Sobre el nuevo libro de Benedicto XVI

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Pablo Blanco Sarto

Jesús, de nuevo


El 10 de marzo, jueves después de Ceniza, en pleno inicio de la Cuaresma, salía la segunda parte del Jesús de Nazaret. Marc Ouillet afirmó que era «un libro histórico, que inauguraba una nueva era de la exégesis teológica». A la vez lo consideraba también asequible para el gran público: «A pesar de ser denso, se lee de un tirón», sostenía el cardenal canadiense.

«El papa es reconocido como un eficaz comunicador», sentenciaba el periodista John L. Allen. «Como profesor y teólogo veterano, es capaz de expresar complicadas ideas teológicas en frases cristalinas que no requieren ningún doctorado, y tiene un don especial para expresan en términos positivos lo que he llamado la “ortodoxia positiva”»1 .

Continuaba más adelante diciendo que este no es solo un libro dirigido a católicos, sino también a protestantes y judíos. «Estaba sorprendido –afirmaba un profesor protestante de teología– lo protestante y evangélico que parecía. No dudaría en dar este libro a mis alumnos y, si no estuviera escrito en la portada “papa Benedicto”, ni se enterarían de que no es libro protestante».


El origen

Al recorrer los nuevos capítulos y las perspectivas finales del nuevo libro de Joseph Ratzinger, Ouillet añadía «el lector es llevado por senderos ascendentes hacia un emocionado encuentro con Jesús, una figura familiar que parece estar aún más cerca con su humanidad así como su divinidad», comentó el cardenal canadiense, prefecto de la Congregación para los obispos.

El escritor y germanista Claudio Magris reconoció como «interesante» el hecho de que el Papa haya recurrido al método histórico, que «además de ser científico es propiamente cristiano», en la medida en que «Cristo entró en la historia». Por esto, añadía Magris, esta obra de Ratzinger está dirigida a toda la humanidad, creyentes o no:

«Si el Papa nos hubiese hablado de cosas lejanas a nosotros, podrían no habernos interesado; si el Cristo del huerto de los olivos hubiese sido un héroe, un superhombre, tendría poco que pedirle, lo sentiría lejano. Como máximo, podría admirarlo».

Jesús vence esa angustia no con un «milagro». Por eso puede ayudarnos a cada uno de nosotros también a afrontar situaciones que «marcan la vida cotidiana del ser humano, como los dolores, las enfermedades y la pérdida de los seres queridos»2 .

Benedicto XVI comenzó a preparar su gran libro sobre Jesús en el 2003 y logró entregar en el 2007 el primer volumen, que cubre los años de predicación de Jesús. Ahora llega el segundo volumen, subtitulado «Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección». El autor prometía escribir todavía «un pequeño fascículo» sobre la infancia de Jesús «si se me conceden las fuerzas necesarias para ello».

La historia del texto era larga. Había pedido al papa polaco que le dejara dedicarse a escribir este libro, dejando sus largos años al servicio de la Congregación de la doctrina de la fe. «Juan Pablo II –escribe Jesús Colina– no quiso privarse de la colaboración de su fiel amigo teólogo, de manera que el cardenal Ratzinger se puso a sacar tiempo a las horas de sueño y de sus vacaciones para sacar adelante esta aventura»3 .

Ha sido el resultado de un largo trabajo, que vendría a ser la obra de su vida. «Cuando el cardenal Ratzinger fue elegido papa –nos revela un eclesiástico español–, en abril de 2005, hacía dos años que había empezado a escribir un libro sobre Jesús. Tenía una gran ilusión en aquella obra, que habría de ser como el fruto maduro de una vida dedicada no sólo al estudio científico de la teología, sino también a la búsqueda creyente del rostro de Dios. Para entonces, tenía ya escritos cuatro capítulos»4 .

El director del diario vaticano sostenía que este libro era el resultado de «una maduración del corazón llevó a Joseph Ratzinger a concebir la idea y luego a desarrollarla en el curso de muchos años. En esta búsqueda inagotable, que desde casi dos mil años fascina e inquieta, esto no significa de ninguna manera renunciar a la razón. Esa búsqueda en los últimos siglos se vio revestida de exigencias nuevas, que el Papa no rechaza, sino que las hace suyas en los resultados esenciales y las integra con una visión más amplia y completa»5 .

Como mencionaba también su editor en castellano, este nuevo libro «ha constituído el contenido de muchas de sus reflexiones, estudios, investigaciones y oraciones de estos años. Por ella ha sacrificado muchas horas y días de descanso»6 .

Giuseppe Costa, director de la Libreria Editrice Vaticana y editor de la obra, explicó que Benedicto XVI iba a dedicar la mitad de los ingresos a una fundación que promueve los estudios teológicos. La otra mitad se destinará a obras de caridad.

Por otra parte, hablando de la historia de la edición de este volumen, Costa recordaba que casi un año y medio antes, monseñor Georg Gänswein, secretario personal de Benedicto XVI, le había entregado la última parte escrita a lápiz «con su caligrafía diminuta inconfundible»7 .

El papa afirmaba en el prólogo que «no he querido escribir una “vida de Jesús”, sobre la que hay ya obras excelentes», entre las que cita el Jesús de Nazaret de Joachim Gnilka y Un judío marginal de John P. Meier. Su objetivo es presentar «la figura y el mensaje de Jesús».

Benedicto XVI espera que «haya podido acercarme a la figura de Nuestro Señor de una manera que pueda ser útil a todos los lectores que desean encontrarse con Jesús y creerle».

Su estilo, abierto y ecuménico, le lleva a comenzar el prólogo elogiando la voluminosa obra Jesús (2008) del teólogo protestante Joachim Ringleben y afirma que quien lea su propio libro y el de Ringleben observará «la profunda unidad en la comprensión esencial de la persona de Jesús». Como en ocasiones anteriores, los primeros elogios han venido de estudiosos protestantes, que siguen desde hace años la obra de Ratzinger como biblista.

Craig Evans, baptista americano, manifestó que muchos evangélicos y reformados se van a sorprender por lo «protestante» que suena el segundo volumen del Papa. El rabino americano Jacob Neusner, amigo personal y autor citado ampliamente en el primer volumen, afirma que Benedicto XVI ha conseguido integrar historia y teología «de un modo que nadie ha logrado hasta ahora»8 .


El método

Benedicto XVI explicaba su método en el prólogo. Cita autores (de los que hace rigurosamente referencia en una bibliografía abundante aunque no asfixiante): Martin Hengel, Peter Stuhlmacher y Franz Mußner, quienes le han «animado a «seguir adelante» con este trabajo y «de acabar la obra iniciada».

El papa lo considera «un precioso estímulo». Recordaba a un «hermano ecuménico», el teólogo protestante Joachim Ringleben, con quien encontraba una «profunda unidad en la comprensión esencial de la persona de Jesús y de su mensaje».

Citaba también el libro de crítica bíblica de Marius Reiser, de 2007, del que recoge «indicaciones relevantes para las nuevas vías de la exégesis, sin abandonar la importancia que siempre tiene el método histórico-crítico». Para que la exégesis y los estudios bíblicos pudieran renovarse, el Papa consideraba que era necesario dar «un paso metodológicamente nuevo volviendo a reconocerse como disciplina teológica, sin renunciar a su carácter histórico». Proponía pasar de una «hermenéutica positivista» a una «hermenéutica de la fe»: una «hermenéutica histórica, consciente de sus propios límites para formar una totalidad metodológica».

A lo que añade: «En el fondo, se trata de retomar finalmente los principios metodológicos para la exégesis formulados por el Concilio Vaticano II (cf. Dei Verbum 12), una tarea en la que, desgraciadamente, poco o nada se ha hecho hasta ahora».

En el mismo prólogo, el Papa recuerda que no ha querido escribir una Vida de Jesús. Lo que buscaba, recuerda citando el primer volumen de esta obra, es presentar «la figura y el mensaje de Jesús». «Podría decirse, exagerando un poco, que quería encontrar al Jesús real».

El “Jesús histórico” que presentan algunos teólogos y exegetas «es demasiado insignificante», «está excesivamente ambientado en el pasado para dar buenas posibilidades de una relación con Él». Con la hermenéutica de la fe y la hermenéutica histórica, el Papa trataba de «desarrollar una mirada al Jesús de los evangelios, un escucharle a él que pudiera convertirse en un encuentro; pero también en la escucha en comunión con los discípulos de Jesús de todos los tiempos, llegar a la certeza de la figura realmente histórica de Jesús».

El obispo de Roma reconoce que este objetivo era más difícil en el segundo volumen, porque toca los momentos culminantes de la muerte y resurrección. «He tratado de mantenerme al margen de las posibles controversias sobre muchos elementos particulares y reflexionar únicamente sobre las palabras y las acciones esenciales de Jesús»9 .


Había algunas questiones disputatae.

 

1 En primer lugar, con los judíos.

«Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos» (Mt 25,27): esta frase ha sido tan polémica que el director de cine Mel Gibson fue obligado a retirarla de los subtítulos de la película de 2004 titulada La pasión del Cristo, aunque quedó en el arameo hablado en el film.

El pueblo judío no fue responsable de la crucifixión y muerte de Cristo. Los culpables fueron la casta sacerdotal y los partidarios de Barrabás. Jesús no fue tampoco un líder revolucionario, porque su mensaje y su actitud «no constituían un peligro» para el Imperio Romano.

Estas ideas, que desarrollaban lo afirmado por el Concilio Vaticano II, formaban parte de la segunda entrega del Jesús de Nazaret. El texto se consideraba –tal vez por no tener demasiada información o contexto– como un gesto de acercamiento del Papa a los judíos. El Congreso Mundial Judío lo elogió por «haber rechazado de forma inequívoca el argumento de que el pueblo judío debe ser considerado colectiva y eternamente responsable de la muerte de Jesús». El portavoz de los judíos en los Estados Unidos afirmó que «el Papa Benedicto XVI ha liberado al pueblo hebreo de la responsabilidad por la muerte de Jesús»10 .

Por su parte, el mismo Netanyahu –presidente del Estado israelí– alabó la «claridad y valentía» de lo escrito por el Papa.

En un tercer capítulo titulado «la limpieza de los pies», Benedicto XVI desarrollaba el «misterio del traidor» y analiza la siempre inquietante figura de Judas Iscariote. El pontífice recordaba que «Jesús debe experimentar la incomprensión, la infidelidad en la intimidad de sus amigos» para poder «cumplir las Escrituras». Esta traición, explicaba el Papa, se cumple también «en la comunidad sacramental de la Iglesia, donde siempre de nuevo hay personas que comen “su pan” pero lo traicionan».

Según subrayaba más adelante, en la última cena Jesús «ha cargado sobre sí la traición de todos los tiempos y experimenta el sufrimiento de haber sido traicionados, soportando así hasta el final las miserias de la historia». Además, el Papa reflexionaba también sobre la figura de Poncio Pilatos, imagen del político «pragmático y realista».

Benedicto XVI recordaba en el libro que «también hoy en el debate político»: la pregunta sobre qué es la verdad se toma como «impracticable». Aseguraba que «sin verdad» el hombre «no acoge el sentido de su vida» y deja «el campo a los más fuertes». Es el famoso discurso de la «dictadura del relativismo».

El fin

El cardenal Marc Ouellet afirmó en la presentación del libro que esta obra «tendrá un efecto liberador para estimular el amor de la Sagrada Escritura». La primera cuestión que aclara el libro, según el cardenal Ouellet, es «el fundamento histórico del cristianismo». «Dado que el cristianismo es la religión del Verbo encarnado en la historia, para la Iglesia es indispensable atenerse a los hechos y a los acontecimientos reales, precisamente porque estos contienen “misterios” que la teología debe profundizar utilizando claves de interpretación que pertenecen al dominio de la fe».


 

2 La segunda cuestión disputada que aclara el Papa, según el cardenal Ouellet, afecta al mesianismo de Jesús.

«Algunos exegetas modernos han hecho de Jesús –añadía el prelado canadiense– un revolucionario, un maestro de moral, un profeta escatológico, un rabí idealista, un loco de Dios, un mesías en cierto sentido a imagen de su intérprete influenciado por las ideologías dominantes». Un Jesucristo adecuado a los tiempos.

«La exposición de Benedicto XVI sobre este punto está difundida y bien arraigada en la tradición judía», aclaró. «Jesús declara ante el Sanedrín que es el Mesías, aclarando la naturaleza exclusivamente religiosa del propio mesianismo. Por este motivo, es condenado por blasfemo, pues se ha identificado con 'el Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo»11 .


 

3 Un tercer punto abordado por el sucesor del apóstol Pedro afectaba a la «redención y al lugar que en ella debe ocupar la expiación de los pecados.

El papa afrontaba las objeciones modernas a esta doctrina tradicional. Un Dios que exige una expiación infinita, ¿no es acaso un Dios cruel, cuya imagen es incompatible con nuestra concepción de un Dios misericordioso?».

Para responder a esta pregunta Joseph Ratzinger-Benedicto XVI «muestra cómo la misericordia y la justicia se dan de la mano en el marco de la alianza querida por Dios.

Un Dios que perdonara todo sin preocuparse de la respuesta que tiene que dar su criatura, ¿se estaría tomando en serio la Alianza y sobre todo el horrible mal que envenena la historia del mundo?», decía Ouillet. El amor requiere en primer lugar que se haga justicia, para llenar de amor al que ha recibido por fin la justicia.


 

4 Una cuarta cuestión afrontada por el Papa era la del sacerdocio de Cristo.

«Según las categorías eclesiales de hoy, Jesús era un laico revestido de una vocación profética. No pertenecía a la aristocracia del Templo y vivía al margen de esta institución fundamental para el pueblo de Israel. […]

El papa responde a las objeciones históricas y críticas mostrando la coherencia del sacerdocio nuevo de Jesús con el culto nuevo que vino a establecer en la tierra, obedeciendo a la voluntad del Padre»12 .


5 La última “cuestión disputada” mencionada por el cardenal Ouellet era precisamente la cuestión central del cristianismo: la resurrección.

Benedicto XVI lo reconoce sin pelos en la lengua que «la fe cristiana tiene sentido o desfallece en virtud de la verdad del testimonio según el cual Cristo resucitó de entre los muertos».

Se enfrentaba el Papa con los que pensaban que la tumba de Cristo se había quedado llena, pues no había resucitado de verdad. La importancia histórica de la resurrección se manifiesta en el testimonio de las primeras comunidades que dieron vida a la tradición del domingo como signo de identificación y pertenencia con el Señor.

Por eso, Benedicto XVI hacía esta confesión:

«Para mí, la celebración del Día del Señor, que distingue a la comunidad cristiana desde el principio, es una de las pruebas más fuertes de que ha sucedido una cosa extraordinaria en ese día: el descubrimiento del sepulcro vacío y el encuentro con el Señor resucitado»13 .

«La fe cristiana se sostiene con la verdad del testimonio que afirma que Cristo resucitó de entre los muertos», escribía el Papa. La resurrección, añade, ocurrió realmente. «No es un cadáver reanimado, ni se fue desde algún sitio a un astro lejano. Fue un “fenómeno nuevo e inesperado”». Desconcertó a propios y extraños. A lo que añade que aquel fue el detonante de todo el cristianismo: «Solo un suceso real de una cualidad radicalmente nueva pudo hacer posible el anuncio apostólico, que no es explicable con especulaciones o experiencias interiores, místicas»14 .


En las 350 páginas del volumen –repleto de citas a filósofos y pensadores, desde Platón a Marx– el pontífice realizaba un enorme esfuerzo intelectual por conciliar razón y religión, el Jesús histórico con el Cristo de la fe, a la vez que se diferenciaba entre política y religión.

Benedicto XVI aseguraba que, al expulsar a los mercaderes del Templo, lejos de tratarse de un acto político, Jesús «lucha contra la politización de la fe». Sostiene que fue Jesús quien separó la religión de la política, una escisión «que ha cambiado el mundo». Y subraya que la violencia «no instaura el reino de Dios», sino que es el «instrumento preferido del anticristo»15 .

Como señaló el teólogo Rafael Aguirre, hacía falta «la más reputada tenacidad germana, así como su capacidad metodológica de trabajo, para escribir un libro de estas características en medio de las numerosas y variadas ocupaciones que conlleva el Papado. […] Para ello se sirve de su gran arma, la que caracteriza su pontificado y es, probablemente, su más grande valor: su palabra escrita, clara, bien trabada, que no rehúye el debate y pretende llegar hasta el fondo de los problemas.

Esta palabra está al servicio de la verdad, la gran pasión de Benedicto XVI, que ve en el relativismo de los valores el mal que está socavando la cultura europea. […] El gran reto es que esa Iglesia se deje cuestionar por el Jesús al que mira y no sofoque su fuerza de innovación y libertad»16 . Por su parte, el profesor triestino Claudio Magris indicó que el libro «debería favorecer decididamente el diálogo, porque es un libro hecho para el diálogo».

No era un texto magisterial ni impositivo, sino tan solo una propuesta leal a los críticos y lectores de la Biblia. Magris afirmó también que «este libro va al fondo de algunas cuestiones que afectan a la vida de cada uno de nosotros»17 .

1.J.L Allen, «New book confirms: Benedict XVI is his own best spokesperson», National Catholic Register (10.3.2011).

2.Cf. M. Finessi, «En su nuevo libro, el Papa cuenta los temores de Jesús como hombre», Zenit (11.3.2011).

3.J. Colina, «El libro de la vida de Joseph Ratzinger», Alfa y omega 728 (10.3.2011) 3.

4. J.A. Martínez Camino, «Un libro para el encuentro con Jesucristo», Alfa y omega 728 (10.3.2011).

5.G.M. Vian, «Jesús de Nazaret, un libro del corazón», L'Osservatore Romano (12.3.2011).

6. J.M. Oriol, «El deber del Santo Padre», La Razón(11.3.2011).

7. Cf. «El libro del Papa sobre Jesús invita al diálogo», La Razón (11.3.2011).

8. Cf. J:V. Boo, «El Papa presenta su libro a los que “desean encontrar y creer” en Jesús», ABC (11.3.2011).

9. Cf. A.S. Bourdin, «En su nuevo libro, Benedicto XVI quiere encontrar al “Jesús real”», Zenit (10.3.2011).

10.Cf. M. Koller, «Jüdische Vertreter begrüßen neues Jesus-Buch des Papstes», Zenit (3.3.2011).

11.Cf. «Benedicto XVI afronta con su nuevo libro cinco cuestiones disputadas», Zenit (10.3.2011).

12. Cf. ibid.

13. Cf. «El libro sobre Jesús del Papa es “extraordinariamente ecuménico”», Zenit (10.3.2011).

14. Cf. «El Papa combate en su nuevo libro la idea de un Jesús revolucionario», El País (11.3.2011).

15.Cf. «Jesús luchó para separar la fe de la política», El Mundo (11.3.2011).

16.R. Aguirre, «Un estudio muy bello, que refleja al autor», El Correo (11.3.2011).

17.Cf. «El libro sobre Jesús del Papa es “extraordinariamente ecuménico”», Zenit (10.3.2011).

 

   

 


          

 
 

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