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4 Julio


1. Evangelio:

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: "¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?" Jesús lo oyó y dijo: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."


2. Temas para pensar:

¿Dedico todos los días un rato a ayudar a los demás (hacer la compra, ayudar a mi madre a recoger la casa o entretener a mis hermanos)? ¿En estos días, me preocupa sólo mi descanso? ¿Procuro ayudar a mis padres y a mis hermanos para que descansen? ¿Me paso el día pensando en mí, en mis cosas? Cuando hago deporte con mis amigos: ¿pienso sólo en divertirme yo?

Hago planes que no me apetecen, pero que hacen felices a los demás? ¿Ayudo en la casa, a retirar los platos, a ordenar la habitación, etc.? ¿Tengo mi cuarto siempre desordenado? ¿Me doy cuenta que esos son los sacrificios, la mortificación que me pide el Señor: no dar una mala respuesta, sonreir, comer de todo, estar con las personas que lo necesitan y no sólo con las que me caen bien...?

¿Cómo me mortifico en lo pequeño, en lo que hace agradable la vida a los demás?


3. Rezar con la Iglesia y con los santos

San Antonio María Claret:


Se ha escrito sobre su espíritu de mortificación: No es posible la vida cristiana sin el espíritu de penitencia, ni menos la santidad sin la práctica de la mortificación. ¡Qué ejemplo nos da de ello San Antonio María Claret! La comenzó ya de joven, y le acompañó toda la vida. Tres días a la semana se ponía el cilicio; otros tres se disciplinaba; ayunaba los viernes y sábados. De estudiante, se levantaba muchas veces de la cama, exclamando: «¡Señor! ¿Vos en un pesebre, y yo en una cama? ¡Jesús mío! ¿Vos en la cruz, y yo en un blando lecho?» Y se entregaba así a la penitencia. En su vida de misionero, comía frugalmente; no probaba la carne ni el vino; dormía muy poco, y las más de las veces, recostado en una silla; hacía siempre los viajes a pie, privándose de todo refrigerio. Más extraordinarias fueron sus penitencias cuando arzobispo y cuando confesor real, por las especiales circunstancias en que se mantenía fiel a su plan de austeridad y de privaciones. Y a estas mortificaciones voluntariamente tomadas, ¿cómo no sumar las que le venían de los mismos ministerios, de los elementos, de la persecución de los malos? Bien pudo exclamar, al fin de su vida, que llevaba en su carne los estigmas de Jesucristo.

Santa Ángela de la Cruz

*Padecer lo que Dios nos mande muy conforme, sin desear otra clase de padecimientos, aunque no sean tan penosos. Padecer en silencio y sin quejarse. Padecer sin cansarme, deseando se aumente el penar. Padecer con alegría y paciencia inalterable, sin buscar alivio ni descanso ni consuelo, sino en la obediencia.

San Josemaría

* Pregúntate muchas veces al día: ¿hago en este momento lo que debo hacer?

* Fomenta tu espíritu de mortificación en los detalles de caridad, con afán de hacer amable a todos el camino de santidad en medio del mundo: una sonrisa puede ser, a veces, la mejor muestra del espíritu de penitencia.

* –No vayas a Santa María sólo a pedir. ¡Ve también a dar!: a darle afecto; a darle amor para su Hijo divino; a manifestarle ese cariño con obras de servicio al tratar a los demás, que son también hijos suyos.


 

4. Propósito: