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El presente: lo único real

Ana Isabel Larraín, madre de familia y enfermera.
Santiago de Chile


Siempre tuve la idea de que era posible tener una familia y preocuparse de ella, y dedicar ciertas horas a un trabajo profesional. Desde que estudiaba en el colegio pensaba que era muy natural tener una vocación profesion.

La mía era ser enfermera, y pensaba que no tenía sentido invertir cinco años de mi vida para ser enfermera y después usar esos conocimientos sólo con mi familia.

En la Universidad, y en todas partes siempre había oído hablar del problema de compatibilizar familia y trabajo como un conflicto permanente; la mayoría de las personas parecía verlo así. Mi padre pidió a mi madre que dejara de trabajar fuera de casa cuando yo nací, y esto era frecuente entre la gente que yo conocía.



Creo que me pasó lo mismo que a mucha gente joven a mi alrededor: dar muchas vueltas al asunto, dudar a cada rato, un vago sentimiento de culpa, que más de alguna vez no me permitió trabajar bien.

Cuando empecé a conocer el pensamiento del Fundador del Opus Dei, cuatro cosas me tranquilizaron mucho:

- una, que la jerarquía era absolutamente clara, no discutible: la familia primero, porque era justamente el lugar del trabajo profesional más importante de la mujer y el primer apostolado, y sin duda en mi caso ha sido así y los frutos han sido importantes.

-lo segundo, que Dios es muy claro para mostrar lo que quiere de uno si se le presta oídos. La oración primero, ante todo, como primer deber de un hijo fiel. Yo he podido comprobar esta enseñanza; sin oración la voluntad de Dios son sólo conjeturas y la vida personal, sólo dudas.

-lo tercero era que la paz y la felicidad estaba en hacer lo que Dios quería y no lo que yo quería, y para mí la voluntad de Dios era justamente el espíritu de la Obra, santificar todo lo ordinario, en cada momento del día.

-lo cuarto es que dejé de hacer las cosas sola. Llené mis minutos con esas jaculatorias para trabajar con la humildad del burro, pedir ayuda a Jesús a José y a María a cada rato, como niño ignorante, debilucho e indefenso y con más agradecimiento: ¡Señor, tú siempre puedes antes más y mejor!

Vivir en el presente

En el Opus Dei siempre he tenido a alguien cerca que me ha recordado con insistencia que si descuido mi vida interior, el trabajo no sale. En el fondo lo que me pasó es que al poner a Dios primero, de verdad en primer lugar, estos dos trabajos que son mi familia y mi profesión pasaron a ser una continuidad que Dios mismo se ha encargado de complementar.

Una realidad impresionante es que el tiempo es de Dios y si uno pone el cariño y la dedicación donde debe, Él mismo se encarga de darnos el tiempo necesario para hacer cada cosa como corresponde.

Una amiga que ya tenía siete niños, cuando yo esperaba el séptimo me decía “ahora, después de éste no volverás a trabajar” y yo pensaba y le decía, déjame verle primero la cara a este niño, no sé lo que Dios esperará de mí con un niño más. Siempre he pensado que si un niño claramente necesita más tiempo porque está enfermo o porque t iene problemas en el colegio, es señal de que hay que quitar horas a lo que sea, para dárselas.

Y el niño más pequeño de la casa decía el Fundador del Opus Dei es el marido y eso es muy cierto, en el sentido que está antes que todos los niños. No hay nada mejor para los hijos que ver el cariño de los padres. Muchas veces cuando se plantea el conflicto de roles de la mujer se piensa sólo en el tiempo de dedicación a los hijos, sin tener claro que primero está cuidar la relación matrimonial.

También sé que si en algún momento no tuviese ayuda en la casa es señal que me toca a mí asumir más trabajo del hogar. Los niños no se cuidan solos y necesitan un adulto responsable cerca. Aquí las palabras del Fundador también han sido importantes. Hemos incorporado a las empleadas del hogar a nuestra familia, en la medida que ellas han querido, y entre todos hemos colaborado con su formación. Siempre les he dicho, especialmente al comienzo, que son una persona importantísima, que realizan un trabajo profesional en mi casa y por eso la necesidad que sea hecho con cariño y responsabilidad. Han aprendido a ser cocineras originales, a administrar, a vivir el orden, etc.

Una de ellas se preparó para el matrimonio estando en mi casa y fue muy bonito porque aprendió un sentido de la vida y del amor humano que desconocía. Otra nos pidió a mi marido y a mí que seamos sus padrinos de matrimonio.

La familia numerosa es también una gran ayuda, porque muchas manos pueden hacer muchas cosas. Mis hijos viven muchas virtudes por el hecho de ser más, tienen que compartir, aprender a estar juntos sin pelear, soportar caracteres muy distintos, tener lo que de verdad necesitan, cuidar de las cosas de la casa, colaborar en su mantenimiento. No me tienen a mí todo el tiempo, incluso estando en la casa, pero creo que también es buen ejemplo que vean a su papá y mamá estudiar y leer.

Creo que tal vez porque trabajo fuera de casa, son más independientes, tienen más capacidad de “gestión” y tienen menos apegos.

Su insistencia en el cuidado de las cosas pequeñas considerando que el presente es lo único que es real, ha sido fundamental para mí. Al final del día me acuesto siempre cansada, pero con una paz enorme. Porque ha sido un día estrujado.

He aprendido a no perder el tiempo y empiezo el día muy temprano. Hay detalles que ayudan mucho, como cuidar las horas de sueño, hacer siempre algo de deporte, variar de actividades en el fin de semana, y quedarse tranquila si no sobra el tiempo.

Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero deI 2002

 


 

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