---Irena Sendler. Historia de una enfermera católica

.Inicio


 




El pasado 12 de mayo falleció Irena Sendler, una de las grandes mujeres de nuestro tiempo, que salvó a 2.500 niños del Gueto de Varsovia.

Fue educada en un hogar católico y contaba que: "La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad".


Su vida en imágenes


Quién fue

En 1939, durante la invasión nazi, Irena era era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de la capital polaca, que se ocupaba de los comedores comunitarios de la ciudad, donde trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas.

Cuando se creó el gueto de Varsovia se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota. "Conseguí –contaba- para mí y mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus toleraban que los polacos controláramos el recinto."

Irena caminaba por las calles del Gueto, con un brazalete con la estrella de David y se puso en contacto con familias a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del Gueto. Pero no les podía dar garantías de éxito. “Lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él.

Muchas madres y abuelas eran reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para ellos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte”.

A lo largo de año y medio, hasta la evacuación del Gueto en el verano del 42, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos y subterfugios, escondiéndolos en sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes, y llevándolos a conventos y familias católicas, que se ocupaban de ellos.

Como deseaba que esos niños un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres y su identidad ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.

En 1943 fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en vos confío”, que conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II.

Soportó la tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para un "interrogatorio adicional". Al salir, le gritó en polaco "¡Corra!". Al día siguiente halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Los miembros del Consejo de Ayuda habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes, y continuó trabajando con una identidad falsa.

Durante el levantamiento de Varsovia colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse de que llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, los desenterró y le entregó las notas al primer presidente del comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en campos de concentración.

En 1965 la organización judía Yas Vashem de Jerusalem le otorgó el título de Justa entre las Naciones y en el año 2007 el gobierno de la presentó como candidata para el Premio Nobel para la Paz; pero el galardón fue concedido a Al Gore…

Angeles Caso ha escrito sobre ella un artículo inolvidable

 


La mujer mas bella


Irena Sendler acaba de fallecer a los 97 años. Probablemente ese nombre no les diga gran cosa, porque su vida transcurrió casi hasta el final silenciosa y oculta. Ella fue, sin embargo, uno de los seres más luminososque alumbró el s. XX. Irena nació cerca de Varsovia en 1910, hija de un médico que le transmitió un principio crucial en su vida: "Aunque no sepas nadar, si ves a alguien ahogándose, lánzate a salvarlo".

En 1939, en el momento en que Polonia fue conquistada por la Alemania nazi, trabajaba como enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia. Cuando en 1942 todos los judíos de la ciudad y el entorno (450.000 personas) fueron encerrados en el gueto, antes de ser enviados a los campos de exterminio, los nazis encargaron a los médicos y enfermeras polacos que vigilasen el lugar para evitar que se propagase alguna epidemia grave.

Irena comprendió en seguida que aquellas personas estaban condenadas a la muerte y, llena de compasión y valentía, decidi-o salvar a todos los niños que pudiera. Fue difícil convencer a las famílias que debían separarse de sus hijos, pero lo logró en 2.500 casos: 2.500 criaturas que fueron sacadas del gueto por ella con todos los medios a su alcance. A algunos los declaró enfermos de tifus y s elos llevó con el permiso de los nazis para evitar un supuesto contagio. A otros muchos los escondió como pudo, con la complicidad de buenas gentes: en sacos de patatas o de basura, cajas de herramientas y hasta ataúdes.

Consiguió documentación falsa para todos ellos y fue instalándolos entre diversas familias que se prestaron a colaborar en aquella maravillosa y arriesgada operación de salvamento. A la vez, organizó un archivo en el que figuraban los nombres verdaderos de sus niños junto con los falsos, además de sus nuevas direcciones y lo guardó en botes de conserva en el jardín del vecino.

En octubre de 1943, Irena Sendler, tal vez traicionada por alguien, fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak. Allí fue sometida a terribles torturas, durante las cuales le rompieron las piernas y los pies. Sin embargo, no desveló el escondite de uno solo de los críos. Condenada a muerte, se salvó porque el soldado que debía ejecutarla fue sobornado por miembros de la resistencia y la dejó escapar. Al final de la guerra, tras realizar un esfuerzo ingente, logró devolver a todos los niños con los familiares o los seres cercanos que habían sobrevivido al holocausto.

Irena pasó la mayor parte del resto de su vida en silla de ruedas a consecuencia de las heridas causadas de la tortura. Vivió callada, sin jactarse de lo que había hecho, rechazada además por el régimen camunista, del que ella, como buena católica, era enemiga. Hasta que su nombre y su rostro aparecieron en un periódico y fue reconocida por algunos de aquellos pequeños a los que había salvado, ya adultos. Vivió sus últimos años en un asilo en Varsovia, rodeada de ramos de flores que le enviaban sus protegidos y sus descendientes y recibiendo a menudo sus visitas.

He podido contenplar fotos de ella poco antes de morir, con su pelo blanco, su maravillora sonrisa y sus ojos alegres: es, se lo aseguro, la mujer mas bella que he visto jamás. El rostro mismo de la bondad.