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“Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”

(Mt 10,8)
Tengo 28 años. Nací en Valencia, España. Sentí la llamada del Señor a la vida consagrada marianista a los 17 años. Hice los votos de castidad, pobreza y obediencia el 5 de septiembre de 1998 en Zaragoza. Creo que todo lo que soy y todo lo que tengo lo he recibido gratis de Dios. La fe en Jesús y el ejemplo de su vida entregada por amor me mueve a darme por entero en total gratuidad, convencido de que sólo el amor incondicional va transformando nuestro mundo en el mundo soñado por Dios desde el principio de los tiempos.

¿Qué es eso de religioso marianista?

Es una forma entre otras de ser cristiano. Ser religioso marianista es intentar vivir la vida al estilo de Jesús, poniendo en práctica el amor incondicional (la castidad), la confianza absoluta en el Padre y el desprendimiento (la pobreza) y la búsqueda en todo de la Voluntad de Dios (la obediencia). Vivimos en comunidad, dedicando una buena parte de nuestro tiempo a la oración, y poniendo nuestros talentos al servicio del Evangelio en la Misión.

Y lo de marianista, ¿de dónde viene?

Viene de María, la madre de Jesús.

Ella fue la madre y la primera discípula de Jesús. Jesucristo se formó en su vientre. Los marianistas queremos formarnos en sus entrañas para llegar a ser como Jesús.


Ella dijo Sí a la Voluntad de Dios y Jesús vino al mundo, nosotros queremos decir Sí al Plan de Dios y Beato P.Guillermo José Chaminade. Una persona admirable y un misionero infatigable.

Ufff… eso de la castidad suena un poco fuerte, ¿no?

Je je, pues sí. Yo jamás pensé en vivir como religioso, entre otras cosas porque me veía casado, amando a una mujer (bueno de adolescente prefería ‘amar’ a muchas, ya sabes, las hormonas), pero el Señor me llamaba, yo me resistía, lo negaba, pero me venció con su ternura y su Amor sin condición. Di la espalda a mis miedos y me lancé a seguirle en esta forma de vida. Hoy soy plenamente feliz, ha habido y hay momentos duros como en toda opción, pero nunca me he arrepentido.

La vivencia sincera de la castidad te abre el corazón al amor desinteresado y abierto a todos. Al contrario de lo que pueda pensarse a priori, la vivencia de la castidad consagrada no empobrece a la persona sino que la enriquece enormemente, ensancha su corazón para amar con gratuidad. Hoy tengo amistades de una profundidad y confidencia que jamás antes hubiera soñado.

Es bonito lo que dices, pero cuesta creer que en el mundo de hoy se pueda vivir así

Antes de ser marianista yo también me preguntaba ¿Llegaré a ser feliz? ¿Qué sentido tiene la vida? Buscaba la Verdad con preguntas en clase y en la catequesis de confirmación, pero no llegaba… al final la Verdad me encontró a mí. Jesús me dejo sentir su perdón, su ternura y acogida, me mostró en los marianistas el camino que debía andar para responder a mis interrogantes… yo me fié de Él, y hasta el día de hoy nunca me he arrepentido. Seguir a Jesús colma de sentido la vida, eso sí, seguirle exige cargar con la cruz, y a muchos esto les horroriza.

Del blog de Daniel Pajuelo, religioso marianista. Julio 2005


 

 

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