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El matrimonio: vivir el uno para el otro


 








Antonio Vázquez

El matrimonio no es sólo vivir juntos uno con otro. Sino que matrimonio es vivir el uno para el otro.

A alguien puede parecerle que comienzo con artillería pesada, y lanzo el primer torpedo sin previo aviso. Otros pensarán, que semejante consideración podría firmarla Perogrullo, y tampoco faltará quien piense que está redactada en el siglo XIX, o lo he sacado de una antología de lo cursi. Si es así, no le vale la pena seguir leyendo. (...)

Llevo demasiado tiempo observando cómo, sobre el matrimonio, se pueden escuchar las más grotescas caricaturas, los discursos más cáusticos ydemoledores, presentados por los ejemplos más corrosivos, y repetidos desde amplificadores ensordecedores o con imágenes distorsionadas hasta lo grotesco. Todo vale para arrastrar por las calles la institución matrimonial como un guiñapo sucio y viejo, inservible y sucio. El mensaje aparece con slogans luminosos y los más vivos coloridos, presentados por “gente guapa”, y por menos guapa.

Se presenta la convivencia matrimonial como un tormento insoportable, al que primero hay que aplicar ansiolíticos, para terminar rompiéndolo de un hachazo. Todo esto se plantea con mil detalles concretos de las victimas, -que en muchos casos son muy reales. Dejemos de estar en Babia. Cualquier marido o mujer puede escribir una lista de agravios del otro, más larga que la guía telefónica. Aquí incluyo a los que se mueren a los ochenta años cogidos de la mano. No se trata de estar en la inopia, se trata de empezar a dar menos importancia a un rasguño que nuestro amor propio convierte en zarpazo desgarrador.

Por eso después de escuchar una larga historia que, insisto, no deja de ser real, suelo preguntarles a quienes están en plena crisis: ¿habéis probado a vivir el uno para el otro? A veces te miran desorientados pensando que hablan con un extraterrestre y otras deslizan una mueca de superioridad mientras piensan que se te ha parado el reloj hace mucho tiempo. ¿Vivir para otro? Y eso cómo se come…Estás loco.

Sí, si, ya escucho a mi amigo lector que, precisamente porque es mi cómplice, me advierte que con esta táctica de “hablar muy claro” no me escuchará nadie. Quizá, pero llevamos bastantes años con paños calientes, distinguiendo si son galgos o podencos y losresultados están a la vista. ¿Quiere hacer una prueba? Saque en alguna reunión de amigos el tema del matrimonio y tome nota de lo que escucha

Habrá otros lectores que con muy buen sentido me dirán que no se puede hurgar en muchas heridas, abiertas en carne viva. De acuerdo. Déjeme que le diga que por razones profesionales me corresponde palpar con frecuencia esas llagas al descubierto. Jamás se me ha ocurrido juzgar a ninguna de esas parejas que tengo delante, a las que comprendo y me producen una infinita ternura. He secado muchas lágrimas y lo seguiré haciendo con el mayor cariño del que sea capaz. Mientras les escucho recuerdo aquello dice Graham Greene cuando asegura que si supiéramos el por qué de las cosas tendríamos compasión hasta de las estrellas.

Con esta consideración bien clara es una vulgar estafa entretener a un enfermo con aspirina, si el diagnóstico es de cáncer. Llegado a ese punto será necesaria la cirugía y abundantes dosis de quimioterapia. Así se han logrado los resultados que se han alcanzado en pocos años frente a esta dura enfermedad. Con analgésicos no hubiéramos llegado a sanar tantas dolencias, en otra hora insuperables.

Demasiado largo ha sido el preámbulo o la exposición de motivos, pero el más rendido y elemental respeto a los lectores, y la lealtad que les debo, les hace acreedores a que les abra un poco el corazón y muestre las inquietudes que me asaltan.

 

El tema más importante de tu vida

Hablaremos del matrimonio y de su relación con los hijos, partiendo siempre de su condición de dos personas que han de vivir el uno para el otro. No es este un punto de partida sino de llegada. Es posible que consumamos la vida en este afán de soltar el lastre de nuestro propio capricho y apetencia, para avanzarcada día un milímetro al encuentro del otro con la inmensa alegría que produce arrancar una sonrisa de ese ser querido.

He dicho más arriba que no es base de partida, pero sí ha de ser una predisposición permanente de estar abierto a la otra persona, muy consciente de que, no una sino muchas veces, no seremos correspondidos. Eso no importa. Una gota de agua, que mana sin interrupción, puede romper una roca. Y en cualquier caso el enriquecimiento interior que produce ese ejercicio de dar, nos mantienen en forma para recorrer la vida con aire deportivo y de superación.

Es posible que estas palabras se lean como una bella aspiración imposible de conseguir. Puedo asegurar que hay muchos matrimonios –más de lo que aparece a primera vista- que lo vive así. Comprendo que esto supone un salto en el vacío, un dar a la vida un giro de muchos grados. Así se lo explico a las personas que me vienen a ver con sus dificultades. Si quieres sacar tu matrimonio adelante –les insisto- tienes que planteártelo como el tema más importante de tu vida, y aplicar a este proyecto el mismo esfuerzo que pondrías en un ilusionante plan profesional. Con una garantía: detrás de ese esfuerzo hay una felicidad que jamás te has podido ni imaginar.

 

Colaboración para Hacer Familia

Octubre de 2005


 

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