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Mi experiencia personal

B. Martín



¿Vale la pena?

Una frase que tengo grabada es que antes de emprender algo hay que pensar si vale la pena. Cuando entré en la empresa periodística lo encontraba muy atractivo por su repercusión en el mundo de las ideas. Ese mirar las cosas con grandeza de ánimo y cuidar su ejecución en detalles pequeños -fue otra de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei.

No se me ocultaba que invertir trabajo y capital en este tipo de empresas suponía un riesgo importante, un esfuerzo renovado y mucha creatividad; mientras que los resultados nunca aparecían claros como en la cuenta de explotación: eran intangibles.

Reflexionando sobre el matrimonio de mis padres, lo que más me llama la atención es el cariño mutuo y su calidad humana, esto ha supuesto para todos los hermanos un testimonio de íntima compenetración entre ellos a pesar de la singularidad de cada uno.

Mi madre ha sido la que más presente ha estado en todos los aspectos cotidianos, y mi padre ha tenido siempre una gran actividad profesional, sin embargo no he tenido “síndrome de abstinencia” de padre. Yo diría que estaba cuando tenía que estar, en esos momentos clave que su influencia te deja marcada una idea.

Mi madre tenía la virtud de destacar el papel de mi padre. Creo que esa complementariedad es una de las claves del éxito en el matrimonio. Por otra parte, nunca se contradecían en la línea educativa que querían seguir con cada uno de nosotros.

Gracias a este ambiente en casa comprendí que entre mi vida profesional y familiar no debía existir ninguna contraposición. La vida es una e indivisible y en esas dos facetas que se me ofrecen, es precisamente en las que tengo que encontrar el sentido consecuente con mi fe. Pienso que desde el momento en que tuve que elegir carrera ya tenía la idea clara de servir a los demás, quizá por eso se me ocurrió ser Médico Pediatra, idea que luego deseché para inclinarme por el mundo de la empresa, con la intención de meterme en el mundo en el que se ha movido siempre mi familia, el sector de los medios de comunicación.

Ni he contrapuesto las tareas del hogar al trabajo profesional, ni he hecho de ello una batalla. Por ejemplo, jamás me pasó por la cabeza tener un hijo menos para poder tener mayor holgura profesional.

Cómplices

Pienso que, en cierto modo, tenemos que conseguir que cada uno de estos dos ámbitos (profesional y familiar) no se enfrente entre sí como competidores, sino que se comprendan y acepten. Tenemos que intentar que tanto el marido como los hijos se sientan cómplices del trabajo de la mujer fuera del hogar y no sólo por el aspecto económico que esto conlleve a fin de mes.

Llevar a los hijos pequeños de vez en cuando a la oficina de mamá, dar a leer y pedir opinión a los más mayores sobre los originales de algunos libros antes de editarlos o simplemente contar al marido las incidencias por las que atravesamos para llegar al objetivo de ventas que nos hemos marcado, son ideas prácticas que a mí, pienso que me han servido.

Esa dualidad familia-trabajo profesional tiene aspectos positivos que hay que potenciar. Por ejemplo, que te ayuda a olvidarte de ti para atender a los demás. Cuando coges el ascensor por la mañana para ir a la oficina, “intentas” -digo “intentas” porque ni puedes ni quieres lograrlo- olvidar la fiebre del niño que te ha tenido la noche en vela. Al volver del trabajo borras de la mente —eso es más fácil- ese cliente que no paga o el proveedor que incumple. En ese doble juego, puedes llegar a la noche y descubrir entonces, que te has olvidado de ti. Ésta era una fórmula eficaz que mostraba el Fundador del Opus Dei para estar siempre alegres.

Trabajo profesional

Aprendí también en casa que el trabajo en el hogar es un trabajo profesional que ha de realizarse con la mayor perfección posible. No me he dejado obsesionar por tener la casa perfecta, aunque esto no quiere ser una excusa para ir tirando, sino que es evidente que hay que hacer grata la vida a los demás también en lo material. De las pocas frases redondas que escuché a mis padres desde muy pequeña, era que el trabajo había que hacerlo bien. Así se lo hago ver a mis hijos cuando al recoger la mesa dejan sin terminar las cosas.

Creo que llevar una casa no difiere mucho de llevar una empresa, y puesto que en ambos casos estamos dirigiendo seres humanos, delego mucho las tareas materiales de la casa, tanto en mis hijos a través de los encargos como en la empleada de hogar.

Como en la empresa, podemos estructurar las tareas domésticas en una pirámide de prioridades. En la base se encuentran las labores del hogar: alimentación, limpieza y mantenimiento. Si se realizan adecuadamente decimos que la casa “funciona”.

En el nivel intermedio se encuentran las tareas destinadas a mejorar la vida familiar: orden y decoración, salud, ocio,... están encaminadas a crear un ambiente grato, un hogar “en el que apetece estar”.

Por último, en el nivel superior se encuentra el matrimonio y la educación de los hijos, tanto en el nivel intelectual como humano y espiritual. Pues bien, cuanto más descendemos en la pirámide, más debemos delegar para así disponer de una mayor dedicación a esas tareas superiores, mucho más importantes.


Con esta estructura de tareas no pretendo mecanizar las labores más básicas de la pirámide sino darles su justa importancia. Si tenemos ayuda doméstica son las primeras que debemos delegar. Y no porque sean de segundo orden, sino para poder dedicar más tiempo a un nivel de mayor prioridad. Creo que el dinero invertido (sí, invertido y no gastado) en ayuda doméstica permite un bienestar físico y psicológico importante para la madre trabajadora, y por tanto para toda la familia.

Además esta estructura de tareas también nos puede ayudar a utilizar las de nivel básico como instrumento al servicio de las más prioritarias. Así, los encargos de los hijos que normalmente se centran en labores del hogar son un instrumento educativo de primera categoría, y no tanto por el trabajo del nivel básico del que nos descargan como por el sentido de responsabilidad que desarrollan (nivel superior).

Por último, y con esa capacidad que tenemos las mujeres de hacer varias cosas al mismo tiempo, podemos aprovechar el inevitable tiempo que debemos dedicar a las tareas más básicas no sólo para dar ejemplo de laboriosidad (nivel superior), sino para tener la cabeza en la educación de los hijos. Así, la compra es una excelente ocasión para hablar de la austeridad con los más mayores o enseñar a contar a los más pequeños.

Es un buen ejercicio de autocrítica el dedicar unos minutos el domingo por la noche a reflexionar cómo se ha repartido el tiempo dedicado el fin de semana a los diferentes niveles de tareas. Nos sorprenderemos muchas veces negativamente.

Y he citado el fin de semana con cierta intención. En cualquier conversación entre madres trabajadoras siempre sale a colación un tema de fondo: la falta de tiempo. Pues si tomáramos una calculadora y sumamos los días del año que no trabajamos tendríamos: 52 sábados, 52 domingos, 12 días festivos y 22 de vacaciones, un total de 138 días no laborables. Más de uno de cada tres días no se trabajan. Realmente no sé si es un problema de tiempo, de organización o de prioridades.

En cuanto a mi marido, él trabaja en un sector de constante innovación tecnológica que exige mucha atención, horario poco ordenado y vigilancia constante. Yo, en cambio, soy ordenada y metódica casi en exceso. Pienso que hemos llegado a aceptar ambas situaciones, sin reprocharnos nada el uno al otro, sino comprendiendo y disculpando, aportando cada uno en cada caso nuestra peculiar personalidad. Así, ante una escapada familiar de fin de semana él elige lugares insólitos, actividades curiosas, soluciones creativas. Yo, en cambio, me ocupo de la organización y la intendencia.


Esta idea, que aparece en las enseñanzas del fundador del Opus Dei me parece también muy importante: somos personas en cuanto nos damos a los demás; somos matrimonio, en cuanto nos une un amor único e indisoluble, con un proyecto de vida común.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma, 8 a 11 de enero del 2002


 

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