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Las Navidades de Paty y Raúl


 








Antonio Vázquez

Me encontré ayer con los Duarte en el Hipermercado. Se veía que Raúl había acudido directamente desde el trabajo, sin tiempo ni de quitarse la corbata. Iban más o menos por la mitad de la planta y llevaba él su carro con copete, mientras ella arrastraba todavía solo dos o tres cosas, porque faltaba comprar la mitad. Después de saludarles y hacerles un par de comentarios jocosos sobre la tarjeta de crédito, no pudieron menos que desahogarse. Fue Paty quien comenzó.

-Déjate de bromas, que cada año cuando se acerca la Navidad me echo a temblar. Parece mentira que con el buen recuerdo que siempre he tenido en estas fiestas se me haga ahora tan cuesta arriba. ¿Sabes que te digo?: ¡cuánto valoro a mi madre!

-Claro... siempre ocurre eso..., a toro pasado. Le contesté.

-Si, pero mi madre tenía otras ayudas de las que yo carezco. AhoraMaribel -se refería a su hija mayor- y su marido vienen con los dos niños a mesa puesta, y el resto de los que viven en casa van a su bola y aparecen cuando hemos empezado elaperitivo.

- Tal y como lo planteas se te convierte en una tortura. Pobrecita victima,... ¡qué mal lo pasas!...¡qué pena me das!... Si te pones así saco el frasco de las lágrimas. Comenté con sorna, porque les quiero tanto que me puedo permitir el lujo de tomarles el pelo.

-Me alegro mucho que se lo digas, Antonio, -terció Raúl, exultante de pensar que me ponía a su lado -porque yo le hago estos mismos razonamientos y ni me escucha.

Ella aún se enfureció más.

- Ya lo sé, vosotros para montar teorías, lo hacéis divinamente. Aquí os quería yo ver. Hay que montar platos que les gusten a todos...y alguno es tan rarito, que nada le complace. Poner las mesas, incluida la de los niños, porque de otra forma sus padres se enfadan porque dicen que les marginamos. Servir los aperitivos y que todo esté en su punto para que el consomé ni queme ni lo encuentren frío.¿Le pongo un termómetro? En fin ...que os voy a decir... Y para colmo, después de los carros como los llevamos, todavía habrá alguno que diga que soy una “rata” y no me gasto un duro.

A medida que discurría la conversación,Paty hablaba y hablaba... A la vez, yo le daba vueltas a la cabeza buscando la forma de decirle algo que le ayudara sin irme por los cerros de Úbeda. Por fin me arranqué:

-Algo tiene que fallar, Paty, si resulta quelas fiestas más alegres del año, las mirascomo una losa que se te viene encima.¡Algo no marcha!

- ¿Quieres que te lo diga yo? Que los demás son unos egoístas y les importa un comino.

-Te estás pasando un “pelín”. Ni eso es cierto, porque, en definitiva, les has educado tú, ni “pasan” tanto como te lo imaginas. ¿Les has ofrecido alguna posibilidad de participar?

-Eso digo yo –exultó de alegría Raúl

- Perdóname, le contesté sobre la marcha, es que tu eres un marmolillo. ¿A qué esperas para poner a la gente en pie de guerra?

Poco a poco, de una manera o de otra, les di leña a los dos. Les propuse que con mucha anticipación, en una comida de domingo en la que hay quórum total, con ánimo alegre y divertido, organizaran las reuniones familiares de la Navidad. Había que darles a todos la oportunidad de “mojar” y mostrar sus preferencias. Desde el horario para los que prefirieran ir a Misa de Gallo en Nochebuena, o los que iban a pasar la Nochevieja con una pandilla de amigos.

 

Flexibilidad y buen humor

Flexibilidad y buen humor. Qué les gustaría comer; quién iba a hacer los platos; quienes se adelantarían en la llegada para preparar la mesa; si dejaban todo encima hasta que terminar la fiesta o lo recogían nada mas acabar. En fin, sin rigideces pero con un mínimo de orden, gracia y habilidad. La tarea de motivación se la dejé a Raúl.

Terminado el discurso, me marché a comprar algunas cosas de papelería que fueron las que me llevaron a la tienda y les dejé que terminaran de llenar los carros. Les esperaba en la cafetería para ayudarles a cargar el coche.

Fue entonces cuando entorné los ojos para mirar la explosión de luz y de color que nos envolvía y la cara risueña de las gentes que se apretaban, con la mirada brillante de la ilusión. Música, dulces, regalos, juguetes, brillos de mil colores. ¡La que ha armado!

Del uno al otro lado de la tierra, millones y millones de cristianos, sin que muchas veces sean conscientes, celebran un Dios que les quiere con tal chifladura que se ha hecho Niño. ¡2000 años, y la que ha armado!

En estas estaba cuando ya me aparecieron los Duarte algo más sosegados.

-Este año nos coge con el pie cambiado, pero al año que viene lo montamos como tu dices.

- Largo me lo fiáis. Aprovechar la primera fiesta para prever las otras cuatro y ya vais cogiendo entrenamiento. Es lo que se llama la motivación lejana.

Se hizo una pausa mientras dejamos los carrillos y Paty más sosegada me dijo.

- En algo tienes razón. No hay derecho a que nos quejemos. Nosotros tenemos una familia que en el fondo son unas perlas. Deberíamosque dar brincos Unos amigos que el matrimonio está separado y los hijos pasan la mitad de la Navidad en cada casa en el fondo están hechos papilla .

- Mira, Paty, nadie me llama a juzgar a tus amigos ni a nadie. Hay muchas situaciones muy duras y mucha victima inocente, entre los niños y entre los grandes. Ante eso, no puedo tener más que un sentimiento de ternura y comprensiónPero así, en abstracto, en muchos casos,es una prueba más de egoísmo. No son capaces de olvidar sus peleas una noche –como en las viejas treguas de las guerras- para darles un poco de cariño a esas criaturas. Luego dirán que quieren mucho a sus hijos pero los hechos prueban que se quieren mucho más a ellos y su empecinamiento.

 

Cuando cogí el coche para volver, no oculto que llevaba el ánimo ensombrecido por la pena. No tuve otro consuelo que volverme hacia esa Familia, con mayúscula, que hace veinte siglos estaba en Nazaret, para que mire con compasión a todas las familias de la tierra.

 

Publicado en Hacer Familia


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