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Clase IX. La vida entendida como servicio


Sugerencia inicial

En esta clase se pretenden dar diversas ideas que ayuden a concebir la vida como un servicio a Dios y a los demás.

  • Interesa recalcar que la primera obligación de un estudiante y su mejor manifestación de solidaridad y sentido social consiste en estudiar ahora mucho y bien, preparándose para servir a la sociedad el día de mañana.

Se sugiere abordar en esta clase -entre los diversos temas posibles- alguno de los siguientes:

 

  • Chiara Lubich, fundadora del Movimiento focolar: Actitud de vigilancia, de amor, de servicio


    Pero hoy, para nosotros, en el ritmo frenético y arrollador de la vida moderna ¿qué esperanza podemos tener de no dejarnos adormecer por el canto de tantas sirenas? Por otra parte, aquellas palabras del Evangelio fueron dichas también para nosotros...

    "Estad vigilantes y orad en todo momento".

    Jesús sólo nos puede pedir, también hoy, algo de que estemos en condiciones de hacer. Por eso, junto con la exhortación, no puede dejar de darnos también el modo que nos permita vivir según su palabra.

    ¿Cómo se puede, entonces, permanecer despiertos y en guardia? ¿cómo se puede permanecer en una actitud de oración constante? A lo mejor hemos tratado de poner todo nuestro esfuerzo en encerrarnos a la defensiva frente a todo y a todos. Pero no es ese el camino y no tardamos en darnos cuenta de que, tarde o temprano hay que aflojar.

    El camino es otro y lo encontramos tanto en el Evangelio como en la misma experiencia humana. Cuando se ama a una persona, el corazón vigila siempre a la espera y cada minuto que pasa sin ella está en función de ella. Vigila bien quien ama. Es propio del amor vigilar. Esto es lo que nos enseña también la parábola de las vírgenes necias y las prudentes.

    Quien espera a alguien que ama está vigilante, porque es más fuerte el sentimiento que lo mantiene en pie y preparado para el encuentro.

Lectura de referencia para preparar esta clase

Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II.

Sollicitudo rei socialis

Se sugiere a los padres y educadores que estudien los puntos capitales de estos documentos y expliquen sus puntos fundamentales, adecuándolos a los conocimientos de los jóvenes que la reciban.


Jesucristo: hay mayor alegría en dar que en recibir

  • Jesucristo, que se entregó por cada uno de nosotros (no por una multitud, sino por cada uno, con nombre y apellidos) nos recuerda que hay mayor alegría en dar que en recibir.


    En la última Cena nos dijo: no he venido a ser servido sino a servir.
  • La misión del cristiano se realiza cuando sirve a Dios, y a los demás, por amor a Dios.

San Juan y el joven rico

  • San Juan

San Juan, el Apóstol joven, respondió al momento a la llamada del Señor. “Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar. [11] Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron”. (Lucas)

La figura de san Juan es un ejemplo de entrega generosa y alegre en la juventud, frente al egoísmo del joven rico.

  • El joven rico

Evangelio de San Lucas: Cierto personaje distinguido le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? [19] Le respondió Jesús: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo, Dios. [20] Sabes los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre. [21] El respondió: Todo esto lo he guardado desde la adolescencia. [22]


Después de oírlo le dijo Jesús: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los Cielos. Luego, ven y sígueme. [23]

Pero al oír estas cosas, se puso triste, porque era muy rico. [24] Viéndole entristecerse, dijo Jesús: ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! [25] Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios. [26] Los que escuchaban dijeron: ¿Entonces quién puede salvarse? [27] El respondió: Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.


El trabajo, como expresión del amor

 

 








El trabajo, expresión del amor. IV Capítulo de la Encíclica Redemptoris Custos, de Juan Pablo II

22. Expresión cotidiana de este amor en la vida de la Familia de Nazaret es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero. Esta simple palabra abarca toda la vida de José. Para Jesús éstos son los años de la vida escondida, de la que habla el evangelista tras el episodio ocurrido en el templo: "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos" (Lc 2, 51).

Esta "sumisión", es decir, la obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el "hijo del carpintero" había aprendido el trabajo de su "padre" putativo. Si la Familia de Nazaret en el orden de la salvación y de la santidad es ejemplo y modelo para las familias humanas, lo es también análogamente el trabajo de Jesús al lado de José, el carpintero.

En nuestra época la Iglesia ha puesto también esto de relieve con la fiesta litúrgica de San José Obrero, el 1 de mayo.

El trabajo humano
y, en particular, el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial. Junto con la humanidad del Hijo de Dios, el trabajo ha formado parte del misterio de la encarnación, y también ha sido redimido de modo particular. Gracias a su banco de trabajo sobre el que ejercía su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la redención.

23. En el crecimiento humano de Jesús "en sabiduría, edad y gracia" representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser "el trabajo un bien del hombre" que "transforma la naturaleza" y que hace al hombre "en cierto sentido más hombre"

La importancia del trabajo en la vida del hombre requiere que se conozcan y asimilen aquellos contenidos "que ayuden a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvíficos respecto al hombre y al mundo y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su triple misión de sacerdote, profeta y rey".

24. Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos:

"San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos; san José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan "grandes cosas", sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas".

 


 







Olvido de sí, entrega a los demás, por amor a Dios.

 

  • Para responder generosamente a las llamadas de Cristo, para servir a Cristo, se necesita cultivar el “olvido de sí”.


  • En la vida cristiana se llama olvido de sí a aquella situación en la que el alma vive pendiente de la Voluntad de Dios, llena de caridad hacia los demás y olvidada de sus problemas personales.

  • Un alma olvidada de sí, vive pendiente de Cristo y ve a Cristo en los demás: Cristo adolescente, Cristo joven, Cristo anciano, Cristo enfermo.

    • El olvido de sí no supone ningún tipo de anulación personal: es cumplir el deseo de san Pablo: que Cristo viva en mí.

    • Para alcanzar el olvido de sí —tarea de toda una vida—, hay que pedírselo al Señor, procurando:

      — llenar el corazón (ilusiones, aspiraciones, deseos) de Dios y de todo lo que lleva a Dios.

      — luchar contra el egoísmo, apartando los pensamientos que centren en uno mismo.

      — no fomentar ese tipo de pensamientos que parecen buenos, pero que de hecho son tentaciones, porque centran el combate espiritual en uno mismo (del tipo: “¿me estoy haciendo santo? ¿Avanzo? ¿Retrocedo?") y no en el abandono y la correspondencia a la gracia de Dios.

      — cultivar el perdón.


Justicia: dar a cada uno lo que le corresponde


 

¿Qué es la justicia?

En cuanto cualidad personal, la justicia es la virtud o hábito bueno de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, lo que se le debe otorgar.

Recuerda el punto 413 del Compendio del Catecismo de la Iglesia: "Existen desigualdades económicas y sociales inicuas, que afectan a millones de seres humanos, que están en total contraste con el Evangelio, son contrarias a la justicia, a la dignidad de las personas y a la paz.

Pero hay también diferencias entre los hombres, causadas por diversos factores, que entran en el plan de Dios. En efecto, Dios quiere que cada uno reciba de los demás lo que necesita, y que quienes disponen de talentos particulares los compartan con los demás.

Estas diferencias alientan, y con frecuencia obligan, a las personas a la magnanimidad, la benevolencia y la solidaridad, e incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras".


Algunos aspectos olvidados de la justicia

La justicia lleva a cumplir las obligaciones respecto a Dios.

La justicia lleva al respeto a la dignidad humana. A cada persona se le debe otorgar un trato propio de un ser humano, sin discriminaciones.

La justicia lleva al respeto a los padres y autoridades. Es justo obedecerles y respetarles.

La justicia lleva a cumplir las obligaciones profesionales, tanto de los trabajadores como de los estudiantes. Estudiar es, para un estudiante, un deber de justicia respecto a la familia y la sociedad, que cuentan con su preparación actual para el trabajo futuro.


 

 





Algunas ideas básicas
sobre la Doctrina social de la Iglesia


  • ¿Qué es?

La doctrina social de la Iglesia nace del encuentro entre el plan que Dios tiene para redimir a todos los hombres y la situación histórica concreta. Nace del Anuncio divino, del Evangelio. No es una ideología ni una tercera vía.

En el centro de la Doctrina Cocial de la Iglesia está el hombre, que tiene que vivir su verdad de Hijo de Dios en este mundo con justicia y libertad, sabedor de que el hombre es la única criatura querida por Dios por sí misma, llamada por Dios a participar de su misma vida divina, tras su cooperación libre con el plan de Dios.

 

  • ¿De qué consta la doctrina social de la Iglesia?

    • de unos contenidos permanentes (por ejemplo, los del mandato divino: no matarás).

    • de unos contenidos contingentes que dependen de las diversas situaciones sociales que se producen en la sociedad, que van cambiando y mejorando (aunque desgraciadamente subsisten millares de injusticias y hay aspectos de la antigua encíclica Rerum Novarum que siguen siendo válidos en algunos países).

 

  • El Antiguo Testamento

En él se encuentran muchas normas de contenido social y económico, como proteger a las viudas, cuidar de los huérfanos, etc.

  • Jesucristo.

Jesucristo, al encarnarse y hacerse hombre, se une a cada hombre, redimiéndole; y con la Encarnación el hombre comprende que debe cambiar las estructuras injustas del mundo antiguo:

  • Las castas, las grandes divisiones sociales.

  • La discriminación de la mujer por razón de su sexo (esto supuso una revolución en el mundo pagano.

  • La esclavitud (ya en el siglo II hay un esclavo, Calixto, que llega a Papa)

  • La Iglesia

La Iglesia ha ido humanizando la sociedad a lo largo de la historia, desde el siglo I, un siglo inmisericorde con los niños y los débiles.

La historia de la Iglesia ha sido durante veinte siglos una larga historia de caridad: basta pensar en la multitud de cristianos que han ejercido tareas caritativas y en las instituciones que han nacido en el seno de la Iglesia. Además, l a Iglesia ha ido influyendo en las leyes sociales de todas las épocas, a pesar de los errores humanos. Un ejemplo entre miles son las Leyes de Indias.

La Iglesia se preocupa por transmitir en primer lugar el mensaje de Cristo, porque si Cristo no cambia el corazón del hombre todo el mensaje social se queda en pura teoría.

Para cambiar el mundo, el hombre necesita en primer lugar, esforzarse por cambiarse a sí mismo y mejorar. Sólo cuando se da ese cambio personal, es capaz de emprender proyectos generosos de justicia y solidaridad.

El amor de Cristo debe llevar al cristiano a comprometerse para hacer un mundo más justo y más solidario.

La solidaridad, recuerda el Compendio del Catecismo, 414, "que emana de la fraternidad humana y cristiana, se expresa ante todo en la justa distribución de bienes, en la equitativa renumeración del trabajo y en el esfuerzo en favor de un orden social más justo. La virtud de la solidaridad se realiza también en la comunicación de los bienes espirituales de la fe, aún más importantes que los materiales".



¿Eres estudiante y quieres ser solidario?

 

Un estudiante que desea ser solidario es -en primer lugar- responsable en su estudio; porque para un estudiante, estudiar mucho y bien es la primera y fundamental exigencia de las obras de misericordia y la justicia social.


Para estudiantes: algunos puntos de Camino y Forja sobre el estudio.

No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento...: la frivolidad, en una palabra.

Y la frivolidad —no lo olvides— que te hace tener esos planes de cada día tan vacíos ("tan llenos de vacío"), si no reaccionas a tiempo —no mañana: ¡ahora!—, hará de tu vida un pelele muerto e inútil.

Camino
17


¿Qué... ¡no puedes hacer más!? —¿No será que... no puedes hacer menos?

Camino
23

Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado..., pero no estudias. —No sirves entonces si no cambias.

El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.

Camino
334.

Si has de servir a Dios con tu inteligencia, para ti estudiar es una obligación grave.

Camino
336

Estudia. —Estudia con empeño. —Si has de ser sal y luz, necesitas ciencia, idoneidad. ¿O crees que por vago y comodón vas a recibir ciencia infusa?

Camino
340

Estar ocioso es algo que no se comprende en un varón con alma de apóstol.

Camino
358

Ya que eres tan exigente en que, hasta en los servicios públicos, los demás cumplan sus obligaciones —¡es un deber!, afirmas—, ¿has pensado si respetas tu horario de trabajo, si lo realizas a conciencia?

Forja 696

Si queremos de veras santificar el trabajo, hay que cumplir ineludiblemente la primera condición: trabajar, ¡y trabajar bien!, con seriedad humana y sobrenatural.

Forja 698


Si afirmas que quieres imitar a Cristo..., y te sobra tiempo, andas por caminos de tibieza.

Forja 701


La responsabilidad cristiana en el trabajo no se traduce sólo en llenar las horas, sino en realizarlo con competencia técnica y profesional... y, sobre todo, con amor de Dios.

Forja 705


¡Qué pena matar el tiempo, que es un tesoro de Dios!

Forja 706

 


Si un joven no se prepara adecuadamente durante sus años de formación académica para ser un buen profesional (un buen electricista, un buen abogado, un buen guardia municipal), no podrá servir a la comunidad humana de la que procede –y que ha invertido tanto dinero en su formación- como debe.

Por esa razón, para un estudiante, estudiar mucho y bien
(es decir, poner todos los medios para prepararse bien de forma que se pueda ayudar y servir eficazmente a los demás, a la sociedad, en el futuro) es una de las mejores muestras de justicia y misericordia.









Estudio, trabajo, servicio.

Alocución de Juan Pablo II en el Congreso UNIV

El término "servicio" es toda una clave de lectura para comprender los otros dos vocablos que lo preceden.

El estudio y el trabajo, en efecto, presuponen una actitud personal de disponibilidad y de entrega que es lo que llamamos precisamente servicio.

Se trata de una dimensión que debe caracterizar el modo de ser de la persona, como pone de evidencia el Concilio Vaticano II al afirmar que solamente a través del sincero don de sí puede la criatura humana realizarse plenamente (cfr Gaudium et spes, n. 24).

Con esta apertura a los hermanos, cada uno de vosotros, queridos jóvenes, perfecciona —gracias también al estudio y al trabajo— los aspectos fundamentales de la propia misión, utilizando los talentos que Dios generosamente le ha confiado.

¡Qué útiles resultan, a este propósito, las enseñanzas del beato Josemaría Escrivá, de quien este año se celebra el centenario del nacimiento! Muchas veces subrayaba que en el Evangelio Jesús es conocido como el carpintero (cfr Mc 6, 3), más aún, como el hijo del carpintero (cfr Mt 13, 55).

Aprendiz en la escuela de José, el Hijo de Dios hace del trabajo manual no sólo una necesaria fuente de subsistencia, sino un "servicio" a la humanidad y, en la práctica, un elemento integrante del designio salvífico. Y es así un ejemplo y un estímulo para que cada uno de nosotros, siguiendo su vocación específica, haga rendir sus propias facultades, poniéndolas al servicio del prójimo.

3. En estos días de la Semana Santa, la reflexión de los creyentes está centrada en el misterio de la Cruz. A su luz podemos comprender mejor el valor del servicio, del trabajo y, para vosotros, queridos jóvenes, también del estudio. La Cruz es símbolo de un amor que se hace don total y gratuito. ¿Acaso no es precisamente la Cruz el testimonio del amor de Cristo por nosotros?

La Cruz es una silenciosa cátedra de amor junto a la que se aprende a amar de verdad. Siguiendo a Cristo, Rey Crucificado, los creyentes aprenden que "reinar" es servir buscando el bien de los demás, y descubren que en el don sincero de sí se expresa el sentido auténtico del amor. San Pablo nos repite que Jesús nos ha amado y se ha dado a sí mismo por nosotros (cfr Gal 2, 20). (...)

Se trata de un camino difícil, que con frecuencia contrasta con la mentalidad de vuestros coetáneos. Supone ciertamente ir contracorriente respecto a los comportamientos y las modas hoy dominantes.

4. ¡Queridos jóvenes! No os maraville todo esto: el misterio de la Cruz educa en un modo de ser y de obrar que no se ajusta al espíritu de este mundo. Por esto el Apóstol nos pone bien en guardia: "Y no os amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto" (Rm 12, 2).


Resistid, queridos jóvenes del UNIV, a la tentación de la mediocridad y del conformismo. Sólo así podréis hacer de la vida un don y un servicio a la humanidad; sólo de este modo contribuiréis a aliviar las heridas y los sufrimientos de tantos pobres y marginados como sigue habiendo en este mundo nuestro tecnológicamente avanzado.

Dejad, por tanto, que sea la Ley de Dios la que os oriente hoy en el estudio y mañana en la actividad profesional. Así resplandecerá "vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt 5, 16).

Para que todo esto sea posible es necesario poner en primer lugar la oración, diálogo íntimo con Él, que os llama a ser sus discípulos. Sed chicos y chicas de actividad generosa, pero también, al mismo tiempo, de profunda contemplación del misterio de Dios. Haced de la Eucaristía el centro de vuestra jornada. En unión con el sacrificio de la Cruz, que en la Eucaristía se representa, ofreced el estudio y el trabajo para ser vosotros mismos "victimas espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Pt 2, 5).

Junto a vosotros, como junto a Jesús, está siempre María. A Ella, Ancilla Domini y Sedes Sapientiae, confío vuestros propósitos y deseos. Por mi parte, os aseguro un constante recuerdo en la oración y os deseo un fecundo Triduo Pascual y una Santa Pascua. Con estos sentimientos, de corazón os bendigo a todos.

 

 


 







¿Qué respuesta personal estoy dando yo antes los grandes problemas?

  • Preguntas para jóvenes:


  • Puedes preguntarte qué respuesta personal –en el ámbito de la misericordia y de la justicia social- estás dando a los siguientes problemas, que te conciernen, como cristiano que eres; y te estás preparando para dar en el futuro, mediante tu trabajo:
      • Personas sin techo y sin hogar.

      • Jóvenes atrapados en el mundo de la droga.

      • Jóvenes sin capacidad de formarse profesionalmente.

      • Emigrantes que no logran encontrar un puesto de trabajo.

      • Mayores sin atención, abandonados por los suyos.

      • Marginados, sin techo, y personas sin hogar.

      • Desempleo, paro.

      • Minorías étnicas despreciadas.

      • Discapacitados físicos y psíquicos, etc.

 




Las obras de miserc
ordia

Las obras de misericordia tienen un sentido profundamente cristiano. La misericordia se atribuye máximamente a Dios: Dios, que es rico en misericordia, movido del excesivo amor con que nos amó aun cuando estábamos muertos por los pecados, nos dio vida juntamente en Cristo (Ephes. II, 4)

Jesucristo tomó nuestras flaquezas y llevó sobre sí nuestras enfermedades (Is. LIII, 4; cfr. Matth VIII, 17).

  • Sed misericordiosos como también vuestro Padre es misericordioso (Luc. VI, 36), y también: cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeñuelos, conmigo lo hicisteis (Matth. XXV, 40).

 

  • Enseñanzas de los santos sobre la misericordia

  • San Pablo:

    No es tal nuestro Pontífice que sea incapaz de compadecerse de nuestras miserias habiendo experimentado todas las tentaciones a excepción del pecado por raz6n de la semejanza con nosotros. Lleguémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia para ser socorridos al tiempo oportuno (Hebr. IV,15–16)

    San Agustín dice que la misericordia nace del corazón, que se apiada de la miseria ajena, corporal o espiritual de tal manera que le duele y entristece como si fuera propia llevando a poner – si es posible – los remedios oportunos para intentar sanarla.





    Justicia y misericordia
  • La misericordia no es un paso previo o una forma rebajada de la justicia: va más allá de la justicia, precisamente porque tiene su origen en la caridad, que nos mueve a amar a los demás con el amor de Dios.

  • No es suficiente limitarse a vivir la justicia, sin más, para considerarse cristiano y para alcanzar el Reino de los Cielos: Dice Jesús en el Evangelio:


    Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino, que os está preparado desde el principio del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era peregrino, y me hospedasteis; estando desnudo, me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; encarcelado y vinisteis a verme (Matth. XXV, 34–36).


  • La parábola del deudor despiadado del Evangelio es un ejemplo patente de la insuficiencia de la justicia.

    Ese deudor se limitó a cumplir con la estricta justicia, haciendo encarcelar a quien no pagaba lo que le debía; pero se hace así merecedor del reproche del Señor: Siervo inicuo, te perdoné toda la deuda porque me lo suplicaste: ¿no convenía, pues, que tu también tuvieses compasión de tu compañero, como la tuve yo de ti? (Matth. XVIII,32–33).

  • Limitarse a vivir la justicia equivaldría a pensar que no se necesita de la misericordia divina, olvidando las palabras del Señor: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Matth V, 7). Después que Dios nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor con los hombres nos ha salvado no a causa de las obras de justicia que hubiésemos hecho, sino por su misericordia (Tit. III, 4–5).

 

No debe confundirse el ejercicio de las obras de misericordia con:

  • la simple filantropía.

  • un afecto puramente natural.

  • el buen deseo de ayudar al prójimo en sus necesidades.


 

No basta con ejercer la misericordia para salvarse; hay otros muchos deberes cuyo incumplimiento impide la unión con Dios.

San Pablo: "Como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a un réprobo sentido, de suerte que han hecho acciones in dignas, quedando atestados de toda suerte de iniquidad, de malicia, de fornicación, de avaricia, de perversidad; llenos de envidia, homicidas, pendencieros, fraudulentos, malignos, chismosos, infamadores, enemigos de Dios, ultrajadores, soberbios, altaneros, inventores de vicios, desobedientes a sus padres, irracionales, desgarrados, desamorados, desleales, despiadados.

Los cuales, habiendo conocido la justicia de Dios, no echaron de ver que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, y no so lo los que las hacen sino también los que aprueban a los que las hacen" (Rom. I, 28–32).

El Apóstol, después de referirse a “las obras de la carne”, recuerda: "los que hacen tales cosas, no alcanzarán el reino de Dios" (Gal. V, 21).


 






Las obras de misericordia espirituales y corporales

Las obras de misericordia ccorporales son:

  • visitar y cuidar a los enfermos

  • dar de comer al hambriento

  • dar de beber al sediento

  • dar posada al peregrino

  • vestir al desnudo

  • redimir al cautivo

  • enterrar a los muertos

 

Las obras de misericordia espirituales son:

  • enseñar al que no sabe

  • dar buen consejo al que lo necesita

  • corregir al que yerra

  • perdonar las injurias

  • consolar al triste

  • sufrir con paciencia los defectos del prójimo

 


 

Pío XII

"Sería un bien harto menor el saciar el hambre de los cuerpos, sin volver el espíritu hacia Cristo y hacia sus mandamientos, dejando las almas en ayunas del pan sustancial de la verdad y de las eternas promesas.

Quien remediase las necesidades materiales, tan sólo para tranquilizar el innato sentimiento de la compasión, no realizaría sino una obra puramente humana.


El cristiano va y debe ir mucho más lejos; debe él sentir aquella más alta piedad que tan sólo descansa dando a Dios a las almas
(Discurso, 27–IV–1952; AAS 44 (1952), pp. 471–472)


 

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