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El "estado de error" informativo de muchos católicos sobre la Iglesia

A pesar del permanente aluvión de noticias sobre la Iglesia, un sector considerable de católicos se encuentra en un estado de error informativo. Muchos ignoran qué dice realmente el Pontífice en sus viajes, qué cuestiones afectan verdaderamente a la vida de la Iglesia y qué sucede, de hecho, en su seno. "Yo –se escucha con frecuencia - sólo sé lo que cuentan los periódicos... ¡Y lo que cuentan los periódicos sobre la Iglesia es tan distinto entre sí!”

Se da en amplios sectores de la población española un fenómeno generalizado de desinformación, empleando el término en la acepción de la Real Academia de la Lengua: "Dar información intencionalmente manipulada al servicio de ciertos fines" (Boletín de la RAE, enero-abril 1983).

 

Lo contrario de las mismas cosas

Julián Marías observaba como los periódicos dicen casi lo contrario de las mismas cosas y a pesar de eso, existe una gran mayoría de lectores que no consienten leer otro periódico que el suyo. Esto cobra acentos graves cuando se refiere a la información sobre la Iglesia Católica, ya que algunos medios intentan diseñar artificialmente la imagen de una sociedad profundamente secularizada, y están contribuyendo decisivamente a este propósito.

Afortunadamente – a pesar de la imagen distorsionada que proyectan sobre la realidad de la Iglesia- las tradiciones espirituales y culturales de numerosas naciones de raíz cristiana guardan, en medio de cierta disolución general de costumbres, la impronta de la inspiración católica; la cifra de los bautizados sigue alcanzando a la mayoría de la población (independientemente de su índice de práctica religiosa); y la actividad de algunas instituciones de la Iglesia mantiene su influencia en el entramado sociocultural, como la labor asistencial corporativa de las comunidades religiosas dedicadas al cuidado de los más necesitados: ancianos, enfermos o niños abandonados.

 

Un reto

¿Cuales son las causas de esa desinformación sobre la Iglesia? ¿El miedo a declararse católico? (Porque sigue siendo un reto para muchos católicos, y de forma singular para los intelectuales, políticos y artistas, declararse públicamente creyente) ¿Es la pasividad de los católicos a la hora de informar sobre la Iglesia? Para Giovanni Zurlo, una de las causas de esta falta de información puede radicar en que algunos informadores religiosos se limitan, en sus crónicas sobre la Iglesia, a utilizar las técnicas habituales del periodismo sin más.

Esta aplicación indiscriminada hace que busquen en el seno de la Iglesia fenómenos paralelos a los que generan noticias en la sociedad civil. Y no siempre es posible esa equiparación: lo que en el mundo civil puede ser relevante -por ejemplo, que un sacerdote cante admirablemente o se dedique a la espeleología- no tiene trascendencia alguna para la Iglesia: esas diversas categorías hacen que la actualidad interesante sea muy diversa en un ámbito y en otro.

"La religión –señala Zurlo- se refiere a Dios y a los hombres, pero el centro está en Dios y no en los hombres. Y la dimensión religiosa -espiritual y trascendente- del hombre no se agota en realidades visibles. Si se desconoce esa perspectiva, y la mayoría de los informadores religiosos no parecen tenerla presente, la noticia religiosa está incompleta en su aspecto más central y decisivo. Tratar los fenómenos religiosos como si fueran sólo fenómenos humanos es ya desenfocar la noticia. Y, sin embargo, algunas características de la información periodística, tienden no sólo a destacar esos fenómenos humanos, sino a considerarlos terminales y exhaustivos"

"El Papa nombra nuevos ministros de Interior y Exteriores de la Iglesia", titulaba hace años un periódico. Para apuntalar esta visión política de la realidad eclesial que ofrecía una semblanza laudatoria de un autodenominado "investigador del poder religioso" (un ex sacerdote que afirmaba "que el poder siempre corrompe y la Iglesia no ha sido una excepción"). Entre otros posibles ejemplos, transcribo esta carta difundida ampliamente por la red.

  
  

  El 21 de marzo, en portada, "El País" titula "EL VATICANO RECONOCE QUE CIENTOS DE MONJAS HAN SIDO VIOLADAS POR MISIONEROS". Me asombro de la noticia, después de tantos años en África no sé nada de ello, ¿seré tonto? Veo que el artículo en cuestión, que se encuentra en las páginas interiores del periódico, no menciona ningún caso de violación de una monja por un misionero. Empiezo a mosquearme. Veo que todo se basa en un artículo aparecido en el "National Catholic Reporter".  


Voy a ver qué dice este artículo y encuentro que habla de algunos abusos sobre religiosas cometidos por algún miembro del clero local (en ningún caso habla de centenares de violaciones), pero no menciona ni una sola vez a los misioneros, si no es para decir que colaboraron en la investigación sobre dichos abusos para que se tomasen las medidas necesarias, fuese reparado en alguna manera el daño cometido y se pusiesen los medios para que la cosa no se repitiera. 


Ante la evidente manipulación de la información cometida por el periódico y que enciende una serie de "desinformaciones" en otros medios que siguen la onda iniciada por "El País", la presidencia de la Unión de los Institutos Misioneros emite un comunicando protestando por este titular que trasmite un mensaje inexacto y malintencionado. 

Pocas horas después del comunicado, recibo una llamada de un redactor del periódico "El País". En mi calidad de vicepresidente de la Unión de los Institutos Misioneros pretende explicarme lo sucedido. Me dice que se trata de un error, que aquel título es fruto de esos "duendes de prensa"...


Le contesto que no es posible lo que me cuenta, ya que las portadas de los periódicos no se publican sin haber pasado bajo el control de un redactor jefe. Se da cuenta que, aunque misionero, algo sé del mundo del periodismo (no es mérito mío). Cambia de táctica. Me habla de nuestro mundo, del mercado de las informaciones que sólo quiere escándalos, que si el título de un artículo no es picante nadie lo lee, que el periodista tiene que vender, que si los jefes...

Aquí le contesto que yo no sabía que "El País" era un periódico de tripas y corazón, de prensa amarilla. Exijo una corrección. Me dice que claro, que algo harán, que lo hablará con su jefe, que ya verán... Hoy busco en el periódico "El País" una rectificación reconociendo, en algún modo, la falsedad del titular en cuestión. Encuentro sólo que "La Unión de Institutos Misioneros criticó ayer que en titulares periodísticos se acuse a misioneros de violaciones".

Pues, ¡vaya manera de rectificar! Añado una confidencia, cuando los periodistas de "El País" se desplazan a África para cubrir algún acontecimiento, suelen buscar cobijo en las casas de los misioneros. ¿Tendrán el valor estos periodistas de decir la verdad sobre lo que allí ven? ¿Sabrán reconocer la falsedad transmitida por su periódico? Si no lo hacen, ¿tendrán el coraje de volver a sentarse a nuestras mesas para compartir nuestras alubias? Te lo he contado por si te interesa. Si tienes una red de amigos por E-mail y quieres pasarles esta historia te lo agradeceré. ¡Si la prensa oficial no dice la verdad, digámosla por la red! 


Salvador Romano Vidal (Misionero Javeriano)

  
  

 

Esta visión puramente horizontal de la realidad de la Iglesia, al no tener en cuenta su naturaleza espiritual, cae, desde un punto de vista estrictamente informativo, en reduccionismos tan cómodos como distorsionadores: se acaba limitando la actividad de la Iglesia a la de la Jerarquía; la de la Jerarquía, con frecuencia, a la de sus figuras prominentes; y dentro de éstas, especialmente, a las que residen en Roma. Al final, cuando se habla de Iglesia, se está hablando en realidad de algunas personalidades de la Curia y en clave estrictamente política.

Se silencia la vida cotidiana del Pueblo de Dios, que constituye la más honda realidad de la Iglesia; y con frecuencia los titulares se centran casi exclusivamente unas noticias y declaraciones que pertenecen sólo a una parte de la Iglesia: el mundo clerical; y dentro de este mundo, con frecuencia también, a un sector no por importante menos minoritario: el de los teólogos. Y dentro de ese sector, a veces, únicamente a los de una determinada tendencia.

 

Los aterrizajes felices no salen en la prensa

¿Es imposible, entonces, aplicar las técnicas informativas habituales del periodismo a la información sobre la Iglesia? A mi juicio, la propia actividad externa de la Iglesia -que con frecuencia, es la más epidérmica- genera suficientes noticias genuinas, actuales e interesantes, susceptibles de un tratamiento periodístico adecuado. Pero exigen en el informador una calidad profesional definida y especializada, junto con un discernimiento entre el misterio de la Iglesia universal y la actuación concreta de un cristiano o de un eclesiástico determinado.

No es tarea fácil en un ambiente profesional en el que, como recuerda Derrick, el periodista va a la caza de novedades y conflictos. "En la medida en que algo subsiste inalterado y pacífico no le ofrece historia alguna de interés y lo pasa por alto". Un ejemplo entre muchos: los medios de información han dado noticia frecuente durante estas últimas décadas de las defecciones de algunos eclesiásticos. Sin embargo, sólo en contadas ocasiones se han hecho eco de una realidad incontestable: en medio de esta época azarosa, millares de sacerdotes han permanecido fieles a su fe. La fidelidad rara vez se convierte en noticia y una minoría problemática acapara los titulares.

Sucede algo similar en las compañías aéreas. "Si hiciéramos caso sólo de las informaciones periodísticas -afirma Derrick-, creeríamos que todos los vuelos acaban en catástrofe, ya que los pocos que terminan así obtienen una publicidad tremenda. Los aterrizajes felices no salen en prensa, a pesar de que constituyen la abrumadora mayoría"

 

José Miguel Cejas

 

 


 

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