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· Balance de Juan Pablo II de su visita a España
 
· Diario vaticano: El Papa en España, "una explosión de corazones"
 

· Uno de los colaboradores del Papa hace un balance de la visita a España. El padre Lombardi, director de programación de "Radio Vaticano"

 
· Ese vendaval de amor llamado Wojtyla
 
· "Me sentí abrazado, yo"
 
· "Vuelve": España se despide de Juan Pablo II
 
· ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES A MARÍA PRONUNCIADO POR JUAN PABLO II
 

Balance de Juan Pablo II de su visita a España
 
Queridos hermanos y hermanas:

1. Deseo detenerme hoy en el viaje apostólico que el sábado y el domingo pasado pude realizar en España y que tuvo por tema «Seréis mis testigos».

Doy gracias al Señor por haberme concedido visitar por quinta vez esa noble y amada nación, y renuevo la expresión de mi cordial reconocimiento al cardenal arzobispo de Madrid, a los pastores de toda la Iglesia de España, a Sus Majestades el Rey y la Reina, así como al jefe del gobierno y a las demás autoridades que me acogieron con tanta atención y afecto.

Desde mi llegada, tuve la oportunidad de expresar la estima del sucesor de Pedro por esa porción del Pueblo de Dios que --desde hace casi dos mil años-- peregrina en tierra ibérica y ha desempeñado un papel relevante en la evangelización de Europa y del mundo. Al mismo tiempo, manifesté mi aprecio por los progresos sociales del país, invitando a fundamentarlos siempre en esos valores auténticos y perennes que constituyen el patrimonio precioso de todo el continente europeo.

2. Dos fueron los momentos principales de esta peregrinación pastoral: el gran encuentro con los jóvenes, en la tarde del sábado, y la santa misa, con la canonización de cinco beatos, el domingo por la mañana.

En la Base Aérea de Cuatros Vientos, en Madrid, la vigilia de los jóvenes, que tuvo como telón de fondo la oración del Rosario, me dio la posibilidad de volver a presentar en síntesis el mensaje de la carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» y del Año del Rosario que estamos celebrando. Invité a los jóvenes a ser cada vez más hombres y mujeres de sólida vida interior, contemplando asiduamente, junto a María, a Cristo y sus misterios.

Precisamente ahí está el antídoto más eficaz contra los riesgos del consumismo, a los que está sometido el hombre de hoy. Ante las insinuaciones de los valores efímeros del mundo visible, que presenta un cierto tipo de comunicación mediática, es urgente contraponer los valores duraderos del espíritu, que sólo se pueden alcanzar recogiéndose en la propia interioridad a través de la contemplación y la oración.

Pude constatar con alegría, además, que los jóvenes en medio de sus coetáneos saben convertirse cada vez más en protagonistas de las nueva evangelización, dispuestos a entregar sus propias energías al servicio de Cristo y de su Reino. Encomendé a la Virgen a los jóvenes de Madrid y de toda España, que son el fruto y la esperanza de la Iglesia y de la sociedad de esa nación.

3. Al día siguiente tuvo lugar la solemne celebración eucarística en la céntrica Plaza de Colón. En presencia de la Familia Real, del episcopado y de las autoridades del país, ante una numerosa asamblea con representantes de todos los que componen la comunidad eclesial, tuve la alegría de proclamar santos a cinco hijos de España: Pedro Poveda Castroverde, sacerdote y mártir; José María Rubio y Peralta, sacerdote; y las religiosas Genoveva Torres Morales, Ángela de la Cruz y María Maravillas de Jesús.

Estos auténticos discípulos de Cristo y testigos de su resurrección son un ejemplo para los cristianos de todo el mundo: sacando de la oración la fuerza necesaria, supieron desempeñar las tareas encomendadas por Dios en la vida contemplativa, en el ministerio pastoral, en el campo educativo, en el apostolado de los ejercicios espirituales, en la caridad con los pobres. Que en ellos se inspiren particularmente los creyentes y las comunidades eclesiales de España para que también en nuestros días esa tierra bendecida por Dios siga produciendo frutos abundantes de perfección evangélica.

Por este motivo exhorté a los cristianos de España a permanecer fieles al Evangelio, a defender y promover la unidad de la familia, a custodiar y renovar continuamente la identidad católica que es orgullo de la nación. Gracias a los valores perennes de su tradición, ese noble país podrá ofrecer una propia contribución eficaz a la edificación de la nueva Europa.

4. Este quinto viaje apostólico en España me ha confirmado una profunda convicción: las antiguas naciones de Europa conservan un alma cristiana, que constituye una sola cosa con el «genio» y la historia de sus respectivos pueblos. El secularismo amenaza por desgracia los valores fundamentales, pero la Iglesia quiere trabajar para mantener continuamente despierta esta tradición espiritual y cultural. Apelándome a la grandeza del alma española, formada en sólidos principios humanos y cristianos, quise dirigir especialmente a los jóvenes las palabras de Cristo: «Seréis mis testigos». Repito hoy estas palabras, asegurando a la Iglesia y al pueblo de España, así como a todos los que estáis aquí presentes, mi oración, acompañada por una especial Bendición.


Diario vaticano: El Papa en España, "una explosión de corazones"
 

CIUDAD DEL VATICANO, 5 mayo 2003 - El diario de la Santa Sede, "L'Osservatore Romano", ha definido como una "explosión de corazones" el viaje apostólico de Juan Pablo II a España de este fin de semana.

"España ha manifestado su apego a Juan Pablo II con el calor de un entusiasmo conjunto, vibrante, incontenible", afirma el diario en su edición italiana de este martes.

"Ha rodeado al Papa con el cariño y la cordialidad de un pueblo de raíces cristianas antiguas y tenaces. Un pueblo que ante las insidias del secularismo y del materialismo, no ha perdido las ganas de mirar hacia lo Alto", sigue diciendo.

"No ha perdido la fidelidad de ese mensaje evangélico que a través de los siglos ha forjado su historia y ha modelado sus corazones", subraya. "Precisamente esos corazones estallaron literalmente de alegría y reconocimiento en presencia del Santo Padre".

"Los dos intensos días de la peregrinación apostólica número 99 quedarán ante los ojos del mundo como el testimonio vivo y desbordante del apego de España a Juan Pablo II", concluye.


Uno de los colaboradores del Papa hace un balance de la visita a España
El padre Lombardi, director de programación de "Radio Vaticano"
 

CIUDAD DEL VATICANO, 5 mayo 2003.- La gran sorpresa de la visita de Juan Pablo II a España ha sido la participación de la gente en los dos grandes encuentros (muy superior a la prevista) y el estímulo que ha impreso tanto en el Papa como en los católicos españoles, constata el director de programación de Radio Vaticano

El padre Federiclo Lombardi, quien ha seguido de cerca al Papa en su viaje internacional número 99, hace en esta entrevista un balance.

- ¿Cuál ha sido la opinión que e ha hecho de este quinto viaje del Papa a España?
- Padre Lombardi: Me parece que ha sido un viaje que se ha desarrollado perfectamente, como estaba previsto. Si bien, en estos momentos el Papa está limitado en sus movimientos, podemos decir sin embargo que, con su presencia espiritual y con su voz, ha dominado el terreno. Lo hemos podido ver en los diálogos con los jóvenes, en sus improvisaciones, en la fuerza de sus expresiones. De modo, que hemos llegado al viaje número 99 y superaremos el 100.

- Usted hablaba de jóvenes. ¿Qué imagen se le ha quedado grabada de ese encuentro?
- Padre Lombardi: Del encuentro con los jóvenes me impresionaron mucho los testimonios. Fueron sumamente eficaces y arrancaron los aplausos de los jóvenes. El tema del viaje era "Seréis mis testigos" y pudimos ver testigos no sólo en las figuras de los santos canonizados el domingo por la mañana, sino también en la manera en que los jóvenes supieron testimoniar su compromiso con Cristo. Eran personas con diferentes ocupaciones eclesiales --una joven religiosa, un seminarista, un laico, y se habían preparado también una pareja de esposos y una discapacitada--. Supieron demostrar realmente que el Espíritu del Señor sopla muy fuerte y que el testimonio está vivo.

- Una de las características de este viaje fueron los gritos de ánimo contagiantes, que le dedicaron los cientos de miles de peregrinos al pontífice. ¿Cariño latino por Juan Pablo II?
- Padre Lombardi: Ciertamente. Cuando hay jóvenes de habla española en la Plaza de San Pedro o en el mundo, se nota su presencia, por la manera en que transmiten entusiasmo, por los eslóganes que lanzan. A mí siempre me interesa mucho la creatividad de esos eslóganes. En esta ocasión, he aprendido dos nuevos, que nunca antes había escuchado. Uno es "Juan Pablo, torero, te quiere el mundo entero". Hay que tener en cuenta que en Madrid se celebraban en estos días las fiestas patronales con corridas. Dirigir a una personal el apelativo de "torero" es el cumplido más grande que se le pude hacer. Otro eslogan es "Juan Pablo II nos ha cambiado el mundo". Es un eslogan bello y lleno de esperanza. Me parece que los jóvenes siguen sintiendo la novedad que trae el Papa.

- En las canonizaciones, había un millón de personas. Los fieles españoles no quisieron perderse esta cita. Por lo que usted ha podido ver y escuchar, ¿cuál es la impresión que han tenido los obispos de esta participación y, más en general, de la presencia del Papa en su comunidad nacional?
- Padre Lombardi: Me parece que los obispos estaban muy satisfechos. El sábado, participé en la cena ofrecida por la Conferencia Episcopal, donde reinaba un clima muy alegre y sereno. La población española ha respondido verdaderamente con mucho cariño. Estaban representadas las diferentes partes del país, y se pudo percibir un clima sereno de comunidad. Diría, por tanto, que la Conferencia Episcopal ha quedado verdaderamente alentada y ha sido sostenida por la presencia del Papa para llevar adelante sus proyectos pastorales. Han sido alentados a promover también el clima de reconciliación, de serenidad en un país en el que no faltan momentos de tensión, en particular, como sabemos, ligados al terrorismo.

- ¿Qué atmósfera se respiró en los encuentros del Papa con los Reyes de España?
- Padre Lombardi: Los Reyes estuvieron muy presentes. Estaban en la llegada, en la Misa, estuvieron en la tarde del domingo, en un encuentro privado con el Papa, y estuvieron presentes en la despedida. Estuvieron, por tanto, muy cerca de esta fiesta de pueblo. Es interesante constatar cómo los responsables máximos de la nación participaron con el pueblo en este momento de alegría. Se notaba una gran sintonía entre los Reyes y el pueblo.

El encuentro privado fue un encuentro muy familiar. No sólo estaban los hijos, sino también los nietos de la Casa real, y sabemos que el Papa es muy espontáneo y cariñoso cuando hay niños. Fue un momento de gran alegría. Al final, quiso abrazar y besar al rey y a la reina. Creo que ha sido un gesto elocuente de la intimidad y de la familiaridad que se creó entre ellos.


Ese vendaval de amor llamado Wojtyla
 

¡Gracias, Santo Padre, gracias!

Juan Pablo II nunca defrauda, porque nunca decepciona el Amor sincero. Parece un pacifista dispuesto a ganar todas las guerras. España se ha quedado atónita ante ese hombre de Dios. Cualquier persona de buena voluntad se rinde ante el vendaval de Amor que transmite cada gesto de este polaco de acero.


El Papa ha podido palpar los frutos de aquel viaje suyo de hace 20 años. Sus enseñanzas y su entrega han creado esta nueva Iglesia en España: más joven, más vigorosa, más optimista, con una fuerza nuclear impensable en medio de la devastadora fuerza de secularización a la que tiene que hacer frente a diario.

"¿Qué tiene este anciano achacoso para despertar tanto entusiasmo entre los jóvenes?", nos preguntamos todos. La respuesta sencilla y breve la daba un joven entrevistado por Telemadrid mientras colocaba una valla en Cuatro Vientos: "¿Que por qué nos entusiasma el Papa? Porque nos dice la verdad, aunque nos cueste vivirla y lo dice sin intereses personales ni oportunismos de ningún tipo. Sólo él nos habla así".

España se ha rendido ante esa autenticidad granítica que emana de Wojtyla. Vino a hablar al corazón de cada uno: de cada creyente y de todas las personas de buena voluntad. Ha venido quizás también a despedirse (ojalá me equivocara). Y se ha marchado con pena, llevándose a España entera muy cerca de su corazón: porque, una vez más, los españoles tampoco le hemos defraudado.


"Me sentí abrazado, yo"
 

No sé cómo lo hace, pero te mira personalmente. Uno está allí, como todos, pensando que Juan Pablo II se ilusionará con todo aquel montón de jóvenes y no jóvenes que le aclaman, pero no espera que recibirá una atención personal.

El Papa pasa tras el parapeto de cristal blindado, sin posibilidad de dirigir una palabra, y uno no es más que un punto entre rostros, banderas y brazos alzados. Y, sin embargo, te sorprendes atravesado por unos ojos que se fijan en ti y no en la multitud; ante los que, si pudieras, no tendrías más remedio que cantar todo lo que sientes. Así solo mira una madre, o un amigo de los auténticos.

Y esto pasma doblemente, porque, a simple vista, es la mirada lo que más ha hundido la enfermedad y la vejez en Juan Pablo II. ¿Qué se hizo de aquellos ojos vivaces del montañero que se afeita con jabón, en una de sus fotos más célebres, o del joven cincuentón que nos instaba desde el balcón de San Pedro a no tener miedo?

Pues bien, quizá haya desaparecido la lozanía o el brillo, pero no la lucidez de quien cuando mira ve almas y no trenzas, camisetas estampadas o manos que baten aplausos. Uno de los de mi expedición destacó la frase "os abrazo a cada uno", con la que nos saludó en Cuatro Vientos. "Me sentí abrazado, yo", decía, riendo pero muy en serio. Y no hay duda de que nos habría abrazado si hubiera podido. En todo lo que dice pone el corazón, pero en su alocución del sábado pudo distinguirse con toda claridad lo que estaba preparado y lo que el corazón le dictó en aquel momento. Bien entendimos lo de la necesidad de la interioridad en el hombre moderno, pero igualmente podríamos haberlo leído. En cambio, nada sustituye a la palabra directa cuando nos confía: me ordené sacerdote a los veintiséis años; han pasado desde entonces cincuenta y seis; tengo ochenta y tres, y os digo que merece la pena entregar la vida a Jesucristo".

Fue como una confidencia susurrada, al oído de cada uno. No es una frase: vino realmente a vernos, en el sentido familiar de esta expresión.


"Vuelve": España se despide de Juan Pablo II
 

MADRID, 4 mayo 2003.- Al grito de "¡No te vayas, no te vayas!" y "Vuelve", más de 3.000 personas despidieron en la tarde de este domingo a Juan Pablo II en el aeropuerto de Madrid-Barajas.

La comitiva oficial de despedida estuvo presidida por Sus Majestades los Reyes de España, y el presidente del gobierno, José María Aznar. También acudió a despedir a Su Santidad la Conferencia Episcopal en Pleno.

Una banda militar tocó el himno nacional español y formaciones de los tres ejércitos escoltaron el pasillo recorrido por el Papa.

El público fue sin embargo el auténtico protagonista de este acto final del Viaje.

Desde las 3 de la tarde fueron llegando a Barajas autobuses con grupos de personas dispuestas a esperar más de tres horas al sol para dar el adiós a Juan Pablo II.

Pasados los controles de seguridad la gente se agolpó en torno a las vallas que bordeaban la alfombra roja que desde la sala Vip del aeropuerto de Barajas llegaba hasta el Airbus de Iberia "Cueva de Nerja".

Algunos aprovecharon el tiempo de espera improvisando cantos, mientras otros lo hicieron rezando el Rosario.

El público que acudió al aeropuerto estaba constituido preferentemente por familias, sobre todo muchos niños, emocionados ante la posibilidad de ver al Papa de cerca.

Un bebé de pocos meses fue el asistente que estuvo más cerca del Papa. Un guardia de seguridad lo cogió y condujo unos 10 metros hasta el Santo Padre. El Papa bendijo al bebé poco antes de subir al avión, y el guardia devolvió el niño a sus padres que esperaban detrás de la valla.

La gente despidió al Papa cantando la "Salve" en latín y agitando sus manos y banderas de España y la Santa Sede.


ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES A MARÍA PRONUNCIADO POR JUAN PABLO II
 

CIUDAD DEL VATICANO, 10 abril 2003
Acto de consagración de los jóvenes a María que pronunció Juan Pablo II al encontrarse con los chicos y chicas de la diócesis de Roma y de las diócesis cercanas en el marco de las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud.

«Ahí tienes a tu madre» (Juan 19, 27)
Fue Jesús, Virgen María
quien desde la cruz
nos quiso entregar a ti,
no para atenuar
sino para confirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.

Si en el discípulo Juan,
te fueron confiados todos los hijos de la Iglesia
con más motivo me agrada el confiarte a ti,
María, los jóvenes del mundo.

A ti, dulce Madre,
cuya protección siempre he experimentado,
en esta tarde los vuelvo a confiar de nuevo.

Bajo tu manto,
en tu protección,
ellos buscan refugio.

Tú, Madre de la divina gracia,
¡hazles resplandecer con la belleza de Cristo!

Los jóvenes de este siglo,
en la aurora del nuevo milenio,
viven todavía los tormentos derivados del pecado,
del odio, de la violencia,
del terrorismo y de la guerra.

Son también ellos los jóvenes
a los que la Iglesia mira con confianza consciente de que
con la ayuda de la gracia de Dios
lograrán creer y vivir
como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.

María,
ayúdales a responder a su vocación.

Guíales al conocimiento del auténtico amor
y bendice sus afectos.

Apóyales en el momento del sufrimiento.
Hazles mensajeros intrépidos
del saludo de Cristo
en el día de Pascua: ¡la paz esté con vosotros!

Con ellos, también yo me encomiendo
una vez más a ti
y con afecto confiado te repito:
«Totus tuus ego sum!»

¡Soy todo tuyo!
Y también, cada uno de ellos,
conmigo te grita:
«Totus tuus!
Totus tuus!»
Amén.