Inicio

 

Dos secretos para que dure


 








Antonio Vázquez

Hace pocos días, una persona que había venido a verme con todo el saco desamores a la espalda, terminó por decirme sin paliativos. Soy un iluso, pero he venido a verte para encontrar una píldora mágica que pudieras darme y resolviera todos mis problemas. Sin duda, era un modo retórico de hablar, pero tenía su fondo de realidad. Buscamos la solución a nuestros problemas con el automatismo con el que sacamos una caja de cigarrillos de la máquina, y desde luego sin el menor esfuerzo de cabeza, y menos de la voluntad.

En el número anterior anunciaba que en este curso me había propuesto aparcar lo “políticamente correcto” y decir lo que me pidiera el cuerpo. Hoy añado que muy tardíamente daré alguna receta. Pretendo que cada cual se la guise y se la coma a su gusto. No se habla tanto de autoayuda, pueseso nos lleva a ser autores, protagonistas.

Una o dos ideas centrales

Intentaré dejar en el aire una o dos ideas centrales para que cada matrimonio se corte el traje a su medida. Eso requiere, mirarse al espejo, tomarse las medidas, cortárselo y darle muchas puntadas… tampoco es para derrengarse, son tareas similares a las que realizamos en el trabajo profesional, con la gran ventaja de que allítrabajamos, por lo general, para un tercero, y aquí todos los beneficios son propios y además libres de impuestos.

Ahí va la primera andanada o primer secreto, como quiera llamarlo: Busca siempre el segundo lugar. Me imagino que no tengo que recordar que escribo igual para hombres que para mujeres.

Busca siempre el segundo lugar. No pretenda “llevarse siempre el gato al agua”; “ser el más ordenado y el que mejor piensa”; “el menos precipitado y más coherente”; no piense siquiera que es “el que lleva la carga de la casa y se ocupa de todo”; “ que es el que más y mejor sabe querer” “que es el soporte infalible de todo”.Deje de pensar, por favor, que es el número uno, y cédele el paso al otro, pensando seriamente que es mejor que tu en casi todo.

Es evidente que si cerráramos los ojos y nos imagináramos nuestro matrimonio en un escenario donde los dos asumieran ese papel, la vida sería una delicia.

Es que tú estas en Babia se me puede argumentar, porque eso que propones es imposible de lograrya que tu conoces a muchos matrimonios donde es cierto que uno es siempre el número uno y lo es objetivamente. Habría mucho que matizar pero he de añadir que en todos los que conozco hay valores de uno y otro en los que les pasa lo mismo que al arpa de Bécquer que está silenciosa y cubierta de polvo, porque nadie le ha dicho levántate y anda. Que cada uno pruebe a “no saberlo todo” “ano hacer siempre su santísima voluntad” y a pensar que hay muchos aspectos de la vida en los que el otro le puede “sacar dos cuerpos”.

Muy bonito, me podrá decir algún lector. Y ¿quien empieza? Tú. Si lo haces así te prometo una prima de íntima felicidad que estás lejos de intuir. ¿Y yo ahí en segundo plano, y el otro cónyuge “subido en el machito?... ¿Tan pobre idea tienes de él? Somos muy cicateros al medir los valores de los demás. No sabemos nunca las respuestas que nos pueden llegar. ¡A veces las más inesperadas!

 

Sé generoso

El segundo torpedo, para que cada uno lo dispare, en el tiempo, lugar y modo más oportuno a sus circunstancias se podría enunciar así: Se generoso en tus halagos. Insisto que estoy escribiendo para los dos cónyuges.

Es pavorosa la facilidad con la que asumimos el papel de acusación particular. Sin duda uno y otro hacemos cosas bien regular y mal. Quien me niegue este principio que se limpie las gafas o vaya al oculista. La idea es ir asumiendo, a base de repetirlo el ”reflejo condicionado” de que cada vez que vemos una cosa bien hecha “acusemos recibo”. Junto a ello, ya sería para nota, que las que sean menos agradables volvamos la cabeza para no verlas.

Hace algunos años, cuando empecé a trabajar en temas de educación, leí una investigación –como siempre americana- en la que se presentaba la siguiente experiencia. En un colegio se tomaron tres clases del mismo nivel, y en la primera se premiaba todo aquello que se hacía bien, en la segunda se castigaba lo que se hacía mal, y en la tercera ni se premiaba ni se castigaba.

El resultado muy evidente fue que en la clase que mejores resultados se obtuvieron fue en la que se premiaba, a continuación en aquella que se castigaba y por último en la que se les ignoraba, pues no había respuesta alguna. Lo he procurado tener muy presente. Necesitamos el refuerzo, el estímulo, el eco de nuestras acciones y cómo han sido percibidas por el otro. Eso es nadar a favor de corriente.

Como apostilla, sed me permitirá que aporte una experiencia de caracterología diferencial, que traduzco a ”roman paladino”. Los hombres somos menos observadores y más cicateros en los halagos que solo utilizamos cuando esperamos o demandamos algo. La mujer tiene más sensibilidad para captar la realidad, es capaz de dar sin esperar nada, pero la pone de los nervios que la tomen por tonta e ir siempre por delante. Como se ve, los dos tenemos mucho que aprender. Aprender a quererse, que como tantas veces he dicho es un difícil arte siempre inacabado.

Hacer familia noviembre 2005


 

Ir a la página de Inicio