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Leonard Mukendi, cooperador del Opus Dei
en la R.D. del Congo




Había oído hablar vagamente de la Obra y de su Fundador el Beato Josemaría. Algunos decían que era un nuevo tipo de monacato, otros afirmaban que era una nueva secta... Hasta que a la edad de 62 años y ya retirado de la vida profesional, me reencontré con un amigo de la infancia que formaba parte de la Obra. Entonces he conocido y comprendido realmente su sentido. No dudé ni un solo instante en unirme a ella.

Ante todo, debo confesar que mi vida cristiana era muy corriente y pasiva: iba a Misa los domingos en familia como una rutina. Y escuchaba pasivamente el sermón del cura... No tenía más vida cristiana a parte de la Misa dominical y menos aún el resto de los días de la semana.

Mi relación con la Obra como cooperador, despertó en mí un nuevo vigor de vida cristiana. Hasta entonces, no asociaba a Dios con los actos corrientes de mi vida normal. No era consciente de que estaba siempre en presencia de Dios y de que todas mis actividades, por muy triviales que fueran, debían hacerse para su gloria y ofrecerse a Él y, por consiguiente, ejecutarse con la perfección debida al Ser Supremo.

He lamentado sinceramente haber conocido la Obra tan tarde, ya que mis hijos ya eran mayores y se habían marchado de casa para continuar sus estudios universitarios en el extranjero. Sin embargo, he intentado explicarles en mis cartas lo que no les había dado en su formación como cristianos comprometidos y verdaderos discípulos de Cristo. Les he enviado algunos libros del Fundador del Opus Dei. También he aprovechado un viaje para conversar sobre el espíritu de la Obra. Están muy contentos con esta nueva aventura y me han pedido que les escriba contándoles todo.

Mi esposa sigue con entusiasmo las enseñanzas de la Obra y también escribe a nuestros hijos. Nuestros vecinos y contactos habituales también se han dado cuenta de los cambios que se han producido en nuestra vida cotidiana y las conversaciones que tenemos con ellos. Algunos quedan asombrados. Otros piden consejos. También hablamos muy a menudo con los jóvenes.


Congreso Internacional LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Roma,8 a11 de enero del 2002

 


 

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