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Barbara Dmochowska,
supernumeraria del Opus Dei
profesora de Música en Poznán, Polonia



Hace cinco años que conozco el espíritu de la Obra.

Entonces estaba ya casada, y con muchos viajes profesionales, conciertos...

Recibimos después de siete años de matrimonio, el primer hijo, luego el segundo, y ahora espero el tercero. La vida de familia empezó a florecer.

Recibí muchas gracias de Dios, ocupándome de la casa, los niños.

Los medios de formación impartidos por el Opus Dei me ayudaban mucho; menciono algunos aspectos:

 


-Orden: el plan del día, horario de trabajo, disciplina en hacer lo planeado, consecuente humildad.

-Mi marido y los niños son lo primero.

-Irme a dormir puntualmente: esto exige humildad, cuando quedan tantas cosas por hacer. Así he conseguido tener tiempo para hablar con mi marido, otro motor de la vida familiar, que cuidamos.

Dejarme ayudar: Pedir ayuda. Gracias al Beato Josemaría comprendí que mucha gente me podía ayudar; antes era tan ambiciosa que todo lo quería hacer yo sola; me di cuenta que puedo pedir a mis padres -con humildad- que me ayuden, y así además cumplen su misión de abuelos; también busqué ayuda en las tareas domésticas, gracias al trabajo de mi marido.

Algo específico de mi trabajo, es que cada uno es jefe de sí mismo. Tuve que recortar mi actividad profesional: dejé de ser profesora en el Liceo y me quedé con las clases en la Academia de Música a estudiantes de nivel superior.


Para dar bien las clases y profundizar, necesito orden: dedicar cuatro horas diarias a prácticas, excepto sábados y domingos -si no tengo concierto-, y en ese caso, esto es un servicio a los demás. Lo veo como apostolado de la diversión. Además, ¡cuántas posibilidades apostólicas entre mis alumnos, gente muy sensible, y a veces, lejos de Dios! Me gusta mucho mi trabajo, y me costaría mucho dejarlo.

Las enseñanzas del Beato Josemaría me ayudan a ordenar la vida, para dar mayor gloria a Dios. Gracias a la oración, veo cómo hacer más apostolado; se me ocurren ideas de cómo organizar la diversión y la música. He puesto en marcha una iniciativa para las familias, que a veces no pueden ir a conciertos o cantar juntos. Estoy abierta a ayudar y hay gente que quiere colaborar. Gracias al espíritu de la Obra que tanto une.

Procuro ser puntual, como el Fundador del Opus Dei nos enseñó. Me ayuda mucho pensar en la repercusión que puede tener en otras personas mi lucha por la santidad. Veo cómo alguien mejora en su trabajo, en el modo de vestir con elegancia, y si no veo los frutos, no importa.

Lo más necesario es una sincera y profunda oración, el cuidado de la vida interior, ya que es de donde puedo sacar fuerza y amor para todos: para mi familia y para el trabajo fuera del hogar, e incluso para ayudar a mi marido en su profesión de ginecólogo, que trabaja en un Hospital, y a quien le gustaría crear uno nuevo.

He aprendido a vivir un apostolado de amistad, que no es llevar a la gente a Dios por la fuerza, si no a través de la grandeza de la vida ordinaria, de la llamada de cada uno a la santidad.



Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero deI 2002

 


 

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