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María y Fernando: ¡siempre juntos!


 

 


Los Picos de Europa

 

Fernando

Fernando Crespo Alfageme nació en León en 1907. Era el segundo de cinco hermanos, y tras cursar el bachillerato en el Colegio de los Agustinos, se fue a San Sebastián para estudiar la Carrera Comercial.

Con sólo dieciséis años, se trasladó, en octubre de 1923, hasta Suiza para estudiar en el Instituto Rhenania, de Neuhausen.

Desde allí, en junio de 1927 y sin contar con sus padres, decidió irse a Bolivia para hacer fortuna en la minería. Pero el clima le sentó mal, y como las cosas no fueron como pensaba en su imaginación juvenil, a los tres meses regresó, enfermo, a León.

Durante su recuperación comenzó a leer libros de vidas de santos y de personas que se habían entregado a Dios. Estas lecturas le llevaron a experimentar una conversión, y a partir de entonces llevaría una intensa vida cristiana.

Animoso y decidido por naturaleza, una vez repuesto de su enfermedad, comenzó a trabajar en el negocio de fabricación de harinas de su padre. También formó parte muy activa del Club montañero Peñalba, filial del Club Peñalara de Madrid, y desde 1931 a 1936 fue Vicepresidente del Club Peñalba, y uno de los pioneros de los Picos de Europa y del esquí en León.





María




María Lourdes de Miguel Crespo,
nació en 1913 en Sahagún, (León), el día de la Virgen de Lourdes.

Se cumplían cincuenta y cinco años después de las apariciones de la Virgen, y a los nueve meses de que sus padres pidiesen allí, junto a la Gruta, hijos para su matrimonio.

Fernando, que tenía entonces cinco años, asistió al bautizo de su prima María.

Esta es una fotografía de sus años de niñez.







 

Noviazgo

Entre Fernando y María siguieron las relaciones familiares normales, mientras ella asistía al colegio de las Hermanas de la Caridad.

Luego estudió, interna, en el Colegio de las monjas de Jesús María de Alicante.

Se hicieron novios en 1933, y a partir de aquel momento centraron su vida en la Eucaristía. Asistían a Misa diariamente, comulgaban, y visitaban al Señor todos los días en la Basílica de San Isidoro, donde estaba el Santísimo expuesto de forma permanente.

Y cuando se constituyó en la Diócesis la Acción Católica Juvenil se incorporaron con entusiasmo.




Boda en el Santuario de la Virgen del Camino

Poco después, el 21 de mayo de 1936, se casaron en el Santuario de la Virgen del Camino, acompañados por los representantes de Acción Católica, ya que los dos formaban parte de las juntas directivas.

En esta fotografía del dïa de su boda, se ve tras ellos, la querida bandera de la Acción Católica.

Durante el viaje de novios fueron a Roma para asistir a una audiencia con el Papa Pío XI y recibir su bendición; y en Lourdes, siguiendo la tradición familiar, pidieron a la Virgen por su matrimonio y por los hijos que Dios les concediese.

Regresaron de viaje de novios y un mes después estalló la guerra civil. En aquel ambiente trágico María se quedó embarazada y en enero de 1938 dio a luz a su primera hija, María Luísa. Como tantos españoles, Fernando tuvo que a incorporarse en el Ejército y le destinaron a la frontera con Francia, junto a Roncesvalles.

Al terminar la guerra, regresó a León, donde nació, un mes después, el segundo hijo, Fernando. Los siguientes nacieron entre 1941 y 1953: Juan José, Francisco Javier, Luís, Emilio y María del Rosario. Al bautizarlos, les pusieron a los siete el nombre de María, que expresaba su deseo de que estuvieran siempre bajo la protección de la Virgen.



La Acción Católica

El nuevo Obispo que llegó a León en 1938, D. Carmelo Ballester, revitalizó la Acción Católica y María y Fernando volvieron a tomar parte activa en sus apostolados.

Por designación de don Carmelo, en 1939 Fernando fue vocal de la Junta Diocesana, y a los dos años Presidente del Consejo Parroquial y del Consejo Diocesano de los hombres de Acción Católica. Se incorporaron también a las Conferencias de San Vicente de Paúl para socorrer a los pobres en los barrios extremos de la ciudad. Siguieron con esta actividad, de diversas formas, hasta el final de sus vidas.

Cuando falleció quisieron anotar este recuerdo en el Libro de Actas:

 

Sesión del 9 de enero de 1976

(De las Conferencias de San Vicente de Paúl de la parroquia de San Marcelo)

Se reunieron los socios que al margen se mencionan, bajo la presidencia de D. Pascasio Conde, dedicando un recuerdo para nuestro compañero fallecido D. Fernando Crespo.

Realmente hemos perdido un compañero de sentimientos muy nobles, los que D. Fernando poseía; comunión diaria, visita al Santísimo, también diaria, de presencia constante en las sesiones de las Conferencias de la parroquia. Asistencia constante a los hermanos necesitados, con su sencillez, su humildad. Todos estos detalles hacerlos presentes entre nosotros. Es de mucho beneficio, pues los considero muy estimulante para que nuestro ánimo no decaiga.

Hombre de características personales muy dignas de elogio. Profunda fe, una caridad que llevaba en su corazón y que hacía manifestación de ella, con su presencia constante en las sesiones de las Conferencias de la parroquia. Con el pensamiento en los hermanos, por eso seguro que su esperanza deseada la haya conseguido.

D. Pascasio Conde, D. Francisco Martínez, D. Mauricio García, D. Anselmo Martínez, D. Casimiro Robles

Fue el comienzo de la colaboración de Fernando en diversas instituciones públicas, como el Ayuntamiento de León, del que fue concejal, y la Asociación de los Fabricantes de Harina de la provincia, que presidió durante doce años.


¡Qué felices sois!

“¡Qué felices sois!” –decía el obispo de Cuenca, al ver a Fernando y María. Los conocía bien. Esa frase resume la quintaesencia de aquel matrimonio profundamente cristiano.

Era una felicidad nacida de la entrega, del sacrificio, y también de la aceptación serena del dolor, porque en la madrugada del día de Reyes de 1948, cuando Fernando sufrió una grave enfermedad -una hemorragia de estómago- todos vieron su causa en la muerte de su padre, ocurrida ocho días antes a causa de un cáncer, que le afectó profundamente.

Pero a pesar de las desgracias y problemas, que no faltan en ninguna familia, el ambiente que se respiraba en aquella casa era profundamente sereno, como testimonió el P. Ángel Tejerina, Provincial de los Jesuitas, que subrayaba que la “paz y alegría eran imperturbables”.



 

 

La Acción Católica

En 1950 el Obispo de León, D. Luis Almarcha nombró a Fernando Presidente Diocesano de Acción Católica.

Cuando tuvo noticias del nombramiento, Fernando le dijo al Obispo que se encontraba con la salud quebrantada por su enfermedad, y eso le iba a impedir, quizá, “actuar como la Acción Católica necesita y yo desearía”.

Pero su dedicación fue, además de generosa, muy abnegada por su estado de salud.

En 1952 María y Fernando asistieron al Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, y quedaron conmovidos por aquella manifestación de fe y amor a la Eucaristía.

La ordenación de 850 sacerdotes en el estadio de Montjuich avivó aún más la ilusión por la que rezaban y hacían rezar: que alguno de sus hijos llegase a ser sacerdote.


La Adoración Nocturna

Durante ese tiempo Fernando participó asiduamente en la Adoración Nocturna, llevando a cabo el propósito de su juventud: centrar su vida en la eucaristía.

Cuando parecía que María quedaba liberada de las tareas que lleva consigo criar a tantos hijos, comenzó a cuidar de sus padres ancianos. Primero a su madre, y luego a su padre, que falleció con 90 años. Los cuidó con gran cariño, alegría y naturalidad, sin desatender sus obligaciones familiares, y sin una queja o manifestación de cansancio.



Años cincuenta

En 1954, con ocasión del Año Mariano, el Obispo de León le pidió a Fernando que formase parte del grupo promotor que levantó un monumento a la Inmaculada en una de las más modernas y principales plazas de la ciudad.



Su respuesta a esta petición, a pesar de sus ocupaciones, fue positiva. También asintió cuando, cinco años después, el Obispo le nombró Vocal de la Junta Promotora de Radio Popular de León, de la Cadena COPE.

Cuando la emisora comenzó sus programas, D. Luis Almarcha quiso que formase parte de la Junta de Gobierno de esa Radio, donde contagió su entusiasmo a los que le rodeaban hasta su muerte.

Mientras tanto, sus hijos iban creciendo, y la educación cristiana que se habían esforzado en darles María y Fernando, daba sus frutos. Javier entró, durante la década de los sesenta en el noviciado de los PP. Jesuitas.




María con su hijo Javier



El Caballero Santo


A comienzos de los años 60 pidieron a Fernando y María que colaboraran haciendo gestiones para la fundación de un convento de las Carmelitas Descalzas de León.

Durante ese tiempo se sucedieron las dificultades familiares: tuvieron que afrontar diversas enfermedades -Fernando, María, Emilio- y sobrevino una fuerte crisis en el sector nacional de harinas que terminó al acabar la década con el cierre de la fábrica, que Fernando llevaba con sus hermanos.

Falleció en ese tiempo la madre de Fernando. Respondieron con tanta generosidad a la fundación del convento en medio de estas penas y dificultades, que las Carmelitas –que tuvieron un gran contacto con Fernando- comenzaron a llamarle “el Caballero Santo”.

“Le llamábamos y así lo era él, aunque con su gran humildad no quería ni oírlo”. “Nos aconsejaba en todo como un santo, siempre caritativo y comprensivo. Favorecía en todo nuestra vida contemplativa, y gozaba cuando entraban novicias, cuando nos veía felices”.

María, por su parte, siguió la fundación muy de cerca. Visitó las obras, hizo sugerencias, pero sobre todo, al igual que Fernando rezaba por aquella fundación.



“Por el mucho cariño que nos tenía –testimonian las carmelitas- , y la ternura con la que lo hacía, doña María fue siempre como una madre para nosotras”.

Siempre disfrutaron estas religiosas con las visitas de “Doña María, con aquella sonrisa que siempre reflejaba en su rostro y se veía toda su alma grande, de profunda fe, una auténtica cristiana coherente totalmente con sus creencias. Sencilla en grado sumo, amabilísima siempre, con infinidad de delicadezas”.

En 1972 María y Fernando tuvieron la grandísima alegría de que su hijo Javier recibiera la ordenación sacerdotal como Jesuita en junio de aquel año.


 



Dos años después se fue a las misiones de Honduras, y como decía el P. Ignacio Iglesias, Asistente al Padre General de los Jesuitas, estaba “valientemente instalado en lo más pobre de lo más pobre.

"Y admiro tanto más todo lo que estás haciendo porque deduzco que lo estás haciendo sólo y en plan de fundador, al menos por parte de la Compañía, en tierras donde ésta no había pisado hasta ahora”.

De Honduras pasó a ejercer su ministerio en El Salvador.







Un hijo misionero


Se cumplió así, la primera parte de una carta profética de 1950 del Obispo de Cuenca, que escribió a sus antiguos feligreses al nacer Emilio, el sexto de los hijos:

“¡Ojalá que de ahí salgan muchos sacerdotes, misioneros, lo que Dios quiera!”.





Dos días de Reyes

 

 

Pasaron los años y en 1965, Luís conoció el Opus Dei, cuando fue a estudiar a la Universidad de Navarra. Más tarde se entregó a Dios en este camino de santidad en medio del mundo.

Lo mismo le ocurrió a Emilio, que conoció esta realidad de la Iglesia al ir a estudiar la carrera a Bilbao y luego a Charo.

Años después del fallecimiento de María y Fernando, Luís -que era Doctor en Derecho- recibió la ordenación sacerdotal como sacerdote de la Prelatura del Opus Dei.

Tuvieron problemas económicos, pero nadie escuchó a Fernando y a María una queja por el cierre de la Fábrica de Harinas. “Dios me lo dio, Dios me lo quitó”, dijeron, como tantas veces habían repetido a sus hijos al ponerles el ejemplo de un hombre paciente, también por lo pobre en que quedó: el Santo Job (Job, 1, 21).

Fernando, al igual que María, siguió socorriendo a los pobres de las Conferencias de san Vicente de Paul todas las semanas y colaboraba con el Secretariado Gitano. María solicitó en 1974 la admisión al Opus Dei.

En otro día de Reyes, esta vez de 1976, Fernando sufrió un infarto, y al día siguiente, otro, que le causó la muerte.

Aquello produjo a María un dolor intenso y sereno, llevado con gran sentido sobrenatural. Al principio, aquella soledad le desconcertó: ¡llevaban tantos años juntos! Juntos rezaban en la iglesia, juntos paseaban, salían de compras o de viaje. Sus hijos no habían visto en ellos la más mínima diferencia, siempre con el deseo mutuo decomplacerse uno al otro.

 


El amor había ido creciendo entre ellos de día en día a través de los cuarenta años que vivieron juntos.

Tras su muerte, los medios de comunicación dijeron que Fernando había vivido “un humanismo trascendente”, que le llevó a “su interés por los hombres, por todos los hombres. Y como consecuencia de ese interés: su amor.

Ahí es donde radicaba la parte más abierta, más atractiva de su personalidad”.







Fernando... ¡ayúdame desde el Cielo!


Las Carmelitas quisieron que se le enterrase en su iglesia y solicitaron al Obispo, don Luís María de Larrea, la autorización correspondiente. Su cuerpo reposa allí desde 1979.

María pedía a Dios por la glorificación de Fernando, al que consideraba un hombre santo, y se sentía aún más unida a él, cuando escribía:

“Dentro de dos días empieza el mes de mayo. Mes de la Virgen. ¡Cuántos recuerdos agradables tiene para mi este mes! y precisamente por esto mismo ¡cuántos recuerdos tristes! por haberse muerto Fernando.

En este mes nuestro aniversario de boda, su santo, tres cumpleaños de tres hijos. Todo el mes hacíamos desde que nos casamos el mes de las flores a la Santísima Virgen y ¡cuántas romerías rezando las tres partes del rosario hacíamos juntos!


¡Fernando...! Ayúdame desde el cielo, a amar más a la Santísima Virgen y a mortificarme por Ella y por tu mediación concédeme todas las gracias que pido”.


“Estupendamente”

En diciembre de 1980 su hijo Javier llegó desde Honduras a Madrid para una operación de los ojos. Pasó varios meses de reposo acompañado por su madre, quien, durante esa estancia en Madrid, comenzó a sentir fuertes molestias en la espalda.


Como estaba atendiendo a su hijo misionero enfermo, no dio importancia a sus dolores y pensó que era consecuencia del mucho frío que había pasado, un mes y medio antes, en una procesión de León, cuando caminaba hacia el santuario de la Virgen del Camino, por el cincuentenario de su coronación canónica.

Dilató acudir al médico hasta que Javier regresase a Honduras, para no preocuparle. Cuando el médico que la reconoció vio que tenía un cáncer le dijo que debía ser intervenida quirúrgicamente lo antes posible, porque tenía metástasis por todo el cuerpo. Le daba no mucho más de un año de vida.


María reaccionó con gran sentido sobrenatural, y comenzó por pedir su curación a san Josemaría, y a infundir optimismo a su alrededor. No hablaba de sus dolores, y cuando le preguntaba cómo estaba, respondía: “Estupendamente”.

Las Carmelitas Descalzas se conmovían al verla, y le escribían a Javier:

 


“Su madre tan santa y sonriente como siempre.

Nos parece que le vamos encontrando cada vez peor de salud, aunque ella con su virtud de siempre, cuando le preguntamos como está, nos dice que está mejor, pero no nos parece así.

Dios de todos modos le va dando muchas fuerzas y resistencia”.



En julio de 1982 se agravó y Javier regresó de América. El día del Pilar todos los hijos se reunieron con ella. María advirtiendo el cariño y admiración silenciosa de sus hijos, les comentó: “Vosotros creéis que tenéis una madre santa, y no es así...”.



En Madrid, con Juan Pablo II

 

Desde que supo que Juan Pablo II iba a viajar a España, quiso ir a verle. El Papa llegaría a primeros de noviembre y como en octubre María se encontraba muy mal, y sufría mareos y desvanecimientos, sus hijos le desanimaban por el viaje y las aglomeraciones, y lo aceptó.

Pero el médico dijo que decidiese ella, ya que en sus circunstancias había el mismo riesgo al viajar o al quedarse en casa.

Así acudió a Madrid al acto de las familias, y desde un piso alto de la Castellana próximo al altar disfrutó gritando: ¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!


Viajó llena de fe en que el Papa podía curarla, pensando que si el Papa iba a recorrer numerosas ciudades: “yo qué menos puedo hacer que ir a donde sea a verle”.

El viaje supuso una mejoría en su salud durante unas semanas. En diciembre, aunque le costaba mucho escribir, redactó a mano una carta al Papa, para agradecerle su viaje a España y porque que acababa de erigir el Opus Dei en Prelatura Personal.

Su hijo Javier regresó a Honduras el 10 de febrero, y María, consciente de que su muerte estaba próxima se despidió de él sin pedirle que se quedase más tiempo, porque sabía le esperaban en las misiones. Quince días más tarde, entró en agonía y falleció el día 28 a las seis de la mañana.

Al avisar a la Carmelitas por teléfono, como estaban en tiempo de silencio, escribieron en la pizarra: “Doña María se fue al Cielo” y añadieron la hora.

Sus restos reposan junto a los de Fernando, por expreso deseo de las Carmelitas, en la iglesia del Carmelo de León.

 

 

Luís Crespo de Miguel


Estampa para la devoción privada





María y Fernando
ORACIÓN
para la devoción privada

Jesucristo, Señor Nuestro, Tú que quisiste nacer
y vivir en el seno de la Sagrada Familia
con la Virgen María y san José,
enséñame a entregarme en el Amor.
Haz que mi familia sea feliz
y que yo sepa educar cristianamente a mis hijos,
para que todos, unidos por el amor en la tierra,
alcancemos la felicidad del Cielo.
Concédeme el favor que te pido por la intercesión
de María y Fernando... (pídase). Así sea. Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII,
declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio
de la autoridad eclesiástica, y que esta oración no tiene
finalidad alguna de culto público. Con aprobación eclesiástica.


Se ruega a quienes obtengan gracias por la intercesión de María y Fernando que las comuniquen al Apartado Postal 334 - 24080 - León o a esta dirección de correo electrónico:


mariayfernandocrespo@gmail.com

También pueden dirigirse a esta dirección de correo electrónico
aquellas personas que deseen conocer más
sobre la vida de María y Fernando,
o relatar algún sucedido relativo a ellos.



Han dicho sobre María y Fernando...


Mons. Julián López, Obispo de León. Vigilia de la Inmaculada, 2005

Os invito a mirar a este matrimonio, que ha dejado una estela luminosa, que merece la pena conocer. Como Obispo yo no puedo decir más. La suya fue una vida compartida y entregada, verdaderamente ejemplar. Si Dios quiere, será presentado algún día como modelo para las familias leonesas.


Mons. Atilano Rodríguez, Obispo de Ciudad Rodrigo, Consiliario Nacional de Acción Católica, 3-V-2005.

"Verdaderamente son dos testimonios de la actuación permanente del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes y de su apertura espiritual a la gracia de Dios.

Debemos dar gracias a Dios por su disponibilidad y generosa colaboración a la misión evangelizadora de la Iglesia, asumiendo con gozo y prontitud las distintas responsabilidades que les fueron confiadas”.


22 de Marzo de 2007. Presentación de la biografía de María y Fernando en León

 

Palabras del Señor Obispo de León, Mons. Julián López

Es la tercera vez, desde que estoy en la diócesis, que tengo la oportunidad de participar y presidir la evocación de algunas figuras del siglo XX de nuestra Iglesia diocesana. Esta vez es un matrimonio.

Y la primera reflexión que me surge es: esta Iglesia diocesana –cuando he tenido la oportunidad de saludar al Santo Padre Benedicto XVI, y han sido tres veces, las tres, en cuanto le he mencionado León, me ha dicho: León, la hermosa Catedral– esta Iglesia, ya no es la Catedral sino la comunidad diocesana, durante el siglo XX muestra un paisaje que supera en cierto modo la belleza del paisaje natural, y tiene cumbres en la vida cristiana, similares, o por lo menos que no se quedan cortas, similares a las de los Picos de Europa.

Por esto me alegra estar esta noche aquí, y creo sencillamente que debemos cumplir lo que el Señor nos dice en el Evangelio, “alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en los Cielos”.

Que muchas personas puedan leer este libro y se sientan estimuladas a vivir su vida cristiana con naturalidad, tratando de ser felices, porque Dios quiere que seamos felices en este mundo, a pesar de las contrariedades y a pesar de los trabajos; o mejor dicho, gracias a las contrariedades y gracias a los trabajos.

Y un último recuerdo. Al venir para acá he pasado por delante de la Basílica de San Isidoro. A estas horas de la tardecer está iluminado muy bien iluminada destacando fundamentalmente la fachada principal, invitando a entrar. Una de las cosas que me ha llamado la atención y que he encontrado por otra parte muy natural de este matrimonio, es que a diario, lloviera, nevara o hiciera lo que hiciera los dos hacían la visita al Santísimo en a San Isidoro. (…) Sirva también como homenaje a este matrimonio.

Y ¡adelante!, y sea lo que el Señor quiera.


Palabras de doña Mercedes Rueda

Cuando me pidieron presentar este acto, me empleé a fondo en la lectura y descubrí la historia de un matrimonio cristiano que no tuve el gusto de conocer, y que a través de su vida, logró alcanzar la felicidad. Personalmente me he emocionado mucho, ellos llevaron una vida absoluta y totalmente ordinaria y como mi vida –madre de familia numerosa- discurre así también, resultan para mi un buen ejemplo, una generación después de la suya.

Porque su vida fue la de las personas corrientes: un hombre, una mujer, se enamoran, y se casan; a partir de aquí todo lo que nos podemos suponer: el trabajo, la casa, los hijos, las amistades… entre alegrías y sin ahorrarse sufrimientos propios de cualquier familia. Pero ellos, según los testimonios de tantas personas que les trataron, y que aquí probablemente se encuentren, fueron muy felices y finalizaron su vida con el placer que da la tarea bien cumplida.

Todos nosotros perseguimos la felicidad ¿dónde la encontraron ellos? Pues voy a desvelar el secreto del libro, con el permiso de los autores: encontraron la felicidad entregándose a todos los que les rodeaban por amor a Dios.

Parece sencillo ¿verdad? Pero en los tiempos que corren es habitual buscarla por otros caminos. En la carta pastoral que D. Julián nos escribió a comienzos de este curso, nos hablaba de que la familia cristiana está pasando hoy por una grave crisis; hay muchos factores que influyen tan negativamente.

Pienso que el individualismo y el egoísmo forman parte esencial en ese buscar la felicidad por caminos equivocados; en este sentido, para mí, conocer la vida de María y Fernando me ha resultado de gran ayuda. Es muy difícil para nosotros, los padres cristianos transmitir la fe a nuestros hijos, convencerles de que aquí en tener unos principios y ser fieles a ellos, es donde pueden encontrar la auténtica felicidad.

Volviendo a la vida de nuestros protagonistas me gustaría destacar algunos aspectos que espero que luego nos amplíen sus autores. Por ejemplo me llamó la atención que en sus años jóvenes poco antes de casarse y en un contexto social poco favorable, antes de la guerra, ellos se manifestaron como católicos auténticos, con una intensa vida espiritual y de piedad profunda.

También son reveladores los detalles sobre la educación y dedicación a sus hijos: qué contentos se ponían con la llegada de un nuevo hijo; disfrutaban con ellos de pequeños y les iban educando cristiana pero libremente. Los testimonios de sus propios hijos hablan por sí solos: nos los descubren como un matrimonio ideal y en varias ocasiones comentan que jamás les vieron discutir –y esto es difícil– y que fueron testigos de cómo el amor entre ellos fue creciendo díaa día.

Al mismo tiempo desarrollaron una amplia y fecunda labor apostólica, por ejemplo en Acción Católica y las Conferencias de San Vicente de Paúl, pero su labor no se limitaba a ayudas materiales, sino también entregando generosamente su propio tiempo, su cariño y viviendo con una gran coherencia cristiana.

Es especialmente bonita la historia de la fundación del Convento del Carmelo en León. Con este motivo trabajaron, cada uno en su medida, sin ahorrarse sacrificios en todas las gestiones que tuvieron que realizar.

Culminaron su vida como ellos habían vivido, sin llamar la atención, aceptando siempre y en todo la voluntad de Dios a través de la familia, el trabajo y las relaciones sociales.

Para mi ha supuesto un referente práctico puesto que hablamos de un matrimonio de hoy, no de la Edad Media con los mismos problemas que los míos.

En esta línea quiero destacar también su amor a la Eucaristía; era este un amor sincero que les hacía visitar diariamente la basílica de D. Isidoro, y transmitírselo a sus hijos. Me gusta mucho esto porque recientemente el Papa Benedicto XVI ha hablado sobre la intrínseca relación que existe entre la Eucaristía y el matrimonio. María y Fernando fueron un ejemplo de esta realidad, la Eucaristía para ellos fue la fuente les amor que siempre les unió y que les daba fuerzas para vivir con coherencia cristiana.

Después de su muerte son numerosos los testimonios que les recuerdan con tanto cariño. De María destacan su bondad, generosidad, amabilidad, sencillez, su eterna sonrisa. De Fernando su trabajo abnegado, entusiasmado, su corazón alegre, la fidelidada sus amigos y su profundo humanismo trascendente que le llevaba a estar siempre dispuesto a los demás.


Recuerdos de diversas personas

En Madrid conocí y traté a Herrera Oria y a Manuel Aparici, de la Acción Católica. A Fernando Crespo le conocí después de empezar a ser librero en León, en 1945. Fernando y yo éramos del Consejo de Hombres de Acción Católica de León. Fernando era Presidente y yo era Secretario y Administrador. Y los dos íbamos a visitar a los párrocos a sus casas para que se instituyese la rama de Hombres de Acción Católica, o creciese más donde ya estaba instituida; pues normalmente ya existía la rama de Acción Católica juvenil.

A veces nos encontrábamos con algún sacerdote que no veía interés en nuestra propuesta y procurábamos convencerle. Teníamos los retiros mensuales en el Seminario Mayor, o en una parroquia.

Lo fundamental es que aprendí muchas cosas de Fernando. Yo soy un reflejo de él. Era la sencillez personificada, la humildad vivida. El amor de Dios estaba hecho realidad en él.

Estaba lleno de Dios y no aparentaba nada. Llevaba una libreta o agenda en al que apuntaba sus pensamientos y sus vivencias intensas con Cristo. Alguna de esas anotaciones las recogía de los retiros de Acción Católica, pero otras eran de su cosecha, de sus vivencias con Cristo.

Solía leer esas anotaciones en silencio, con cierto sosiego; y yo le pedí en alguna ocasión que me leyese alguno de sus apuntes, y él me leyó algo. Fernando vivía con los suyos y sus amigos un gozo interior profundo.

Era muy sencillo y no aparentaba nada. Recuerdo cuando nos enseñó la pequeña capilla en su casa con gran gozo. Era un hombre lleno de Dios.

Me habló de su hermana religiosa, que era una santa, que tenía una vocación de santa. Su hermano Paco, que era tan generoso, se parecía mucho a Fernando. Y su esposa, María, estaba siempre sonriendo.

Jesús Pastor Pastor


En la prensa

DIARIO DE LEÓN, Jueves 3 de noviembre de 2005. León, vida social

Centenario de Fernando Crespo

Los familiares y amigos de Fernando Crespo Alfageme (1907-1976) han editado una breve semblanza de carácter popular sobre la vida de Fernando Crespo y de su esposa María de Miguel , padres de familia numerosa muy enraizada en la ciudad. Es la primera publicación que sale a la luz con motivo del centenario del nacimiento de este leonés insigne, que se celebrará dentro de poco más de un año. Fernando Crespo forma parte de la historia viva de León del siglo XX. Su actividad se desplegó en ámbitos muy diversos.

IGLESIA EN LEÓN, Suplemento del Boletín oficial del obispado de León, nº 229 -2ª Noviembre 2005.

“Luis ha querido rescatar de su memoria íntima, las entrañas de su hogar, y con esa intención ha querido escribir y lo ha hecho, la historia de sus padres: María y Fernando. Y la cuenta, con intención de mostrar la santidad de hombres y mujeres de nuestro tiempo, esos que desde la sencillez y cotidianeidad han dado testimonio de su fidelidad a Cristo.

María y Fernando comenzaron su noviazgo en 1933 y se casaron en 1936. Y en su viaje de novios, en Roma, recibieron la bendición del Santo Padre. Tuvieron siete hijos, dos de ellos sacerdotes. Pertenecieron activamente a la Acción Católica y a las Conferencias de San Vicente de Paúl y colaboraron activamente en la fundación del convento de Carmelitas Descalzas de León. Y mucho más, a lo largo de los años. María solicitó la admisión en el Opus Dei en 1974.

Vivieron 40 años juntos, hasta que Fernando falleció, en 1976. Dice su hijo Luis que María, su madre, siempre consideró a su padre santo. De hecho, los medios de comunicación al hacerse eco de su muerte dijeron de él que había vivido un ‘humanismo trascendente’. Ella después cayó enferma, víctima del cáncer.

Esta es una historia de amor, narrada por un testigo cercano, implicado. Es la historia de una vida compartida y entregada.”


Algunos comentarios recibidos a propósito de este artículo


  • ¡Quien pudiera imitarlos! (M. R. de C. Vigo).

  • A ellos encomendamos nuestra familia, para que nos bendiga el Señor. (M. M., de Granada)

  • El testimonio familiar... francamente me ha gustado y al mismo tiempo me ha emocionado porque ha sido el prototipo de familia que todos quisiéramos tener. (A. R. Astorga)

  • Me ha emocionado, sobre todo las ultimas hojas, aunque como ya leí la primera biografía me acordaba de cosas, como lo del Caballero Santo. (J. P. A., Camberra).

  • Acabo de leer la historia de sus padres, y he de decirle que me ha conmovido profundamente. Aún más cuando encuentro tanta similitud con mis padres. Le animo a seguir escribiendo más detalladamente sobre ambos. (G. S. Milán).

  • ¡Qué conmovedor, recordar así a unos padres! (F. León).

  • A mí me trataron siempre con gran cariño y aprecio, como a otro hijo más. Yo siempre estaba muy a gusto con tus padres, charlábamos mucho. Yo destacaría de ellos, especialmente de tu madre, su bondad y su inocencia santa. Estoy encomendándole un asunto que me preocupa. (M. G. Pamplona).

  • Son familias que dan ejemplo. (S. A. madre de familia, Bilbao).

  • ¡Fernando y María, qué buenas personas! Isaac y yo llegamos a vivir a León en 1940. Yo antes había oído hablar mucho de Fernando y María, incluso nos habían hecho un regalo de boda. Porque Fernando e Isaac eran muy buenos amigos y los dos eran montañeros, habían hecho muchas excursiones a Picos de Europa y por otros lugares de la montaña de León. Los dos eran miembros del Club montañero Peñalba. Toda la vida de Fernando y María fueron un matrimonio ejemplar." (J. A. de M. )

Artículo publicado con motivo de su aniversario de boda. 21 mayo 2006

El 21 de mayo se cumplió el aniversario de la boda de mis padres Fernando Crespo Alfageme (nacido hace casi cien años, su centenario se celebrará en junio del próximo año) y María de Miguel (1913-1983), que tuvo lugar hace setenta años en el santuario de la Virgen del Camino.

Con ocasión de esta celebración, Luis, uno de mis dos hermanos sacerdotes -el otro, sintiéndolo mucho, no pudo estar presente- celebró el domingo una misa en la iglesia del Carmelo de León, a la que asistieron familiares y amigos que les quieren y admiran, de León y venidos de otras ciudades de España.


Le escribo estas líneas como un deber filial de agradecimiento hacia su figura. Fueron un matrimonio feliz, del que nacieron siete hijos y nueve nietos. Mi padre nació en León y mi madre en Sahagún. Aquí vivieron y fallecieron.


En León, recuerdan a mis padres los que trabajaron con ellos en las Conferencias de San Vicente de Paúl, en las que visitaron, durante 40 años, semana tras semana, sin desfallecer, a numerosas familias pobres de los barrios extremos para ayudarlas material y espiritualmente.

Mi padre, además de ser presidente Diocesano de la Acción Católica de León durante un tiempo, participó asiduamente en la Adoración Nocturna; y trabajó junto a mi madre -en medio de los afanes que le exigía una familia numerosa como la nuestra- en la fundación del Convento de las Carmelitas Descalzas de León.

Las Carmelitas, que tanto le querían, y le siguen queriendo, le denominaron «el Caballero Santo» en recuerdo de aquel caballero que ayudó a Santa Teresa en la fundación de su primer Carmelo en Ávila; y a su muerte quisieron que mi padre fuese enterrado en la iglesia del Carmelo de León.

Allí, a su lado, reposa mi madre, que también intervino de forma generosa en su fundación.


Escribo estas líneas en representación de tantos amigos y leoneses que les quisieron y apreciaron por sus iniciativas de solidaridad y servicio a los demás, sabiendo conjugar -algo nada fácil- sus obligaciones familiares y profesionales con las apostólicas, caritativas y sociales.


Trabajó mi padre también en el ámbito de las comunicaciones sociales: fue promotor y miembro del Consejo hasta su muerte, de la Radio Popular de León de la cadena COPE, estuvo al frente de la asociación de los fabricantes de harinas de la provincia; y participó en la promoción del monumento de la Inmaculada, que se levantó en nuestra ciudad el año mariano de 1954.

Sus hijos recibimos un hondo legado espiritual y la alegría de una familia cristiana: dos de mis hermanos son sacerdotes, uno Jesuita, estuvo de misionero en Honduras y en El Salvador; y otro, del Opus Dei, al que perteneció mi madre desde 1974.

Al escribirle, señor director, pienso especialmente en los matrimonios jóvenes de nuestros días, que tienen que superar tantas y tantas dificultades para salir adelante: ojalá para ellos sus vidas constituyan una luz y un motivo de esperanza y aliento.


Rosario Crespo de Miguel (León).

 


 

María and Fernando. A married couple from León

 

How happy you are!

John Paul II in the post-synodal apostolic exhortation Ecclesia in Europa, recognizes as fruits of the evangelisation of the continent “the holiness of so many men and women in our time: not only those whom the Church has officially proclaimed saints, but all those who with simplicity and amid the circumstances of their daily lives testified to their fidelity to Christ. How can one not think of the countless sons and daughters of the Church who throughout Europe's history have lived lives of generous and authentic holiness in the hiddenness of their family and their professional and social lives?”

Those fruits also remind us that holiness is possible in the “most difficult moments of History” as well. Among those testimonies of holiness we found the married life of María and Fernando, a happy married and deeply Christian couple.

Fernando

Fernando Crespo was born in 1907 in León, one of the ancient capitals of the Kingdom of Castile and León, in Spain.He studied in Switzerland from the age of seventeen until he was twenty. From that country, and without the approval of his parents, he went to Bolivia, a South American country in the Andes, with the dream of getting rich in the mining industry. Soon afterwards, he returned ill to his birth town. During his convalescence, he experienced a deep inner conversion.

Since then he worked at the flour factory of his parents. He was a good sportsman, very fond of skiing and mountaineering. In fact, he was one of the pioneers of mountaineering in León, and from 1921 to 1936 he was vice president of the renowned mountaineering club, Peñalba, the first of León.

María

María de Miguel was an only child. She was born in 1913 in Sahagún, not far from León, on the Feast of Our Lady of Lourdes; precisely nine months after her parents went to the Grotto to pray to God to have children. Though she began datingFernando in 1933, they had always known each other. As a child, Fernando had attended the christening of his first cousin, María.

While dating, they attended Mass and received Holy Communion daily; they alsopaid visits to the Holy Sacrament every day at the XII century’s basilica of San Isidoro, were the Sacrament is permanently on exposition. With great gusto they became members of Catholic Action, and they got married the 21 May 1936

They went on honeymoon to Rome, to see the Pope and to receive His blessing, and also to Lourdes, to pray to the Virgin for their marriage and for the children that the Lord would give them. Two months later the Spanish Civil war broke and Fernando was conscripted. In January 1938, their first child, María Luisa, was born. When the war ended, Fernando was born. The other children were born between 1941 and 1953: Juan José, Francisco, Javier, Luis, Emilio y María del Rosario.

Catholic Action

María and Fernando went back again to the apostolic work of Catholic Action, which depend on the hierarchy of the Church. Later, they became members of the Conferences of Saint Vincent of Paul to help the poor of the slums. The then parish priest of Saint Marcelo, Inocencio Rodríguez, later on bishop of Cuenca, testified that María and Fernando were the ones “who cooperated more with me in all the apostolates, and the most distinguished ones by their good deeds”.

How happy you are!

“How happy you are!, would the bishop of Cuenca tell them. The bishop knew them well. This sentence abridges the very essential core of that family and of that deeply Christian married couple. It was a happiness born out of giving oneself, mutual sacrifice and serene acceptance of suffering. Fernando suffered a serious stomach haemorrhage on the dawn of the festivity of the Magi of 1948. Everybody recognised as the cause of the illness the death of his father, which had taken place eight days before and which affected him deeply.

But María and Fernando knew how to create a deeply serene family atmosphere, in spite of misfortunes and problems, that never failed to challenge families. As father Angel Tejerina, superior of the Jesuits in León testified: their “peace and happiness were undisturbed”.

In 1950 Fernando was appointed president of Catholic action in the dioceses of León. Soon after, María and Fernando attended the International Eucharistic Congress in Barcelona, and they were deeply moved by the ordination of 850 priests in the nearby mountain of Monjuich.They had been praying and asking prayers, that one of their sons, would become a priest. Fernando was also a regular attendant of the Nocturnal Adoration of the Blessed Sacrament.

In 1954, on the occasion of the Marian Year, Fernando was a member of the committee who promoted the monument to the Immaculate Conception in León. Some years later he was appointed member of the Board of Radio Popular of León, the radio of the dioceses, which belonged to the Cope, the radio of the Spanish episcopate. Until his death, he transmitted there his enthusiasm to everybody he dealt with. In the meantime, the children were growing, and the Christian education that María and Fernando had provided them began to bear its fruits.

The saint gentleman

At the beginning of the sixties María and Fernando were asked to help in the foundation of the Monastery of the Carmelites of León. Their response was so generous that the Carmelites began to call him ‘The saint gentleman”.

“We called him so and so he was, though he would not even want to hear it, so humble he was”. “He would favour in everything our contemplative lives”. María followed the foundation very closely and she prayed for it, as Fernando did. The Carmelite sisters said: “She always was like a mother for us, out of her great kindness and tenderness to us”.

The Carmelite nuns always enjoyed her visits. “Doña María had always a smiling countenance, and you could see l her great soul, full of faith, an authentic Christian, fully coherent with her beliefs. She was of the utmost simplicity, always extremely friendly, with countless details”.

The vocation of their children

María and Fernando enjoyed the enormous joy of the ordination of Javier as a Jesuit priest in June 1972 and of seeing him leave for the missions in Honduras, Central America. Thus was fulfilled the first part of a prophetic letter that the bishop of Cuenca wrote to his former parishioners: “May it be God’s will that many priests, missionaries or whatever He pleases would come [from your family] “.

Years went by and in 1965 Luis met Opus Dei when he went to study at the University of Navarre. Later on he gave himself to God in this path of holiness in the midst of the world. That was also the case of Emilio, when he went to Bilbao to read his degree, and later on, the case of Charo (as María del Rosario was affectionally called). Some years after his parents passed away Luis was ordained as a priest of the Prelature Opus Dei.

For twelve years Fernando was the president of the Association of Flour Factories of the province of León. During that period a crisis in the whole Spanish Flour production arose and, eventually, the flour factory that he ran with his brothers had to close down. Nobody ever heard from him or from María a single complaint because of that. “God gave it to me, God took it from me”, they said, as they had already said to their children so many times, telling them about the example of the saint Job.

Ever more united

Meanwhile, María met Opus Dei and she asked for admission in 1974. On another feast of the Magi, as in case of his haemorrhage, Fernando suffered a heart attack, and the next day another one, which killed him. María suffered an intense and serene pain, which she endured with great supernatural vision.

At first, she was puzzled; they had been so many years together! Together they prayed in church, together they strolled down town, together they went shopping, and together they travelled around. Their children had never seen among them the slightest quarrel, but they had always seen them obliging to each other. Their mutual love had grown during the forty years they had spent together.

On his passing, the media said that Fernando had lived a “supernatural humanism”, which lead him to be “interested in men and women, in every person, and, as a consequence of that interest, to love” each and every person. Because of a specific request of the Carmelite nuns, his body rests in the church of the Carmel of León.

María, who always considered her husband to be a saint, wrote; “In two days begins the month of May. The month of the Virgin Mary. How many pleasant memories this month has for me! Precisely because of this, how many sad ones, because Fernando has passed away!That month is our wedding anniversary, his patron saint, the birthday of three of our children. Since we got married we celebrated the month of the flowers to the Holy Virgin, how many “romerías” (pilgrimage to a local shrine) did we make together praying the three parts of the Rosary! Fernando! Help me from Heaven to love the Blessed Virgin Mary more and to mortify myself because of Her! For your intercession, grant me all the graces that I ask you!

Terrific!

In December 1980, her son Javier came back from Honduras to Madrid to undergo eye surgery. He had to rest for several months, and he was accompanied by his mother, who began to suffer from some back pain. As she was assisting her ill missionary son, she did not give importance to the pain and thought it to be a consequence of cold weather. To spare Javier the worry she waited until he had gone before she visited the doctor. The doctor diagnosed a cancer which needed surgery as a matter of urgency because it was extended all over her body.

She reacted with great supernatural sense. She began by asking for her healing from the Founder of Opus Dei and by inspiring optimism all around her. When people would ask her how was she feeling, she would answer: “Terrific!”.

The discalced Carmelite nuns were moved seeing her, and they wrote to her son Javier: “Your mother is as holy and smiley as ever. We think her health is getting worse, but when we ask her how she is feeling, she, as virtuous as always, tells us that she is better; but we do not have that feeling”. When she got worse, Javier came back from America in October 1982. The day of the Virgin of El Pilar, the 12th October, all the children gathered around their mother. María, aware of the tender affection and silent admiration of her children, said to them; “You think that your mother is a saint, but that’s not so…”.

John Paul II

When she knew that John Paul II was coming to Spain, she wanted to see him. Her children advised her not to, because she felt dizzy and faint, but the doctor encouraged her to decide by herself, as the risks were the same either travelling or remaining at home. She attended in Madrid the gathering of the families and from a flat in Castellana street, close to the altar where the meeting was taking place, she enjoyed herself shouting: “John Paul II, everybody loves you!. She had travelled full of faith that the Pope would cure her. She said that if the Pope was going to so many cities, “the least I can do is to go anywhere to see him”.

Javier went back to Honduras early February 1983. His mother, aware that her death was close, bid him farewell without allowing him to remain any longer, because she knew that the missions needed his priestly ministry.

She died on the 28th February. When the Carmelite nuns got the news, as they were in a period of silence, they wrote on the blackboard; “Doña María has gone to Heaven” and they added the time. At the specific request of the Carmelite nuns, her mortal remains rest together with the ones of Fernando in the church of the Carmel of León.


Maria et Fernando

Jean-Paul II dans l´Exhortation Apostolique "L´Église en Europe" reconnait comme fruit de l´évangélisation du Continent "la sainteté de tant d´hommes et de femmes de notre temps. Non seulement de ceux qui l´ont été proclamés officiellement par l´Église, mais aussi de ceux qui, avec simplicité et dans la vie quotidienne, ont donné un témoignage de leur fidélité au Christ. Comment ne pas penser aux innombrables enfants de l´Église qui, au long de l´histoire du Continent Européen, ont vécu une sainteté généreuse et authentique de façon cachée dans la vie familiale, professionnelle et sociale?"

Ceux-là nous rappellent que la sainteté est possible aussi "dans les moments les plus difficiles de l´histoire". L´un de ces "témoignages" est la vie de María et Fernando, un couple heureux, profondément chrétien.

 

FERNANDO

Fernando Crespo Alfageme naquit à León en 1907 et fit ses études en Suisse de 17 á 20 ans. Ensuite, sans compter sur ses parents, il décida de partir pour la Bolivie afín de faire fortune dans l’exploitation des mines, mais bientôt il revint malade dans sa ville natale. Pendant sa convalescence il éprouva une profonde conversion intérieure.

Désormais il travailla dans l´usine de farine de son père. C´était un bon sportif, très amateur de ski et d´alpinisme, l´un des pionniers de ces sports à León. De 1931 à 1936 il fut Vice-président du Club Montañero Peñalba.

MARÍA

María de Miguel Crespo était fille unique. Elle naquit à Sahagún (León), le jour de la Vierge de Lourdes, neuf mois après que ses parents aient demandé dans la Grotte que Dieu leur donnât des enfants. Bien que ses fiançailles aient débuté en 1933, ils se connaissaient depuis toujours. Fernando avait assisté, petit, au baptême de sa cousine María.

Fiancés, ils allaient tous les jours à la Messe et communiaient; i1s rendaient visite au Seigneur quotidiennement à la Basilique de San Isidoro où le Saint Sacrement est exposé en permanence. Ils s´engagèrent avec enthousiasme dans l´Action Catholique Juvénile et se mariérent le 21 Mai 1936.

Ils partirent à Rome en voyage de noces pour y voir le Pape et recevoir sa bénédiction ainsi qu´à Lourdes pour prier la Vierge pour leur couple et les enfants que Dieu leur donnerait. Peu après éclata la Guerre Civile Espagnole et Fernando dut s´engager dans l´Armée. En Janvier 1938 naquit l´aînée María Luisa. A la fin de la guerre naquit Fernando. Les suivants -Juan José, Francisco Javier, Luis, Emilio et María del Rosario- naquirent entre 1941 et 1953.

 

L´ACTION CATHOLIQUE

María et Fernando reprirent leur rôle dans les Apostolats de l´Action Catholique qui dépendaient de la Hiérarchie de l´Église. Ils s´engagèrent ensuite dans les Conférences de Saint Vincent-de-Paul pour secourir les pauvres dans les quartiers périphériques. Le curé de San Marcelo de cette époque, Don Inocencio Rodriguez, futur évêque de Cuenca, affirma que María et Fernando était ceux qui "collaboraient davantage avec moi dans l´exercice de leur Apostolat et se distinguaient le plus par leurs bontés".

 

COMME VOUS ETES HEUREUX !

"Commevous êtes heureux!" leur disait l´évêque de Cuenca. Le prélat les connaissait bien. Cette phrase résume la quintessence de la famille de ce ménage profondément chrétien. C´était un bonheur né du don aux autres, du sacrifice mutuel et de l´acceptation sereine de la douleur. A l´aube du jour des Rois 1948, Fernando souffrit une grave hémorragie à l´estomac. Tous attribuèrent la cause de la maladie à la mort de son père, survenue huit jours au­paravant qui l´affecta beaucoup.

Mais malgré les malheurs et problèmes qui ne manquent dans aucune famille, ils surent créer une ambiance familiale très détendue, comme le témoigna le Père Angel Tejerina, Provincial des Jésuites qui soulignait que leur "paix et joie étaient imperturbables".

En 1950 Fernando fut nommé Président Diocésain d´Action Catholique. Peut après ils assistèrent au Congrès Eucharistique International de Barcelone, et furent impressionnés par l´ordination de 850 prêtres à Montjuich. En eux se réaviva une illusion pour laquelle ils priaient et faisaient prier: que l´un de leurs enfants arrivât au sacerdoce. Fernando participait aussi assidûment à l´Adoration Nocturne.

En 1954 à l´occasion de l´Année Mariale, Fernando forma partie du groupe promoteur qui érigea le monument de l´Immaculée Conception de León. Quelques années après il fut nommé membre de la "Junta de Gobierno" de Radio Popular de León, de la chaine Cope. Il arriva ainsi à transmettre son enthousiasme à ceux qui l´entouraient jusqu´à sa mort. Pendant ce temps, les enfants grandissaient et l´éducation chrétienne qu´ils s´étaient efforcés de leur donner portait ses fruits.

 

EL CABALLERO SANTO

Au début des années 60, on leur demanda de collaborer par leurs gestions à la fondation d´un couvent de Carmélites Déchaussées de León. Ils répondirent avec tant de générosité que les Carmélites commencérent à appeler Fernando le "Caballero Santo".

"Nous l´appelions ainsi et il l´était, bien que sa grande humilité ne le lui laissait pas entendre", "Il nous conseillait surtout comme un saint toujours charitable et compréhensif", "Il favorisait en tout notre vie comtemplative". María suivit la fondation de très près et, de même que Fernando, priait pour celle-ci. "Par la grande affection qu´elle avait pour nous -affirment les Camélites- et la tendresse avec laquelle elle le faisait, Doña María fut pour nous comme une mére".

Elles apprécièrent toujours les visites de "Doña María, avec ce sourire qui se reflétait sans cesse sur son visage et laissait transparaître toute sa grande âme, et sa foi profonde: une authentique chrétienne totalement en harmonie avec ses croyances. Extrêmement simple, d´une grande amabilité et délicatesse infinie".

 

LA VOCATION DE LEURS ENFANTS

María et Fernando eurent la très grande joie de voir leur fils Javier recevoir l´Ordination Sacerdotale comme Jésuite en juin 1972, et deux ans après, partir en mission au Honduras. Ainsi s´accomplit la première partie d´une lettre prophétique de 1950 de l´Evêque de Cuenca qui écrivit à ses anciens paroissiens: "Pourvu que de là naissent beaucoup de prêtre missionnaires, ce que Dieu voudra!"

Les années passèrent et en 1965 Luis entra en contact avec l´Opus Dei quand il alla faire ses études à l´Université de Navarre. Plus tard, il se donna à Dieu sur ce chemin de sainteté au milieu du monde. Emilio de même, en allant faire sa carrière à Bilbao et ensuite Charo (Rosario). Des années après le décés de ses parents, Luis reçut l´Ordination Sacerdotale comme prêtre de la Prélature de l´Opus Dei.

Pendant douze ans Fernando présida l´Association des Fabricants de Farine de la province de León. Il y eut alors une crise dans le secteur national de la farine qui obligea à fermer l´usine qu´il dirigeait avec ses frères. Personne ne l´entendit -ni lui ni María- se plaindre de la fermeture de cette entreprise. "Dieu me l´a donnée, Dieu me l´a enlevée" dirent-ils comme si souvent ils avaient répété à leurs enfants en leur donnant Saint Job en exemple.

 

ENCORE PLUS UNIS

A cette époque María avait connu l´Opus Dei et avait sollicité son admission en 1974. Un autre jour des Rois Mages, deux ans après, Fernando souffrit un infarctus et le lendemain un autre qui lui causa la mort. Ceci occasionna chez María une intense et sereine douleur qu´elle supporta avec un grand sens surnaturel.

Au début, déconcertée: ils étaient ensemble depuis si longtemps! Ensemble ils priaient á l´Église, ensemble ils se promenaient, allaient aux achats et en voyage. Leur enfants n'avaient jamais remarqué chez eux la moindre contrariété, toujours désirant se plaire mutuellement. L´amour avait grandi entre eux pendant les 40 ans qu´ils avaient vécu l´un avec l´autre.

Après sa mort, les moyens de communication déclarèrent que Fernando avait vécu "un dévouement transcendantal" qui l´amena à cet "intérêt pour les hommes, pour tous les hommes; et en conséquence son amour" pour chaque homme. Comme l´ont désiré expressément les Carmélites son corps est enterré dans l´église du Carmel.

María -qui avait toujours considéré son époux comme un saint homme- ­écrivait: "Dans deux jours commence le mois de Mai. Mois de la Vierge. Combien de souvenirs ce mois a-t-il pour moi! Et précisément pour cela même combien de souvenirs tristes! A cause de la mort de Fernando. Ce mois-ci auront lieu notre anniversaire de mariage, sa fête, les anniversaires de trois de nos enfants. Depuis notre mariage, pendant tout ce mois, nous faisions l´offrande des fleurs à la Très Sainte Vierge et combien de pélerinages nous faisions á deux, récitant trois chapelets! Fernando. . . ! Aide-moi du ciel à aimer davantage la Très Sainte Vierge et à me mortifier pour Elle, et par ton intercession accorde-moi toutes les grâces que je demande."

"ADMIRABLEMENT"

En décembre 1980 son fils Javier rentra du Honduras á Madrid pour une intervention oculaire. Il passa plusieurs mois de repos en compagnie de sa mère qui commença à ressentir des douleurs dans le dos. Comme elle s´occupait de son fils missionnaire malade elle ne donna aucune importance à cells‑ci pensant que c´était une conséquence du froid. Elle remit sa visite chez le médecin pour après le départ de Javier au Honduras, pour ne pas l´inquiéter. Quand le médecin l´examina il diagnostica un cancer qui l´obligeait à être opérée le plus tôt possible car il y avait des métastases dans tout le corps.

Elle réagit avec un grand sens surnaturel, commença à demander sa guérison au Fondateur de l´Opus Dei et répandit de l´optimisme autour d´elle. Quand on lui demandait comment elle allait, elle répondait habituellement: "Admirablement".

Les Carmélites déchaussées s´émouvaient en la voyant et écrivaient à son fils Javier: "Votre mère si sainte et souriante comme toujours. Nous avons l´impression de la trouver de plus en plus mal au point de vue santé, bien qu´elle même, avec sa vertu habituelle, chaque fois que nous lui demandons comment elle se sent, nous dit qu´elle est mieux mais ce n´est pas notre opinion". Quand elle empira, Javier revint d´Amérique en octubre 1982. Le jour de la fête du Pilar, tous les enfants se réunirent autour de leur mère. María, remarquant l´affection et admiration silencieuse de ses enfants leur commenta: "Vous croyiez avoir une mère sainte et cela n´est pas vrai..."

 

JEAN PAUL II

Quand elle apprit que Jean Paul II allait voyager en Espagne, elle voulut aller le voir. Comme elle avait des étourdissement et pertes de connaissance ses enfants le lui déconseillèrent. Mais le médecin lui conseilla de décider elleméme, car elle courait le même risque en voyageant qu´en restant chez elle. Elle assista á Madrid à la cérémonie des familles et d´un appartement de l´Avenue Castellana très proche de l´autel elle éprouva le plaisir de crier: "Jean Paul II nous t´aimons tous!" Elle avait voyagé remplie de foi, pensant qu´il pourrait la guérir. Elle disait que si le Pape allait parcourir de nombreuses villes, "moi que puis-je faire d´autre qu´aller le voir où qu´il soit".

Javier repartit au Honduras début Février et sa mère consciente de la proximité de sa mort lui dit au revoir sans lui demander de rester davantage car elle savait que les missions avaient besoin de son ministère sacerdotal.

Elle mourut le 28 Février. Quand les Carmélites l´apprirent, comme elles étaient en période de silence, elles écrivirent sur le tableau: "Doña María est partie au Ciel" et y ajoutèrent l´heure. Sur la demande des Carmélites, sa dépouille repose à côté de celle de Fernando dans l´Église du Carmel de León.

 

Luis Crespo de Miguel

(Traduction: Chantal Crespo et Almudena Jardón)

 

Luis Crespo de Miguel

mariayfernandocrespo@gmail.com

 

 

 

 

 

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