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¡Ahora comienzo!

Anastasia Ngumuta, de Nairobi, Kenia





Soy Anastasia Ngumuta, médico en una clínica privada de Nairobi, Kenia. Estoy casada y tengo cuatro hijos de 24, 23, 20, y 11 años y medio.

Nací y me crié en un marco rural en el Distrito Machakos de Kenia. Mi padre tenía un trabajo humilde en Nairobi y durante la mayor parte del tiempo, mis siete hermanas y yo vivíamos con nuestra madre. Mi madre trabajaba duro como campesina tratando de producir suficiente comida para alimentar a la familia y complementar los ingresos de mi padre en una zona semiárida. A mis hermanas y a mi nos enseñaron a trabajar duro por razones puramente humanas y a valorar la vida familiar. La nuestra era una familia feliz.

Mi padre era singular en el sentido de que estaba satisfecho de querer y educar a hijas en una zona y en una época en las que las hijas no eran muy valoradas. Recuerdo que cuando mi padre murió, yo tenía 18 años, mi madre atravevesó una etapa dificil. Pero mantuvo escolarizadas a mis hermanas pequeñas, a pesar
de la oposición de algunos familiares.

Me casé a una edad temprana, cuando cursaba primero de Medicina. Siguiendo el ejemplo de mis padres, trabajé duro en mis estudios y de algún modo logré ocuparme de una familia que crecía.

Mientras iba a la Universidad cuando tuve la suerte de hacerme con una estampa del Beato Josemaría. No recuerdo si alguien me habló de él o no, pero me atrajo su enseñanza. La estampa indicaba que fundó el Opus Dei, un camino hacia la santidad cumpliendo con los deberes corrientes de la vida. Recé esa estampa fielmente a lo largo de los años, porque me emocionaba el mensaje de la oración.

No sé por qué, pero compré un ejemplar de “Camino” y lo leí un poco, aunque no me interesé mucho. No fue hasta que nuestro tercer hijo fue a la Escuela Primaria Strathmore cuando aprendí “este camino hacia la santidad haciendo cosas corrientes”. Admiré la manera de ocuparse de nuestros hijos y la molestia que los profesores se tomaban para hacernos participar en la educación de nuestros hijos. Era asombroso que las reuniones de padres se convocaran fuera de su jornada laboral iY ni siquiera nos lo cobraban!

A través de nuestro primogénito que había ingresado en el Hodari Boys’ Club, conseguí un folleto sobre la beatificación del Beato Josemaría y el viaje que se estaba organizando para el acontecimiento. Decidí sin más ir a Roma como amiga del Opus Dei y desde entonces mi vida no ha sido igual.

Justo antes del viaje asistí a mi primer día de Retiro que me emocionó profundamente y me abrió nuevos horizontes. Con el tiempo, adquirí varios libros sobre la vida del Beato Josemaría y un buen número de sus escritos y los leí con gran interés.

Mi perspectiva de la vida ha cambiado. El esfuerzo que supone trabajar en un empleo a tiempo completo, ocuparme de mi marido y mis hijos y los familiares ya no produce el sentimiento de frustración que solía producir. Lo hago todo lo mejor que puedo, con amor y alegría por la gloria de Dios incluso cuando esto causa sufrimiento, pues el Beato nos enseñó que la alegría es compatible con el sufrimiento.

Trato a mis pacientes con respeto, atendiendo sus necesidades pacientemente, sabiendo que todos somos hijos e hijas de Dios y hermanos y hermanas de Cristo. Veo en los enfermos el tesoro que el Fundador del Opus Dei enseñaba, y con amor y compasión trato de enseñarles a ofrecer su sufrimiento a nuestro Señor, pero hago lo que puedo para aliviárselo.

Me identifico con él, que amaba mucho a los enfermos y pasaba mucho tiempo entre los enfermos y los pobres al principio de su sacerdocio, consolándolos. Durante todo el día, trato de recordar que estoy trabajando para Dios y no simplemente por el dinero o el prestigio.


Ya en los primeros momentos aprendí que el Fundador amaba la institución del matrimonio y enseñaba que la familia es la unidad básica de la sociedad y si se destruía la familia, la sociedad se desintegra. Esto ha influido mucho en mi vida familiar. Trato de planificar mi cargado horario de tal manera que gane tiempo para mi marido y mis hijos.

Estoy convencida de que soy la educadora principal de mi familia y por ello me intereso mucho por su educación y bienestar. He tenido que privarme de varias cosas para cumplir este principio. Una vez renuncié a un empleo de profesora universitaria, porque ya no podría hacerlo bien y al mismo tiempo ocuparme de mis hijos porque en aquella época mi marido estaba trabajando fuera de Nairobi.

Cada vez que me sentía tentada de lamentar mi decisión, encontraba consuelo en la enseñanza del Fundador del Opus Dei que decía que a veces nuestro Señor nos pide cosas difíciles, incluyendo trabajar en empleos humildes por las almas. Me decía que si Dios me pide que me interese por las almas, mi cometido tiene que empezar con mi familia.

Muchas veces he tenido que renunciar a cosas materiales para dar a nuestros hijos una buena educación en escuelas que nos ayudan con su formación; y no me plantearía aceptar un empleo lejos de casa, a menos que pudiera mudarme con la familia sin comprometer su bienestar, por muy lucrativo que pudiera ser.

El domingo lo pasamos en familia; comemos y cenamos juntos y tratamos de ir juntos a Misa, como una familia.

Siempre que tengo un paciente en el hospital, me levanto pronto para atenderle y, siempre que sea posible, me reúno con mi familia en la Misa. Esto exige mucho esfuerzo y planificación por mi parte, pero he descubierto que es posible si se hace por amor a Dios.

Cada vez que podemos permitírnoslo, organizamos una reunión para toda la familia: padres, hermanos y hermanas y sus familias. Esto significa mucho trabajo y sacrificio para algunos de nosotros, pero me anima la vida del Fundador que mimaba la vida familiar. Nos enseñó a aprender del ejemplo de la Sagrada Familia que tuvo una vida sencilla pero esperanzadora y alegre. Y cada vez que me fallan las fuerzas, con la gracia de Dios me levanto y vuelvo a empezar tal como enseñaba: “Nunc coepi” , “¡Ahora comienzo!”.

Congreso Internacional LA G
RANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma,8a 11 de enero del 2002

 


 

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