28 de junio de 2005. Apertura de la Causa de Beatificación de Juan Pablo II
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La causa de beatificación de Juan Pablo II se abre a menos de tres meses de su fallecimiento

 

Crónica de Juan Vicente Boo, publicada en ABC, 25-VI-2005


ROMA. «Vox populi, vox Dei». La proclamación popular de la santidad de Juan Pablo II durante los días de capilla ardiente y funerales ha sido escuchada por Benedicto XVI. La causa de beatificación de Juan Pablo «el Grande» se abrirá oficialmente el próximo martes, a menos de tres meses de su fallecimiento el pasado 2 de abril, sin esperar los cinco años previstos por las normas de la Iglesia. Es el ritmo ágil del «atleta de Dios».

En realidad, es también el paso rápido de Joseph Ratzinger, que como Decano del colegio de cardenales recibió durante los días del «precónclave» una carta en la que buena parte de los purpurados pedían la apertura de la causa de beatificación y se declaraban testigos visuales de la santidad de Juan Pablo II. Para no coartar la libertad del próximo Papa, Ratzinger decidió no hacer ninguna declaración pública y asumió el encargo de entregar el documento al Sucesor inmediatamente después del Cónclave.

El 19 de abril resultaba elegido él mismo y el 28, en su noveno día como Papa, recibía al cardenal vicario para la diócesis de Roma, Camillo Ruini, y le comunicaba la dispensa del plazo de cinco años de espera. El 13 de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima, Benedicto XVI daba personalmente la noticia a los sacerdotes de Roma durante su primer encuentro en la basílica de San Juan de Letrán, su catedral como obispo de la Urbe. El aplauso fue emocionado y atronador.

En San Juan de Letrán

El próximo 28 de junio, víspera de la fiesta de San Pedro y San Pablo, tendrá lugar oficialmente la apertura de la causa de beatificación precisamente en San Juan de Letrán. Como se trata de la fase diocesana, el expediente es presentado por el postulador de la causa, monseñor Slawomir Oder, al presidente del Tribunal de la diócesis de Roma, monseñor Gianfranco Bella, quien fijará el calendario de sesiones y el orden de llamada a los testigos de la santidad de Karol Wojtyla o de los milagros obtenidos por su intercesión después del fallecimiento.

El problema es que con Juan Pablo «el Grande» todo es monumental: desde la montaña de escritos hasta los millones de personas que quieren testimoniar su santidad. El Vicariato de Roma ha recibido un diluvio de cartas, y lo mismo sucede en el Vaticano, que traslada toda esa correspondencia a la diócesis de Roma. Para facilitar que cualquier persona pueda enviar datos e informaciones, el postulador de la causa ha abierto una dirección pública de correo electrónico:

Postulazione.GiovanniPaoloII@VicariatusUrbis.org.


El trabajo del postulador de la causa ha comenzado por el análisis de los escritos, divididos en 635 secciones, a partir de un texto del año 1949 titulado «El Apóstol», sobre la vida de Jan Tyranowski, el modesto sastre de Cracovia que le enseñó a hacer oración mental y le dio a conocer los místicos castellanos como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Si bien el número de escritos de Karol Wojtyla es elevadísimo, el postulador cuenta con una ventaja: están ya recogidos y publicados casi todos.

No será fácil hacer una selección de testigos de su vida, pero es de esperar que el Tribunal convoque sólo a los más importantes pues, de otro modo, el proceso no terminaría nunca. Pueden declarar también las personas que, por algún motivo, se opongan a la declaración de santidad, y sus testimonios se incorporan al sumario sobre el que decide, en una primera fase, el Tribunal de la diócesis de Roma.

Certificar un milagro


Si, como es previsible, su conclusión es positiva, el expediente se traslada a la Congregación para las Causas de los Santos, que estudia de nuevo todo el material y analiza, con ayuda de médicos y de expertos, los favores extraordinarios que puedan haber sido milagros. En cuanto se certifique uno, Benedicto XVI puede disponer la beatificación.

En los últimos ochocientos años, tan sólo dos Papas han sido canonizados: San Pío V, del siglo XVI, y San Pío X, de comienzos del siglo XX. En septiembre del año 2000, Juan Pablo II beatificó a Juan XXIII y trasladó sus reliquias a una capilla del crucero de la basílica de San Pedro, dejando libre en las Grutas Vaticanas la tumba en la que hoy yace y que cada día acuden a visitar unas veinte mil personas. Si el clamor de «!Santo súbito!» durante los funerales fue la proclamación de santidad, la riada de peregrinos a la tumba es la confirmación del culto.