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Clase XV. Amor a la verdad, sinceridad, sencillez, naturalidad


Consideraciones previas

  • Conviene explicar las diferencias que existen entre la virtud de la veracidad y la virtud de la sinceridad. Son dos virtudes distintas.

    La virtud de la sinceridad añade, a la virtud de la veracidad,  el esfuerzo por darse a conocer, el querer que sepan cómo somos (en este caso, principalmente en el ámbito del acompañamiento espiritual).

 








Cristo es la Verdad y la Vida

"Jesús es el Señor, sólo en Él tenemos salvación, Él ha sido resucitado de la muerte, ha vencido la muerte, para que podamos tener acceso a una vida nueva, a la Vida eterna. A los que sentían tocado el corazón por la acción del Espíritu Santo que acompañaba los apóstoles en su misión, y preguntaban:" ¿Qué tenemos que hacer?" San Pedro respondía: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el Nombre de Jesús para el perdón de todos sus pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo prometido" (Hch. 2, 38).

Hacerse bautizar en la Iglesia primitiva, no era una cosa mágica, ni mucho menos inmediata; sobre todo con los gentiles era entrar en un camino de iniciación la fe (que más tarde se llamará catecumenado) en el que, mediante catequesis, los ritos de admisión, escrutinios, imposiciones de manos, exorcismos, signos como la sal, la vestidura blanca, etc., eran gestados a la nueva creación operada en el Bautismo por el Espíritu Santo.

Se les enseñaba a entrar en la historia de la Salvación que Dios hace presente en cada generación, a creer en el Siervo sufriente de Yahvé, que retornará como el Hijo del Hombre, anunciado por el profeta Daniel, a juzgar a vivos y muertos; se les enseñaba a sumergirse en la Cruz de Jesús confesando sus propios pecados, esto es: aquellas actitudes y actos contrarios al amor que Dios había mostrado en su Hijo sobre la Cruz; el cual toma sobre si los pecados sin resistirse al mal, antes bien ama y se ofrece por los malvados, por sus enemigos".

Kiko Argüello


Los primeros cristianos, testigos de la Verdad hasta el martirio


Martirio de los santos de Escilia, una aldea de Numidia, Africa septentrional


El proceso contra los cristianos de Escilio tuvo lugar en el verano del 180 d. de J. C., en los comienzos del imperio de Cómodo. Este texto es posiblemente el acta del proceso -es decir, un documento público-, a la que el transcriptor habría añadido, como comentario, la última parte. Es el primer testimonio sobre el martirio de los cristianos africanos. El rostro es el retrato de un joven de la época, posiblemente pagano, contemporáneo de aquellos sucesos.

 

"Siendo cónsules Presente, por segunda vez, y Claudiano, dieciséis días antes de las calendas de agosto (= el 17 de julio), fueron convocados a la presencia de la autoridad judiciaria Esperato, Nartzalo, Citino, Donata, Segunda y Vestia.

El procónsul Saturnino les dijo: 'Pueden merecer la indulgencia de nuestro soberano, si vuelven a pensamientos de rectitud'.

Esperato respondió: 'No hemos hecho nada malo, no hemos cometido ninguna iniquidad, ni hablado mal de nadie, por el contrario hemos siempre devuelto bien por mal; obedecemos, pues, a nuestro emperador'.

Dijo todavía el procónsul Saturnino: 'También nosotros somos religiosos y sencilla es nuestra religión. Juramos por el genio de nuestro soberano y dirigimos a los dioses súplicas por la salvación de él , cosa que también ustedes han de hacer'.

Respondió Esperato: 'Si me prestas atención con calma, te explicaré el misterio de la sencillez'.

Replicó Saturnino: 'No te voy a escuchar en esta iniciación en la que ofendes nuestros ritos; juren más bien por el genio de nuestro soberano'.

Respondió Esperato: 'Yo no conozco el poder del siglo, sino que estoy sujeto a ese Dios al que ningún hombre vio jamás ni puede ver con sus ojos. No cometí nunca un robo, sino que cada vez que concluyo un negocio pago siempre el tributo, porque obedezco a mi soberano y emperador de los reyes de todos los siglos'.

El procónsul Saturnino dijo a los otros: 'Desistan de tal convicción'.

Repuso Esperato: 'Es un mal sistema amenazar con matar si no se jura en falso'.

Dijo también el procónsul Saturnino: 'No adhieran a esta locura'.

Dijo Citino: 'No hemos de temer a nadie sino a nuestro Señor que está en los cielos'.

Añadió Donata: 'Honor a César como soberano, pero temor, a Dios solamente'.

Prosiguió Vestia: 'Soy cristiana'.

Dijo Segunda: 'Lo que soy, yo quiero ser'.

El procónsul Saturnino le preguntó a Esperato: '¿Persistes en declararte cristiano?'

Respondió Esperato: 'Soy cristiano' y todos asintieron a sus palabras.

Preguntó también el procónsul Saturnino: '¿Quieren un poco de tiempo para decidir?'

Respondió Esperato: 'En una cuestión tan claramente justa, la decisión ya está tomada'.

Preguntó después el procónsul Saturnino: '¿Qué tienen en esa cajita?'

Respondió Esperato: 'Libros y las cartas de san Pablo, varón justo'.

Dijo el procónsul: 'Tienen una prórroga de treinta días para reflexionar'.

Esperato repitió: 'Soy cristiano', y todos estuvieron de acuerdo con él.

El procónsul Saturnino leyó el decreto de lo actuado: 'Se decreta que sean decapitados Esperato, Nartzalo, Citino, Donata, Vestia, Segunda y todos los demás que han declarado vivir según la religión cristiana, porque, a pesar de serles dada facultad de tornar a las tradiciones romanas, lo han rehusado obstinadamente'.

Esperato dijo: 'Demos gracias a Dios'. Nartzalo añadió: 'Hoy seremos mártires en el cielo. ¡Sean dadas las gracias al Señor!'

El procónsul Saturnino hizo proclamar la sentencia por el pregonero: 'Esperato, Nartzalo, Citino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Genara, Generosa, Vestia, Donata, Segunda han sido condenados a la pena capital'.

Dijeron todos: '¡Sean dadas las gracias a Dios!' y en seguida fueron degollados por el nombre de Cristo" (de las Actas de los mártires escilitanos, publicadas por primera vez por C. Baronio en los Annales Ecclesiastici, 1588-1607).

 

 


El ejemplo de Santo Tomás Moro

 

 


 

 




Sinceridad de vida y veracidad. Vivir en la verdad


  • Vivir en la Verdad es vivir en Jesucristo, donde la verdad de Dios se manifestó toda entera.
  • ¿Qué es la sinceridad? Es amor a la verdad: “la verdad os hará libres”. Y Jesucristo dijo de sí mismo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

    — Jesús condenó la falsedad y la hipocresía de los fariseos.

    — Jesús alabó la sinceridad de Natanael

  • Por traernos la verdad, y también por decirla claramente, murió en una cruz, alcanzándonos el perdón de nuestras culpas.

Compensa decir siempre la verdad...

 


La sinceridad de vida lleva a defender siempre la verdad, con fidelidad

 

  • Hay que defender especialmente las verdades de fe, y la verdad de la Iglesia.

    • Pablo VI:


      Uno de nuestros dolores más agudos es la infidelidad de algunas personas buenas, que olvidan la belleza y la gravedad del compromiso que les une a la Iglesia.

      Es éste un fenómeno que la evolución de la vida moderna acentúa de una manera dolorosa, tanto en el terreno de la doctrina como en el de las costumbres y orientaciones prácticas.

      ¡Cuántas debilidades, cuánto oportunismo, cuánto conformismo, cuánta vileza!

      (Alocución. 17-II-1965)

 


Rectificar

La sinceridad de vida lleva a rectificar cuando hace falta.

  • Una persona que ama la verdad la busca siempre; y como sólo de las verdades de fe tenemos certeza absoluta, porque nos apoyamos en la autoridad de Dios que revela, y del resto, no, en muchas ocasiones descubrirá que se ha equivocado y deberá rectificar.

  • Reconocer la propia equivocación -grande o pequeña- es un ejercicio de humildad

  • Rectificar con prontitud y alegría es una muestra de amor a la verdad, de humildad y de sabiduría: rectificar es de sabios.

 



Confiar

La sinceridad de vida lleva a confiar prudentemente en los demás

  • La confianza es el fruto de varias virtudes. Es una fe humana por la que confiamos en los demás, en sus hechos y palabras.

  • Sin confianza mutua no hay posibilidad de convivencia.

  • Por eso, el hecho de que una o algunas personas nos hayan defraudado no es nunca motivo para desconfiar de todos, por principio.

 


Hablar con verdad... y con caridad

La sinceridad lleva a decir la verdad con caridad; y a hablar cuando se debe, escuchando y poniendo por obra la palabra de Dios

 


 





La mentira y el respeto a la verdad

Textos para estudiar y reflexionar:

La mentira y sus diversas formas

El respeto a la Verdad. La Verdad tiene un único rostro

 

La sinceridad plena del cristiano se revela en la acción apostólica:

  • Al llevar a los demás a Cristo, el cristiano se revela como lo que es verdaderamente: un discípulo de Cristo.

  • En el apostolado, por medio de una conversación sincera, el cristiano propone humildemente a los demás la Verdad plena: Cristo.

 


 



Verdad, sencillez y naturalidad

  • La sencillez es una virtud que lleva a mostrarse tal como uno es. El Señor la recomienda: “sea, pues, vuestro modo de hablar: sí, sí, o no, no. Lo que exceda de esto, viene del Maligno” ( es decir, del demonio, que es mentiroso y padre de la mentira).
  • La naturalidad es una virtud que lleva a comportarse de acuerdo con la propia naturaleza y modo de ser, sin fingimientos, sin doblez.

    • El Señor elogia a Natanael: Evangelio de San Juan: [47] Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez.

    • La naturalidad no tiene nada que ver con la zafiedad o el impudor. La naturalidad de un cristiano le lleva a comportarse como lo que es en todos los ambientes.

 


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