Inicio

 

Esta es mi vida

Vickie Amulega, de Kenia




Son las 6.35 de la tarde. Voy andando hasta casa pensando qué debo escribir. Llego a la puerta y cuando voy a hurgar en el bolso para buscar la llave, de repente caigo en la cuenta: la colada todavía está tendida. Está puesta desde 6.30 de la mañana. ¡Estará seca hasta más no poder!

Entro en casa anhelando echarme un ratito, porque estoy recuperándome de una enfermedad vírica, que me tiene todavía débil. En la sala de estar, los niños están haciendo los deberes. Les digo : “iHola! ¡Por favor cerrad las ventanas!” Dejo el bolso encima de la cama y en la cocina las verduras que llevo. Saludo a mi sobrina e inmediatamente me lavo las manos y empiezo a preparar las verduras, a lavar los platos...

-¿Quien se ha bañado ya?
-iYo!” dice Joe.
-¡Uff! ¡Qué desastre de mesa! Anda, límpiala, corre! Gloria, ¡cierra las cortinas!
-Mamá -me dice Lisa- el profesor nos ha dado un trabajo de kiswahili para que se lo leamos a nuestros padres.
-Muy bien -contesto- guárdalo y se lo lees a papá cuando venga.
-Tía -me dice Loretta- no hay bastantes patatas.
-No te preocupes. Haremos arroz blanco. Además, deberíamos hacer ugali porque todavía me duele la barriga.

Finalmente la cena está lista y estamos todos. Después de cenar, los niños rezan unos misterios del Rosario. Decido revisar el uniforme de los chicos para el día siguiente. No está listo. Me pongo a planchar. El pantalón corto de Joe está lleno de desgarrones. Lo pongo aparte para zurcirlo —el montón crece- el día en que me ponga...

Iba a tenderme un rato nada más llegar -¿recordáis?- son las 10.10 de la noche.

Cinco hijos

Esta es mi vida. Me llamo Vickie Amulega. Soy madre de cinco hijos: Audrey de 12, Alvaro de 11, Gloria de 9, Joe de 8 y Lisa de 6 años. Tengo dos trabajos: soy profesora y ama de casa. Los dos trabajos me gustan mucho a pesar de que son muy duros.


Me puse en contacto con la Obra a los quince años. Debo decir que desde entonces la Obra y las enseñanzas del Fundador del Ops Dei han influido mucho en mi vida. Mi primer ‘encuentro’ con él fue a través de una película que proyetaron durante una reunión: me llamó la atención su alegría, su gran bondad, su sentido del humor...

De joven me gustaba citar muchos puntos de Camino, p. ej.: No digas: "Es mi genio así..., son cosas de mi carácter. Son cosas de tu falta de carácter. Y otra —“si no puedes alabar, cállate ”. Muchos años después, han sido sus palabras, enseñanzas y modo de vida lo que de hecho han configurado todo mi ser y es de esperar que finalmente mi familia.

En mi lugar de trabajo también lo noto. Podría intentar meter a la fuerza mis ideas en el cerebro del alumno, pero nunca infravalorar el poder de la familia y más el de la madre. Para lograr determinadas cosas, la madre tiene que pensar del mismo modo que tú.

En la escuela una de mis tareas es escuchar las tutorías de las chicas. He encontrado tutorías muy instructivas y útiles para mi propia madurez y entrega a los demás. De vez en cuando, la vida es dura y es difícil estar alegre. Yo soy aprensiva por naturaleza. Lo que me ayuda mucho es el comentario hecho por un sacerdote hace algunos años: “cuando os sintáis muy abatidos, id a visitar a un tutelado y mejor aún a uno de los que están en condiciones difíciles. Esto siempre me ha ayudado a olvidar mis propios problemas, al menos mientras repito la oración del Padrenuestro. Padre, yo me ocupo de tus cosas, ocúpate tú de las mías por mí”.

No siempre es fácil, pero, de algún modo, la formación que recibo la Obra me da puntos de referencia. ¿Qué dice el Fundador sobre esto? Uno de mis hijos da un portazo. Le hago volver —“Anda, abre la puerta y ciérrala con cuidado de nuevo, diciendo: Jesús, te quiero.” Otro se hace daño y le digo “¿Por qué no le ofreces este pequeño dolor a Jesús para...” Todo esto no es mío... ¡lo he aprendido!

Hay veces en que me encuentro muy agotada. Lo que más me cansa son las “relaciones humanas”: estar disponible para cuando los demás te necesitan, de forma que puedan contarte sus penas. Se trata de saber escuchar. Y no es que yo tenga estas buenas cualidades: en eso consiste mi trabajo. Cuando me canso, recuerdo los consejos del Fundador: “Hijos míos, cada uno de vosotros tiene que ser una alfombra que los demás pisen blando.” Aunque en más de una ocasión, ¡no pisan con suavidad, precisamente!


Como ya he mencionado antes que conocer las enseñanzas del Fundador del Opus Dei ha tenido una gran influencia en mi vida. Por ejemplo, a la hora de vivir el espíritu de pobreza cristiana. En casa, pienso en algo tan trivial como buscar el hilo de color exacto para zurcir un desgarrón. Mientras tiro un hilo que todavía podría servir me acuerdo de lo que decía: “con los trozos de hilo que desperdiciáis el diablo hace una cuerda.” El sol ilumina directamente un mueble de la habitación: recuerdo sus enseñanzas del cuidado de las cosas materiales y corro las cortinas.

Y lo mismo en mi trabajo, estoy a punto de tirar un papel y pienso: el reverso del papel se podría utilizar como borrador. Y en tantos detalles: arreglando a tiempo lo que se estropea, para que no se deteriore más, manteniendo los materiales y los equipos en buenas condiciones para que duren más... la lista sería interminable.



Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002


 


 

Ir a la página de Inicio