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Transmitiendo alegría con mi trabajo

Mizue Imamura, de Nagasaki, Japón





Hace 17 años que conozco la Obra. Durante este tiempo, he aprendido a vivir con profundidad la vida que Dios me ha concedido, a santificar el trabajo de cada día y experimento que con el trabajo viene también la alegría. Aunque tengo un horario complicado, mi vida es muy sencilla, ya que la finalidad es sólo una: santificarme con y en ese trabajo. En mi hogar, con mi esposo, formamos un hogar para todos, lo llamamos “la casa di todos”, un lugar en el que todos encuentren la alegría.

Recuerdo estas palabras del Fundador del Opus Dei: “Los esposos cristianos han de ser conscientes de que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad”. (Conversaciones, 91)

Estoy casada y trabajo como profesora de música en una Escuela Primaria. Dirijo allí, el club de coro de madres de alumnas y tengo a cargo también el coro en la parroquia. Además de clases de piano en mi casa doy clases de coro, clases de canto; ayudo en el voluntariado de la iglesia parroquial, y de cuando en cuando realizo —junto con mi esposo- conciertos familiares. Todo ello hace que mi horario esté lleno de actividades.

A través de todos estos trabajos, me encuentro siempre en contacto con otras personas, con las cuales comparto muchas experiencias. El hecho de alegrar a la gente, significa para mí, alegrar también al Señor.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero deI 2002

 


 

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