Piedras de escándalo----

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Piedras de escándalo. VI

de José Miguel Cejas

Capítulo I: contradicciones de los santos en la historia
Capítulo II: la "contradicción de los buenos"
Capítulo III: la incomprensión de los eclesiásticos
Capítulo IV: denuncias de los santos ante los tribunales
Capítulo V: acusaciones de ex-miembros
Capítulo VI: relaciones con el poder público
Capítulo VII: actitudes ante las vocaciones jóvenes
Capítulo VIII: carácter y personalidad de los santos

 


Capítulo VI. Relaciones de los santos con el poder público


Se ha intentado con frecuencia, a lo largo de la historia, vincular a algunos santos con ciertas maniobras políticas a las que eran totalmente ajenos, para desprestigiarlos. La acusación es tan antigua como la propia cristiandad y sus consecuencias se reflejan en el diálogo entre santo Tomás Moro con Master Rich en la Torre de Londres, acerca de las competencias temporales y espirituales del Estado y de la Iglesia.

"-Master Moro, todo el mundo sabe que sois hombre discreto y sabio, y versado en las leyes del reino. Perdonadme, pues, la audacia de proponeros sin malicia alguna, Sir, una cuestión. Supongamos, Sir, que un Acta del Parlamento me hiciera rey. ¿No me tendríais por tal, Master Moro?

-Sí, Sir; lo haría.

-Supongamos ahora que un Acta del Parlamento me hiciera Papa. ¿No me tendríais por Papa, Master Moro?

-Para contestar a vuestro caso, Master Rich, os diré que el Parlamento puede muy bien intervenir en el status de los príncipes temporales. Y para contestar al segundo os pondré yo este caso. Imaginad que el Parlamento diera una leyestableciendo que Dios no debe ser Dios. ¿Diríais por ello, Master Rich, que Dios no sería Dios?" .

Este tipo de insidias recuerdan el ardid de Rich, y pretenden presentar actos que proceden de convicciones religiosas como desobediencias civiles, o como maniobras contra el poder establecido. En otros casos se presentan como injerencias de los hombres y mujeres de Dios en la política de un determinado gobernante.

Una carta al Duque

San Francisco de Sales tuvo que aclarar diversas maledicencias de este tipo, como consta en su Epistolario, del que entresacamos su carta al Duque de Saboya, Carlos Manuel:

 

Annecy, 12 de junio de 1611

Señor:

Enterado de que se me acusa ante vuestra alteza de ciertas tortuosas negociaciones de Estado con los extranjeros, no salgo de mi asombro, porque no puedo comprender qué apariencia de fundamento haya podido dar pie a semejante calumnia.

Si recientemente mi ministerio me ha obligado a trasladarme a Gex y permanecer en esa ciudad algunos días, no es menos cierto que lo mismo que en todas partes me abstuve de nada que fuese ajeno a mi profesión: predicar, argumentando puntos doctrinales, reconciliando iglesias, consagrando altares, administrando los sacramentos .

 

El purgatorio del Padre Claret

En ocasiones los gobernantes han acudido a los santos en petición de consejo. San Luis, Rey de Francia, solía charlar con santo Tomás de Aquino acerca de los negocios graves desu gobierno "y cuando debía celebrar consejo, tenía costumbre de informar la víspera a fray Tomás, rogándole se sirviese darle su parecer a primera hora del día siguiente. El Santo cumplía fiel y escrupulosamente esos encargos" .

No fue este el caso de san Antonio María Claret, designado confesor de la Reina Isabel II. Su función era específicamente espiritual y no intervenía en modo alguno en ninguna cuestión de gobierno de la Corte, que se debatía con todos los conflictos propios del XIX español. El Santo no disimulaba su animadversión por el ambiente palatino; y aunque la familia real lo apreciaba, su estancia en Palacio fue, en sus propias palabras, un "purgatorio".

"Yo no sé -escribe en su Autobiografía- conformarme ni aquietarme en permanecer en Madrid. Conozco que no tengo genio de cortesano ni de palaciego; por esto, el tener que vivir en la Corte y estar continuamente en Palacio es para mí un continuo martirio". Escribe, cansado de intrigas palaciegas: "cuasi me habría alegrado de una revolución para que me hubiesen echado".

La Corte no fue sólo un purgatorio para él desde un punto de vista material, por las exigencias de carácter social de su encargo, de alcance específicamente pastoral; se convirtió en un verdadero purgatorio moral.

Empezaron a acusarle sin fundamento alguno de que se metía en política, lo que era rigurosamente falso: "En materias de política -escribía en su Autobiografía- jamás me he querido meter, ni antes que era mero sacerdote ni ahora tampoco, siendo así que varias veces me han pinchado." Y reconocía que "mi inclinación siempre me ha llamado a las misiones; sin embargo, para complacer a la Señora (la Reina) me he sujetado y me he hecho violencia a mí mismo".

Por este motivo tuvo que sufrir "toda clase de infamias, calumnias, dicterios y persecuciones hasta de muerte muchísimas veces. He sido objeto de pasquines, caricaturas, fotografías ridículas e infamatorias".

Sus enemigos escribieron dos libros con el mismo título que otros dos libros que había publicado anteriormente -Ramillete y Llave de Oro- consignándolo falsamente como autor de los mismos, e incluyendo en sus páginas, para difamarle, figuras torpes y obscenas. Algunos procedimientos actuales en la red de internet son más antiguos de lo que parece.

Su comportamiento en la Corte, sus afanes exclusivamente espirituales, se malinterpretaban torcidamente por los adversarios de la Corona o por los que querían conseguir algún provecho personal; y se inventaban intereses partidarios o injerencias en asuntos temporales que nunca tuvo.

"Antes -escribía san Antonio María de sí mismo- era admirado, apreciado y aun alabado de todos, y en el día, a excepción de muy pocos, todos me odian y dicen que el P. Claret es el peor hombre que jamás ha existido y que soy la causa de todos los males de España" .

Aunque estén demasiado próximas en el tiempo, no podemos olvidar las figuras de algunos eclesiásticos contemporáneos como los Cardenales Wyszynsky, Tomasek, Mindszenty, y de tantos hombres de nuestro tiempo que han sido verdaderos gigantes de la fe, y han escrito una página conmovedora de fidelidad a la Iglesia frente a la tiranía de los regímenes nazis y comunistas de la Europa del Este, en medio de la tribulación y, con frecuencia, de la incomprensión de algunos católicos del mundo Occidental. Uno de ellos, el Card. Wyszynsky, fallecido en 1981, se encuentra ya en proceso de Beatificación.

"Sería inconcebible -escribe el Cardenal Gagnon en su prólogo al libro de Memorias del Obispo Kazimierz Majdanski- pasar una esponja sobre los sufrimientos de millares de hombres y mujeres en los campos de concentración y no considerar como un tesoro el heroísmo demostrado por tantos cristianos sostenidos en sus tribulaciones por la fe y el amor" .

Cuenta Majdanski: "Nuestros datos personales -si bien los sabían parcialmente, pues la Gestapo tenía en su poder los ficheros diocesanos- eran anotados ahora, en la prisión. Se hablaría después frecuentemente en los medios internacionales (ya que la propaganda nazi era, evidentemente, muy activa) de una postura claramente hostil del clero polaco, `politizado' contra los agresores, y ello constituía ya un motivo de arresto. Pero esta postura de `hostilidad' era de toda la nación polaca (...). Ni yo ni mis compañeros habíamos desarrollado jamás actividad política alguna".

Recordaba Joseph Mindszenty, Cardenal Primado de Hungría:

"Los ataques y calumnias contra mi persona duraron todo el verano. Como preparación de mi encarcelamiento, en el otoño se recrudeció la campaña bajo el lema: ¡Aniquilemos el Mindszentysmo! ¡Por el bien del pueblo húngaro y la paz entre la Iglesia y el Estado! Se ordenó a la juventud estudiantil y a los obreros de las fábricas que se manifestaran en las calles contra mí. Agentes comunistas conducían a los manifestantes hasta el palacio episcopal y exigían de los Obispos que me apartaran a mí, `el obstinado y políticamente frustrado' Cardenal Primado, del vértice de la Iglesia húngara".

Se le acusó con los tópicos marxistas al uso: de ser un enemigo del pueblo; de aprovechar unas solemnidades marianas para "manejos contrarrevolucionarios", etc. El Cardenal respondió a estas falsas acusaciones diciendo que "tomados en bloque mis setenta y ocho predecesores, no fueron nunca tan difamados, cien veces calumniados y envueltos en la mentira como ocurrió en mi caso".

Fue detenido en Esztergom el 26 de diciembre de 1948, acusado de alta traición y trasladado a los calabozos de una prisión preventiva en Budapest en una situación de indefensión total. Sufrió más tarde todo tipo de vejaciones en defensa de la fe, y sólo le dejaron en libertad años después, en 1956, tras un juicio esperpéntico.

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José Miguel Cejas

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