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Tan iguales como distintos


 








Antonio Vázquez

 

Mujer y hombre, iguales en dignidad, pero muy distintos

Perogrullo es un tipo al que no hay que perder de vista. Más de una vez, al verme sumergido en los temas matrimoniales, en búsqueda de posibles ayudas a los que están pasando por sus momentos difíciles, se ha asomado por detrás del sillón para advertirme: no te compliques tanto la vida, un hombre es un hombre y una mujer es una mujer.

Otros autores, más modernos y americanos ellos, han vendido millones de ejemplares de un libro donde explican que el hombre es de Marte y la mujer de Venus.

Puestos a analizar las claves del éxito en el matrimonio, me parece imprescindible, detenernos en una obviedad como ésta, tan reconocida en la teoría como olvidada en el momento de aceptar las consecuencias.

El hombre y la mujer iguales en dignidad y en todo aquello que supone su cualidad de seres humanos son tan distintos como la cara y la cruz de la raza humana. No es un hecho biológico y mucho menos una diferencia genital lo que los diferencia. Eso sería reducir el árbol frondoso de su personalidad a la categoría de puro tronco.

Piensan de distinta manera, sienten de forma diferente, actúan con singularidad muy acusada. Para comprobarlo no hay que hacer una tesis doctoral sobre psicología diferencial, basta observar y tomar nota.

Esta diferencia que se observa con naturalidad en aspectos de la vida laboral o social, en el matrimonio de pone en pie de forma clamorosa, porque el uno está muy cerca del otro, se comparten muchos aspectos de la vida con una intimidad solo a ellos reservada, y cada una de sus reacciones nos afecta en la propia línea de flotación.

 

Pedir al otro... lo que no puede dar

¿Cuántas frustraciones se producen por pedir al otro lo que el otro no puede dar? O por tener que aceptar que el cónyuge vea muchos acontecimientos de modo distinto y reaccione de forma sorprendente.

Raúl ya no se ha podido contener y me ha dicho

-Todo eso está muy bien pero me pone de los nervios.

- A ver explícame...

- Por ejemplo, si vengo del trabajo con un “calentón” de los que hacen época, se empeña en que le cuente. ¿Para qué? ¿Para volver a revivir todo y calentarme más? Además necesitaría tres horas para que me entendiera y ponerla en situación...

- De acuerdo, pero comprende que por que te quiere se preocupa de tus cosas, y por ser mujer necesita mucho más que tú la comunicación. ¿Verdad que ella te cuenta todos los episodios que le han ocurrido durante el día?

- Si efectivamente, con todo lujo de detalles, pero otras veces, sobre todo cuando quiere algo, da unos rodeos que nunca sé a qué atenerme. ¡Y por qué no habla claro y le tengo que averiguar el pensamiento! Por ejemplo, se monta sus fantasías para un fin de semana y legustaría que yo fuera adivino; si me acuesto a dormir la siesta porque estoy destrozado, se coge un “globo” de abrigo y manta.

- Vamos a ver Raúl, si en lugar de agarrarte un mosqueo, te dedicas a observar y archivar, poco a poco tendrás un disco duro en el que registraras sus “reacciones” más frecuentes y tendrás menos sorpresas. He dicho “menos” no pretendas hacer de Paty un robot que siempre funciona con precisión electrónica.

 

Ese misterio indescifrable

Si te sirve de consuelo te diré que cuando escribí el primer ensayo sobre el matrimonio, llevaba veinticinco años casado, y la dedicatoria fue ésta: A mi mujer, ese misterio indescifrable. Ya han pasado bastantes años desde entonces y sigo sin llegar a las profundidades de ese arcano.

¿Quieres que te diga una cosa? Ahí reside parte del atractivo: ¡en que siga sorprendiéndome! No hay aburrimiento, aunque no te oculto que a veces cuesta tragarsaliva. ¿Qué piensas que ella no la traga contigo? Más, porque es más sensible.

-Tú siempre mirando el lado positivo.

- Da muy buenos resultados para la salud mental. ¿Qué adelanto con intentar que sea como yo? Vaya un empobrecimiento y ...si me apuras una falta de justicia.

 

El derecho de ser como se es

Cada uno de nosotros tiene el derecho a ser como es. Podemosdarnos muchos coscorrones contra la pared intentando cambiar alotro y no encontraremos otra cosa que desalientos acumulados. Hay que aprender a disfrutar con el modo de ser del otro y valorar eso que nos parece ajeno e incordiante, pero que gracias a ello nos apuntalamos y armonizamos. Por ejemplo gracias a Paty que le gusta reunirse con los amigos tu no te has incorporado a los “zulus”. ¿A que en el fondo tú también lo pasas bien.

- Te estás moviendo en un terreno muy superficial. A veces eso repercute en la educación de los hijos y entonces me subo por las paredes.

- Calma, pienso que Paty es lo suficientemente juiciosa para tener muy claras las ideas. Otra cosa bien diferente es que trate con los chavales y las niñas de forma distinta. Es lo lógico: ella actúa como madre y tu como padre. ¿Quién sale beneficiado? Los hijos que reciben una influencia equilibrada y matizada. De otra forma les parecería estar en un cuartel donde todo es uniforme. Cuando pasen los años os recordarán y se reirán, con inmensa alegría, de haber tenido unos padres tan distintos.

-Ya, pero a veces ellos –que no son tontos- se dan cuenta que uno u otro tuerce el gesto o le da un grito destemplado, porque es un consentidor.

-Hombre, las asperezas, que las habrá, no hay que mostrarlas delante de los hijos, es mejor discutirlo en la habitación del matrimonio.

De todos modos, cuando ocurra, que a veces ocurrirá... hay que tener el suficiente aplomo para al día siguiente cuando Paty a salido y no está presente, aclararles que tú a Paty la quieres muchísimo, pero como sois muy diferentes a veces saltan chispas. Se le quita carga negativa, los niños se sienten seguros y sin angustias, a la vez que aprenden que en la vida hay que comprender y disculpar.

 

Colaboración Hacer Familia

Antonio Vazquez. Mayo 2004


 

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