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Algunas publicaciones de Pedro Beteta sobre Juan Pablo II

 

La vida de Jesucristo, Redentor del hombre, contada por Juan Pablo II (Palabra)

La vida de María, Madre del Redentor, contada por Juan Pablo II (Palabra)

La vocación de San José y la nuestra contada por Juan Pablo II (Palabra)

Hijos de Dios (Palabra)

Jesucristo, ¿Historia o leyenda? (Palabra)

Al filo del tercer milenio (Edicep)

María, Mujer eucarística(Edicep)

El Espíritu Santo en la vida de la Iglesia (Edicep)

Padre de misericordia (Edicep)

María en el centro de la Trinidad divina (Edicep)

Anecdotario de la vida de Juan Pablo II (Edicep)

Preguntas del cristiano en el siglo XXI (Edicep)

El Evangelio de los niños (Rialp)

Decenario al Dios Escondido (Rialp)

La vida de Jesucristo en la predicación de Juan Pablo II (Rialp)

El sufrimiento, una caricia de Dios (Rialp)

Nuestra Señora del Rocío y Juan Pablo II (Ega-Merkaba)

Familia y sexualidad (Ega)

Esperanza en el sufrimiento (Ega)

El Espíritu Santo en la Iglesia naciente (Ega)

 

 

 

Tú eres Pedro


El joven Wojtyla descubrió un día el Rostro de Dios en el rostro de cada hombre que sufre; y desde entonces ha empleado sus esfuerzos en la vindicación de un mensaje humanista que, trascendiendo la condición perecedera de la carne, proclama la dignidad inviolable de cada persona.

 

Antes de que los ejércitos de Hitler invadieran Polonia, el joven Karol Wojtyla había decidido encauzar su talento por los senderos de la vocación literaria. Formado en la lectura de los románticos polacos, que reconocían en el catolicismo la levadura que había hecho posible el nacimiento de una conciencia nacional, Wojtyla descubre en la palabra un instrumento para aunar sentimiento y razón, emoción e intelecto, así como un canal privilegiado para volcar su búsqueda exigente de espiritualidad.

En las baladas y epopeyas polacas, enardecidas por una gran pasión patriótica, Wojtyla aprenderá también que los quebrantos de un pueblo sometido a dominaciones atroces son el sustrato fecundo sobre el que se asientan los cimientos de una gloria venidera. Esta consideración del sufrimiento como escuela de redención y búsqueda radical de libertad halla su emblema más universal en el misterio de la Cruz, que el joven Wojtyla, poeta y dramaturgo, no tardará en reconocer como acontecimiento nuclear de la historia humana y epicentro de la vida cristiana. Y entonces llegaron los nazis.

El joven Wojtyla, que soñaba con una «Polonia ateniense», más perfecta aún que Atenas, pues la iluminaba «la ilimitada grandeza del cristianismo», presencia el saqueo de la Universidad Jagelloniana, donde acababa de inscribirse para cursar estudios de filología. La leyenda cincelada sobre el dintel del aula magna de la universidad -Plus ratio quam vis- es ultrajada por una horda de militares sin honor que arrasan su biblioteca y arrestan a sus profesores, enviándolos al campo de concentración de Sachsenhausen, donde perecerán entre innombrables torturas. Hans Frank, delegado plenipotenciario de Hitler en Polonia, distribuye entre sus subordinados consignas muy escuetas: «Uno de los objetivos principales de nuestro plan es acabar con la mayor rapidez posible con cuantos sacerdotes o líderes alborotadores caigan en nuestras manos. \ Cualquier vestigio de cultura polaca debe ser eliminado. Los polacos trabajarán. Comerán bien poco. Y acabarán por morir. Nunca volverá a existir otra Polonia».