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Algunos "colectivos" y la información sobre la Iglesia

¿Qué es un colectivo? Según la Real Academia de la Lengua es una "agrupación de individuos". En el ámbito de la información sobre la Iglesia este término se convierte, en ocasiones, envuelto en un aura de inconcreción, en el nombre pudoroso bajo el que se disfraza la pobreza numérica de un puñado de amigos que desean dar una imagen de fuerza ante la opinión pública.

Con motivo de la polémica que se construyó hace años en torno de un conocido “teólogo disidente” se difundió en Francia la noticia de que, a petición de numerosos colectivos y de más de quinientos cristianos, ese teólogo iba a dirigir un debate en París. Firmaban el manifiesto de apoyo muchos colectivos, que creaban la imagen de plebiscito numeroso. Pero si al grupo de quinientos cristianos se le restaban las firmas individuales y se dividían por el número de colectivos mencionados, se descubría que cada colectivo estaba integrado por una media de 16 personas.

Con el nombre "colectivo" se quiere indicar a veces el deseo de representatividad por parte de una minoría, frente a una mayoría de cristianos o de los pastores de la Iglesia. En ocasiones los colectivos se presentan como representantes de todos los católicos.

Martín Descalzo comentaba una crónica: "el diario titula ayer: 'los católicos norteamericanos se quejan de la presión vaticana'. ¿'Los' católicos? ¿Cuántos, cuáles, qué grupos, qué proporción? El periódico no lo dice. Y convierte algunos grupos críticos en 'los' católicos norteamericanos.

Pero luego resulta que en la misma página el mismo periódico informa que el Vaticano actuó 'empujado por una campaña masiva de cartas dirigidas a Roma por grupos católicos conservadores', grupo que, naturalmente, el periódico descalifica como no representativo. ¿Por qué si un grupo de católicos conservadores se expresa es sólo 'un grupo de católicos' y si en cambio, un grupo de católicos de otro signo critica a Roma éstos son 'los católicos norteamericanos'? Misterio".

Un lector de un diario protestaba en este mismo sentido por la información que se había dado del Sínodo su corresponsal en Roma, "Habla del "episcopado del Canadá", de "los obispos suizos" -protestaba el lector- cuando en realidad no hay más que un representante de cada episcopado nacional (...) y nos enteramos de lo que dicen unos nueve obispos -tampoco nos dice exactamente cuántos- y no nos dice lo que piensan los 156 restantes (...). Se le ve al cronista totalmente parcial en seguir una línea que, por lo leído, no es la del Sínodo".

El colectivo se metamorfosea a veces en “información procedente de medios eclesiásticos", con diversas variantes: "fuentes vaticanas bien informadas", "un observador romano", “un observador cualificado”; “un experto”, "un monseñor que prefiere ocultar su nombre", "un asistente", "se comenta en Roma que"...

Es un recurso útil, desde luego, para lanzar el último rumor de alguna camarilla clerical o las maledicencias escuchadas al vuelo en algún mentidero. En ocasiones es el vehículo para que el propio corresponsal pueda decir sin riesgo sus propias opiniones: basta con utilizar la formula: “un observador cualificado opina que…”; “se dice en medios eclesiásticos”.

Publicaba Le Monde una crónica sobre un Sínodo de Obispos: "El cardenal Laurent Picachy, arzobispo de Calcuta, uno de los tres presidentes de la Asamblea ha calificado este Sínodo ante los periodistas como “un sínodo maravilloso”. 'Un sínodo para nada', decían en privado ciertos observadores cualificados". (La cursiva es mía)

 

José Miguel Cejas

 


 

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