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13 Julio


 

1. Evangelio:

Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.


2. Temas para pensar:

¿Lucho por vivir bien la santa Pureza en verano? ¿Cuido la vista por la calle? ¿Las conversaciones que tengo con mis amigos o los programas de televisión que veo son propios de un hijo de Dios? ¿Pido perdón en la confesión y renuevo mi lucha sin desanimarme ’?

¿Me voy de determinados sitios y lugares, donde no debe estar un hijo de Dios? ¿Estoy poniendo medios para crear lugares y modos de descanso y de diversión que estén de acuerdo con la dignidad de un hijo de Dios? ¿Soy inconformista con la situación creada o me amoldo sin rechistar a los imperativos de una cultura paganizada?

¿Me doy cuenta de que somos los jóvenes -particularmente los cristianos- los que tenemos que cambiar esta situación?


 

3. Orar con los santos

San Josemaría

* Chapoteas en las tentaciones, te pones en peligro, juegas con la vista y con la imaginación, charlas de... estupideces. –Y luego te asustas de que te asalten dudas, escrúpulos, confusiones, tristeza y desaliento. –Has de concederme que eres poco consecuente.

* Conviértete ahora, cuando aún te sientes joven... ¡Qué difícil es rectificar cuando ha envejecido el alma!

* Voy a resumirte tu historia clínica: aquí caigo y allá me levanto...: esto último es lo importante. –Pues sigue con esa íntima pelea, aunque vayas a paso de tortuga. ¡Adelante! –Bien sabes, hijo, hasta dónde puedes llegar, si no luchas: el abismo llama a otros abismos.

* ¡Ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir –¡de amar!– con lealtad enteriza a nuestro Dios.


 

4. Propósito: