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¿Debería quedarme en casa con los niños
o debo volver al trabajo?

Mary Limbers - Sydney, Australia





Mucha gente piensa que las madres de hoy se enfrentan a más desafíos que las que vivieron antes que nosotros, ya que a menudo deben hacer equilibrios para compaginar la familia y un trabajo profesional. Sin embargo, yo me pregunto qué dirían de nosotras -que tenemos lavadora, secadora, microondas y pañales de usar y tirar- aquellas madres que vivieron las dos grandes guerras y la Gran Depresión de los años 30.

Por otra parte pienso que la maternidad ha sido siempre uno de los mayores desafíos, pero por diferentes razones en cada generación. Cada generación debe enfrentarse a sus propios problemas y cada mujer a su papel dentro de ella. Junto con sus problemas concretos, las mujeres de hoy gozan de muchas ventajas no conocidas anteriormente y la posibilidad de elegir la propia profesión es indudablemente una de ellas.

En nuestra sociedad chicos y chicas reciben la misma educación escolar, con la finalidad primordial de que lleguen a integrarse en el mundo laboral. Así la esperanza de la mayoría de las chicas es estudiar una buena carrera. Sin embargo, la instrucción respecto a la maternidad como profesión sigue siendo prácticamente inexistente, y sigue sin estar bien incorporada dentro de las expectativas psíquicas de muchas mujeres.

El enfoque de la necesidad de un trabajo remunerado como medio de conseguir una identidad respetable, junto con la notable falta de aprecio por las madres que se quedan en casa, lleva a muchas mujeres a dudar del valor de ser “sólo madre de familia”.

Con este telón de fondo muchas mujeres se preguntan seriamente acerca de lo que significa realmente ser madre, además del hecho de tener un niño. Es entonces cuando las mujeres afrontan el ‘dilema de la elección’. Se da por supuesto que una madre de familia sigue siendo capaz de participar en el mundo del trabajo. Somos muy afortunadas por tener tales alternativas, pero creo que esta posibilidad es la causa de muchos errores.

Pero, ¿qué es la proyección social sino darse a los demás, con sentido de entrega y de servicio, y contribuir eficazmente al bien de todos? La labor de la mujer en su casa no sólo es en sí misma una función social, sino que puede ser fácilmente la función social de mayor proyección.

Imaginad que esa familia sea numerosa: entonces la labor de la madre es comparable —y en muchos casos sale ganando en la comparación— a la de los educadores y formadores profesionales. Un profesor consigue, a lo largo quizá de toda una vida, formar más o menos bien a unos cuantos chicos o chicas. Una madre puede formar a sus hijos en profundidad, en los aspectos más básicos, y puede hacer de ellos, a su vez, otros formadores, de modo que se cree una cadena ininterrumpida de responsabilidad y de virtudes.

También en estos temas es fácil dejarse seducir por criterios meramente cuantitativos, y pensar: es preferible el trabajo de un profesor, que ve pasar por sus clases a miles de personas, o de un escritor, que se dirige a miles de lectores. Bien, pero, ¿a cuántos forman realmente ese profesor y ese escritor? Una madre tiene a su cuidado tres, cinco, diez o más hijos; y puede hacer de ellos una verdadera obra de arte, una maravilla de educación, de equilibrio, de comprensión, de sentido cristiano de la vida, de modo que sean felices y lleguen a ser realmente útiles a los demás.

Mi experiencia


Es un buen momento para recurrir a un buen consejero. Yo he sido muy afortunada de poder recibir una valiosa ayuda en este campo a través del Instituto de Ciencias para la Familia, de la Universidad de Navarra. Una iniciativa inspirada en las enseñanzas del Fundador del Opus Dei. Mi marido y yo hicimos varios cursos prácticos y cursamos por correspondencia un Diploma en Family Studies. Esto no sólo amplió mi formación, sino que a la vez estimuló mi interés por este área de estudios.

Como resultado, he participado activamente en Family Education Australia (FEA) varios años. Esta asociación ayuda a muchos padres de familia a reconocer la importancia de los valores familiares que hasta hace poco se daban por supuesto, y dirigir cursos prácticos sobre cómo hacer prácticas estas ideas en la vida diaria. Nuestro programa actual se centra en la educación de los niños hasta la adolescencia. Facilitamos también todo tipo de reuniones y grupos de estudio suplementarios relacionados con temas familiares.

Esta participación en FEA me ha ayudado a desarrollar un buen criterio y a poder enjuiciar una de las preguntas más comunes de las mujeres australianas de hoy: ¿debería quedarme en casa con los niños o ‘volver al trabajo’? Yo tengo un título universitario Bachelor of Commerce y trabajé previamente como consultora de una compañía de Software Contable. Cuando me tocó decidir sobre esta cuestión, me pareció indispensable conocer bien las alternativas y sus consecuencias antes de hacerlo.

Me preguntaba si el hecho de ser ‘sólo madre de familia’ era desperdiciar mis conocimientos y mis habilidades para contribuir al sustento familiar. Gracias a las enseñanzas del Fundador sabía que cualquier trabajo honesto, hecho por amor a Dios es más valioso que un trabajo hecho por razones meramente egoístas, y por tanto, que ser ‘sólo madre de familia’ sería verdaderamente una ocupación importante. Por supuesto era mucho más que esto: era una vocación de Dios.

Para quienes entendemos el papel de madre como decisivo para el bienestar de la familia, de la Iglesia y de la sociedad, éste no es un punto discutible. Pero en nuestra sociedad no es así y es necesario proclamar abiertamente que ser madre es ya en sí una profesión. Y que más que nunca se necesita incorporar la práctica y el estudio como en las demás profesiones. Además, la maternidad implica mucho más, ya que somos guardianes de las almas de nuestros hijos.

Creo que sólo cuando una se da cuenta de cuánta falta hacen en la sociedad madres bien formadas puede tomarse la decisión acertada de dejar el hogar para realizar otro trabajo. Las respuestas a preguntas como: ¿por qué salgo a trabajar? ¿Es ésta una libre elección o me siento presionada por razones económicas? ¿Tengo necesidades económicas reales o es que he sucumbido a la mentalidad materialista creándome falsas necesidades?, son esenciales a la hora de decidir.

La cuestión económica requiere, sin embargo, ser tratada equitativamente ya que tendrá un importante impacto en las familias y, por tanto, en la sociedad. Aquellas mujeres que se sienten urgidas a proveer de mayor número de bienes a la familia transmiten a veces a sus hijos el concepto de que las posesiones son más importantes que las personas. Con todo, es cierto que bastantes mujeres están verdaderamente obligadas a trabajar para proveer de las necesidades básicas a su familia, aunque reconocen que sería mejor para sus hijos si se quedaran cuidando del hogar.

Este problema debe ser estudiado urgentemente por los gobiernos o la sociedad pagará las consecuencias a través de mayores costes sociales en el futuro. Una solución sería fijar un sistema fiscal más justo respecto a la familia, permitiendo la partición del salario único. Soy miembro de Australian Family Association y ésta es una de las reformas económicas que estamos solicitando del gobierno. Porque por el hecho de que el trabajo de las amas de casa no se incluya en los cálculos del Producto Interior Bruto no significa que la sociedad no se beneficie enormemente del trabajo no cuantificado de las madres en su hogar.

Hay muchas otras razones por las que las mujeres quieren salir a trabajar: conseguir satisfacción personal ; escapar de las inexorables presiones de la crianza de los hijos; o aportar un beneficio a la sociedad por medio de sus habilidades y su feminidad en el puesto de trabajo... Algunas mujeres se pierden en el entramado de emociones nuevas tras haber traído hijos al mundo y piensan que un regreso al conocido puesto laboral es la mejor solución. ¿Cómo decidir?

Estoy subrayando este punto, porque creo que es un verdadero dilema para la mujer de hoy, y quisiera decir cuánto me han ayudado a mí a salir de este atolladero las enseñanzas del Fundador del Opus Dei y de personas inpiradas por él. Sus enseñanzas redujeron todas mis preguntas a prácticamente una: “,cuál es la voluntad de Dios para mí?”. No es ésta una pregunta fácil, pero quita énfasis al ‘qué me apetece hacer?’ y da mayor objetividad, permitiendo enfocar las preguntas anteriores desde el punto de vista del ‘bien familiar’ y no del ‘bien personal’. Aquí, nuevamente, las enseñanzas del Fundador recuerdan que ‘es mejor servir que ser servida'.

Para mí, madre de nueve hijos, y creo que para la mayoría de las madres, no hay una única respuesta. Las circunstancias de nuestras familias cambian regularmente; lo que es apropiado en un momento deja de serlo unos meses después. Por esta razón, creo que si una decide trabajar también fuera del hogar, siempre que sea posible debiera procurar una situación flexible. Yo he tenido la suerte de haber podido pasar, de ser una madre full time realizando todos los quehaceres del hogar, a una situación de trabajo remunerado y luego, estuve de vuelta al hogar por necesidades familiares.

Dondequiera que sea posible, deberíamos estimular la adopción de estructuras flexibles en el mercado laboral. Mientras hay limites manejables de trabajo fuera del hogar es posible llegar al punto medio entre vida de familia y compromiso laboral. De lo contrario, una termina con la presión adicional de tener que equilibrar simultáneamente dos trabajos exigentes. Sería ideal si se pudiera tener alguna ayuda para las tareas del hogar y retener la energía suficiente para el trato adecuado con los miembros de la familia.

También el Fundador nos recuerda el deber de dedicar tiempo al cuidado de las cosas pequeñas relacionadas con el marido, los hijos y el hogar mismo, valorando su importancia. Después de todo, nuestro primer papel debe seguir siendo el de madre y esposa, para darle a los otros trabajos una importancia secundaria.

Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002


 

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