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Trabajando por y para la familia

Gerard Graas, de Holanda




A
finales de los años 70 conseguí mi primer trabajo. Consistía en montar modelos cuantitativos para analizar distintos temas económicos. Un año antes había conocido a mi futura esposa. Las perspectivas profesionales no eran muy positivas. Mi trabajo era temporaly a tiempo parcial, y mal renumerado. A pesar de todo nos casamos en el verano de 1980. Cambié de trabajo, esta vez a uno con jornada completa. Mi mujer se quedó embarazada a los pocos meses.

En 1981 empecé a trabajar en un pequeño banco extranjero con unos 25 empleados y con un ambiente de trabajo bastante informal. A mediados de 1981 nació nuestro primer hijo. Teníamos claro que la familia es cosa de dos y empezamos a repartirnos tareas. Así fuimos a lo largo de los años realizando actividades domésticas según nuestras habilidades y preferencias recíprocas. Las mías eran y son, aunque hay mucha flexibilidad en ellas, los asuntos económicos, ayudar a los niños con las tareas escolares, llevarles a la cama y leerles un cuento, acompañarles a las actividades deportivas, ir de compras los sábados y organizar la agenda social.

En general en Holanda el horario laboral permite una compatibilidad bastante buena entre trabajo y familia, en el caso de que sólo uno de los padres trabaje fuera de casa. Con ocho horas laborales y no más de una hora de pausa a mediodía se puede trabajar de 08.00 a 17.30 horas. Así uno puede estar en casa normalmente a las 18.00 horas. Como en Holanda se suele cenar a las 18.00 horas hay toda una tarde a partir de las 19.00 horas, permitiéndote dedicar tiempo a la familia, reuniones de colegio, estudio y propia formación, actividades sociales y deportivas, etc.

Después de unos tres años en el banco no había muchas posibilidades para desarrollarme más profesionalmente. Busqué otro trabajo y lo encontré en otro banco. Tampoco se cumplían todas mis expectativas en éste, además de que no me gustaba mucho el ambiente profesional y personal allí, ya que no me permitía tener buenas amistades y en menos de un año volví a buscar otro trabajo. Esta vez lo encontré en una empresa de investigación y consulting. Era un trabajo más relacionado con mi carrera universitaria y me dediqué a la investigación, análisis económico del sector de transporte y tráfico.

Ya teníamos dos hijos y los temas de la educación me interesaban cada vez más. No era tanto cuestión de interés intelectual, sino más bien el sentirme responsable de la educación de nuestros hijos y de ayudar a nuestros amigos. Había leído en los escritos del Beato Josemaría su gran amor y preocupación para las familias.

En Holanda no hay tradición de enseñanza privada; esto implicaba que casi no existían ni existen colegios fundados por padres con las mismas ideas e ideales. Esto se debe sobre todo al sistema de financiación bastante excepcional de los colegios. La aportación económica de los padres a los colegios, sean públicos o de origen confesional, es casi nula. Hasta la edad de 16 años, todos los gastos escolares son sufragados por el gobierno.

Este sistema genera una mentalidad poco sacrificada por parte de los padres, que no están demasiado dispuestos a invertir dinero en la enseñanza de sus hijos. Sin embargo, hay bastantes padres que estan descontentos con los colegios de sus hijos. Tampoco había actividades para ayudar y orientar a los padres de familia en la educación.

En la segunda mitad de los años 80 empezamos a invitar a algunas personas expertas en temas de educación e intercambiar ideas y experiencias educativas. Mientras tanto se organizaban actividades divertidas para los niños. El ambiente de esos días era muy informal y acogedor. Pudimos invitar y conocer a muchas familias. Al mismo tiempo mi mujer y yo íbamos preparándonos para actividades más directas con padres. En 1988 fuimos a un congreso sobre orientación familiar y el año siguiente pudimos organizar con la ayuda de algunos padres belgas un primer cursillo para padres.

Cinco hijos

En 1990 teníamos ya 5 hijos. El mayor tenía 9 años y la pequeña un par de meses. Vivíamos en una casa alquilada en Rotterdam. Trabajaba hacía 4 años en una empresa de investigación y consulting en el sector de transporte y tráfico. El trabajo me había costado algo durante el primer año, porque el nivel teórico era más alto de lo que había previsto. Los contactos personales dentro de la empresa eran bastante buenos. Fuera del horario laboral me permitía colaborar organizando actividades culturales y deportivas para y con los colegas. Normalmente trabajaba de 08.30 hasta las 17.15 horas, lo que me permitía llegar a casa antes de las 18.00, hora de la cena en Holanda. Después de la cena, limpiar la cocina, llevar a los pequeños a la cama a las 20.00 y tener una tarde-noche disponible para otras cosas.

En 1991 me surgió otro trabajo, como Director de una filial holandesa perteneciente a una empresa española. Aproveché la ocasión para buscar otra casa más amplia. Finalmente el despacho se montó en las afueras de Amsterdam y empecé a viajar diariamente de Rotterdam a Amsterdam. Para ahorrar gastos solía hacerlo en tren, lo que suponía una hora y cuarto. Me permitía poder trabajar, leer y estudiar durante el viaje.

En el año 1989 habíamos iniciado un primer ciclo de la orientación familiar en Holanda. Con la ayuda de algunas parejas de Bélgica tradujimos algunos casos al holandés, buscamos y encontramos unas seis parejas y empezamos un curso. Nos reunimos cada mes en casa de una de las parejas. Pudimos encontrar en nuestro barrio algunas parejas protestantes del colegio de nuestros hijos. A pesar de los inconvenientes, hemos podido repetir estos cursos durante tres años más.

La conclusión más importante para mí en relación con mi mujer y mis hijos era y es luchar por tener el tiempo suficiente para dedicarlo personalmente a cada uno de la familia. Con los niños descubrí varias maneras para hacerlo. Una era dar una vuelta en bici y charlar un poco sobre el colegio, sus amigos etc. Otra era acompañarme a la compra semanal que me tocaba los sábados por la mañana.

Así, el hijo que me acompañaba podía elegir las chucherías para él y sus hermanos. Con mi mujer aprovechábamos sobre todo los viajes a las reuniones para comentar las relaciones con los hijos y hablar de la nuestra también. Como los hijos todavía eran pequeños, normalmente a partir de las nueve de la noche teníamos tiempo para nosotros solos, hablar, ver la tele o escuchar música.

Una Asociación de familias

En el año 1992 nos lanzamos con una iniciativa valiosa. Preocupados con la calidad moral de los colegios se reunieron varias personas para hablar de este tema. La conclusión fue mentalizar primero a los padres de la importancia del valor de la familia para la sociedad. Entonces decidimos iniciar una Asociación de Familias para proteger los derechos de la familia.

Me nombraron presidente del primer consejo y empezamos a trabajar en 1993. Organizamos anualmente seminarios sobre distintos valores de la familia e iniciamos una revista. Así conocí a varios padres de familia con los que pude hacer amistad. Mi trabajo me permitía cierta flexibilidad para dedicarme a esta iniciativa.

El trabajo en la empresa en Amsterdam sólo duró año y medio (hasta principios del 1993). La empresa matriz fue comprada por una empresa que no necesitaba la filial holandesa. Menos mal que sólo un mes más tarde un cuñado mío me ofreció la gerencia de una nueva filial holandesa de un grupo de comercio internacional. También este trabajo consistía al principio en la administración financiera y fiscal de la filial, pero al poco tiempo me dediqué también a la explotación comercial.

El año 1994 fue importante e interesante para la Asociación Holandesa de Familias. Este año se celebró internacionalmente el Año de la Familia. El ministro holandés responsable, que al principio no tenía ningún interés en promover actividades para la familia, aprovechó la situación para promover ideas ‘progresistas’ sobre la familia.

Tuvimos entonces una idea con bastante eco en la prensa: dar un premio a los padres que cumplían 25 años de casados. Aprovechábamos para acentuar la importancia del matrimonio para la sociedad y para llamar la atención sobre la posición financiera de las familias. Cada vez se hacía más insuficiente el trabajo remunerado de uno de los padres para mantener económicamente la familia. Se hacían necesarios dos salarios. Como presidente de la Asociación tuve varias veces la oportunidad de presentar públicamente estas ideas y así hacer contactos interesantes.

Desde el principio me metí activamente en el colegio de los niños. Asistimos a las reuniones de padres para participar en los temas de educación y para conocer también a los demás padres. El trabajo profesional era interesante y cada vez más exigente. Tenía que viajar más, pero no se produjeron choques con los intereses
familiares. Para aprovechar mejor el espacio en casa, instalamos uno de los dormitorios como estudio, sobre todo para los hijos mayores.

Nos quedamos sólo con tres dormitorios, uno de matrimonio, uno para los niños y uno para las niñas. La cuarta habitación, la más pequeña, la utilizábamos para poder trabajar en casa, también yo, y para mejorar el ambiente de estudio de nuestros hijos. Esto me daba todavía más ocasiones para ayudarles con los deberes y hablarles individualmente. Por la situación de la casa, cercana a un bosque, salíamos mucho los fines de semana a pasear.

Sin trabajo


En el año 1997 me quedé sin trabajo, porque la empresa no había alcanzado la suficiente rentabilidad y la empresa matriz decidió parar las actividades de la filial holandesa. Asistí a un curso de ‘outplacement’ para orientarme hacía mí futuro profesional. Fue una experiencia extraña y algo confusa al principio. Durante toda la carrera profesional mi lema había sido más o menos: “haz bien el trabajo que te toca a hacer y lucha por hacerlo cada día mejor”. Ahora las nuevas circunstancias y este curso me obligaban a reflexionar de un modo más profundo sobre mis cualidades y preferencias profesionales. El lema debía de ser: “haz el trabajo que te gusta hacer y lucha por hacerlo cada día mejor, con más perfección y con más gusto”.

Después de más de un año en paro se me presentó una oportunidad profesional en otra empresa . Me ofrecieron la gerencia financiera del equipo profesional de ciclismo, patrocinado por la empresa. Esta actividad significaba la base económica necesaria para empezar en 1998 como empresario autónomo.

Desde 1997 la relación con mi familia había cambiado. Ya no salía de casa para trabajar fuera, porque trabajaba gran parte del día en mi estudio de casa. La ventaja era que podía ayudar más en las tareas domésticas y estar con mi mujer y los niños. Por otro lado, se mezclaba más lo privado con lo profesional y no siempre a favor de los dos, por no concentrarme lo mejor posible en cada una de las tareas. Entonces decidí alquilar un pequeño despacho no muy lejos de casa para poder trabajar algunos días de la semana con más intensidad.

Un nuevo cambio


En el verano de 1999 me ofrecieron un trabajo como director financiero de una nueva emisora de radio en España. Acepté la oferta, pero mantengo el trabajo en Holanda. Unos meses más tarde busqué casa y colegios y fuimos todos a vivir a Madrid en Enero de 2000.

Como los dos trabajos son bastante exigentes, tengo ahora menos tiempo disponible para la familia que antes. Durante la semana estoy feliz de poder comer en casa con mi mujer (nuestros hijos comen en el colegio) y poder estar y hablar tranquilamente con ella una hora. Con nuestros hijos puedo estar durante la semana a partir de las 20.30. Les ayudo con los deberes y les llevo a la cama para leerles un cuento. Poder leer para ellos es un gran placer para mí. Ahora leo (casi) cada noche un cuento a cada uno de los tres pequeños (de 7, 10 y 12 años). Lo bueno es que como ya no son tan pequeños podemos leer libros cada vez más interesantes, también para mí mismo.

Los sábados intento acompañar a cada uno a sus actividades de deporte o verles con sus amigos, aprovechando para conocer a los padres. Los domingos intentamos salir juntos de excursión o estar con los amigos que vamos conociendo.

Todo esto son motivos para estar muy agradecido, contento y alegre. Por otro lado, he aprendido mucho de nuestros 20 años en Holanda. Allí hemos tenido que luchar mucho por los colegios, por la parroquia y por la formación doctrinal de todos, para sacar adelante la familia. En Madrid, donde aparentemente estas condiciones son más favorables, parece que podemos estar tranquilos. Pero no queremos caer en esta trampa. No podemos dejar nuestra responsabilidad de padres a otros. Quiero seguir luchando por mi familia y por mi futuro profesional.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero deI 2002

 


 

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