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Los "modelos" de Iglesia

Hace algunos años el entonces cardenal Ratzinger afirmaba en su Informe sobre la Fe que el origen de buena parte de los equívocos o de los auténticos errores que amenazan tanto a la teología como a la opinión pública católica de nuestro tiempo se encuentra en esa pérdida imperceptible del sentido auténticamente católico de la realidad "Iglesia".

Muchos lo rechazan de manera expresa: "no creen ya que se trate de una realidad querida por el mismo Señor". Decía Ratzinger que para algunos teólogos la Iglesia no es más que “una mera construcción humana, un instrumento creado por nosotros y que, en consecuencia, podemos reorganizar libremente a tenor de las exigencias del momento".

Algunos escritores españoles, como José Luis Gutiérrez, han señalado esa pretensión de romper la estructura interna fundamental de la Iglesia que se observa en algunos sectores. “Quieren en suma una Iglesia nueva, democratizada, des-jerarquizada, desmedulada, invertebrada, que no es la de Cristo, sino la de ellos, nuevos gnósticos modernistas".

Los defensores de esta nueva concepción, de este nuevo "modelo" de la Iglesia caminan en dirección contraria a la afirmación del Vaticano II que recordaba que "la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso".

En ese mismo sentido, los Obispos españoles señalaron hace años los usos inadecuados de la expresión "modelos de Iglesia". Recordaban que el problema surge cuando algunos teólogos o eclesiásticos al hablar de 'modelos' de la Iglesia, absolutizan su visión parcial del misterio de la Iglesia: "se cae -recordaban los obispos- en la tentación de encerrarse en la propia posición justificativa por el 'modelo' de Iglesia que se ha escogido; cuando, amparándose en un determinado 'modelo' se rechazan elementos o aspectos del ser constitutivo de la Iglesia; o cuando se aplica sin más a la Iglesia un 'modelo' social o político sin tener en cuenta la naturaleza peculiar de la misma.


En estos casos, el paso de un ‘modelo’ eclesiológico a otro se lleva a cabo sin apoyarse en la voluntad de Jesucristo, Señor de la Iglesia, sino en motivos puramente externos a la realidad original de la misma, fundados en puntos de vista muy particulares del teólogo o pastor.

De este modo, no se garantizaría la vinculación de la comunidad eclesial con Jesucristo, su único Señor, y por tanto su identidad y continuidad a través de los tiempos".

 

José Miguel Cejas

 

 


 

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