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La noche de bodas


 








Antonio Vázquez

 

Una historia de recién casados

Mi amiga Paty, que a veces es una descarada, no solamente me ha pedido que hable de la noche de bodas, sino que me ha insistido que cuente en público una vieja historia. Aunque me he defendido argumentando que puede tomarse por una formula “demodé”, que dice poco a las parejas jóvenes de hoy, me ha respondido que debo contarla para que aprendan los hombres a cómo deben de comportarse, porque eso...-ha añadido- entre la gente normal no pasa de moda nunca ya que las mujeres somos como somos...

No discuto, ahí va la historia.

Los recién casados habían llegado al hotel y ya en la habitación, mientras abrían las maletas, el novio, con delicadeza entró en el cuarto de baño para dejarla a ella que pudiera cambiarse de ropa. En un momento determinado, y sin más preámbulos, el chico abrió la puerta y pretendió entrar en el dormitorio.

Ella, con una leve queja tan amable como tierna, le dijo: ¿por qué no has llamado a la puerta antes de entrar?. Un poco extrañado el novio susurró: ¿a qué viene tanto protocolo?...

Fue entonces cuando la novia con una serenidad indescriptible contestó: ¡Para que valores la entrega que ahora mismo voy a ofrecerte!

No he copiado la historia de un vademécum de anécdotas del siglo XIX. Conozco a los protagonistas y después de cuarenta años de matrimonio, viven su intimidad matrimonial con más ilusión que el primer día.

 

La primera prueba de fuego

¿Estás contenta, Paty? Al final tendré que convenir contigo que sueles tener razón. Aunque hayan cambiado mucho los usos y costumbres, la noche de bodas en una pareja normal es la primera prueba de fuego.

Digo más, es la primera ocasión en que el hombre ha de sacar a relucir su ternura y echar agua al fuego de su ímpetu desenfrenado, si quiere no producir heridas que tardan tiempo en cicatrizar.

Por su parte la novia ha de comprender, que aquel ser que tiene delante no consuma un atropello, es sencillamente un hombre, que siente de modo muy distinto al suyo. Como tantas veces se ha comparado es una llama de gas que se enciende de golpe y se apaga también en caída libre, mientras ella necesita el calor y el tiempo de un hogar de leña para ponerse al rojo.

El cansancio de la ceremonia, banquete y baile suelen dejarles a los dos con los nervios rotos y el cuerpo derrengado, pero mientras ella lo que desearía es dormir y esperar al día siguiente, él lleva mucho tiempo esperando este momento y sea la hora que sea no está dispuesto a aplazarlo. Ya está el amor de uno al otro por medio, para buscar lo que más le apetece a quien tiene enfrente, pero que nadie se rasgue las vestiduras si las cosas no salen como las había pensado.

 

No hay mujeres frígidas, sino hombres egoístas

Tampoco caben los desconsuelos porque esa noche, no les acompañe el éxito en ese primer encuentro. Es lógico. Como todo, requiere un aprendizaje que no está en los libros ni en artículos como este. Los libros ponen generalidades y aquí hay que cortar los trajes a la medida. Cada uno ha de estar muy pendiente del otro para observar sus reacciones más que las propias. Si los hombres que me leen –si hay alguno- no me protestan demasiado, les diré que he corregido un refrán,bastantebrutal, asegura que no hay mujeres frígidas sino hombres inexpertos.

Por mi parte he corregido la segunda parte del chascarrillo para decir que, en primera noche y en la de diez años después, no hay mujeres frígidas, sino hombres EGOÍSTAS. Lo curioso es que ese egoísmo se les vuelve en contra y se pasan la vida quejándose de que se han casado con un bloque de hielo.

De todos modos como los hombres son bastante torpes en este tipo de sensibilidades, es necesario que la mujer, con sensibilidad y en el momento oportuno hable con él de estos temas en lugar de lamerse sus heridas y tragarse sus malos ratos. Sencillamente tiene que decirle que vaya más despacio, y cuales son las cosas que le agradan y las que le molestan. Así de sencillo. lo cual no quiere decir que algo que hoy rechaza pasado un tiempo acepte con agrado. Todo es cuestión de hablar .

 

¡Queremos ser conquistadas cada día!

La voz de Paty me vuelve a interrumpir para que diga esto con mayúsculas y los extienda no solo a la noche de bodas, sino a todas las noches. ¡Queremos ser conquistadas cada día! No somos una maquina que se activa con un botón. Ellos se quejan de rutina, pues que echen imaginación a las situaciones y que nos piropeen, nos saquen a cenar o preparen en casa una cena con gracia y sorpresa, que pongan un poco de música ambiental....en fin, que se lo trabajen y descubrirán que nuestra respuesta será otra. Ahora y cuando hayan pasado veinte años.

Lo que “no es de recibo” es que estemos viendo en la TV una película de guerra y de buenas a primeras, sin más preámbulos vengan con exigencias y además rápidas que mañana hay que levantarse temprano.

Tienes mucha razón cuando has escrito en algún lado que el cerebro es el organo sexual más importante. Eso es así, lo otro es simple genitalidad animal. Y a los animales ya se sabe que cuando pasan los años se les quita el celo.

Ya lo has dicho todo tú Paty. A mí solo me falta decir, que todo esto es amor. Amor humano hecho de cuerpo y espíritu. Otra cosa es mutilarlo.

 

Colaboración Hacer familia

Julio de 2004 Antonio Vazquez

 


 

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