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Vivir juntos antes de casarse: la ruina prematrimonial


 








 

Según el estudio "Cohabitation and Marriage: How Are They Related?", publicado por el Instituto Vanier de la Familia (Ottawa), la cohabitación tiene, a pesar de su extensión, altos costes sociales y emocionales.

La autora del estudio, Anee-Marie Ambert*, reúne los resultados de cientos de investigaciones sobre los efectos sociales, emocionales y financieros de la cohabitación y el matrimonio. En Canadá y Estados Unidos, el número de parejas de hecho ha aumentado notablemente. En 2000, cohabitaban más de 4,1 millones de parejas heterosexuales en Estados Unidos (8,2% de las parejas) y 1,3 millones en Canadá (16%). En Quebec el nivel ha alcanzado el 30%, la misma proporción que en Suecia.

El estudio muestra que la cohabitación previa al matrimonio provoca luego índices de divorcio más altos. Según la Encuesta Social General Canadiense, en el grupo de edad de entre 20 y 30 años, el 63% de las mujeres cuya primera relación había sido de cohabitación se había separado en 1995, en comparación con el 33% de las mujeres que se casaron en su primera relación.

Entre las causas, Ambert observa que algunas personas escogen la cohabitación porque no requiere fidelidad sexual. Los datos indican que la experiencia de una cohabitación de menor compromiso conforma el comportamiento marital posterior. Así, "algunas parejas siguen viviendo su matrimonio a través de la perspectiva de inseguridad, separación de ingresos, bajo nivel de compromiso e incluso falta de fidelidad". Y está comprobado que la falta de fidelidad lleva a índices más altos de rupturas matrimoniales.

Algunos estudios muestran que las parejas que han cohabitado tienen un comportamiento menos positivo a la hora de resolver problemas y, por lo general, se apoyan menos el uno al otro. Las parejas que habían cohabitado antes del matrimonio tienen índices más altos de violencia doméstica, otro factor relacionado con el divorcio.

Por lo general, quienes cohabitan aprueban más el divorcio como solución a los problemas matrimoniales. Además, las parejas que cohabitan son menos religiosas que quienes se casan sin haber convivido. En este punto hay varios estudios que indican una correlación entre religiosidad y felicidad matrimonial así como estabilidad.

Otra característica de la cohabitación es su naturaleza inestable. Más de la mitad de las uniones de hecho se disuelven en los primeros cinco años. En Quebec, el nivel de disolución de las relaciones de hecho es más bajo que en otras provincias, pero aún así tienen un índice de rupturas significativamente más alto que los matrimonios. La tendencia apunta hacia una mayor inestabilidad. En los 70, cerca del 60% de las parejas que vivían juntas se casaban con su pareja antes de tres años. Pero a principios de los 90 esta cifra bajó al 35%.

 

Peor para los niños

 

No son sólo las parejas quienes sufren. En 2001, el 8,2% de los niños canadienses de menos de 14 años vivían en hogares de parejas de hecho, excluyendo a Quebec donde la cifra alcanzaba el 29%. En Estados Unidos se estima que un 40% de los niños vivirán con su madre soltera (nunca casada o divorciada) y su novio en algún momento antes de cumplir los 16 años.

Ambert comenta que a pesar de la creciente aceptación social de la cohabitación, hay poca información directa sobre los efectos en los niños. Para los hijos, la cohabitación significa un mayor riesgo de vivir en una estructura familiar inestable, especialmente cuando su madre cohabita con un hombre que no es el padre del niño. Algunas familias incluso hacen frente a una situación de "puerta giratoria", con una serie de parejas a lo largo de los años. Estos niños tienen resultados escolares inferiores y más problemas de comportamiento.

En cuanto a la situación económica familiar, cuando una madre soltera comienza a cohabitar, la pobreza puede reducirse un 30%. Aunque esto beneficia económicamente a los hijos a corto plazo, la otra cara es que la pareja de una relación de hecho normalmente gana menos que un hombre casado. El respiro financiero no dura mucho debido a la fragilidad de estas uniones.

Otros problemas afectan a la capacidad de la madre para dar una atención adecuada a sus hijos, ya que su pareja no suele estar vinculado a los niños.

Los abusos físicos son también más frecuentes; los niños corren más riesgos de ser maltratados por el novio de su madre que en las familias biológicas. Las chicas, por su parte, corren más riesgo de abusos sexuales. "Compromiso y estabilidad están en la base de las necesidades de los hijos; no obstante, en una gran parte de las parejas que cohabitan estos dos requisitos están ausentes", observa Ambert.

Mucha gente sostiene que el matrimonio simplemente es una cuestión de elección de forma de vida y que es equivalente a la cohabitación. "En estos momentos la investigación no apoya este punto de vista". Al contrario, muestra que el matrimonio tiene muchos beneficios tanto para los esposos como para los hijos. Una conclusión que los legisladores deberían tomar en consideración.

 

* Anee Marie Ambert es Directora del Departamento de Sociología de la Universidad de Yok (Toronto, Canadá) y su investigación se centra fundamentalmente en los estudios sobre la familia. Ha escrito, entre otros, los siguientes libros: “Changing Families: Relationships in Context", The Effect of Children On Parents", “The Web of Poverty: Psychosocial Perspectives", “Parents,Children and Adolescents: Interactive Relationships and Development in Context", “Ex-Spouses and New Spouses. A Study of Relationships", “Perspectives on Social Problems", "Divorce in Canada", “Sex Structure", “The Forgotten Ones: A Sociological Study of Anglo and Chicano Retardates", “Parents and Adolescents in Changing Families" (with David H. Demo),"Sociological Studies of Children".

 

 


 

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