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¿Amigos o cadenas?


 








Antonio Vázquez

Quisiera hoy presentar a mis amigos los Duarte. A ella le llaman desde pequeña Paty , porque Patricia suena a matrona romana y eso es muy antiguo. Él se siente feliz llamándose Raúl, pues le gusta que la R raspe y le encanta escuchar como la pronuncian lo sextranjeros. Ni que decir tiene que son apellidos y nombres ficticios, pero los personajes son de carne y hueso y las conversaciones que mantendré con ellos corresponden a episodios que hemos vivido juntos. Unas veces hemos discutido acaloradamente y otras hemos hablado con sosiego, pero en todos los casos hemos pasado muy buenos ratos.

¿Quiere el lector algún dato más? Él cumplió el año pasado los cuarenta, es licenciado en derecho y trabaja en una multinacional. La edad de Paty es un misterio aunque no me creo ni un año menos de los 37; es arquitecto y tiene ese sutil encanto que se llama “mucho estilo”. Su patrimonio son cuatro hijos y viven en la calle paralela a la mía. Pienso que son los cuatro datos necesarios para componer el escenario.

 

Ayer cuando entré en su casa me encontré a Raúl con gesto algo mohíno. Los hombres, de ordinario, somos bastante torpes en muchas cosas, pero radicalmente nulos en el arte del disimulo. Después de los saludos se rigor, les di algo de carretee inmediatamente entraron en el tema. Según fui averiguando, Paty había salido a la hora de comer con unas amigas, aprovechando ese momento libre antes de que llegaran los niños del colegio.

Hasta aquí nada que objetar. Habían pasado hora y media juntas y habían sido tan moderadas que se habían conformado con un escueto plato combinado, sin gota de pan para no engordar. Todo en su punto. Lo malo había sido la resaca, aunque solo tomaron una coca cola.

Parece que tan pronto llegó Raúl, se aflojó la corbata, se puso cómodo, y se sentó en el cuarto de estar hizo la pregunta de rigor: -¿qué, cómo ha ido el día? Ella, con aire cansino, le contó que había estado un rato con fulanita y perenganita, que se habían puesto al día sobre muchas cosas y después de algunos detalles con noticias de unos y de otros, que eran amigos comunes, disparó a puerta, ... -claro, como tú siempre andas cansado y no quieres nunca que salgamos, nos vamos a convertir en Robinsón Crusoe pero en pareja y sin isla.

Estos son los antecedentes que pude deducir; intentaré recoger ahora lo más fielmente posible las oleadas de la marea.

- Estoy harto de tus “amiguitas”. Siempre que vuelves de estar con ellas, traes el gesto torcido.

- Y a mi me caen gordos tus “amigotes” con los que te quedas a tomar una copa de vez en cuando y llegas a unas horas en que ya he bañado a los niños y ni les ves.

- De acuerdo pero yo no me meto con nadie.

- Ni yo tampoco, pero no me negarás que somos unos zulus. La gente sale, se divierte, hace viajes, aprovechan los fines de semana para hacer una escapada...algo. Tú y yo: sota caballo y rey.

- ¡Ves como te han calentado los cascos! Te deslumbran con sus fantasías, te cuentan lo que hacen y lo que no hacen con tal de ponerte los dientes largos. ¿te das cuenta como es verdad eso que te digo a veces, de que si no pudieran contar sus francachelas la gente no las haría? Esas amiguitas tuyas lo único que tienen en la cabeza son pajaritos.

- Déjate de historias. ¿Has planteado tú alguna propuesta alternativa? Porque yo me voy sola con ellas a comer porque tu no estás dispuesto a que salgamos juntos a cenar.

La conversación discurrió por estos o parecidos términos, potenciados por uno y por otro, con afinados argumentos, pero que añadían poco a lo dicho. Les dije –porque así lo pensaba- que los dos tenían razón y que tampoco llegaban a tenerla del todo. No tenía ganas de convertirme en elrepelente niño Vicente y me marché a casa dándole vueltas a las cosas. ¿Quieren que les cuente mis pensamientos?

Tener amigos es algo tan importante como el respirar. Contar con buenos amigos es haber dado con una mina de diamantes. Él y ella deben tenerlos y tratarlos. Hay veces en que se pasa muy buenos ratos coincidiendo las parejas, pero es muy importante que podamos vernos también a solas. Es posible que tengamos uno o dos amigos que son ese desahogadero: que a la vez suponen consuelo y estímulo, freno y espuela en nuestra vida. Es una relación con billete de ida y vuelta pues, a la vez, seremos para ellos acogida y apoyo.

Amigos hay que tenerlos siempre. ¿Dónde está el “quid”? Para mí la claveestá en darse cuenta de si esa amistades una cadena que nos esclaviza o una ayuda que nos libera.

Es como el buen vino: si después de estar en su compañía vemos las cosas con sentido más positivo, si nos sentimos más alegres y con más fuerza para acometer la vida, es que hemos tomado un caldo“reserva” de buena añada.

Si su compañía nos inquieta, si nos sentimos “enanos” ante sus brillantes éxitos, y nos encontramos incapacitados o no nos da la gana de“darnos la vida que ellos se dan”, lo mejor es detectarlo para estar en guardia. No se trata de “distanciarse” de nadie, basta acudir con el piloto de alarma encendido ante determinados temas en los que sabemos que desbarran.

¡Ah!, Paty y Raú lhan logrado algo. Ahora, al menos dos sábados al mes salen con sus amigos, y en el intermedio se las apañan para cenar juntos otro día. Ahora sus “amiguitas” tienen nombre y los “amigotes”... ya se sabe... son los del trabajo.

Conserven la imagen de los Duarte porque este año vamos a tener muchas conversaciones con ellos, ¿les parece?...¿de qué les gustaría que habláramos.

Colaboración Hacer Familia

Noviembre de 2003

Imagen; "Prisionero" de Joan Grona


 

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