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2 Julio


1. Evangelio:

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?" Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: "Si nos echas, mándanos a la piara." Jesús les dijo: "Id." Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.


2. Temas para pensar:

¿Comprendo que estar alejado de Dios me hará estar triste? ¿Estoy luchando por estar en gracia de Dios (sin pecados graves)? ¿Estoy dispuesto a acudir a la confesión en cuanto sea necesario, para recibir el perdón de Dios? ¿Me doy cuenta de que el verano es una oportunidad estupenda para acercarme a Dios, y que Dios me quiera santa, me quiere santo? ¿Cómo estoy planeando estas vacaciones? ¿Tengo un horario para aprovechar el tiempo?


3. Rezar con los Papas y los santos

Juan Pablo II

*Este hombre debe llegar a la casa del Padre. El camino que allí conduce, pasa a través del examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda. Como en la parábola del hijo prodigo, estas son las etapas al mismo tiempo lógicas y psicológicas de la conversión. Cuando el hombre supere en si mismo, en lo intimo de su humanidad, todas estas etapas, nacerá en el la necesidad de la confesión. Esta necesidad quizá lucha en lo vivo del alma con la vergüenza, pero cuando la conversión es verdadera y auténtica, la necesidad vence a la vergüenza: la necesidad de la confesión, de la liberación de los pecados es mas fuerte. Los confesamos a Dios mismo, aunque en el confesionario los escucha el hombre-sacerdote. Este hombre es el humilde y fiel servidor de ese gran misterio que se ha realizado entre el hijo que retorna y el Padre. (Hom. Roma 16-III-1980).

San Agustín

*Pues yo reconozco mi culpa, tengo presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a si mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a si mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón (Sermón 19).

San Josemaría:

* Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios.

* Te asaltan dudas, tentaciones con facha elegante. –Me gusta oírte: se ve que el demonio te considera enemigo, y que la gracia de Dios no te desampara. ¡Sigue luchando!

* ¡Y pensar que por una satisfacción de un momento, que dejó en ti posos de hiel y acíbar, me has perdido "el camino"!

* ¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades...

–Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena... Y satanás cuenta con todo eso, para tentarnos.


4. Propósito: