.Inicio




 





¿Contra quién me aplauden?

Desde hace décadas algunos medios de comunicación han fomentando un forzado antirromanismo, una fobia anti-Papa, por llamarla de alguna manera, ya se trate de Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Un ejemplo entre muchos de ese periodismo irrespetuoso eideologizado es el de Díaz en un periódico español, con motivo de uno de los numerosos viajes de Juan Pablo II.

"El papa polaco está resultando ser un pájaro tan sorprendente como el Espíritu Santo. También tiene el don de lenguas. Wojtyla es capaz de irse a Nigeria y soltar un discurso en swahili sobre los males del aborto, del consumismo o del divorcio con la misma naturalidad con la que hablaría en inglés sobre lo mismo a un auditorio de la ciudad de Nueva York.(...) Es tan sorprendente este hombre que deja turulatos a los nigerianos, incapaces de resistirse ante la magia del gran dios blanco".

Se intenta ridiculizar –o al menos, da esa impresión-a una de las figuras más prestigiosas y que gozan de mayor autoridad moral en el mundo –se llame Juan XXIII, Juan Pablo II o Benedicto XVI-: la figura del Papa.

"Las manifestaciones de esa patología anti-romana –escribía Gutiérrez- son casi diarias. Basta que un organismo de la Santa Sede promulgue una norma o publique una declaración autorizada con el refrendo papal, para que se alcen en contra las voces de la discordia y se multipliquen los manifiestos de los profesionales de la firma contestataria. Toma la Santa Sede una decisión para la cual está perfectamente legitimada (...) y al instante salta con prontitud sincronizada el coro de los disidentes, apoyando a la persona o institución afectada por la decisión romana.

El antirromanismo no distingue niveles, alcanza incluso a la misma persona del obispo de Roma. Y se le critica, se le califica peyorativamente, se le denigra y calumnia"

El motivo puede ser muy variado: desde una nueva encíclica a un cambio en la jerarquía. No siempre se ataca al Papa de forma frontal; a veces se le crítica por medio de “figuras interpuestas”. "Se ha utilizado mi nombramiento -se lamentaba hace años Fernando Sebastián- para intentar desacreditar, una vez más, a la Iglesia: al nuncio Tagliaferri, al cardenal Suquía y al propio Juan Pablo II. Se ha querido urdir una campaña de descrédito". Con la descalificación del Directorio de Pastoral Familiar español –un documento tan valioso como desconocido para muchos de sus críticos- se repetió la historia.

A Mons. Sebastián le hacía gracia que aquellos medios que "hace meses me criticaban ferozmente, ahora me ensalcen, simple y llanamente para atacar a los de más arriba. Yo recuerdo las palabras de Unamuno: '¿contra quién me aplauden?'"

 

 

José Miguel Cejas

 

 


 

Ir a la Página de Inicio