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Del budismo a la fe católica

Kiroko Inushima, de Kobe, Japón




Muchas veces he pensado que si el Fundador del Opus Dei no hubiera respondido que “sí” a Dios, yo no sería lo que soy hoy, ni estaría ahora escribiendo este testimonio.

Hace veintiséis años asistí por primera vez a un Retiro Mensual en un Centro de la Obra con un grupo de señoras de mi parroquia. Me quedé impresionada con el ambiente que encontré en el Opus Dei y -desde entonces empecé a asistir todos los meses.

Trabajo en una oficina de correos desde hace 44 años. Recibí el Bautismo cuando tenía veinte años y siempre me encontraba en la duda de cómo podía vivir mi fe realizando mi trabajo. En el Opus Dei aprendí a ofrecer mi trabajo y entendí que podía transformar mi trabajo en oración. Todos los días, procuro vivir lo que el Fundador nos ha enseñado: ver a Dios y a las almas en el trabajo que realizo.

“Me gusta mucho repetir —porque lo tengo bien experimentado— aquellos versos de escaso arte, pero muy gráficos: mi vida es toda de amor / y, si en amor estoy ducho, / es por fuerza del dolor, / que no hay amante mejor / que aquel que ha sufrido mucho. Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor: lleva a cabo todo por Amor, insisto, y comprobarás —precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento y aun del mismo fracaso humano— las maravillas que produce tu trabajo. ¡Frutos sabrosos, semilla de eternidad!”. (Amigos de Dios, 68)

Rezo por la conversión de mi marido y procuro acercar a mis hijos, todos católicos, a los Sacramentos.

Procuro cada día, comenzar y recomenzar en la lucha para unirme cada vez más a Cristo, me efuerzo por sonreír siempre. A mi hija, que desde hace trece años padece una enfermedad, procuro atenderla con cariño y cuidarla en todo lo que necesita. He tenido la suerte de ir a rezar delante de los restos del Fundador en Roma y he palpado allí la unidad que hay en la Obra.

Ante cualquier pequeña contrariedad o dificultad, pido ayuda por la intercesión del Beato Josemaría y enseguida recibo su ayuda. En realidad, todo lo agradezco a Dios y me abandono en su Voluntad, en realidad quizá ésa podría ser una buena síntesis de lo que supone la fe.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002

 


 

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