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Clase VI. La oración del alma


Lecturas para preparar esta clase

Se recomienda a los padres y educadores el estudio y la lectura atenta de:

¿Cómo es nuestra oración? de Santo Tomás Moro. Escrito por el Santo cuando estaba encarcelado en la Torre de Londres, antes de ser ajusticiado.

Catecismo de la Iglesia Católica, 2558-2565; 2598-2649; 2700-2745; y 2803-2865.

Daniel-Rops: La Iglesia de los Apóstoles y de los Mártires, Palabra. Muestra como vivieron su fe los primeros cristianos en medio de una sociedad pagana.



Algunas obras sobre la oración

El libro fundamental es el Nuevo Testamento, cuya lectura -especialmente los Cuatro Evangelios- se debe recomendar vivamente a lo largo de este Curso.

A lo largo de su historia, la Iglesia se ha enriquecido con las obras de sus santos y grandes escritores de espiritualidad. Los que se citan a continuación son sólo algunas de las obras más conocidos sobre la oración y la mortificación. La lista no tiene ninguna pretensión de exhaustividad.



  • A. M. DE LIGORIO, San: Práctica del amor a Jesucristo (Neblí, 17; BAC, 78). Trata especialmente de la caridad y la piedad. Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo (BAC, 78; Perpetuo Socorro; Obisa, Madrid 1977). Conjunto de consideraciones sobre la Pasión, a veces con carácter apologético. Fomenta la devoción a la Santísima Humanidad del Señor.


    La Virgen María nos enseña a rezar

  • BERNARDO, San: Sermones (Neblí, 8 y 12; BAC, 444). Tratan de temas muy variados (la humildad, la confianza en Dios, los sacramentos, etc.), con piedad y riqueza de doctrina.

  • E. BOYLAN : Dificultades en la oración mental (Patmos, 10) Trata del modo de hacer oración y cómo superar las dificultades.

  • J. B. CHAUTARD: El alma de todo apostolado (Dinor, San Sebastián; Patmos, 160; Cuadernos Palabra, 46). El autor, religioso trapense, hace ver la necesidad de la vida interior para la eficacia de la actividad apostólica.

  • J. ESCRIVÁ, san. Camino, Surco, Forja. Rialp. Libros que han ayudado a miles de cristianos a encontrar a Cristo en la vida cotidiana.

  • FRANCISCO DE SALES, San: Introducción a la vida devota; también llamado: Filotea (BAC, 109; Balmes, Barcelona; Palabra; Luis Gili). Esta obra, del s. XVII, trata de los fundamentos de la verdadera piedad y sus características principales: la importancia de los Sacramentos, el valor de la oración, las virtudes cristianas fundamentales, etc.

  • GRANADA, Fray Luis de: Libro de la oración y meditación (Apostolado de la Prensa; Cuadernos Palabra, 65). Escrito para ayudar en la contemplación de los principales misterios de la fe.


  • PHILIPPE, Jacques: La libertad interior; La Paz interior; Tiempo para Dios (Patmos). Los libros de este sacerdote de la Comunidad de las Beatitudes han alcanzado gran difusión en la actualidad, porque y sabe tratar con hondura y lenguaje nuevo los temas tradicionales del abandono en Dios, la humildad y la libertad del cristiano.


  • TERESA DE JESÚS, Santa, Camino de perfección (BAC, 120 y 212; Neblí, 1; Espasa-Calpe). Trata de las virtudes y del ejercicio de la oración mental y vocal. Gran parte del libro se dirige a explicar el modo de rezar con provecho el Padrenuestro.

  • TERESA DE JESÚS, Santa, Castillo interior (o "Las moradas") (BAC, 120 y 212; Espasa-Calpe). Describe las etapas por las que va pasando el alma en su unión con Dios. Se refiere especialmente a los grados de oración y contemplación.


  • Resultan particularmente útiles los libros que ayudan a orar con los santos y los libros y folletos breves sobre esta materia.El padre y el educador encontrará en ellos fuentes, ejemplos y anécdotas vivas. Hay una amplísima producción. Se citan sólo dos autores, a modo de ejemplo.

  • J. P. MANGLANO: Orar con Teresa de Jesús; Orar con el cura de Ars. Descleé de Brouwer
  • LUNA, Francisco: Oración y presencia de Dios; Cómo hacer oración; Cómo vivir la presencia de Dios.

 



Punto de partida:

    • El Señor nos ha creado para el Amor, para el gozo, para la felicidad plena de estar unido a Él en esta tierra (participando de su Cruz redentora) y para la felicidad suprema de gozar eternamente con Dios en el Cielo.

    • La felicidad completa se encuentra en el Amor a Dios: porque Dios es la Suma Alegría, la Suma Belleza. Por eso los santos, en medio de sus sufrimientos, son las personas más felices de la tierra: vivían íntimamente unidos a Dios mediante la oración, que es como un anticipo del Cielo.

    • La oración del alma y la oración del cuerpo son manifestaciones del amor nos une con la Pasión de Cristo, que nos redime y nos salva, como expresaba el famoso soneto anónimo A Jesus Crucificado:



      No me mueve mi Dios, para quererte
      el cielo que me tienes prometido
      ni me mueve el infierno tan temido
      para dejar por eso de ofenderte.


      Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
      clavado en una cruz y escarnecido,
      muéveme ver tu cuerpo tan herido
      muévenme tus afrentas y tu muerte .


      Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
      que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
      y aunque no hubiera infierno, te temiera.

      No me tienes que dar porque te quiera
      pues aunque lo que espero no esperara,
      lo mismo que te quiero te quisiera.



    • Mientras no estemos unidos del todo a Dios no seremos del todo felices: por eso dice san Agustín: “Señor, nos hiciste para Ti; y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.

    • El primer afán del apóstol debe ser animar a hacer oración y enseñar a rezar con constancia a todos los que le rodean. Cristo nos enseñó como debíamos rezar y nos dejó la oración del Padrenuestro.


¿Qué se entiende por "hacer oración"?

  • Hacer oración consiste en hablar fialmente con nuestro Padre Dios, para alabarle, darle gracias y pedirle todo lo que necesitamos (cfr. Catecismo, 2559 y 2564).

  • San Juan Damasceno define la oración como una «elevación de la mente a Dios para pedirle cosas convenientes» (De fide, 3,24).


  • San Josemaría: «Me has escrito... `orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?'- ¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias... ¡flaqueza!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ¡tratarse!» (Camino, 91).



  • Sin oración no hay santidad. Recuerda santa Teresa que sin ese fundamento no puede haber vida cristiana verdadera; "sin este cimiento fuerte todo edificio va falso" (Camino de Perfección, 4, 5).



     

     




    Nguyen Van Thuan: Es preciso orar siempre





    Van Thuan fue nombrado Arzobispo de Saigón en 1975.
    Pocos meses después fue arrestado y pasó 13 años en la cárcel, nueve de ellos en régimen de aislamiento.

     

    "Después de mi liberación, muchas personas me dijeron: "Padre, habrá tenido usted mucho tiempo para rezar en la prisión". No es tan sencillo como se podría pensar. El Señor me permitió experimentar toda mi debilidad, toda mi fragilidad física y mental. El tiempo transcurre lentamente en la cárcel, sobre todo durante el aislamiento. Imaginaos una semana, un mes, dos meses de silencio...

    Son tremendamendamemte largos, pero cuando se transforman en años, se convierten en una eternidad. Hubo días en los que, derrengado por el cansancio y la enfermedad, no llegaba a recitar una oración.

    Pero es verdad: se puede aprender mucho sobre la oración, sobre el genuino espíritu de oración, justamente cuando se sufre por no poder rezar a causa de la debilidad física, de la imposibilidad de concentrarse, de la aridez espiritual, con la sensación de estar abandonados por Dios y tan lejos de Él que no se le puede dirigir la palabra.

    Y quizá precisamente en esos momentos es cuando se descubre la esencia de la oración y se comprende cómo poder vivir ese mandamiento de Jesús que dice: "Es preciso orar siempre" (Lc, 18, 1)...

    Me gusta rezar con las oraciones litúrgicas, los salmos, los cánticos. Me gusta mucho el canto gregoriano, que recuerdo de memoria en gran parte... Luego las oraciones de mi lengua nativa, que toda la familia recita todas las noches en la capilla doméstica, tan conmovedoras, que recuerdan la primera infancia. Sobre todo las tres avemarías y el Memorare, que mi madre me enseñó a recitar mañana y noche"



    Oración de San Bernardo, llamada Acordaos
    (o en latín "Memorare"
    )

    Acordaos
    ¡oh piadosísima Virgen María!,
    que jamás se ha oído decir
    que ninguno de los que han acudido a
    vuestra protección,
    implorando vuestra asistencia
    y reclamando vuestro socorro
    haya sido abandonado de Vos.

    Animado por esta confianza,
    a Vos también acudo,
    Oh Madre, Virgen de las Vírgenes,
    y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
    me atrevo a comparecer ante vuestra presencia Soberana.

    Oh, Madre de Dios, no desprecieis mis súplicas,
    antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
    Amén


     

 

  •  Luigi Guisani, fundador de Comunión y Liberación

     
    —Mi oración es la liturgia y la repetición continuada de una fórmula: «Veni Sancte Spiritus, Veni per Mariam». Ven Espíritu Santo, ven por María, hazte presente a través del seno y de la carne de la Virgen. Esta antigua jaculatoria es síntesis de toda la Tradición y señala el método de Dios para darse a conocer a los hombres: la Encarnación.

    Todo el cristianismo está ahí. Dante habla en su himno a la Virgen del «calor» del vientre de la Virgen: pensar que desde ahí se proclama el Misterio es verdaderamente lo más misterioso, y sólo en la experiencia de una comunión vivida se puede empezar a comprender algo de este inefable misterio de Dios.

    Por ello, la oración es el gesto más razonable que el hombre, implicado en la lucha cotidiana por la vida, puede realizar, la petición es el alfa y la omega de todo. Yo no he hecho nada, soy un cero. Todo lo hace el Infinito y nosotros no haríamos nada si no se nos diera.


Primeros cristianos




 





La oración de san Policarpo, discípulo de San Juan Evangelista

San Policarpo fue discípulo de San Juan Evangelista, y entre sus muchos discípulos y seguidores estuvo san Ireneo, que recordaba su figura en una de sus cartas: "Yo te puedo mostrar el sitio en el que el bienaventurado Policarpo acostumbraba a sentarse a predicar. Todavía recuerdo la gravedad de su porte, la santidad de su persona, la majestad de su rostro y de sus movimientos, así como sus santas exhortaciones al pueblo. Todavía me parece oírle contar cómo había conversado con Juan y con muchos otros que vieron a Jesucristo, y repetir las palabras que había oído de ellos.

San Policarpo besó las cadenas de San Ignacio de Antioquía cuando éste pasó por Esmirna, camino del martirio. El año sexto de Marco Aurelio, según la narración de Eusebio, estalló una grave persecución en Asia. Un joven cristiano, Germánico, fue llevado a Esmirna con otros once o doce cristianos. En el anfiteatro, el procónsul le dijo que no muriera tan joven, cuando la vida tenía tantas cosas que ofrecerle, pero Germánico prefirió el martirio antes que traicionar a Cristo y hacer actos de idolatría, como hizo alguno como Quinto, un frigio bautizado que consintió en hacer sacrificios a los dioses.

Durante el martirio de Germánico la multitud gritaba: "¡Mueran los enemigos de los dioses! ¡Muera Policarpo!" Los amigos del santo le dijeron que se escondiera en un pueblo vecino. Tres días antes de su martirio tuvo una visión en la que aparecía su almohada envuelta en llamas; esto fue para él una señal de que moriría quemado vivo. Cuando los perseguidores fueron a buscarle, cambió de refugio, pero un esclavo, a quien habían amenazado si no le delataba, acabó por entregarle.

Los autores de la carta de la que se toman estos datos condenan a los que se ofrecían espontáneamente al martirio -algo que la Iglesia reprueba- y explican que el martirio de San Policarpo fue realmente evangélico, porque el santo no se entregó, sino que esperó a que le arrestaran los perseguidores, siguiendo el ejemplo de Cristo.

Herodes, el jefe de la policía, mandó por la noche a un piquete de caballería a que rodeara la casa donde estaba escondido Policarpo. Este comprendió que había llegado su hora, les abrió la puerta e invitó a cenar a los soldados pidiéndoles que le dejasen orar.

Se lo permitieron y estuvo Policarpo orando de pie durante dos horas, por por toda la Iglesia. Al verle, algunos de los soldados se arrepintieron de haberlo hecho. Le llevaron a la ciudad montado en un asno fue conducido a la ciudad. En el camino se cruzó con Herodes y su padre, Nicetas. Le aconsejaban que fingiera:

- ¿Qué mal puede haber -le decían- en decir Señor al César, o en ofrecer un poco de incienso para escapar a la muerte?

En aquellos momentos llamar "Señor" al César significaba reconocerle ante todos como un dios. Policarpo permaneció en silencio; comenzarona increparle, y cuando les dijo que no estaba dispuesto a traicionar a Cristo, le tiraron del asno con tal violencia, que se fracturó una pierna.

El santo se arrastró calladamente hasta donde estaba el procónsul que le propuso que reconociera la divinidad del César y gritara: "¡Mueran los enemigos de los dioses!" El santo, volviéndose hacia la multitud de paganos reunida en el estadio, gritó: "¡Mueran los enemigos de Dios!" El procónsul repitió: "Jura por el César y te dejaré libre; reniega de Cristo".

Policarpo le contestó: "Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador? Si lo que deseas es que jure por el César, he aquí mi respuesta: Soy cristiano. Y si quieres saber lo que significa ser cristiano, dame tiempo y escúchame". El procónsul dijo: "Convence al pueblo". El mártir replicó: "Me estoy dirigiendo a ti, porque mi religión enseña a respetar a las autoridades si ese respeto no quebranta la ley de Dios. Pero esta muchedumbre no es capaz de oír mi defensa".

El procónsul le amenazó: "Tengo fieras salvajes". "Hazlas venir -respondió Policarpo-, porque estoy absolutamente resuelto a no convertirme del bien al mal, pues sólo es justo convertirse del mal al bien". El precónsul replicó: "Puesto que desprecias a las fieras te mandaré quemar vivo". Policarpo le dijo: "Me amenazas con fuego que dura un momento y después se extingue; eso demuestra ignoras el juicio que nos espera y qué clase de fuego inextinguible aguarda a los malvados. ¿Qué esperas? Dicta la sentencia que quieras".

El procónsul ordenó que se pregonara en el centro del estadio tres veces: "Policarpo se ha confesado cristiano".

Al oír esto, la multitud exclamó: "¡Este es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el enemigo de nuestros dioses que enseña al pueblo a no sacrificarles ni adorarles!" Pidieron que lo echaran a los leones, pero el Procónsul respondió que no podía hacerlo, porque los Juegos habían sido clausurados. Entonces pidieron que Policarpo fuera quemado vivo.

En cuanto el procónsul accedió a su petición, todos se precipitaron a traer leña de los hornos, baños y talleres. Al ver la hoguera prendida, Policarpo se quitó los vestidos y las sandalias. Los verdugos querían atarle, pero él les dijo: "Permitidme morir así. Aquél que me da su gracia para soportar el fuego me la dará también para soportarlo inmóvil". Los verdugos se contentaron con atarle las manos a la espalda.

Alzando los ojos al cielo, Policarpo hizo la siguiente oración:

"¡Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bienaventurado Hijo, Jesucristo, por quien hemos venido en conocimiento de Ti, Dios de los ángeles, de todas las fuerzas de la creación y de toda la familia de los justos que viven en tu presencia!

¡Yo te bendigo porque te has complacido en hacerme vivir estos momentos en que voy a ocupar un sitio entre tus mártires y a participar del cáliz de tu Cristo, antes de resucitar en alma y cuerpo para siempre en la inmortalidad del Espíritu Santo!

¡Concédeme que sea yo recibido hoy entre tus mártires, y que el sacrificio que me has preparado Tú, Dios fiel y verdadero, te sea laudable!

¡Yo te alabo y te bendigo y te glorifico por todo ello, por medio del Sacerdote Eterno, Jesucristo, tu amado Hijo, con quien a Ti y al Espíritu sea dada toda gloria ahora y siempre! ¡Amén!"

Falleció a las dos de la tarde del 23 de febrero, en torno a 155, o 166

 

 


 

¿Qué tipos de oración hay?:

 — Hay oración de adoración que consiste en honrar y alabar a Dios, y proclamar su majestad y su gloria (cfr. Catecismo, 2628)

 — Hay oración de petición de perdón (cfr. Catecismo, 2631 y 2633) y oración de intercesión en favor de otros (Catecismo, 2634).

— Hay oración de acción de gracias, porque todo lo que es bueno lo hemos recibido de Dios (cfr. Catecismo, 2638).


¿Cómo se puede rezar?

  •  Se puede:

    • hacer oración interior, es decir, rezar mentalmente (sólo con la mente).

    • se puede rezar vocalmente, con la palabra, que es la expresión externa de la oración interior (cfr. Catecismo, 2702).

      Esa oración vocal es muy importante. Escribe Santa Teresa: "Sé que muchas personas, rezando vocalmente (...) las levanta Dios, sin saber ellas cómo, a subida contemplación" (Camino de perfección, 30, 7)

  • la oración litúrgica es la oración oficial y pública de la Iglesia. Conviene nutrir la oración personal con las oraciones de la liturgia.


  • En la Santa Misa se cumplen de un modo supremo los cuatro fines de la oración (cfr. Catecismo, 2639).:
  • adorar a Dios

  • darle gracias

  • pedirle bienes

  • pedirle perdón por nuestros pecados personales

               

  • La contemplación es la expresión más sencilla de la oración: consiste en mirar amorosamente a Dios -como los enamorados- y saberse mirado, amado, por Dios; es una mirada de fe, de escucha de la palabra de Dios y recogimiento interior (cfr. Catecismo, 2713 y 2715-2717).


  • El Padrenuestro, la oración por excelencia.

 


¿Qué se necesita para rezar?



  • Esfuerzo y lucha: "es necesario orar siempre y no desfallecer" (Lc 18,1)


  • Darse cuenta de con Quien hablamos: con nuestro Padre Dios.


  • Humildad: reconocernos al mismo tiempo, pecadores e hijos de Dios (cfr. Catecismo, 2728-2731).

  • Confianza: tenemos que rezar con la confianza de que Dios nos escuchará si lo que le pedimos es para su gloria de Dios y para nuestro verdadero bien. "Os lo aseguro —dice el Señor—: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo concederá" (Ioann 16,23; cfr. Catecismo, 2736 y 2737).

  • Constancia, perseverancia: no debemos cansarnos de rezar aunque nos parezca que Dios no nos escucha. Cristo nos dijo: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá" (Lc 11,9; cfr. Catecismo, 2742).

  • Aceptar la Voluntad de Dios, viviendo en el presente, aunque a veces no la entendamos, porque Dios sabe mucho mejor que nosotros lo que nos conviene en cada momento. Por eso, a la hora de rezar es bueno decir:"pero no se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22,42).

    


Oración d
e Santa Faustina Kowalska


Cuando pienso en el futuro, me atenaza el miedo.
Pero, ¿por qué tengo que pensar en el futuro?
Sólo valoro la hora presente,
porque quizá no sea mío ese futuro.

En cuanto al pasado, yo no tengo poder
para cambiar, corregir o añadir algo:
ni los sabios ni los profetas han podido hacerlo.
Por lo tanto, abandonemos en Dios ese tiempo pasado.

¡Oh, momento presente!
Tú sí, tú eres mío por completo,
y deseo utilizarte en todo lo que pueda...

Y confiando en Tu Misericordia,
camino por la vida como un niño,
ofreciéndote cada día mi corazón,
inflamado en amor,
para tu mayor gloria.





 





Cristo nos enseñó a rezar y nos aconsejó
que acudiéramos con frecuencia a nuestro Padre Dios
con confianza.

 
Debemos orar siguiendo el ejemplo de Jesucristo (cfr. Catecismo, 2600 y 2605). que pasaba muchos ratos dedicado exclusivamente a la oración. (Lc 6,12).
 

Vamos a la oración para amar, para pedir, para contemplar:

Para pedir: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá". "Sin la oración de Esteban -recuerda san Agustín- la Iglesia no tendría a Pablo". (Sermón 382)

Para contemplar: "La contemplación -afirma el Catecismo de la Iglesia Católica- es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia (...). Es comunión: en ella la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, a su semejanza".

 

 


Lectura y documentación previa


Preguntas y respuestas sobre la oración mental

 

33 respuestas a estas 33 preguntas sobre la oración

  • Son 33 respuestas a preguntas de este tipo:

  • ¿Cuál es el sentido de la oración de meditación?
  • ¿Cómo oraba Jesús?
  • ¿Siempre se ha hecho de este modo la oración en la Iglesia?
  • ¿Se puede ser buen cristiano sin rezar?
  • ¿Qué es hacer oración mental de meditación?
  • ¿Qué no es meditar?
  • ¿Hay algún método para orar bien?
  • Yo rezo de vez en cuando, cuando me siento inspirado...
  • ¿Cómo se aprende a rezar? Yo no sé rezar.
  • Etc.

Ser alma de oración, siguiendo los pasos de María


Un alma de oración no es sólo una persona que acude todos los días a rezar durante un tiempo ante el Señor en una iglesia, en un oratorio o una capilla, sino un persona que tiene verdadera intimidad con Dios en su alma.

Estas preguntas pueden servir para plantearse algo decisivo en la vida de un cristiano: ¿Soy alma de oración?

 
  • ¿Rezo verdaderamente? ¿Dialogo, hablo, con Jesucristo? ¿Le escucho?

    "La oración -escribe san Gregorio de Nisa- es una conversación o coloquio con Dios".

  • ¿Me voy enamorando de Dios? ¿Se lo doy todo? ¿Qué le estoy negando a Dios? ¿Deseo quererle cada vez más?


    ·Existe otra oración interior y continua -recuerda
    san Agustín- que es el deseo. Aunque hagas cualquier otra cosa, si deseas el reposo en Dios, no interrumpas el deseo. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo" (Comentarios sobre los Salmos).


    A la Expiración de Cristo

    Pues dulcísimo Jesús,
    si después de pies y manos
    también dais el corazón,
    ¿quien podrá el suyo negaros?

    Lope de Vega (1562-1635)


  • ¿Le cuento al Señor las cosas que he hecho hoy, en qué he ocupado mi cabeza, mi corazón… cuáles son mis ilusiones?

Santa Teresa de Jesús define la oración como "tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama".

  • ¿Medito el Evangelio?

  • ¿Tomo notas que aviven mi oración, de un texto de la Liturgia, por ejemplo?

  • ¿Hago actos de amor? Por ejemplo:“Jesús, te quiero y me gustaría quererte cada día más...”.

    San Josemaría: "Me has escrito: «orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?» -¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: «¡tratarse!»".

  • ¿Le doy gracias? “Gracias, Jesús, porque esto y aquello me ha salido bien, y he sido capaz de vencerme –con tu ayuda– en aquello que me costaba...”.

  • ¿Le pido por alguna persona? “Jesús, te pido por este hermano mío, que no va a Misa, por este amigo mío, que lo está pasando mal por unos problemas que tiene...”.

  • ¿Le pido ayuda con sencillez? Recomienda san Agustín: "cuando reces, abre paso a la piedad, no a la palabrería". “Jesús, quiero ser santo, ayúdame a conseguirlo...”.

  • ¿Me desahogo con Él?”“Jesús, estoy cansado, un poco harto de esto o de lo otro..., ayúdame”. Decía san Josemaría que la oración "es la hora de las intimidades santas y de las resoluciones firmes".

  • ¿Le hablo de mis deseos, le cuento mis ilusiones?“Me gustaría acordarme más veces de Ti durante el día...”.

  • ¿Me abandono en Él? “Jesús, no he sido capaz de vencerme en este detalle en el que te había dicho que iba a poner más empeño. confío en Ti: sé que juntos lo conseguiremos...”.

  • ¿Le pregunto?“¿Cómo podría hoy demostrarte mi amor? ¿En qué te gustaría que fuera más generoso esta semana?

  • ¿Le digo jaculatorias con el corazón?

 

Las jaculatorias, flechazos al Cielo

Van Thuan:"Entre los medios que mantienen vivo el espíritu de oración están esos brevísimos flechazos al Cielo, la jaculatorias, que nada en el mundo puede detener, porque son inspiraciones del alma, latidos del corazón"

Ejemplos de jaculatorias:

Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo.

¡Señor Mío y Dios mío!

Corazón de Jesús, en Vos confío

 



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