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9 Julio


1. Evangelio:

En aquel tiempo, Jesús llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.


2. Temas para pensar:

¿Sé que el Señor quiere apoyarse en mí como en uno de los doce Apóstoles? Pienso, como enseña la Iglesia, que yo tengo que anunciar el Evangelio aquí, en este pueblo de montaña, en este lugar de la costa, en esta ciudad donde paso el verano? ¿Qué puedo hacer para acercar a Dios a las amigas y amigos que trato en el verano? ¿Pienso en la oración cómo acercar a Dios a los que me rodean?

¿Tengo presente que la verdad se propone, no se impone... pero tengo que proponerla?

¿Me pongo falsas excusas? Ahora nadie se corta por nada: ¿me da miedo hablar de mis convicciones cristianas? ¿Me asusta comportarme siempre -a la hora de divertirme, sobre todo- como la buena cristiana o el buen cristiano que quiero ser? ¿Me avergüenzo de Jesucristo? ¿Disimulo mi fe? ¿Digo las verdaderas razones por las que no participo en planes que no son dignos de una chica, de un chico que quieren ser cristianos?

¿Podrían decir de mí lo de la película: ¿Pero qué hace una chica como tú en un sitio como éste? ¿Me dejo arrastrar, o soy yo quien tomo la iniciativa, para divertirnos y pasarlo bien sin nada que ofenda a Dios?

¿Hablo con mis amigos, con mis amigas, con claridad, en el marco de la confianza, de temas difíciles, pero que les pueden hacer mucho bien: por ejemplo, de la necesidad de apartarse de las drogas; y tantos otros temas?


3. Rezar con la Iglesia y con los santos

San Juan Bosco 

*Con la oración y el sacrificio se prepara la acción.

San Josemaría:

* ¡Poder de hacer milagros!: a cuántas almas muertas, y hasta podridas, resucitarás, si permites a Cristo que actúe en ti.

En aquellos tiempos, narran los Evangelios, pasaba el Señor, y ellos, los enfermos, le llamaban y le buscaban. También ahora pasa Cristo con tu vida cristiana y, si le secundas, cuántos le conocerán, le llamarán, le pedirán ayuda y se les abrirán los ojos a las luces maravillosas de la gracia.

* Me parecen muy lógicas tus ansias de que la humanidad entera conozca a Cristo. Pero comienza con la responsabilidad de salvar las almas de los que contigo conviven, de santificar a cada uno de tus compañeros de trabajo o de estudio... –Esta es la principal misión que el Señor te ha encomendado.

Compórtate como si de ti, exclusivamente de ti, dependiera el ambiente del lugar donde trabajas: ambiente de laboriosidad, de alegría, de presencia de Dios y de visión sobrenatural.

–No entiendo tu abulia. Si tropiezas con un grupo de compañeros un poco difícil –que quizá ha llegado a ser difícil por tu abandono–, te desentiendes de ellos, escurres el bulto, y piensas que son un peso muerto, un lastre que se opone a tus ilusiones apostólicas, que no te entenderán...

–¿Cómo quieres que te oigan si, aparte de quererles y servirles con tu oración y mortificación, no les hablas?...

–¡Cuántas sorpresas te llevarás el día en que te decidas a tratar a uno, a otro, y a otro!


 

4. Propósito: