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Historia de una joven profesional "frustrada"

Cristina Gamboa - México, D.F.




Corrían los primeros años de mi matrimonio, mis hijos eran pequeños y el menor todavía no había nacido. Eran los años setenta y yo era una joven profesional frustrada, que veía cómo algunas compañeras triunfaban en su trabajo profesional, mientras yo cuidaba a mis tres pequeños hijos. Aunque -mi--matrimonio y mi casa eran lo primero, la incidencia de los movimientos de liberación femenina y la anticoncepción, se enfrentaban a mi formación católica.

En alguna ocasión, junto con dos amigas, organizamos un ciclo de conferencias sobre la educación y formación de los hijos. Las conferencias fueron un éxito. El director de una importante empresa farmacéutica nos invitó a dar un ciclo de conferencias a sus empleadas sobre el uso de anticonceptivos, ofreciéndonos un importante pago.

En ese momento mi esposo participaba en un curso sobre dirección de empresas en el IPADE. Nos invitaron a las esposas a una de las sesiones, en la que el tema era “La personalidad madura”. Yo pensé que la conferencia iba a empezar por la consabida definición de personalidad de Gordon Alport, ¡una clase más, en fin!, pero al descubrir lo interesante del tema, pedí al conferenciante que me proporcionara bibliografía. Me mandó a través de mi marido una serie de títulos, entre los que venían algunas homilías del Beato Josemaría Escrivá.

El primero que leí fue Es Cristo que pasa, en concreto la homilía, “En el taller de José”. Poco a poco fui descubriendo un mundo nuevo, además de encontrar una semejanza entre San José y las virtudes de mi esposo. Al terminar de leerlo y releerlo, mi vida se planteaba como algo diferente. Mi hogar, mi marido, mis hijos, resplandecían con nuevas luces; las luces de la casa de Nazaret.

Continué leyendo las otras homilías y todas las obras de Monseñor Escrivá de Balaguer, conocí la Obra y al poco tiempo pedí la admisión. La entrevista con el empresario farmacéutico se realizó. Le dije que podríamos dar las conferencias a sus empleadas, pero que no daríamos el tema de los anticonceptivos (con la orientación prevista); y no se realizaron dichas conferencias en esa empresa.

Más tarde, ya siendo mi marido y yo miembros de la Obra, hicimos un Curso de Orientación familiar y después, preocupada por mejorar la Opinión Pública, realicé un post-doctorado en Comunicación y Desarrollo Humano y un master en Comunicación Social.

He alternado mi trabajo profesional con mi casa de tal manera que ahora no sé dónde termina uno y empieza el otro, ya que tan profesional es uno como el otro. Los triunfos y los éxitos no los mido según ingresos o cargos, sino más bien en función del servicio que el Señor espera en esta o aquella tarea, bien sea de la casa o de algún importante trabajo fuera de ella.



Testimonio. Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma,8 a 11 de enero del 2002

 


 

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