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A "El País" no le gusta la Iglesia Católica


 

Dos comentarios sobre un artículo publicado en El País (España) sobre el Papa


 

Comentario de Diego Contreras / www.laiglesiaenlaprensa.com /martes 15 de abril de 2009

Al diario madrileño El País no le ha gustado nunca la Iglesia católica. Esto lo digo después de haber pasado muchas horas estudiando lo que escribe sobre religión, y comparándolo con lo que hacen otros diarios no españoles. Es un dato que El País transmite en sus páginas un sectarismo que sería impensable en The New York Times o en Le Monde.

El diario madrileño pierde el nervio de la ecuanimidad -que se pide a todo profesional- cuando trata sobre la Iglesia. Es una pena, porque en otros temas sí saben hacer buen periodismo. Ese defecto profesional es algo que muchos  lamentan también dentro de la Casa (conozco a varios).

El último ejemplo es un artículo de Juan Arias publicado hoy, donde se dicen cosas sobre Benedicto XVI que simplemente son falsas. Cierto, es un artículo de opinión y supongo que Arias está en su derecho de despreciar visceralmente a Ratzinger. Pero si pretende argumentar ese desprecio, debería sostener su opinión con datos ciertos. Sin embargo, ahí se dicen cosas que son puras mentiras. Diría  más bien que dice cosas que dan risa: por ejemplo, que Ratzinger creó una “red mundial” “en secreto” para hacerse Papa... (imagino que Arias fue testigo de esta trama desde Rio de Janeiro, donde vive desde hace tiempo).

Conozco a Juan Arias desde los años en que éramos corresponsales en Roma (él mucho más veterano que yo). El aprecio que le tenía como persona no me impedía ver que atizaba periódicamente a Juan Pablo II en sus crónicas para El País con el mismo afán con que lo hace hoy con Benedicto XVI.

Por eso me ha parecido particularmente cínico que concluya su artículo de hoy diciendo que Ratzinger “no está consiguiendo ser recibido ni amado como lo fue” Juan Pablo II, “que también era conservador, pero que no se avergonzaba de escribir poesías en sus ratos libres”.

Se podría decir que, en este caso, El País se limita a publicar un artículo de una de sus firmas. Así es. La diferencia con otros diarios es que en este periódico solo oirás ese tono de voz. Espero que sus responsables se den cuenta algún día de lo ridículo de esa actitud.


 

Aclaración. Carta al Director. ELPAIS.COM de OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL, (Real Academia de Ciencias Morales y Políticas) Salamanca - 17/04/2009

He leído el artículo publicado el pasado día 15 en su periódico por Juan Arias sobre Benedicto XVI bajo el título ¿Para qué quiso ser Papa? En él se incluyen unas afirmaciones sobre hechos históricos y otras muchas como juicios de valor sobre él y sobre la Iglesia y le he seguido tratando desde nuestros años de estudio en Múnich hasta la última carta suya que he recibido con fecha día 2 de este mes de abril, me permito mostrar mi disconformidad con el retrato que hace de su persona y rechazar como falsos ciertos hechos que Juan Arias enumera.

No sólo no aspiró a ser Papa, ni usó el cónclave para obtener votos, ni se apoderó de las reuniones de los cardenales reunidos en Roma, ni les prohibió hablar con los medios de comunicación ni creó una red mundial de apoyo a su candidatura en secreto, como afirma Arias. Lo contrario es la verdad: quiso volverse a Alemania y permaneció en Roma hasta el final sólo por fidelidad a los ruegos de Juan Pablo II enfermo.

Tengo una carta suya de un mes antes de ser elegido, en respuesta a otra mía invitándole a venir a Salamanca.

Me decía en ella que no podía aceptar mi invitación porque se acercaba el final en Roma y se preparaba para el retorno a Alemania, donde por fin podría cumplir la ilusión del profesor que había sido siempre, y quería concluir al final de su vida, como clave o síntesis de su teología: escribir un libro sobre Jesucristo que fuera para nuestra época lo que en su día había sido El Señor de R. Guardini. Ya Papa se esforzó por publicar lo que tenía parcialmente preparado: Jesús de Nazaret. I: Desde el bautismo a la transfiguración.

Éstos son los hechos. Lo demás son juicios, derivados de otras perspectivas o intereses ajenos a la intención de Benedicto XVI

 


 

 

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