el más profundo sentido del amor, la “palabra” interna pronunciada en el amor, es orientación interna y entrega de uno mismo, la cual perdura sin limitación, sin conmoverse, en los cambios del curso vital (...).

    El hombre que dice: “Te amo, pero no sé por cuánto tiempo”, no ha amado todavía de verdad y ni siquiera barrunta la esencia del amor.

    Tan propio del amor es la fidelidad, que el amante tiene que considerar su inclinación como algo permanente. Esto vale para todo amor: conyugal, filial, paternal, amistoso. Cuanto más profundo es el amor, tanto más queda transverberado por la fidelidad.

    Hay precisamente en esta fidelidad un particular esplendor moral, una casta belleza del amor. Lo propiamente conmovedor del amor (...) está esencialmente unido a este elemento de la fidelidad.

    La fidelidad certera del amor materno, el amor invencible de un amigo, poseen una particular belleza moral que queda prendida en el cora­zón del hombre abierto al valor. Así, pues, la fidelidad es un elemento nuclear de todo amor grande y profundo»

    (Santidad y virtud en el mundo, Rialp, Madrid 1972, 142-143).


Otros ámbitos de la fidelidad

Fidelidad a los amigos y compañeros.

Fidelidad a la Patria.

Fidelidad a los compromisos adquiridos.


Cultivar la fidelidad

  • Los discípulos de Jesucristo que creen en su Palabra y desean ser fieles a ella, se esfuerzan por vivir con plenitud sus compromisos bautismales, cultivando y preservando el valor de la fidelidad.
  • La fidelidad se cultiva en la oración, en la Eucaristía y en la escucha humilde de la Palabra de Dios.
  • Hoy resulta particularmente urgente defender, argumentar y preservar este valor de la fidelidad en la vida y con la palabra frente a los diversos agentes sociales que intentan anularlo.

¿Es posible ser fiel durante toda la vida?

  • El hombre suele plantearse esa pregunta antes de comprometerse con Dios o con otra persona, porque ha experimentado su propia debilidad y conoce los éxitos y los fracasos ajenos.
  • Es posible ser fiel si se confía con humildad en la Providencia de Dios.

  • Para ser fiel es necesario abandonarse en los caminos de Dios caminos misteriosos que con frecuencia no son los caminos que imaginaba al principio la persona que se entrega (tanto en el celibato, en el matrimonio, etc.).


    • Hay personas que se entregaron a otra persona en el matrimonio pensando en formar un hogar sin problemas, llena de hijos. Sin embargo, puede ser que Dios tenga otros planes, y tengan que afrontar la grave enfermedad de uno de los cónyuges, o que los hijos no vengan, o cualquier otra circunstancia de la vida..


      Para ellos, mantener su compromiso inicial de amor significa cultivar la verdadera fidelidad.

    • Lo mismo puede decirse de las personas que se comprometen con Dios.

Excusas para la infidelidad

  • "Quiero ser fiel a mi mismo".

    Conviene ser fel a uno mismo, pero sin convertir esa fidelidad propia en una excusa para la infidelidad con Dios y los demás (y por tanto, con uno mismo). Cuando la entrega se hace costosa suelen presentarse tentaciones de infidelidad, que hay que rechazar por amor a Cristo y los demás, sin la excusa de "ser fiel a mi mismo".


    • Por ejemplo, una mujer que debe cuidar a su parido paralítico puede argumentar: “debo ser fiel a mí misma y abandonarlo, porque cuando yo me casé no pensaba que iba a pasar mi matrimonio cuidando de un esposo enfermo”.

      Este razonamiento olvida que la fidelidad consiste en ir respondiendo generosamente en cada una de las circunstancias a las que nos ha llevado nuestra entrega inicial.


  • Voy a malgastar mi vida

    “No puedo malgastar mi vida con esta persona enferma, que no permite realizarme profesionalmente”. Es una excusa que nace de la falta de generosidad.

  • Otras excusas para la infidelidad son fruto de la propia debilidad. “Me siento como atrapada por esta situación: ahora veo la vida de otra manera, y no gusta compartir mi vida con un enfermo crónico”.

  • La clave de la fidelidad radica en el amor: enamórate y no le dejarás, se lee en Camino.

Hay que defender la fidelidad frente a…


El hombre viejo, que le presenta al hombre el ejercicio de la fidelidad como una carga insoportable: "soy incapaz de consumir mi vida cuidando a un enfermo crónico".


El hombre nuevo –renovado en Cristo- le hace ver que ese ejercicio cotidiano es un compromiso de amor: "con la gracia de Dios y por amor a Cristo entregaré mi vida entera, por amor, al cuidado de este enfermo, al que debo amar por fidelidad humana y espiritual".


Esos dos hombres pugnan en el corazón humano, herido por el pecado.


 

  • Hay que defender la fidelidad frente al influjo de las amistades que apartan de Cristo. Ese impacto negativo resulta particularmente fuerte durante la juventud. De ahí nace la importancia de tener en una sociedad pagana como la actual, entre los amigos, muchos amigos cristianos o no cristianos que busquen a Dios con sincero corazón.

  • Hay que defender la fidelidad frente la falsa “fidelidad a uno mismo”. Ser fiel a uno mismo significa, para un cristiano, ser fiel al proyecto de Dios para cada uno y el compromiso con Dios que libremente se ha contraído. Abraham fue llamado hombre fiel porque –fiel a sí mismo- estuvo dispuesto a cumplir en todo momento la Voluntad de Dios.



    No se puede invocar “la fidelidad a uno mismo” para realizar la ruptura de un compromiso grave con Dios o con los demás.


    Entonces esa “fidelidad a uno mismo” se convierte en una palabra-coartada para hacer lo que se desea sin trabas morales de ningún tipo: Abandono a mi mujer y a mis hijos para ser fiel a mí mismo, porque me he enamorado de otra mujer…


    Es necesario entender bien la libertad para evitar falsos conflictos entre libertad y fidelidad. El que adquiere unos compromisos con Dios o con los hombres, libremente se impone el deber de cumplir las obligaciones que libremente asumió.

    Comprometerse y ser fiel a los compromisos, siempre que sean buenos, no limita la libertad del hombre: suponen el ejercicio de la libertad. La esencia de la libertad es la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.


    Toda decisión o compromiso prudente de realizar algo bueno es un acto de libertad.



  • Hay que defender la fidelidad frente a los intereses ideológicos de determinados grupos de presión, lobbys, medios de comunicación, editoriales, instancias educativas, etc., que defienden contravalores como la infidelidad,

    • difundiendo y ensalzando como positivos comportamientos infieles,


    • intentando esos comportamientos que se acepten socialmente como comportamientos normales,


    • ridiculizando la figura de las personas fieles en diversos medios (series televisivas, películas, novelas.) donde no aparecen o demonizándolas (son anticuadas, retrógradas, etc.).

Figuras

Madjanski, superviviente de un campo de concentración nazi, donde sobrevivió a experimentos pseudocientíficos.

Stepinac: sin odiar a nadie, pero sin miedo de nadie

 


 

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